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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2015

La cultura en el centro de la vida

Luis Toledo Sande
Bohemia Digital


En 1961, su tercer ao en el poder, la Revolucin Cubana logr dos victorias de pareja relevancia: fue aplastada la invasin mercenaria en Playa Girn y sus inmediaciones, y la patria se convirti en territorio libre de analfabetismo. Ambas victorias mostraron su rumbo y su alcance, y merecen seguir definiendo su existencia frente a desafos que no cesan.

Alguna cronologa objetiva seala que el 3 de enero del propio 1961 los Estados Unidos y Cuba haban roto relaciones. Pero las rompi la potencia del Norte, en respuesta a la decisin de independencia y soberana del pas caribeo. An antes de los hechos de Playa Girn, el gobierno estadounidense tramaba o pona en prctica acciones enfiladas a derrocar una Revolucin llegada para darle a Cuba la independencia y la soberana que desde 1898 aquella potencia, entonces en desarrollo, le haba impedido lograr.

En un sitio como BBC Mundo, insospechable de nimos filocomunistas, se lee: Hoy sabemos que en marzo de 1960, el entonces presidente de los Estados Unidos, Dwight Einsenhower, autoriz a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para que iniciara el entrenamiento de refugiados cubanos para una posible invasin. Tal autorizacin es impensable sin pasos previos.

No haba que ser muy previsor para intuir que la decisin de romper relaciones con Cuba no la tomaba el imperio para que el pueblo cubano viviera mejor, para que revirtiese las calamidades que haba sufrido bajo gobiernos manejados desde Washington mediante su Embajada en La Habana, o con intervenciones directas. Procuraba tener las manos libres para patrocinar actos como la invasin mercenaria, cruentas acciones terroristas y un frreo bloqueo econmico, financiero y comercial an hoy vigente.

Mientras ataca, se canta a s mismo

El imperio no logr aplastar a Cuba; pero le ha causado grandes daos. Adems, cre en el continente escuelas de lucha antiguerrillera donde se enseaban torturas, y promova no ha dejado de hacerlo golpes de Estado para seguir contando en la regin con gobiernos similares al derrocado en Cuba por la lucha revolucionaria. Y ha mantenido prcticas polticas y culturales para edulcorar su propia imagen y aplacar el espritu combativo de los pueblos.

Desde perspectivas revolucionarias, el recuento de aquellos aos suele subrayar la pujanza de la lucha, pero no cabe menospreciar lo alcanzado por falacias imperiales como la Alianza para el Progreso: puesta en marcha tambin en 1961 por la administracin estadounidense que carg con la derrota de Girn, dur una dcada, pero su influencia desbord ese lapso. Como una muestra de sus derivaciones, dgase que en 1983 se cre, y todava perdura, la llamada Fundacin Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en ingls), igualmente concebida para insuflar el espritu contrainsurgente y la cultura de la dominacin imperial.

Algunas dcadas despus del apogeo que tuvo tras el triunfo de la Revolucin Cubana, el movimiento de guerrillas se vio en general sin asideros, llamado a cesar para no ser visto o presentado como vandalismo. Con su propaganda, en el seguimiento de cuanto durante aos hizo contra todo lo que tuviera visos de lucha por la liberacin nacional, el imperio tilda de terrorista cuanta accin armada lo contrare.

Pero contina haciendo uso de las armas cuando se le antoja. Aunque la dignidad de los pueblos y de sus mejores representantes permanece en pie, y hasta por la va electoral logra triunfos, nada debe llevar a la desmovilizacin del pensamiento revolucionario. Aquellos triunfos no son irreversibles, ni sus defensores deben desentenderse de las maquinaciones imperiales. Para ejemplificarlas, bastara recordar los devastados Irak y Libia, la amenazada Venezuela bolivariana y el apoyo a Israel contra Palestina. Cree alguien que ya Cuba est fuera de esos planes?

Con desfachatez gemela de su pragmatismo, el imperio lo aplica todo a mantener una hegemona contra la cual surgen competidores y, sobre todo, se yergue la rebelda de pueblos y vanguardias emancipadoras. Pero l tiene reservas para una duracin prolongada. La llamada Guerra Fra fue una contienda para afinar procedimientos polticos y culturales de dominacin, y uno de ellos radica en la invitacin permanente a no pensar.

El imperio promueve el olvido de la historia, que est llena de crmenes perpetrados y en marcha por l, y es fuente de lecciones para la voluntad emancipadora. Con su podero, si la invitacin al olvido no funciona, auspicia espectculos para sobreponerlos a la historia. Se ha visto en torno al restablecimiento de sus relaciones diplomticas con Cuba.

