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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2015

Autogestin socialista versus autogestin reformista

Iaki Gil de San Vicente
Laberinto


Tabla de contenidos

Trabajo libre contra tripalium
Autogestin como autodefensa nacional
Autogestin obrera y popular
Autogestin reformista

Trabajo libre contra tripalium

La crisis actualiza un debate anterior al comunalismo ingls del siglo XVII que recuperaba tierras baldas de la nobleza bajo el lema de omnia sunt communia : todo es de todos. Mntzer lanz esta consigna a comienzos del siglo XVI siguiendo una de las dos almas enemigas que corroen a las religiones precapitalistas como medios de integracin y protesta[1]: la que guardaba la memoria herida de la propiedad comunal, mientras que las iglesias protestantes y el catolicismo seguan el alma de la propiedad privada que se impona sobre la comunal conforme se afianzaban los Estados tributarios. Recordemos que hasta poco antes del capitalismo a muchos pueblos les era totalmente desconocida la propiedad privada del suelo[2].

Muchos textos escritos en la Mesopotamia del -3000 giraban alrededor de la explotacin del trabajo, como la Epopeya de Gilgamesh y El poema del muy sabio Atharasis que narra en forma mtica la lucha entre los igigi, cansados de la sobreexplotacin agotadora, y los anunnaki, que vivan apropindose de los bienes producidos por los campesinos igigi[3]. Para acabar con las resistencias de los explotados igigi los anunnaki lanzaron el Diluvio Universal y crearon una nueva raza humana pasiva, explotable eternamente e incapaz de pensar en su autogestin e independencia de todo amo.

Roma conoca la fluctuante pervivencia del alma comunalista en sectores campesinos y en el siglo XIII Toms de Aquino admiti que in extrema necessitate omnia sunt communia . Surge aqu un debate que recorre la pugna entre la doctrina social catlica que asume una autogestin respetuosa con la propiedad privada, para lo que tal vez podra recurrirse in extrema necessitate al muy limitado derecho a la rebelin de Toms de Aquino[4], y la autogestin socialista que asume la autodefensa violenta contra la explotacin, segn el principio de que tomado en el ms estricto sentido del trmino, el pacifismo es sumamente inmoral[5].

Ideales de igualitarismo existen en el Islam: Segn el propio Mahoma, la riba, es decir, la ampliacin de la fortuna, es un pecado muy grave[6]. Si vamos al otro extremo del mundo, el mito utpico del comunismo agrario del jingtian estar muy vigente en China hasta pleno siglo XX. Los primeros marxistas vieron en l la versin del comunismo primitivo; los tericos del modo de produccin asitico se refirieron a l hacia 1930, hacindolo suyo[7]. Conocemos la resistencia tenaz y polivalente[8] de los pueblos originarios americanos para defender sus tierras comunales y sus identidades[9] pero casi desconocemos el rechazo de los indios a aceptar el dinero[10] de los blancos a finales del siglo XVIII, por sus destructivos efectos, ya que facilitaban la especulacin sobre sus tierras y destruan sus redes comunitarias. Intuitivamente los indios saban que el dinero es un depsito de poder social[11] y esa esencia inhumana termina pudriendo toda experiencia de banca tica, moneda social, etc.

Una mezcla de especulacin, proteccionismo y libertad de comercio que imponan los Estados a los pueblos precapitalistas y Estados dbiles ayud al auge capitalista. M. Beaud ha definido estas formas brutales de acumulacin como lo antiguo y lo nuevo[12]. Los actuales TTIP, TiSA y TLC son mejoras contemporneas de la libertad de comercio de aquellos siglos iniciales. Por ejemplo, el Tratado de Methuen de 1703 mediante el que el imperio portugus anulaba de facto su independencia econmica a cambio de la proteccin internacional de la expansiva Inglaterra[13]. C. Andrs Ortiz sostiene que los intentos de la Unin Europea para forzar tratados de libre comercio con Mercosur y Unasur siguen la estela del Tratado de Methuen que enriqueci a la minora y empobreci a la mayora[14].

La acumulacin originaria del capital[15] muestra la destruccin salvaje de lo comunal y de la autogestin de pueblos precapitalistas, proceso consustancial al capitalismo como bien demostr Rosa Luxemburg y D. Harvey confirma en el presente[16]. Luego Marx insiste en el papel creciente del capital ficticio, ya denunciado por Gilbart en 1834 con una frase: Todo lo que facilita los negocios, facilita tambin la especulacin y que ambos van, en muchos casos, tan ntimamente unidos, que resulta difcil decir dnde acaban los negocios y dnde empieza la especulacin[17].

La historia del capital es despiadada: expropia los comunales e ilegaliza y reprime el derecho consuetudinario que permita a los pueblos sobrevivir con su uso, derecho precapitalista que Marx[18] defiende y justifica. El capital recurre al terror, a las corrupciones y especulaciones para impulsar al capital-dinero y especulativo, crendose una espiral de explotacin sistemtica que multiplica las corrupciones y violencias extremas. Ante esto, ocurre que los obstculos que la solidez y la estructura interiores de los sistemas nacionales de produccin precapitalista oponen a la influencia disgregadora del comercio se revela de un modo palmario en el comercio de los ingleses con la India y con China[19] porque la pequea agricultura, la industria domstica y la propiedad comunal oponen la ms tenaz resistencia a la produccin de la gran industria[20].

De dnde surge ese potencial de resistencia anticapitalista? De la dialctica del trabajo, es decir, del hecho de que antropogenia y trabajo sean prcticamente la misma praxis liberadora que queda, sin embargo, anulada por la dominacin de la clase propietaria de las fuerzas productivas[21]. El capitalismo anula el potencial liberador del trabajo mediante la unidad dialctica de la explotacin asalariada y de su subsuncin en el capital, en un proceso simultneo sometido a la ley general de la acumulacin. Mientras que el trabajo libre es una actividad orientada a un fin y modelada segn las leyes de la belleza[22]; bajo el capital el trabajo es alienante, forzado, enajenado. Trabajo en el lenguaje de quien tiene que trabajar para vivir tambin significa dificultad, impedimento, perjuicio, penalidad, molestia, tormento, suceso infeliz, estrechez, miseria, pobreza o necesidad con que se pasa la vida[23]. La palabra trabajo viene del instrumento romano de tortura llamado tripalium .

Autogestin[24], asociacin cooperativa[25], cooperacin[26], consejismo[27], sindicalismo y sindicatos[28] y otras prcticas son praxis diversas en sus formas pero unidas contra el tripalium . Diversidad apreciable en las cinco acepciones del trmino autogestin: social revolucionaria; pedaggica y cultural; popular, de comunidades y colectivos; en el trabajo en comits y comisiones; y sobre todo la gestin por parte de los productores directos de los medios de produccin en una escala general -en un pueblo, una comarca e, inclusive, en el conjunto de la economa social de un pas. En este caso se habla de la autogestin social generalizada siempre en sintona con las aspiraciones y necesidades de un autogobierno popular ejercido por los propios trabajadores -y sin intermediarios[29].

Segn L. Carretero: el conjunto del movimiento obrero pasa a centrarse en la construccin de un modelo social que tenga a la cooperacin y a la autogestin como elemento fundamental. Buena prueba de ello es el siguiente fragmento de la relacin introductoria al problema de la gestin colectiva por parte de los obreros, redactada en el Congreso de Ginebra de la Primera Internacional en 1866:

Nosotros reconocemos el movimiento cooperativo como una de las fuerzas transformadoras de la sociedad actual, fundada sobre el antagonismo de clase. Su gran mrito es el de mostrar en la prctica que el sistema actual de subordinacin del trabajo al capital, desptico y pauperizante, se puede sustituir por el sistema republicano de las asociaciones de productores libres e iguales. El sistema cooperativo, reducido a su forma minscula, nacido de las fuerzas individuales de los esclavos asalariados, no puede, por s solo, transformar la sociedad capitalista. Son indispensables cambios generales para convertir la produccin social en un amplio y armonioso sistema de trabajo cooperativo[30].

