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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2015

La importancia de la cultura en la estrategia hacia el socialismo

Astor Vitali
Rebelin


El aprendizaje mayor que podemos extraer de las revoluciones del siglo XX es de orden estratgico y es el de la importancia de la cultura como factor determinante. Archisabido es que la revolucin no se puede legislar ni decretar. Es decir, no se puede organizar ni sostener un proceso revolucionario a travs de meros enunciados y normativas. Los problemas de la subjetividad y de la conciencia constituyen la mayor dificultad en la construccin, continuidad y profundizacin de los procesos revolucionarios .

Las experiencias de lucha en distintos lugares del mundo llevaron a hacerse del poder poltico a fuerzas de izquierda y en ocasiones a la conduccin de un Estado de transicin al socialismo por la va de las armas y de las urnas. Sin embargo, vamos a sugerir que el problema de los revolucionarios y las revolucionarias no reside centralmente en cmo tomar el poder. Este problema, el de la toma de poder, no nos ocupa en el presente artculo ms que colateralmente por lo que slo dejaremos sugerido que la debe planificar cada pueblo segn su estrategia y tctica en funcin de la historia particular y condiciones objetivas y subjetivas.

El problema central de los revolucionarios y las revolucionarias (derivado de las experiencias del siglo pasado) reside en cmo profundizar la revolucin y el socialismo una vez con el Estado (confrontando con el poder de la clase antagnica) entre manos (En rigor, la idea central de la cultura como factor determinante de cambio social no excluye a las corrientes que no buscan el Estado como herramienta de transformacin)..

El proceso de construccin de socialismo ms largo que tuvo el siglo pasado atraves, como es evidente, ese problema. La accin revolucionaria incluy (virtud de aquellos revolucionarios y aquellas revolucionarias) vasta produccin terica y trabajo de educacin del pueblo ruso mayormente analfabeto. Sin embargo, ante la necesidad de hacer efectivo el socialismo en materia econmica en un pas devastado y frente a la guerra imperialista, los soviticos constituyeron su poltica mayormente en base a la coercin y el control. Sin perjuicio de las iniciativas de educacin poltica.

Obviamente el uso de la coercin, el control y la represin es necesario en un Estado socialista del pueblo para defenderse de los ataques de las burguesas y subclases aliadas (vernculas y transnacionales). Pero qu sucede, por caso, cuando un gobierno es obrero y campesino y esa clase trabajadora, que puede acceder a los medios de produccin, defiende la propiedad individual y no colectiva? Hacemos referencia, a modo de ejemplo, a los debates por el problema de la tierra en Rusia. Qu sucede cuando se vence al Zar y todos los nuevos acuerdos sociales estn por hacerse, si objetivamente se derriba un rgimen pero no la subjetividad que lo sustentaba? Si el Estado socialista decide un modelo econmico y, para evitar el hambre y el derrumbe econmico determina sostenerlo utilizando la coercin como herramienta all donde se presenta resistencia Cunto resiste un pueblo trabajando a punta de pistola o entregando parte de su cosecha bajo amenaza? Cunto tardan en derrumbarse los muros de esa edificacin poltica, econmica y cultural? Aparece aqu el problema de la cultura, la conciencia y la subjetividad como factor determinante nuevamente.

El Estado socialista aspira a la destruccin de las relaciones sociales capitalistas (extincin del Estado proletario en palabras de Lenin. ste diferencia la necesidad de destruir el Estado burgus y cmo se extingue el Estado proletario). Sin embargo, con este objetivo de destruir las relaciones sociales capitalistas, el Estado socialista tiene miles de vas y algunas conducen a la bancarrota (econmica, tica y cultural), a reforzar la subjetividad individualista y capitalista.

Podemos y debemos utilizar la fuerza contra los enemigos de un Estado socialista, ya que el imperialismo (en el sentido de la definicin leninista) utilizar, como es obvio, fuerzas visibles y soterradas dentro y fuera de cada pas que intente que el poder pase el pueblo. Sin embargo, debe utilizarse la fuerza contra sectores del pueblo, parte de las clases subalternas, que ofrecen reaccin a la transformacin social?

