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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2015

Refugiados y (o) inmigrantes

Isidoro Moreno
Diario de Sevilla


No podemos mirar a otro lado mientras cientos de miles de seres humanos huyen hacia nosotros desde las ciudades devastadas de Siria, Afganistn, Eritrea, Libia y otros pases en guerra. Hay que recibirlos, hay que atenderlos facilitndoles comida, techo y una vida digna, y hay que trabajar porque se den las condiciones para que puedan decidir si vuelven a su tierra. La gente la sociedad civil con sus asociaciones y plataformas- se ha adelantado, una vez ms, a las instituciones polticas en reaccionar ante el drama. Y de estas instituciones no es casualidad que sean los ayuntamientos -el nivel ms cercano a la ciudadana- los que antes hayan asumido el tema, definindose algunos (y esperemos que sean ms) como ciudades-refugio.

Para vergenza de la Europa que dice ser referente de las libertades y los derechos humanos, varios de los pases de la Unin estn recluyendo a los refugiados en verdaderos campos de concentracin, o los arrinconan en zonas especiales o les impiden el paso con vallas de alambre y concertinas (fabricadas en Crtama, provincia de Mlaga) o con gases lacrimgenos y granadas de humo, mientras los gobernantes de los dems pases disputan sobre el cupo que les corresponde admitir, en todos los casos radicalmente insuficientes. La sensibilizacin generalizada que produjo la foto del nio sirio muerto en una playa hace imposible la inaccin gubernamental, pero esta es lenta, tarda y, en gran medida, hipcrita: incluso se seala, obscenamente, que los refugiados pueden ser una nueva oportunidad de desarrollo (es decir, de tener trabajadores bien formados a muy bajo coste salarial).

Junto a la necesaria presin a los gobiernos para que cumplan sus obligaciones para con el derecho de asilo, es imprescindible tambin que nos hagamos ciertas preguntas con el objetivo de que nuestro sentimiento de solidaridad e indignacin no desemboque en estril sentimentalismo: Quines fabrican las armas de tantas guerras?

De dnde proviene el dinero para pagarlas? Cmo se originaron y qu intereses hay detrs de los numerosos grupos armados? Por qu el gran impacto de la foto de ese nio muerto y el nulo impacto de las fotos de cadveres de inmigrantes negros en nuestras playas mediterrneas mientras turistas del Norte juegan tranquilamente al golf?

Y preguntarnos tambin si no estaremos ante una maniobra, a escala europea, para intentar diferenciar de forma radical entre inmigrantes polticos (refugiados) e inmigrantes econmicos, con el objetivo de justificar las medidas legales, policiales e incluso militares contra estos ltimos, disfrazadas y confundidas con la lucha contra el terrorismo y la lucha contra las mafias. Una muy publicitada generosidad con los primeros sera la coartada para justificar el endurecimiento del trato a los segundos.

Y es que la distincin no es hoy ms que un espejismo o una herencia de un pasado que ya no existe. El hambre y las enfermedades infecciosas (fcilmente solucionables si hubiera inters en ello) matan menos que las bombas? La injerencia militar, la creacin de grupos armados, que frecuentemente se salen del control de sus creadores como fue el caso de Al Qaeda, son cualitativamente diferentes a las persecuciones contra opositores por parte de dictaduras sangrientas, protegidas por Occidente para garantizar la estabilidad de los mercados? Es que no son polticas las decisiones sobre conversin de tierras campesinas en plantaciones de monocultivos de exportacin o sobre esquilmacin de la pesca en las costas de tantos lugares del mundo, con el consiguiente desplazamiento forzado de poblaciones empobrecidas a las que se ha robado sus medios de subsistencia? No son polticos los acuerdos internacionales que han destruido, en nombre del libre comercio, las barreras a la invasin de tantos pases por parte de mercancas y capitales provenientes de los pases desarrollados, dinamitando el tejido econmico-social de muchos pueblos y obligando a la emigracin a gran parte de sus poblaciones?

Crear una muralla legal y tratar de construir un imaginario colectivo que separe a los inmigrantes por motivos polticos de los inmigrantes por motivos econmicos, dirigiendo la simpata ante aquellos, que seran los inmigrantes forzados, buenos (a los que nunca se llamara inmigrantes sino refugiados), y haciendo crecer el racismo, la xenofobia y la discriminacin hacia estos, que seran los inmigrantes voluntarios, malos, irregulares (o inmigrantes sin ms), es una maniobra perversa a la que deberamos oponernos con rotundidad. Especialmente desde Andaluca, un pas del cual pudo escribir Blas Infante, hace ahora cien aos, que en l no hay extranjeros.

Isidoro Moreno es Catedrtico Emrito de Antopologa, Universidad de Sevilla.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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