Una forma de cooperativismo es parte de la autogestin socialista porque al organizarse en forma de cooperativa obrera de produccin y consumo, actuando con arreglo a un plan comn significan el comunismo realizable[31], que puede y debe ser una praxis revolucionaria contra el capitalismo, o degenerar en su aliado. Segn M. Lpez las cooperativas se han desarrollado dentro del capitalismo, por lo que integra, hacia fuera de la cooperativa, los mismos comportamientos de una empresa cualquiera, en la medida que debe competir en calidad y precio, reducir costes, usar tcnicas de marketing y gerencia, etc.. La Corporacin Mondragn es un ejemplo de ello, lo mismo que el cooperativismo impulsado por el Estado burgus[32].

Autogestin como autodefensa nacional

Las crisis tienden a reabrir antiguos ideales borrosos y contradictorios que laten en la historia popular, con especial incidencia en las cuestiones feministas[33] por su vital conexin con la propiedad patriarcal. No es casual que las luchas feministas, si son tales, radicales[34], son las ms impulsoras de la autogestin revolucionaria. Dentro de esta recuperacin terica intentamos adecuar el textoCooperativismo obrero, consejismo y autogestin socialista, algunas lecciones para Euskal Herria, de 2002, colgado en la red y en formato libro en Boltxe Liburuak, 2013. Empieza as:

Erich Gerlach narra en su Introduccin a Qu es la socializacin? -la imprescindible obra de Karl Korsch, (Ariel n 115, 1975)- que el 19 de noviembre de 1941 Bertolt Brecht escriba a Korsch instndole a que hiciera una imprescindible investigacin histrica de las relaciones entre los consejos o soviets y los partidos. Segn Brecht esta investigacin es un asunto de vital importancia para nosotros... y, siempre segn este, Korsch era el ms capacitado para ello. Gerlach concluye: No contamos, por desgracia, con un trabajo de Korsch sobre el tema. Pero situ en todo momento el sistema de los consejos o, de manera ms general, el derecho de autodeterminacin de los trabajadores en su trabajo y en su vida en el centro mismo de la lucha poltica y del trabajo terico[35].

E inmediatamente despus:

En cuanto a lo escrito por Gerlach surgen, entre otras muchas, estas cuatro preguntas fundamentales: qu relaciones existen entre los consejos y soviets, o la autogestin socialista, y las formas de cooperativismo? Por qu renacen peridicamente las prcticas consejistas o autogestionarias y qu relaciones guardan con los cooperativismos? Qu significa realmente la autodeterminacin de los trabajadores y qu relaciones tiene o puede tener con la de los pueblos oprimidos? Qu relacin existe o puede existir, por tanto, entre consejismo y autogestin y la autodeterminacin nacional? La respuesta ya nos la dio Lucio Cornelio en su texto Introduccin a la autogestin (El Cid Editor, Buenos Aires, 1978, p. 161): Aunque a menudo distintos formalmente, los dos actuales movimientos para la autogestin por una parte, y para la independencia de las naciones por otra, estn ntimamente ligados y se explican en profundidad por las mismas causas[36].

D. Day hace constar que cuando los lazos entre la gente y la tierra son ms dbiles, el control del territorio est ms expuesto a la llegada de un extranjero poderoso[37] y entre varios ejemplos cita a la Corea de 1909 ocupada por Japn. Entonces los coreanos escriban clandestinamente su historia nacional manteniendo los irrompibles lazos entre territorio e identidad[38]: verdadera autogestin nacional. En 1941, el nazifascismo aplastaba a los pueblos provocando su autogestin defensiva en forma de guerrillas ms all de Europa: India, Vietnam e Indonesia[39], China, Filipinas, Birmania, etc. La autogestin clandestina fue decisiva en las insurrecciones urbanas, destacando la de Varsovia capaz de crear su propio Estado[40], al igual que la disciplinada cooperacin clandestina en campos de exterminio nazis. Tras 1945 las luchas de liberacin nacional recurrieron al mismo mtodo autoorganizativo para conquistar la independencia[41].

Desde la dcada de 1970 el capitalismo impuso la desregulacin financiera y la aplicacin implacable de las seis medidas que contrarrestan la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia (como describi Marx): aumento del grado de explotacin del trabajo; reduccin del salario por debajo de su valor; abaratamiento de los elementos que forman el capital constante; superpoblacin relativa; comercio exterior, y aumento del capital-acciones[42]. Una de las plasmaciones ms acabadas de estas medidas la encontramos en el llamado Consenso de Washington[43], diseado entre otros objetivos para destruir la independencia autoorganizada de los pueblos saqueables.

El sistema capitalista tambin se autoorganiza y hasta impulsa determinados niveles de autogestin reaccionaria siempre sometidos al telecontrol estratgico realizado por el Estado vigilante[44] que entre otras muchas ms tareas tiene tambin la de actualizar la lgica cultural del Miedo solo posible mediante la estimulacin meditica de ese Miedo en el contexto de la rentabilidad econmica, y las posibilidades infinitas de control social vinculadas a la provocacin recursiva de amenazas de diverso signo: medioambientales, financieras, epidmicas, alimentarias y, por supuesto, terroristas[45]. Y debe realizar esta produccin de miedo social porque las contradicciones irreconciliables del capitalismo hacen que tarde o temprano incluso dentro de la complementariedad (auto-organizadora) de la(s) violencia(s), y que por su esencia antagnica, tienda a surgir la autoorganizacin de la violencia de los excluidos y no solo de los excluyentes[46].

Autogestin obrera y popular

Sabemos que la autogestin es muy anterior a la dcada de 1970: En general, las cooperativas, como formas autogestionarias de asociacin, con fines sociales, econmicos y culturales, constituyeron, junto a otras frmulas como los sindicatos, mutualidades, sociedades obreras, de socorro, etc., las instituciones de resistencia que crearon las clases populares a mediados del siglo XIX frente a las duras condiciones de vida y trabajo que la naciente sociedad industrial impona a la mayora[47]. En un ejemplo de autogestin nacional de clase, el argentino Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (FATRAC) se opuso en 1969 al Proyecto Marginalidad[48] destinado a conocer la realidad social primero del Cono Sur latinoamericano y luego de toda Nuestra Amrica. La Fundacin Ford subvencionaba el estudio cientfico neutral de las capas marginales con fines de contrainsurgencia. Tras un detenido anlisis crtico del proyecto, el FATRAC afirm que:

Los intelectuales que pretenden tener un rol progresista no deben realizar estas investigaciones dentro de los marcos y con la financiacin de instituciones del sistema, ya se trate de fundaciones norteamericanas o de los organismos de sus aliados locales reparticiones estatales, institutos privados al servicio del sistema, etc. pues esto asegura totalmente que ellos instrumentarn sus resultados para reforzar su dominacin. Por el contrario, dada la ya reconocida relevancia poltica del tema, una investigacin de este tipo solo se justificara si se asegura que sus resultados solo sern conocidos por aquellos sectores enrolados realmente en la lucha por la liberacin nacional y social. [] aun en el supuesto que los datos de esta investigacin se hagan pblicos solo permitiran un uso residual por parte de estos sectores, puesto que tendran la misma informacin pero menor poder o facultad que la derecha[49].