Propongo intentar una respuesta con otra pregunta: si el Estado socialista es del pueblo por qu el pueblo reaccionara negativamente a sus polticas?

Aqu tenemos otro problema y otro aprendizaje de vital importancia extrado de los procesos revolucionarios del siglo XX: un Estado que se autodenomine socialista debe aspirar al mayor grado de participacin popular y empoderamiento del sujeto de su revolucin , de lo contrario, no es un Estado del pueblo , sino un Estado que enuncia el socialismo pero practica y replica las formas de gobierno burguesas.

Dnde reside la importancia de la cultura respecto de este asunto? Bueno, en casi todo. Qu cultura forma y hacia qu subjetividad lleva un modelo Estatal donde el trabajador y la trabajadora (el sujeto revolucionario) no se sienta parte activa del proceso o tema que una fuerza superior (el Estado que debera ser suyo) utilice la fuerza contra l porque en algn lugar alguien decidi algo de lo que no es parte? Si el pueblo no es parte integrante del Estado socialista, su subjetividad le indica que hay un otro que lo sigue subyugando y disciplinando, que ahora se llama Estado socialista, pero que lo excluye igual que el anterior Estado. Tampoco siente con justicia- que sus actos tengan responsabilidad en ese socialismo enunciado.

Es un debate complejo. Sin embargo, podemos aplicar esta mirada tambin al desarrollo y prcticas de las organizaciones del pueblo. Haciendo un repaso sobre la vida normal de sindicatos, partidos polticos, bibliotecas, organizaciones barriales, no resultar costoso observar las dificultades existentes respecto de la participacin popular. Claro que hay muchos motivos por los cules explicar cada una de las experiencias en particular. Sin embargo, una vez ms, los aspectos culturales y subjetivos son determinantes.

En torno de las organizaciones sociales hemos visto crecimiento y decrecimiento numrico. Pero ste est estrechamente vinculado a la necesidad de las organizaciones de dar respuesta frente a crisis de carcter econmicas y frente al horror del hambre y la pobreza espiritual. Sin embargo, esas organizaciones han logrado objetivos de trasformacin en la subjetividad y modificaciones culturales en relacin a la lucha anticapitalista? No ms o menos neoliberal, sino anticapitalista a secas-. Han comprendido quienes saciaron su hambre la importancia de la organizacin contra quines sumieron a millones en la miseria y la naturaleza sustancial del sistema que ayer los llev a la pobreza extrema, hoy utiliza su fuerza de trabajo en un marco de precarizacin y maana los volver a desechar cuando el paradigma econmico internacional se transforme?

Las prcticas culturales de las organizaciones del pueblo son embrin de otra existencia social posible (frase repetida hasta el cansancio). Las organizaciones sociales deben intentar denodados esfuerzos en que sus prcticas sean autocrticas y logren el mayor grado de pensamiento y accin contra hegemnicas. La democracia real debe reemplazar a la formal. Las decisiones colectivas y la responsabilidad colectivas.

Decimos democracia real y afirmamos con esto la necesidad de formacin de intelectuales orgnicos en el sentido ms profundo del trmino: personas capaces de desarrollar ideas y prcticas de clase en la situacin que les toque. Cuadros polticos integrales con capacidad de accin autnoma en el marco de la estrategia general. No hablamos aqu, entonces, de referentes de escritorio que conduzcan a la clase. Tampoco denostamos el trabajo intelectual, tan necesario como el manual.

Sobre los partidos polticos tambin (y tal vez sobre todo) cabe este anlisis. Cuntos cuadros de las organizaciones polticas anticapitalistas estn formados para la conduccin poltica en este momento histrico? Qu aprendizajes plasmados en construccin terica para la accin poltica estamos esbozando? Cul es la subjetividad respecto de la responsabilidad del trabajo sostenido, el estudio continuado de realidad, la accin poltica responsable haca las resoluciones estratgicas?