Smbolos, historia

En la reapertura de su Embajada en La Habana despleg una intensa dramaturgia, como seal Rosa Miriam Elizalde en Smbolos, artculo publicado en Cubadebate: automviles mostrados como prueba de la eficacia de la industria yanqui y no de la inventiva cubana para mantenerlos funcionando a pesar del bloqueo; tres marinos en representacin de un signo de continuidad que no se correspondiera con la defensa por Cuba de la independencia y la soberana que gan en 1959; un poema descafeinado para idealizar las relaciones entre vecinos sin adjetivos que los diferencien

A quin le conviene enmascararse sino al lobo que le pide a Cuba muestras de buena voluntad para retomar relaciones que ella no rompi? Invadi Cuba a los Estados Unidos? Ha patrocinado all actos terroristas en que murieron ciudadanos estadounidenses y de otras nacionalidades? Ha bloqueado por ms de medio siglo la economa del agresivo vecino? Esos actos los ha perpetrado contra Cuba el imperio. Obra de seres humanos, la Revolucin Cubana ha cometido errores; pero no est entre ellos su radical antimperialismo, que es parte seera de su honor.

El 14 de agosto, junto a la Tribuna Antiimperialista habanera a la que nadie debe venir a suavizarle el nombre en un afn contemporizador grato al imperio ocurri algo que se inscribe, claro est, en la historia. La bandera de las barras y de las estrellas volvi all por gestin del imperio que cambia de tctica para lograr contra Cuba lo que no consigui con la hostilidad evidente. No retorn como emblema del pueblo estadounidense, con el cual nunca ha roto el cubano, como tampoco fue el gobierno de este pas el que rompi las relaciones diplomticas entre ambas naciones.

Frente a euforias desmedidas en torno a ese 14 de agosto, Fernando Martnez Heredia introdujo, en Cubadebate, algo ms que un matiz: llamarlo histrico podra ser una hiprbole perdonable, si no estuvieran en juego la soberana nacional y la sociedad que hemos creado en el ltimo medio siglo. La precisin, que contradice entusiasmos expresados hasta por algn (o alguna) profesional cubano de la informacin, irrita al avispero neoliberal y proanexionista, furioso ante cada expresin del pensamiento revolucionario.

Pero ese avispero no es lo que ha de preocuparnos. Centremos la atencin en nosotros mismos, en el deber que tenemos con la claridad en asuntos tan significativos. No basta decir que un poltico estadounidense se ha pronunciado contra el bloqueo, si lo que ha hecho es sealar su inoperancia y reclamar tcticas efectivas para conseguir contra Cuba lo que no obtuvieron las agresiones. Es necesario no propiciar falsas expectativas si en la Casa Blanca se instala ese poltico (o esa poltica, pues el imperio, que ha ensayado en su presidencia con un hombre no-blanco, rehusara hacerlo con una mujer rubia, para dar otra imagen de cambio? They can!)

Como diversas voces han venido advirtiendo y el autor de este artculo no repetir lo que ha escrito en textos publicados en Cubadebate y Cubarte, y reproducidos en otros rganos digitales, el asunto no empez ni terminar en aquel espectculo escenificado junto al Malecn habanero. La batalla cultural est en el centro de lo que Cuba necesita atender con desvelo para mantener la defensa de su independencia y su soberana, y su derecho, tambin deber irrenunciable, a cultivar la justicia social.

Es indispensable mantener alerta el pensamiento, y ello supone una actitud profundamente cultural. El imperio, que invierte en fomentar y difundir vacos culturales, no deja de pensar ni un momento en cmo conservar y fortalecer su podero por distintos caminos, incluidos los productos audiovisuales que le convengan. Se emplea aqu el concepto de producto, asociado a la generacin fabril y al mercado de bienes materiales, no para aceptar un trmino de moda, sino como reconocimiento de que no siempre lo difundido merece llamarse obra en el sentido cultural de la palabra.

A menudo los rigen lacras como la explotacin mercantil de la imagen de la mujer, y la esttica del nuevorriquismo, en la cual aspira el imperio a tener en todas partes y, por tanto, en Cuba un aliado conceptual para sus fines. Calzan tambin esos productos la invitacin a una vida muelle inalcanzable, pero cuya representacin puede desatar confusiones, espejismos paralizantes.