No hay espacio en este ensayito para explorar las vas abiertas por el prrafo relacionadas con la autogestin, pero, como sntesis, recurrimos a esta cita: Eso exige, como primer paso, encontrar mtodos organizativos bsicos que colectivicen la accin de los intelectuales, hoy dispersos y atomizados [] unindonos a otras muchas incitaciones que hoy provienen de diferentes ngulos, consiste en unir fuerzas en un frente de lucha, en el que cada uno de nuestros esfuerzos, cada una de nuestras experiencias, se confronten, enriquezcan y potencien con las de otros, en una accin en comn[50]. Se trata de autoorganizarse no solo fuera del poder imperialista, en una falsa e imposible neutralidad cognoscitiva y apoltica[51], sino directamente en su contra por cuanto movimiento de liberacin nacional y social antiimperialista, por tanto de trata de una autogestin nacional de clase.

Fue terrible la suerte corrida por el FATRAC bajo las dictaduras, pero vive en la autogestin actual de las naciones trabajadoras[52] que se oponen a sus burguesas y a los amos internacionales, como es la resistencia diaria del hospital oncolgico de Atenas, que funciona en buena medida gracias a la autogestin de sus trabajadoras y trabajadores[53], en un pueblo que se autogestiona y autoorganiza[54] porque el Estado se hunde y los barrios se organizan[55] para defenderse de la crisis provocada por su burguesa en connivencia con la Unin Europea. Tambin en estas luchas las mujeres han jugado un papel fundamental[56].

A otra escala, el auge de muchas formas de cooperativismo en Catalunya[57], o la cooperacin de bases amplias para resolver problemas de vivienda, terrenos cultivables, suelo urbano y rural en Centro Amrica[58]. La autogestin de cuatro empresas integradas en redes de coordinacin a nivel europeo bajo el ttulo de Economa de los trabajadores, en colaboracin con el movimiento argentino[59]. O la televisin comunitaria creada por trabajadores uruguayos[60] mostrando la estela a la televisin autogestionada griega antes de la vuelta a la emisin oficial[61].

La asamblea obrera es bsica como confirma la empresa VIOME abandonada por sus propietarios, recuperada por la clase obrera despus de dos aos de lucha y en propiedad colectiva de sus trabajadores que se autogestionan formalmente bajo la figura legal del sindicato que:

Legalmente debe tener una serie de cargos, como el presidente, el tesorero, etc. Pero los propios trabajadores decidieron no darles validez a estas figuras. Trabajan y toman las decisiones de manera asamblearia; cada trabajador tiene un voto. Makis Anagnostu, el presidente del sindicato, funciona a modo de portavoz, transmitiendo las decisiones de la asamblea a los medios de comunicacin y a otras organizaciones, pero no tiene ningn poder propio[62]. De hecho, se constata que la autogestin obrera y popular de empresas recuperadas por sus trabajadores est dando sus primeros pasos[63].

La autoorganizacin resurge entre el pueblo afroamericano: en el marco de estas protestas comienza a orse otro rumor: suma de voces que se va tejiendo entre movimientos sociales, agrupaciones barriales, grupos de derechos humanos y otros que confluyen hacia la conformacin de un nuevo movimiento[64]. Coordinacin de base que ana fuerzas espontneas activadas por el endurecimiento represivo, con fuerzas organizadas que se expresan en forma de movimientos populares y sociales de bases amplias centralizadas por sus objetivos bsicos, con, por ltimo, pequeas organizaciones militantes que han mantenido vivas las brasas de luchas anteriores, de forma que:

[] las tcticas que practicamos parten de un legado que viene de nuestros antepasados, quienes ocuparon una biblioteca en 1939 para reclamar su derecho al alfabetismo, o a las ocupaciones de restaurantes de los aos 60 para exigir la derogacin del sistema de segregacin. Intervenimos en espacios donde nuestra mera presencia incomoda al sistema y a la gente que nos ve como asunto ajeno[65].

Dinmicas iguales en lo sustantivo descubrimos en la lucha de las famosas mareas. En ellas los grupitos de militantes autogestionados, formados poltica y tericamente han mantenido aos de lucha gris y subterrnea hasta que empiezan a emerger dentro de movimientos ms amplios. Las movilizaciones en el Estado espaol en defensa del sistema educativo pblico coinciden sustancialmente con las tenaces luchas actuales de los sindicatos de maestros y profesores en Mxico[66].

La cultura liberadora de las mareas de maestros es asumida por la experiencia argentina en La Fbrica, Ciudad Cultural, centro cultural autogestionado en IMPA, en el que funcionan talleres y cursos, se realizan fiestas, funciones de teatro, cine, etc., representa un buen intento de articulacin con la comunidad[67]. Nos hacemos una idea de la cultura que se imparte cuando leemos que las empresas recuperadas trascienden la produccin y se constituyen, en algunos casos, en ejes de organizacin popular a partir de la articulacin de distintas formas de lucha. As encontramos la formacin de centros culturales, bibliotecas, centros educativos, proyectos de construccin de viviendas, etctera[68].

El deterioro deliberado de barrios empobrecidos para, sobre sus ruinas, construir residencias burguesas con polica privada generalmente de ultraderecha[69] ha dado lugar a formas de autodefensa del entorno vital. Estos procesos resurgen siempre que hay una previa autoorganizacin de base como es el caso de la lucha vecinal de Brixtol, smbolo de resistencia y de cultura popular[70] en el extremo urbano del nuevo proletariado britnico tan bien estudiado por O. Jones[71], que se ha puesto en pie para impedir el desahucio masivo de sus condiciones materiales de vida. Destruccin de barrios populares, construccin de residencias burguesas: frases del capital[72] que el pueblo combate.

La autogestin dirigida al socialismo es practicada por las izquierdas turcas, por ejemplo en el barrio de Kk Armutlu combinando la iniciativa popular, la autogestin y la lucha antiimperialista por la soberana del pueblo, creando jardines, mercados ecolgicos con precios justos, produccin endgena y regional que se vende en supermercados populares, se previene la delincuencia social mediante medidas sociales y educativas, etc.: Es importante poner esos proyectos en el contexto de la poltica imperialista de Occidente y la relacin neocolonial con los pases dependientes. Desarrollando ese tipo de iniciativas se reduce la dependencia del pueblo de la oligarqua local y especialmente de las polticas que Unin Europea y Estados Unidos imponen destruyendo la industria alimentaria, no solo de los pases de tercer mundo, sino la de los nuevos miembros de la unin[73].

En los barrios empobrecidos la autogestin vecinal mediante comedores populares[74] abre la posibilidad de una radical crtica del principio burgus de la propiedad privada de la industria alimentaria: la salud y la alimentacin se integra en la soberana popular[75]. Otra denuncia prctica aunque todava no poltica ni terica del capitalismo, es la autoorganizacin contra la pobreza realizada mayoritariamente por mujeres[76]. Y en Centroamrica se da un paso decisivo: la vivienda, entre el derecho y la mercanca[77] con la aguda reflexin de Gustavo D. Gonzlez.

La consigna ocupar, resistir, producir expresa las lecciones del movimiento obrero alrededor de la empresa Zanon que ha levantando la bandera de la ocupacin, la puesta a producir y la estatizacin bajo control obrero como una bandera de lucha para el conjunto de los trabajadores, alentando con su experiencia, una salida por izquierda a la crisis capitalista[78]. El movimiento de las fbricas sin patrn en julio de 2015 mostraba su potencia en los diez meses de control obrero de Donnelley, perteneciente a las 500 ms grandes del mundo, cerrada por sus propietarios dejando en la calle a 400 familias, y que tras ser recuperada recibi el nombre de Madygraf[79].