Si el Estado se declama socialista (as como las organizaciones que van forjando la lucha anticapitalista) y slo tiene carcter representativo , no detenta poder real para confrontar al capital, ya que no est el pueblo organizado como sustento, motor y cuerpo orgnico, que es la nica defensa de un proceso revolucionario y posibilidad de que no se estanque por caminos burocrticos. Y este es un problema de concepcin ideolgica y de la cultura de las organizaciones. Sobre estos aspectos volveremos al final del artculo.

Todo el poder a los soviets

Lamentablemente la izquierda formal utiliza viejas recetas basadas en consignas que, en su momento, no fueron esquemas cerrados sino precisamente articulaciones en funcin de realidades particulares. La lectura de los clsicos del marxismo arroja como corolario general que cada proceso revolucionario y cada gran dirigente hizo sobre la realidad que le toc actuar una lectura diferente. Hacer del marxismo un cuerpo nico donde Lenin completa a Engels y Engels a Marx (y las conjugaciones que gusten segn la corriente que adscriban) slo confunde y colabora con una suerte de seguridad pseudo terica que deviene comodidad contrarrevolucionaria.

Lenin discute con Marx y con Engels. En rigor, Lenin saca conclusiones distintas del proceso que le toca vivir, simplemente por las modificaciones materiales y culturales que analiza en su momento y contexto.

Era la Rusia zarista casi sin desarrollo de clase obrera el lugar esperado por Marx y Engels para el despliegue de un Estado socialista o corresponda esta experiencia a los pases industrializados con desarrollo de burguesas? Lo que diferencia a los clsicos de los textos intiles y banales es el rico dilogo de lecturas, de ninguna manera la confeccin de reglas.

Todo el poder a los Soviets es la consigna establecida por Lenin para esa Rusia en ese momento del desarrollo de lucha de clases (diferente a la Europa donde se desarrollo gran parte del pensamiento marxista con el que dialog). Lo que subyace como idea de poder en consigna es claro: no se trataba de que los asientos de las oficinas estatales pasaran de ser ocupadas por polticos burgueses a polticos socialistas. Se trataba de un Estado cuyo poder residiera en la organizacin de los trabajadores y las trabajadoras (de la ciudad y del campo).

El poder popular no es una receta. Es una condicin necesaria para no caer aplastada la revolucin tras la reaccin inmediata que genera en cualquier parte donde se produzca. Tambin para confrontar con el riesgo de burocratizacin latente en cualquier proceso.

Lo que constituye una receta es proponer la dictadura del proletariado a secas en cada lugar y en cada momento histrico como si no hubiera modificaciones en la organizacin internacional del trabajo, en la composicin social de cada pas y en la subjetividad de las clases subalternas (y estrategias diferentes de las burguesas). La vieja idea de que la realidad se ajuste a las resoluciones congresales en lugar de hacer trabajo responsable en torno al anlisis de la realidad para ajustar la fuerza revolucionaria a las necesidades que demanda la etapa de la lucha de clases en la que actuamos .

Cmo se construye poder popular sin la preparacin subjetiva del pueblo para ejercerlo? Cualquier izquierda que llegue por la va que fuere a ejercer un gobierno, podra decretar que a partir del da que asume el pueblo adopta el socialismo. Esto no har que el pueblo cambie repentinamente, como una prenda, toda una cultura y subjetividad capitalistas e individualistas el da del decreto. Ms bien es probable que, librado de viejos yugos, diferentes sectores sociales busquen nuevos privilegios que devengan nuevos yugos.

La batalla ideolgica y cultural adopta vital y necesaria importancia en cualquier proceso revolucionario. En otras palabas, podremos construir una superestructura socialista en un ao. Pero sin modificaciones culturales profundas, en el mediano o largo plazo, por ms coaccin aplicada, la cultura hegemnica de la vieja clase romper los muros del nuevo Estado.

El rol de las organizaciones del pueblo

Las fuerzas revolucionarias del mundo sufrimos una derrota histrica devastadora. No slo alcanza para adquirir dimensin de la tragedia el hecho de mencionar que nos vencieron. Para restablecer las nuevas herramientas de lucha es necesario sincerar cules fueron los errores que contribuyeron al fracaso. En otras palabras, no slo se cae porque el adversario es ms fuerte sino por errores propios.