Caballos de Troya que se reproducen

El peligro lo refuerza el efecto de imgenes reiteradas hasta imponerse como modelos supranacionales, supraculturales, para sustituir el razonamiento por la aceptacin resignada, acrtica, de la propaganda dominante. Por su eficacia pragmtica, los productos que la calzan no solo se reproducen y llegan a todas partes segn salen de sus fbricas: tambin minan las concepciones con que se hacen los que por nacionalidad son, y por alcance y perspectivas deberan ser, nuestros aportes audiovisuales.

Asimismo ocurre que, para estimular al colectivo de un centro de trabajo de cualquier sector, incluidos la prensa y el que gremialmente clasifica como cultural, se le oferta palabra de mdula mercantil una sesin de esparcimiento harto cuestionable. Irrumpen en ella audiovisuales orientados por conceptos y prcticas que deberamos rechazar, o que incluso, a nivel consciente, repudiamos, pero de hecho aceptamos por inercia. En las fiestas parece decrsenos podemos ser acrticos, aceptar cualquier cosa.

No hay que esperar que eso ocurra solamente en sitios de recreacin bautizados con nombres tan marcados ya como Las Vegas, y otros. En nuestros centros de trabajo, aun en aquellos con explcitas responsabilidades en la formacin de valores culturales, ticos, polticos, ideolgicos, se puede celebrar una fecha histrica de la patria con msica representativa de las peores groseras. En algn caso es usada hasta para competencias infantiles de baile.

Si en nios y nias se ven modos de bailar en los cuales la grosera de las letras la refuerzan gestos, ms que sexistas, procaces, estamos ante un indicio de que semejantes prcticas se han extendido, y calan. Pero a qu se le abren as las puertas si no a una mayor grosera y a una conducta zafia, impropias, en especial, para esas edades? Parece que se ha generalizado la idea de que nias y nios deben consumir tambin la msica que conscientemente se supone que rechazamos.

En distintos entornos se hacen entre nias elecciones de misses, remedos de certmenes como el de la Miss Universo, que ahora aparece con voluntad humorstica en un espacio de la Televisin Cubana. Sobre esta ltima, y sobre la radiodifusin en general, deberan tener mayores y eficaces prerrogativas, y participacin, el Ministerio de Cultura y la Unin de Escritores y Artistas de Cuba, con toda la responsabilidad cultural y poltica, profesional, de ambos.

En lo privado hogareo cada quien consumir los productos culturales o seudoculturales que desee. En sus preferencias tendrn peso decisivo su preparacin y su gusto en materia cultural, esttica. La educacin debe servir para iluminar deslindes sensatos, sanos. No se requiere ser un acadmico para saber que la grosera y la estulticia no son buenas aliadas de los propsitos elevados.

Lo peor es que productos detestables no solo lleguen por vas como el famoso paquete, o por emisoras enemigas, sino que se trasmitan por nuestros medios de informacin y prosperen en nuestros centros de trabajo, en el transporte pblico y en otros entornos sociales, con abuso de decibeles incluido. Si no hubiera ocurrido ya en actos de graduacin escolar, sintmonos felices; pero los cuidados para impedir que suceda no estarn de ms.

Si de pueblo se trata

Uno de los males que debemos prevenir, o erradicar, se halla en asumir mal el concepto de pueblo. No es cosa de venir a defender a estas alturas nociones caducas propias de aristocracias variopintas. Pero el contrario deseable para oponerlo a la aristocracia no es el lumpen, la marginalidad que puede ser arrastrada a las peores causas, sino los valores de una verdadera civilidad popular.

Jos Mart admiraba y como trabajador se identificaba con ellas a las que en los Estados Unidos llam las tremendas capas nacientes: los obreros que combatan la injusticia, por lo cual algunos fueron linchados. Supo diferenciarlos claramente de la chusma adolorida que jams podr triunfar en un pas de razn.

Estdiese en lo hondo para ver hasta qu punto, en nombre de un mal entendido democratismo, lo peor de la sociedad puede haber infectado entre nosotros el torrente circulatorio nacional, hasta minar proyecciones culturales. No hay pueblo homogneo: su diversidad es parte de su riqueza, y de sus complicaciones. Pero le hara un gran mal a la nacin que en ella acabara imponindose lo vulgar, lo menos vlido para desarrollar la civilidad, la disciplina social, que no es lo que ms parece abundar hoy.

Eso lo ha sealado, para recabar que se combatan las deformaciones, la mxima direccin del pas. El llamamiento debe ser atendido por cada ciudadano que desee lo mejor para la patria, y, con el mayor sentido de responsabilidad, por las organizaciones polticas y de masas, y las instituciones estatales de todos los sectores, y an ms por aquellas con misiones concretas en ese terreno.