El proceso de coordinacin y autoorganizacin de las fbricas recuperadas por la autogestin obrera que avanzan a una red de empresas cooperativas[80], puede ser impulsado por el gobierno o frenado por este segn las relaciones de fuerza en la lucha de clases y el conflicto poltico, como sucede en Argentina. Sucede lo mismo con toda lucha autoorganizada, por ello el sistema de autodefensa debe ser efectivo. Las dificultades abrumadoras que debe superar la recuperacin obrera de empresas abandonadas y puestas a funcionar dentro de la legalidad capitalista, son verdaderamente tremendas porque se enfrentan a mil y una maniobras diarias del sistema para derrotarles. La empresa Flasko[81] lleva once aos liberada y siempre debe vencer nuevos ataques.

La empresa italiana RiMaflow[82] es una fuerza de emancipacin frente al capitalismo en cada vez ms reas de la vida productiva, social, cultural, afectiva y emocional, sexual, ecologista, deportiva, etc., que intentan superar la dictadura del mercado en la medida de lo posible: es uno de los ejemplos que muestran por qu es reprimida la autogestin revolucionaria, sobre todo cuando el lema es fbrica cerrada, fbrica tomada[83]. Las defensas ante las permanentes agresiones contra la autogestin social pueden resumirse, al menos, en una docena de acciones de autodefensa[84]: economa, ecologa, gobierno, cosmovisin, vivienda, seguridad, comunicacin, salud, energa, finanzas, ciencia, y educacin.

Cmo pensar y organizar la autodefensa? Con la asamblea como centro[85] que se organiza, gestiona, determina y se defiende. Cuando las clases explotadas adquieren la fuerza y recuperan lo que les han quitado deben articular estrategias de auto-defensa realistas: Por ejemplo, en Mxico grupos de autodefensa popular contra el narco-capitalismo devuelven a los campesinos las tierras que los narcos les haban arrebatado[86], haciendo suyo un lema de la autogestin argentina: Jaque al patrn, todo el poder al pen[87].

Autogestin reformista

Hay dos autogestiones opuestas: la socialista[88], que busca acabar con el tripalium recuperando el trabajo como creacin de bello valor de uso dentro de la propiedad comunista[89], y la burguesa, que integra pequeas reas de cogestin y propiedad cooperativa sin combatir al capital y hasta defendindolo por activa o por pasiva, aislndose de la lucha obrera y popular, o enfrentndose a ella[90]. El punto crtico que les separa estalla cuando deben enfrentarse a la propiedad del capital: o se la ataca o se la acepta.

Hay muchas formas de atacar o aceptar la propiedad del capital. Una forma de atacarla es no hipotecarse con prstamos y deudas de la banca privada o de las instituciones oficiales porque toda deuda econmica es deuda poltica e ideolgica. Por ejemplo, en el decisivo campo de la libertad de expresin critica audiovisual, la autogestin socialista recurre a la solidaridad popular, a la ayuda mutua, al trabajo colectivo, como es el caso de Alba TV[91]. La autogestin burguesa se mueve por el contrario dentro de las leyes del mercado y de respeto a la ley del capital afirmando incluso que su quehacer es bueno para el sistema en su conjunto. Este es el caso de una de las versiones existentes sobre el consumo colaborativo[92]. La aceptacin de la ley del capital puede llegar al esperpento de recibir y agasajar al monarca espaol en la empresa emblemtica del cooperativismo burgus: Corporacin Mondragn[93].

Por ejemplo, el derecho de autoproduccin y autoconsumo energtico[94] se enfrenta a empresas energticas con la consigna el gobierno contra el sol[95], el capitalismo contra la naturaleza. La autogestin energtica roza de inmediato la propiedad burguesa porque lucha contra quienes manipulan la produccin, distribucin y precio con mtodos mafiosos y corruptos[96]. La radical diferencias entre la propiedad burguesa y la socialista que descubre la autogestin energtica es la de cambiar el mercado elctrico o cambiar el sistema elctrico[97], reformar o revolucionar. Y de la autogestin en la produccin y consumo elctrico se avanza a otras necesidades vitales para la poblacin empobrecida como son las gasolinas y la telefona[98]. Si se trata de cambiarlos hay que cambiar sus formas de propiedad, como sucede con el derecho al agua[99]. Entrados en este sendero los problemas se multiplican a cada instante.

Cualquier prctica de autogestin ha de ser consciente y prepararse para la autodefensa como hemos visto arriba, y sobre todo viendo como el capital profundiza sus ataques[100]:

Un proyecto de produccin o elaboracin de alimentos, un proyecto de construccin o conservacin de viviendas, de ayuda a personas mayores o dependientes, un proyecto de escuelita, una universidad popular, un teatro donde nos podamos reconocer, pensarnos y sentirnos, un medio de comunicacin social, de edicin y distribucin de libros, un centro de creacin artstica, incluso un proyecto de defensa del activismo o de la rebelda organizada, cualquier proyecto puede empezar detectando una necesidad, un mbito asequible a la eficacia autogestionaria, los insumos necesarios y el modo de relacin con otros proyectos autogestionados, y ponerse a trabajar, duro, largo, difcil, sin duda, pero al tiempo viviendo en el mundo que queremos construir, en el presente que cambiamos con nuestras prcticas. En esta trama, propuestas como las cooperativas integrales, colectivos ms o menos organizados o informales, grupos de ayuda mutua o incluso de mera afinidad, son herramientas disponibles a poco que nos juntemos unos cuantos y las queramos afilar[101].

Pero la autogestin reformista se limita a la superficie del problema. En un texto antimarxista[102] que asume los principios de la encclica Laborens Exercens[103] de Juan Pablo II, pontificado caracterizado por su beligerancia proimperialista, el autor defiende la propiedad privada en base a cuatro ejes: el destino universal del hombre, la propiedad privada de los medios de produccin, la justificacin histrica de la propiedad privada y la propiedad personal[104]. El Estado debe ser respetado porque es una parte de la sociedad civil; es la encarnacin superior de la nacin; sirve al bien comn; y es una estructura impersonal que funciona racionalmente, cuyo deber es restablecer la justicia cuando la lucha social se encrespa[105].

La autogestin, que polticamente se inscribe en la corriente democristiana, se integra en la economa comunitaria que se divide en tres niveles: la economa capitalista como tal; la cogestin en la que la empresa es codirigida por trabajadores y empresarios; y la autogestin en su sentido cristiano, abierta a la participacin del Estado, consumidores, vecinos, etctera[106]. Sus objetivos son: maximizar la produccin, maximizar la satisfaccin de las necesidades reales, y elevar el nivel de participacin a todos los niveles de la actividad productiva[107] dentro de un proyecto histrico destinado a recuperar los valores de los cristianos primitivos[108].

Vemos aqu las dos almas de las religiones precapitalistas, pero en un proyecto autoritario pese a su palabrera ambigua como economa comunitaria, autogestin, bien comn, etc. Otro tanto sucede en el texto que ahora analizamos, que sigue las tesis de E. Ostrom, (Nobel de Economa en 2009) lo que debe alarmar al pensamiento crtico. Conocemos que el extermino de los comunes fue debido al proceso de acumulacin capitalista, pero algunos autores dicen que no, que la tragedia de lo comn no responde a fuerzas materiales, sino ideolgicas:

La representacin hegemnica, esencialmente fundada en el darwinismo social, hace de la competencia, de la lucha y de la emulacin entre todos la esencia de la realidad. Esa concepcin surgi como resultado de una modernizacin de progreso de las fuerzas del mercado que se apoyaron en las instituciones polticas pblicas. Es as como se fueron acabando, colonizando o residualizando, como ya hemos dicho, los bienes y la vida comunal[109].