Una mirada transparente del estado de situacin incorpora necesariamente la lectura de la situacin subjetiva. Es menester preguntarse qu es de la vida orgnica de la clase obrera en la situacin actual? En otras palabras cul es el rol de las organizaciones del pueblo?

Dada la extensin de este artculo vamos a limitarnos a un breve recorte de la experiencia Argentina. Todava hay organizaciones polticas de izquierda que evocan la crisis de 2001 como un momento de ruptura con el sistema. Si bien es cierto que se modific el sistema poltico dada la actual situacin de un polo de centro (que se atribuye la centro izquierda) y un polo de derecha (que se atribuye el centro) cuya organizacin atraviesa los partidos tradicionales en lugar de turnarse en la gestin de la administracin del Estado burgus, no es cierto que los intereses capitalistas se hayan puesto en riesgo .

Ms bien, por el contrario, los gobiernos que administraron el Estado en los ltimos aos allanaron el camino para sostener viejos negocios y crear nuevos.

En el contexto de la crisis de 2001 se puso a prueba la capacidad de articulacin de la izquierda argentina (toda la izquierda argentina, no slo la roja) y los resultados son evidentes. Descontando del anlisis el herosmo y la valenta de quienes entregaron sus vidas en la conviccin de la lucha del pueblo, es preciso reconocer la total incapacidad de las organizaciones populares de accionar por una va no capitalista.

La reconstruccin de la gobernabilidad vino de la mano del Partido Justicialista auxiliado del conjunto de organizaciones que asistieron a salvar la gobernabilidad por derecha, es decir, por la va capitalista.

Es que las organizaciones forjaron una lucha por el socialismo y perdieron la pulseada? Las organizaciones populares dieron batalla con total entrega en el marco de la represin desatada por el Estado. Sin embargo, lo hicieron carentes de una ofensiva poltica con agenda propia. Esto no es novedoso.

Pero es que las organizaciones populares tenan en agenda una salida anticapitalista?

Parte del reconocimiento de la derrota debe contemplar la conciencia de la victoria del enemigo en la construccin de hegemona cultural . La colonizacin ideolgica fue planificada y los efectos son visibles con crudeza desde hace algunos aos.

La derrota cultural se expresa en la observacin de las aspiraciones de las organizaciones del pueblo. Cul es el rol de las centrales obreras? Qu discuten los profesionales de nuestro pas? Dnde se forman los principales cuadros de la clase? Qu discuten los trabajadores y las trabajadoras?

Responder a estas preguntas animndose a advertir la aridez a la que nos exponen las respuestas ayuda a comprender la importancia de la cultura en la estrategia hacia el socialismo.

Sintticamente y de manera incompleta, la lucha cultural hace referencia a la masivizacin de la conciencia de las clases subalternas, a la clarificacin de los mtodos que necesita el pueblo (establecido por aprendizajes histricos), al conocimiento del devenir histrico de los trabajadores y las trabajadoras, pero sobre todo, no slo hace referencia a las ideas o aspectos ideolgicos sino fundamentalmente a las prcticas. La batalla cultural no es slo la batalla de ideas sino de ideas y prcticas concretas.

Si las organizaciones barriales se limitan a administrar la pobreza y no cuestionan la sustancia del sistema que genera las desigualdades que combate; si las organizaciones sindicales discuten slo salario en mesas tcnicas (porque ya ni paritarias) y no cuestionan el sistema que los explota para sumirse como sujeto poltico transformador; si los y las profesionales se preocupan por mejorar sus servicios y no asumen el poder que implica su capital simblico adquirido por la posibilidad de acceder a conocimientos gracias al trabajo social; si los y las artistas hablan con necesaria belleza de otro mundo pero no se asumen as mismos como trabajadores de la cultura y con ello parte de la clase; si la dirigencia poltica de la clase se desvive por responder a coyunturas contra el pueblo de la mejor forma posible pero no revisa la necesidad de esbozar con claridad una mirada estratgica para los desafos de este siglo asumiendo los aprendizajes del anterior ; si todo esto ocurre as, difcil es pensar que no repetiremos viejos errores sobre nuevos problemas, y con ello, que la sangre derramada haya sido en vano.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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