A realizadores de ciertos productos audiovisuales se les oye decir: Yo no trabajo para los crticos, sino para el pueblo. Lo dicen especialmente si, despus de haber sido impugnados, reciben un premio de la popularidad. Pero aquellas palabras daran para un tratado. Basta, al enjuiciar el trabajo de un cirujano, la simpata con que hable de l una determinada cantidad de sus pacientes?

Nadie es infalible, pero la evaluacin integral de un mdico, no debe expresar el criterio de honrados profesionales de la Medicina? Generalizar sobre la base de lo que opina una muestra de la sociedad puede ser impreciso, riesgoso, sobre todo si no se conoce bien la composicin de la muestra, ni se tiene debidamente en cuenta quines se sienten ms animados a formar parte de ella.

Ms que repudiar o aceptar que algunos productos artsticos, y a veces seudoartsticos, tengan xito, valdra la pena indagar por qu pueden gustar entre amplios sectores de la poblacin, sean o no sean jvenes. La aspiracin de trabajar para el pueblo la cual, si se entiende y se asume bien, es plausible en s misma trae a la memoria algo de lo dicho por Antonio Machado, mediante las voces de sus heternimos Juan de Mairena y Abel Snchez, sobre lo que significa escribir para el pueblo.

De profunda raz popular y elevada expresin lo que hizo de l uno de los grandes poetas de la lengua espaola, Machado sostuvo: Escribir para el pueblo [] qu ms quisiera yo! Deseoso de escribir para el pueblo, aprend de l cuanto pude, mucho menos, claro est, de lo que l sabe. [] Escribir para el pueblo es llamarse Cervantes, en Espaa; Shakespeare, en Inglaterra; Tolstoi, en Rusia. Es el milagro de los genios de la palabra.

Otros nombres, de antes y de despus, incluido el suyo, sera justo aadir al punteo intercultural hecho por el gran poeta; pero no hay aqu espacio para tanto, ni es forzoso hacerlo. Lo citado basta para advertir su elevada concepcin del pueblo, en trminos de ascensin, no de empobrecimiento y descenso.

Todo el tiempo

A las manifestaciones artsticas y literarias suele darse el nombre de cultura, que corresponde a la obra toda de los seres humanos al asumir el mundo y contribuir al mejoramiento propio y al de su entorno. En ese mbito se inscriben aquellas manifestaciones, cuya dignidad ser tanto mayor cuanto ms enriquezcan ellas el afn de superacin, en lo material y en el espritu, diferencia esencial entre los seres humanos y las otras especies animadas.

Mucho ms que unos cuantos prrafos, el tema requiere la meditacin de conocedores, de especialistas, y de la ciudadana en pleno. Este artculo no ha expresado ms que algunas preocupaciones sobre algo en lo cual, importante en s y como parte de reclamos todava mayores, la sociedad debe bracear con denuedo y lucidez.

Cada punto esbozado dara para largas reflexiones. Como en estos das todo pasa o se hace pasar mesura o desmesura, lucidez o euforia, racionalidad o embullo mediante, segn quin y cmo observe por el reinicio de relaciones diplomticas entre Cuba y los Estados Unidos, asunto de grandes implicaciones culturales, estos apuntes estaran todava ms incompletos si no tuvieran en cuenta algunos hechos.

Gracias a su capacidad de resistencia, su lealtad a la historia patria y su claridad de ideas, la mayora del pueblo cubano consigui que el imperio fracasara en sus planes. Por ello la ruptura de relaciones diplomticas en enero de 1961, y la agresiva hostilidad preparada incluso antes de esa fecha, no le permitieran al monstruo engullir a Cuba, convertirla en el dominio colonial, el patio para experimentos y vertedero que siempre aspir a tener en ella.

Nadie se baa dos veces en el mismo ro, pero el ro sigue su curso sin ser enteramente otro; y el imperio contina siendo el mismo. En circunstancias acaso ms complejas que nunca antes, el pueblo cubano tiene la misin de impedir que el imperio logre con respecto a Cuba, usando otros procedimientos, lo que no obtuvo bloquendola y agredindola: tragarse definitivamente a la nacin que le ha dado al mundo el ejemplo de hacerse respetar frente al poderoso vecino. Eso s es histrico, ms que por haber sucedido, como todo, en la historia, por ocupar en ella un sitio aleccionador.



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