Convertir a la ideologa en la causa de la evolucin social, y no a sus contradicciones internas y los procesos econmicos paralelos, permite afirmaciones que niegan la evidencia histrica: Lo comn no es mercantilizable (transmisible, enajenable) y no puede ser objeto de posesin individualizada. Expresa por tanto una lgica cualitativa, no cuantitativa. No tenemos un bien comn, formamos parte de lo comn, en la medida que formamos parte de un ecosistema, de un conjunto de relaciones en un entorno urbano o rural, y por tanto el sujeto forma parte del objeto. Los bienes comunes estn inseparablemente unidos y unen a las personas, las comunidades y al propio ecosistema[110].

No es cierto que lo comn no sea mercantilizable: lo es siempre que sea rentable y pueda vencerse la resistencia popular que lo impida. Si vislumbra negocio, el capital invierte en I+D+i para que sea rentable, y/o presiona al Estado para que aplaste la resistencia popular y los valores sociales comunalistas inherentes a lo comn; si no vislumbra negocio todava, tal vez llegue el da que s sea rentable y entonces pondr en marcha su apisonadora[111] recurriendo a la violencia sin fronteras[112] ms atroz para lograrlo y para aniquilar los valores comunalistas. La compra masiva de tierras, que la FAO denunci hace seis aos[113], sigue creciendo por ejemplo para producir caf[114], y la pugna por la privatizacin del rtico se agudiza. Ante esta realidad se propone escapar de la lgica binaria que nos obligaba a escoger entre propiedad pblica o privada[115]: La existencia de esos espacios de economa social y solidaria pueden coexistir e hibridarse con otros espacios regidos por las lgicas de mercado o de la economa dirigida[116].

Bajo sus diferencias superficiales la autogestin catlica y la progre coinciden en lo sustantivo: la autogestin respeta la propiedad burguesa, no la combate, evita el problema del poder de clase y de la explotacin social, y cree que volcndose en el rea de la circulacin y consumo de mercanca va a terminar dominando en rea decisiva de la gran industria mundial, la productora de valor. Es significativo el silencio de ambos ante el plusvalor y la plusvala, uno de los abismos que separa al cooperativismo reformista de las empresas socialistas[117].

Abismo apreciable comparado con los debates del IV Encuentro Internacional Economa de los trabajadores donde se han fortalecido las fbricas socialistas[118]. La unidad de produccin-consumo, el papel del Estado y otros poderes locales, constituyen una reflexin permanente de la autogestin y del cooperativismo campesino de soberana alimentaria opuesto a la agroindustria, que ha sufrido en 2013 un duro golpe[119]. El poder poltico es fundamental como se ve en los obstculos que ha de superar la agricultura familiar campesina para resistir los ataques de la agroindustria[120]. Un ejemplo positivo lo tenemos en la Gipuzkoa gobernada (entonces) por EH Bildu, la cual ayud a Truke, (red de consumo colaborativo)[121].

Separar la produccin del consumo y escaquearse del Estado, es ocultar el papel clave de la propiedad privada. Este es el caso de la falsa versin histrica del origen del llamado consumo cooperativo[122]. Este diario burgus ofrece una imagen que retrotrae el cooperativismo al paleoltico pero sin hablar de la produccin cooperativa ni de la propiedad comn de las fuerzas productivas, o mejor decir el comunismo primitivo. Otro diario oficial informa que la economa colaborativa[123] se centra por ahora en transporte y alojamientos, y que el llamado consumo colaborativo[124] se extiende entre personas mayores por razones de ahorro. Y un tercero elogia la moneda social y la banca alternativa: ms de 70 monedas sociales en el Estado espaol, 8.000 usuarios y 500 comercios que las aceptan, e informa que un masaje en Madrid cuesta 10 boniatos, y un curso de teatro en Sevilla 55 pumas[125].

Las monedas sociales estn restringidas a espacios limitados en donde no suponen peligro para el sistema monetario capitalista. El Banco de Espaa advirti que era imposible adems de indeseable crear una moneda social para el Ayuntamiento de Barcelona, parecida a la que se pensaba para Valencia[126]. El inconmensurable poder del capital financiero tolera la escasa accin de la banca tica cuyas diferencias[127] no le suponen riesgo ni ahora ni cuando existieron las cooperativas, mutuas, cajas de ahorro del socialismo utpico y de la doctrina social cristiana.

Las monedas sociales arraigan con criterios de bien comn[128], que algn autor resume en tres: uno, no es competitiva, es colaboradora; dos, no busca aumentar el PIB y la acumulacin financiera, sino el bien comn conseguido, la felicidad nacional bruta; y tres, cuestiona la propiedad y la herencia[129]. Se agradece saber que alguna corriente del bien comn cuestiona la propiedad y la herencia pero es necesario un combate sistemtico contra ellas. La ambigedad es tan grande que los defensores del mercado se cuelan por la mnima rendija.

En efecto, la porosidad e imprecisin conceptual que caracteriza a muchas de las prcticas de lo que definimos como autogestin reformista es tal que el fraude puede colarse por cualquier hueco, como es el caso de los llamados bitcoin[130] que funcionan como monedas virtuales que debieran sustituir al dinero clsico en los negocios en Internet con claras ventajas para sus usuarios. Tambin se puede confundir el consumo cooperativo sin afn de lucro con la propaganda empresarial de supuesto consumo barato mediante el empleo de internet, como en China Popular donde rebajan un 40% el precio de un automvil[131].

Por ejemplo, la red Uber y otras son un ejemplo de consumo cooperativo que no cuestiona los pilares capitalistas sino que adecua al presente la antigua cooperacin de consumidores. Al no combatir la lgica capitalista, termina ocurriendo que:

Se est abriendo el debate sobre si deben o no volverse lucrativas estas entidades. Blablacar ya ha empezado a cobrar comisiones por poner en contacto a conductores y viajeros [] Lo cierto es que no todas las plataformas caminan hacia un proceso lucrativo. Desde Segundamano aseguran que no tienen pensado cobrar ms que a los profesionales que ofrecen sus servicios, como han hecho siempre [] Los inversores tambin apuestan por el sector, por lo que las expectativas de crecimiento son muy elevadas de cara al futuro[132].

Si los inversores apuestan por el sector es que otean beneficios: La economa colaborativa o consumo colaborativo quiere cambiar el mundo. Plantea una revolucin abrazada a las nuevas tecnologas. El Instituto Tecnolgico de Massachusetts (MIT) le calcula un potencial de 110.000 millones de dlares (82.000 millones de euros). Hoy ronda los 26.000 millones. Y quienes participan a ttulo personal en este sistema basado en intercambiar y compartir bienes y servicios a travs de plataformas electrnicas se embolsan, segn la revista Forbes, ms de 3.500 millones de dlares (2.580 millones de euros)[133]. Surge un sector empresarial que se enriquece con la economa colaborativa y el supuesto comercio justo que en realidad es comercio menos injusto[134].

El creciente cooperativismo yanqui crea hambre de democracia, pero a la vez y por su misma contradiccin beneficia a sectores capitalistas: Por ejemplo, la conocida como economa solidaria de Lumumba fue capaz de convencer a la comunidad empresarial de la ciudad de abrazar a las cooperativas de trabajo como un medio pragmtico para asegurar que el capital se mantuviera dentro de la ciudad[135], Lumumba saba que los empresarios se enriqueceran pero esperaba que el hambre de democracia generado por la autogestin empoderara al pueblo. Un riesgo similar corre el comercio justo que se expande por Nuestra Amrica[136], que puede caer parcialmente en manos de la expansiva industria turstico-cultural.

En Euskal Herria existe un movimiento [] de empresas cooperativas, sociales y de insercin (todas no lucrativas) que cubren un amplio abanico de productos y servicios: agricultura local y ecolgica, hostelera, productos recuperados (muebles, ropa, complementos, etc.), cultura libre, comunicacin, limpieza, serigrafa, construccin, servicios a personas, seguros, etc., as como iniciativas relacionadas con sectores clave para la construccin de alternativas econmicas: soberana alimentaria, finanzas ticas, reciclaje y recuperacin, inclusin social, energas renovables, comercio justo, moneda social, informacin alternativa, etctera[137]. Movimiento segn el cual: El principal objetivo del negocio no es el incremento del capital, sino la promocin de las personas que trabajan en ellas, al tiempo que la toma de decisiones se realiza en equipo y de forma colaborativa[138].

En este contexto, surgen debates sobre si la autogestin reformista puede ser la va socioeconmica que sustente una Euskal Herria independiente: esto es imposible porque no puede existir independencia efectiva, real, si no va unida al poder socialista[139]. Como estamos viendo, la autogestin reformista acepta la propiedad privada. La mundializacin de la ley del valor y del capital financiero hace que incluso Estados formalmente libres sean en realidad vasallos financieros[140] de los grandes Estados. Las naciones oprimidas, sin Estado propio, seremos independientes de verdad cuando seamos propietarios colectivos de nuestras fuerzas productivas.

A. Mendizabal est en lo cierto cuando defiende el papel del cooperativismo en la construccin de un Estado vasco:

[] el camino de nuestra autoorganizacin poltica, de nuestra autogestin y de nuestra autosuficiencia [] la consolidacin de un sector cooperativo socialista ms entroncado hacia lo socio-comunitario, en el que la orientacin socioeconmica y las grandes directrices se deciden de manera compartida entre las unidades cooperativas y los rganos correspondientes de planificacin [] a travs de la planificacin participativa permita seleccionar las necesidades y prioridades sociales fundamentales de la comunidad. La segunda exige la existencia de un sistema de participacin obrera y popular, que abarca tanto los procesos socio-productivos como los sistemas de gestin cvico-ciudadana, que tiene por objetivo ubicar a los trabajadores y trabajadoras y sectores populares en el protagonismo del desarrollo econmico-social y en la resolucin de sus problemas especficos[141].

Un tema central del debate es el de las relaciones entre movimientos populares, sociales, sindicales, culturales, etc., que sostienen esas luchas y las organizaciones revolucionarias de liberacin nacional de clase: existe una dialctica entre ambas partes, las dos son imprescindibles y se fusionan en la praxis colectiva. El reformismo se obstina en reabrir un debate zanjado por la historia: sin vanguardia la humanidad se suicida[142].


Notas

[1] F. Houtart: Religin y modos de produccin precapitalistas, IEPALA, Madrid 1989, pp. 11 y ss.

[2] F. Houtart: Religin y modos de produccin precapitalistas, IEPALA, Madrid 1989, pp. 11 y ss.

[3] A. Rebollo: Una historia de rebelin y diluvio, Das rebeldes, crnicas de insumisin, Octaedro, Barcelona 2009, pp. 10-12.

[4] A. Eide: El derecho a oponerse a las violaciones de los derechos humanos, Sobre la resistencia a las violaciones de los derechos humanos, Serbal/Unesco, Barcelona 1984, pp. 42-43.

[5] T. Eagleton: Por qu Marx tena razn, Pennsula, Barcelona 2011, p. 177.

[6] J. Chesnaux: Las tradiciones igualitarias y utpicas en Oriente, Historia General del Socialismo, Destino, Barcelona 1976, tomo I, p. 48.

[7] J. Chesnaux: Las tradiciones igualitarias y utpicas en Oriente, Historia General del Socialismo, Destino, Barcelona 1976, tomo I, p. 29.

[8] Ciro F. S. Cardoso y H. Prez Brignoli: Los mtodos de la historia, Crtica, Barcelona 1981, p. 322.

[9] B. R. Narvaja y Luisa V. Pinotti: Violencia, poblacin e identidad en la colonizacin de la Amrica hispana, Endeba, Buenos Aires 2001, pp. 60 y ss.

[10] W. R. Jacobb: El expolio del indio norteamericano, Alianza Editorial, Madrid 1973, pp. 105 y ss.

[11] D. Harvey: Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, IAEN, Madrid 2014, p. 66.

[12] M. Beaud: Historia del capitalismo. De 1500 a nuestros das, Ariel, Madrid 1986, pp. 29-55.

[13] M Palacios Alcalde: Portugal en el siglo XVIII, Gran Historia Universal, CIL, Madrid 1986, tomo 18, pp. 155-156.

[14] C. Andrs Ortiz: Reedicin del Tratado de Methuen?, 29 de julio de 2015 (www.rebelion.org).

[15] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro I, pp. 607-649.

[16] D. Harvey: Gua de El Capital de Marx, libro I, Akal, Madrid, pp. 295-304.

[17] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro III, p. 387.

[18] K. Marx: Los Debates sobre la Ley acerca del Robo de Lea, En Defensa de la libertad, Los artculos de la Gaceta Renana 1842-1843, Fernando Torres Editor, Valencia 1983, p, 226.

[19] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro III, p. 322.

[20] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro III, pp. 322-323.

[21] P. Walton y A. Gamble: Problemas del marxismo contemporneo, Grijalbo, Barcelona 1976, p. 46.

[22] N. Kohan: Empecemos leyendo a Marx, Gama Grficas Diseo, Len 2013, p. 145.

[23] Diccionario, Espasa-Calpe, Madrid 1957, tomo VII, p, 658.

[24] M. Markovic: Autogestin, Diccionario de pensamiento marxista, Tecnos, Madrid 1984, pp. 58-59.

[25] S. Yeo: Asociacin cooperativa, Diccionario de pensamiento marxista, Tecnos, Madrid 1984, pp. 51-53.

[26]

[27] B. Fine: Cooperacin, Diccionario de pensamiento marxista, Tecnos, Madrid 1984, p. 178.

[28] R. Hyman: Sindicalismo y Sindicatos, Diccionario de pensamiento marxista, Tecnos, Madrid 1984, pp. 673-678.

[29] A. Velarde: Invitacin a la autogestin: en busca de una alternativa social (www.praxisenamericalatina.org).

[30] L. Carretero Miramar: La autogestin viva, Ediciones Queimada, Madrid 2013, p. 97.

[31] K. Marx: La guerra civil en Francia, Obras Escogidas, Progreso, Mosc 1978, tomo II, p. 236.

[32] M. Lpez: Democracia econmica y cooperativismo, 1 de diciembre de 2013 (www.albasud.org).

[33] AA.VV.: Cuestiones feministas, Historia popular y teora socialista, Crtica, Barcelona 1984, pp. 239-270.

[34] A. Figueroa Cornejo: Esta es la hora propicia para la rebelin de las mujeres, Resumen Latinoamericano, Argentina, n 134, pp. 18-19.

[35] I. Gil de San Vicente: Cooperativismo obrero, consejismo y autogestin socialista. Algunas lecciones para Euskal Herria, Boltxe Liburuak, Bilbo 3013, p. 1.

[36] I. Gil de San Vicente: Cooperativismo obrero, consejismo y autogestin socialista. Algunas lecciones para Euskal Herria, Boltxe Liburuak, Bilbo 3013, p. 2.

[37] D. Day: Conquista, Crtica, Barcelona 2006, pp. 177-178.

[38] D. Day: Conquista, Crtica, Barcelona 2006, p. 179.

[39] D. Glusckstein: La otra historia de la segunda guerra mundial, Ariel, Barcelona 2013, pp. 189-237.

[40] N. Davies: Varsovia, 1944, Planeta, Barcelona 2005, pp. 217-302.

[41] M. Kunene: Origen e historia de los movimientos de liberacin como medios de lucha, Sobre la resistencia a las violaciones de los derechos humanos, Serbal/Unesco, Barcelona 1984, pp. 149-162.

[42] K. Marx: El Capital, FCE, Mxico 1973, libro III, pp. 232-239.

[43] Th. dos Santos: Del terror a la esperanza, Milenio Libre, Caracas 2006, pp. 395-396.

[44] B. Hayes, El Estado vigilante: los archivos de la NSA y la respuesta global, Estado de excepcin y control social, FUHEM, Madrid 2015, pp. 27-42.

[45] R. Vidal Jimnez: El capitalismo (disciplinario) de redes y cultura (global) del miedo, Ediciones del Signo, Buenos Aires 2005, pp. 58-59.

[46] R. Vidal Jimnez: El capitalismo (disciplinario) de redes y cultura (global) del miedo, Ediciones del Signo, Buenos Aires 2005, pp. 130-131.

[47] R. Beltran: El cooperativismo agrario, Soberana alimentaria, biodiversidad y culturas, noviembre 2013, n 15, p. 6.

[48] N. Kohan (compilador): Ciencias sociales y marxismo latinoamericano, CIPEC, Argentina 2014, p. 207.

[49] N. Kohan (compilador): Ciencias sociales y marxismo latinoamericano, CIPEC, idem, pp. 272-273.

[50] N. Kohan (compilador): Ciencias sociales y marxismo latinoamericano, CIPEC, idem , p. 276.

[51] N. Kohan (compilador): Ciencias sociales y marxismo latinoamericano, CIPEC, idem, p. 274.

[52] K. Marx: El dieciocho Brumario de Lus Bonaparte, Obras escogidas, Progreso, Mosc 1978, tomo I, p. 453.

[53] A. R. Cail: As resiste en hospital oncolgico de Atenas, 3 de julio de 2015 (www.eldiario.es).

[54] B. Gutirrez: Grecia se vuelca en la autogestin, 15 de diciembre de 2014 (www.eldiario.es).

[55] Octubre de 2014 (www.alasbarricadas.org).

[56] S. Lpez Arnal: Entrevista a A. Cuesta (II), El papel de las mujeres ha sido fundamental, 13 de octubre de 2014 (www.rebelion.or).

[57] M. Font: El gran salto adelante del cooperativismo en Catalua, 14 de junio de 2015 (www.publico.es).

[58] COCEAVIS, n 13, abril-julio 2015.

[59] A. Castronovo y E. Gigliarelli: Trabajo sin patrn en Europa, 17 de agosto de 2014 (www.diagonalperiodico.net).

[60] A. Aharonian: 28 de agosto de 2013 (www.alainet.org).

[61] P. Heller: Grecia: reabren la televisin pblica, 12 de marzo de 2015 (www.po.org.ar).

[62] M. Hernndez: Autogestin en VIOME: Para recuperar la fbrica nos gua el ejemplo de Argentina, 20 de marxo de 2015 (www.lahaine.org).

[63] M. Sosa: En Europa, en el marco de la crisis actual, el movimiento de empresas recuperadas por sus trabajadores est dando sus primeros pasos, 19 de marzo de 2015 (www.rebelion.org).

[64] N. Allen, Renace en los afroamericanos la necesidad de organizarse, Resumen Latinoamericano, Argentina, n 134, julio 2015, p. 21.

[65] N. Allen: Renace en los afroamericanos la necesidad de organizarse, Resumen Latinoamericano, Argentina, n 134, julio 2015, p. 21.

[66] M. Aguilar Mora: Mxico. Un nuevo desafo para Pea Nieto. Las movilizaciones magisteriales, 26 de julio de 2015 (www.enlacesocialista.org).

[67] M. Hernndez: Movimientos de ocupacin fabril y autogestin obrera en Argentina, 30 de marzo de 2012 (www.argenpress.info).

[68] M. Hernndez: Movimientos de ocupacin fabril y autogestin obrera en Argentina, 30 de marzo de 2012 (www.argenpress.info).

[69] A. Maestre: El negocio de la seguridad privada de la ultraderecha, 11 de diciembre de 2013 (www.lamarea.com).

[70] Clara y Jordi Blanchar: Brixtol se mueve contra la gentrificacin, 30 de junio de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[71] O. Jones: Chavs, La demonizacin de la clase obrera, Capitn Swing, Madrid 2012, pp. 171 y ss.

[72] D. Harvey: Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo, IAEM, Madrid 2014, p. 157.

[73] AA.VV.: Autogestin y la iniciativa popular como arma en la lucha por el socialismo, 13 de junio de 2015 (www.boltxe.info).

[74] M J. Esteso Poves: Bancos de alimentos autogestionados, una alternativa solidaria, 20 de octubre de 2013 (www.diagonalperidico.net).

[75] C. Cruz Rojo: La soberana alimentaria: base para un poder real de los pueblos, 2 de julio de 2014 (www.matxingunea.org).

[76] H. Rodrguez: Rebeladas contra la pobreza, 18 de octubre de 2013 (www.diagonalperidico.net).

[77] COCEAVIS, ao III, n 10 agosto-octubre 2014.

[78] G. Ramrez: Ocupar, resistir, producir, 2 de octubre de 2014 (www.laizquierdadiario.com).

[79] J. Martnez: Diez meses de control obrero en Madygraf, 10 de junio de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[80] I. Jimnez Gmez: De la fbrica recuperada a la red de empresas cooperativas, 29 de diciembre de 2014 (www.elsalmoncontracorriente.es).

[81] 12 de junio de 2014 (www.marxist.com) y (www.fabricasocupadas.or.br).

[82] G. Trucchi: RiMaflow: sueos y expectativas de una fbrica recuperada, 26 de diciembre de 2014 (www.rebelion.org).

[83] M. Almisas Albndiz: Fbrica cerrada, fbrica tomada. La toma de grandes fbricas como necesaria (re)organizacin de la clase obrera, 31 de marzo de 2014 (www.kaosenlared.net).

[84] V. M. Toledo: Autogestin ciudadana: 12 acciones para la autodefensa, marzo de 2014 (www.rcci.net).

[85] L. Carretero Miramar: La autogestin viva, Ediciones Queimada, Madrid 2013, p. 20.

[86] Grupos de autodefensa entregan a los ciudadanos las tierras del crimen organizado, 16 de enero de 2014 (www.naiz.eus).

[87] M. Hernndez: Movimientos de ocupacin fabril y autogestin obrera en Argentina, 30 de marzo de 2012 (www.argenpress.info).

[88] C. Samary: Los fines y los medios, Qu proyecto de autogestin socialista?, 31 de marzo de 2005 (www.revoltaglobal.cat).

[89] AA.VV.: Cuba: Propiedad Social y Construccin Socialista, dos tomos, CNTE-SNTE, Mxico 2011; A. Fernndez: La Cooperativa, Ciencias Sociales, La Habana 2012; C. Pieiro (compiladora):Cooperativas y socialismo, Edit. Caminos, La Habana 2011; M. Daz: El Pensamiento Econmico del Che Guevara y el cooperativismo, CCC, Buenos Aires (www.centrocultural.coop).

[90] G. Lpez y S. Ishibashi: Trece aos de una fbrica militante produciendo bajo gestin obrera, 4 de septiembre de 2014 (www.ft-ci.org).

[91] AA.VV.: ALBA TV: los movimientos sociales latinoamericanos construyen su televisin, 8 de agosto de 2015 (www.escuelapopularcineytv.wordpress.com).

[92] J. L. Zimmermann: El consumo colaborativo tiene la capacidad de sacar a la luz economa sumergida, 21 de agosto de 2015 (www.eldiario.es).

[93] P. Gmez Damborenea: El Rey alaba el modelo cooperativo de Mondragn y desea que surjan ms grupos similares, 10 de septiembre de 2004 (www.elpais.com).

[94] M J. Esteso Poves: Este decreto frena el desarrollo del autoconsumo, 2 de agosto de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[95] M J. Esteso Poves: Este decreto frena el desarrollo del autoconsumo, 24 de julio de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[96] L. Gonzlez: Las obsesiones del oligopolio elctrico, 27 de julio de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[97] G. Manzanera Benito: Autoconsumo: cambiar el mercado elctrico o cambiar el sistema elctrico, 14 de julio de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[98] B. Montao: Iniciativas ciudadanas contra los oligopolios: compras colectivas de gasolinas, luz y telefona, 29 de marzo de 2015 (www.vozpopuli.com).

[99] M. Hernndez: El agua de 30 mil personas amenazada, Resumen Latinoamericano, n 134, Argentina 2015, p. 37.

[100] T. Kucharz: El Tratado de Libre Comercio EEUU-UE amenaza la economa solidaria, 9 de junio de 2015 (www.diagonalperiodico.net).

[101] J. Dez: Hablando de autogestin, 9 de julio de 2014 (www.borrokagaraia.wordpress.com).

[102] A. Vivas Tern: Autogestin, Colec. UTAL, Venezuela 1982, p. 26.

[103] J. Pablo II: Laborens Exercens. 14 de septiembre de 1981 (www.vatican.va).

[104] A. Vivas Tern: Autogestin, Colec. UTAL, Venezuela 1982, pp. 31-32.

[105] A. Vivas Tern: Autogestin, Colec. UTAL, Venezuela 1982, pp. 34-35.

[106] A. Vivas Tern: Autogestin, Colec. UTAL, Venezuela 1982, p. 48.

[107] A. Vivas Tern: Autogestin, Colec. UTAL, Venezuela 1982, pp. 61-62.

[108] A. Vivas Tern: Autogestin, Colec. UTAL, Venezuela 1982, p. 79.

[109] J. Subirat Humet: Algunos apuntes sobre la relacin entre los bienes comunes y la economa social y solidaria, Otra Economa, vol. 5, n 9, julio-diciembre 2011, p. 197.

[110] J. Subirat Humet: Algunos apuntes sobre la relacin entre los bienes comunes y la economa social y solidaria, Otra Economa, vol. 5, n 9, julio-diciembre 2011, p. 197.

[111] T. Pinto: Naciones Unidas ignora a los cientficos y concede otro contrato para explorar minas bajo el mar, 3 de agosto de 2015 (www.eldiario.es).

[112] M. Dinucci: La ofensiva de la OTAN global, 10 de mayo de 2015 (www.lahaine.org).

[113] S. Muresu: La FAO alerta sobre la compra masiva de tierras, 26 de junio de 2009 (www.rebelion.org).

[114] M J. Esteso Poves: Las empresas que roban nuestras tierras cultivan caf y frutas en ellas, 3 de mayo de 2012 (www.diagonalperiodico.net).

[115] J. Subirat Humet: Algunos apuntes sobre la relacin entre los bienes comunes y la economa social y solidaria, Otra Economa, vol. 5, n 9, julio-diciembre 2011, p. 196.

[116] J. Subirat Humet: Algunos apuntes sobre la relacin entre los bienes comunes y la economa social y solidaria, Otra Economa, vol. 5, n 9, julio-diciembre 2011, p. 202.

[117] N. Aponte: Cooperativas o empresas socialistas, 3 de septiembre de 2013 (www.rebelion.org).

[118] M. Hernndez: Construir muchas fbricas socialistas (I y II), 26-30 de julio de 2013 (www.lahaine.org).

[119] S. Ortiz: La ley de integracin de cooperativas, Soberana alimentaria, biodiversidad y culturas, noviembre 2013, n 15, p. 21.

[120] F. Houtart: La agricultura familiar campesina: ilusin o desafo, 8 de agosto de 2015 (www.lahaine.org).

[121] 3 de noviembre de 2014 (www.gara.net).

[122] 28 de julio de 2014 (www.cincodias.com).

[123] V. Ruiz de Almirn: La economa colaborativa ha llegado para quedarse, 16 de octubre de 2014 (www.abc.es).

[124] 2 de agosto de 2015 (www.abc.es).

[125] Lucas de la Cal: 27 de octubre de 2015 (www.elmundo.es).

[126] A. M. Vlez: 19 de junio de 2015 (www.eldiario.es).

[127] J. Alemn: Ocho diferencias entre la banca tica y la banca tradicional, 7 de mayo de 2015 (www.eldiario.es).

[128] 31 de diciembre de 2014 (www.insurgente.org).

[129] E. J. Diez Gutirrez: La economa del bien comn, 19 de junio de 2015 (www.rebelion.org).

[130] El bitcoin, una moneda virtual con mala reputacin, 23 de agosto de 2015 (www.gara.net).

[131] 6 de agosto de 2015 (www.elpais.com).

[132] 28 de julio de 2014 (www.cincodias.com).

[133] M. A. Garca Vega: La imparable economa colaborativa, 21 de junio de 2014 (www.elpais.com).

[134] Entrevista a W. Wendelin, de Askapena, Resumen Latinoamericano, 9 de agosto de 2015 (www.boltxe.info).

[135] C. Conn: Las cooperativas le proporcionan a la gente hambre de democracia, 26 de mayo de 2014 (www.kaosenlared.net).

[136] C. Morsolin: Entrevista al Eurodiputado F. Marcellesi, 29 de mayo de 2015 (www.rebelion.org).

[137] C. Azkunze: REAS (Red de Economa Alternativa y Solidaria) Otra economa para una vida mejor, 16 de noviembre de 2013 (www.gara.net).

[138] La economa social gana presencia al unirse en la plataforma EGES, 26 de marzo de 2015 (www.gara.net).

[139] G. Ezkurdia: Trasfondos de ilusiones, Euskal estatua eginkizun, hacia un Estado vasco, Herria 2000 Eliza, Bilbo, n 256, 2015, p. 21.

[140] R. Urie: La creacin de un vasallaje financiero global, 25 de febrero de 2015 (www.rebelion.org).

[141] A. Mendizabal: El movimiento cooperativo y el nuevo Estado vasco, 6 de agosto de 2015 (www.gara.net).

[142] T. Valderrama y A. Aponte: 9 de julio de 2015 (elaradoyelmar.blogspot.com).


Nota: ponencia escrita para la revistaLaberinto.

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