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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2015

Prlogo al libro "Derechos humanos como arma de destruccin masiva"

Concepcin Cruz Rojo/Iaki Gil de San Vicente
Boltxe


El libro que presentamos Derechos humanos como arma de destruccin masiva, Boltxe Liburuak, Bilbo 2015- nace por muchos motivos de tipo poltico, social, de oportunidad histrica y tambin, integrado en todos los anteriores por necesidades personales. Nuestras militancias en diversos campos de lucha contra las opresiones nos han hecho tomar conciencia de la perversa trampa que se esconde en la ideologa burguesa de los derechos abstractos que ocultan el derecho concreto del capital a la explotacin humana. Tambin nuestra pertenencia a pueblos oprimidos como el andaluz y el vasco, nos ha facilitado descubrir la mentira de la famosa constitucin democrtica que embellece los barrotes de esta crcel de pueblos que es la monarqua espaola y su Estado.

Qu duda cabe que el tema de los derechos humanos burgueses es de suma actualidad, de gran importancia en el momento histrico que vivimos. Lo que de forma abstracta y mezclando conceptos diferentes viene en llamarse derechos humanos. Acepcin que tiene una clara intencin de evocar aspectos muy positivos, deseables, humansticos que debemos defender; pero que en su realidad lleva dentro de esas bonitas palabras puro veneno.

La dialctica nos ensea que el pensamiento crtico, componente bsico del mtodo cientfico, puede llegar a lo real si bucea hasta sus races contradictorias: as descubrimos que debajo de admirables palabras como libertad, justicia y derecho se libra una lucha a muerte entre fuerzas antagnicas, entre el derecho/necesidad de la salud y la necesidad de la industria de la salud capitalista para engordar sus ingentes beneficios mercadeando la vida humana. Y quien habla del derecho/necesidad a la salud habla tambin del derecho/necesidad a la cultura, al trabajo libre como creacin de bellos valores de uso, mientras que el oficial derecho al trabajo es en la prctica derecho al tripalium, a la tortura del trabajo explotado..

Adems, hablar de derechos humanos tiene una ntima conexin con la Declaracin de los Derechos Humanos de 1948, difundida, orquestada y publicitada por los medios de comunicacin escrita y visual de los Estados capitalistas que igualmente se comenzaron a llamar democrticos y del mundo libre; aunque la experiencia terrible, antes y despus de esa fecha, son las matanzas y genocidios de lo que algunos autores han venido en llamar terrorismo occidental. En toda su obra, pero sobre todo en el muy crudo y esttico captulo XXIV del libro I de El Capital, Marx desnuda el terrorismo implacable sobre el que descansa la libertad y el derecho de la burguesa. Para el imperialismo que busca expandirse mediante la acumulacin por desposesin, adems de otros mtodos, para este Moloch contemporneo, derecho y terror son las dos caras de la tasa de beneficio.

Porque a veces se olvida que en la realidad prctica son los derechos de la burguesa, como la libertad y lafraternidad, por los que se ba en sangre al pueblo de Pars o de Puerto Prncipe en Hait. Por ello insistimos a lo largo del libro en llamarlos derechos abstractos, porque en los hechos concretos muestran todo lo contrario de lo que predican esas palabras: muerte y dolor, violencia extrema sobre muchos pueblos empobrecidos del mundo.

Porque se olvida que antes del derecho burgus existieron otros derechos precapitalistas. Que las mujeres aplastadas, los pueblos esclavizados y las clases oprimidas se pusieron una y mil veces en pie para defender sus derechos colectivos, sus bienes comunes expresados en los derechos consuetudinarios fervorosamente defendidos por un joven Marx de 24 aos, y sus poderes comunales tan admirados por Engels. Volvemos a reivindicar la dialctica: derecho contra derecho, y cuando chocan dos derechos irreconciliables, decide la fuerza: derecho/necesidad al agua como bien vital comn y valor de uso, o derecho a la industria transnacional burguesa del agua como mercanca y valor de cambio? No existe punto equidistante, neutro e intermedio.

Ahora que se celebran aniversarios de heroicas victorias, pero sumamente cruentas y costosas, contra el nazi-fascismo, simbolizado por la llegada del Ejrcito Rojo sovitico a un Berln nazi totalmente destrozado; o contra el imperialismo, cuando el pueblo vietnamita logra expulsar el terror que supuso la invasin del ejercito de los Estados Unidos. En estos y otros aniversarios de victorias populares, es ms necesario que nunca analizar qu significaron y significan los derechos humanos burgueses para la poblacin.

Fue entre estos dos grandes hitos sangrientos provocados por estas dos grandes potencias imperialistas, la nazi alemana y la de Estados Unidos, cuando se promulgan de forma pomposa la Declaracin Universal de los Derechos Humanos de 1948, apoyados por los restantes Estados imperialistas de la poca en pugna entre ellos. En el libro que presentamos se explica con detalle el contexto de terror abierto y soterrado, segn los lugares, que precedi a dicha declaracin. Fundamental para entender la violencia que se ejerci posteriormente en diferentes pases del mundo, siendo una de las ms visibles y sanguinarias la ya comentada invasin del ejrcito estadounidense del pueblo de Vietnam.

Fue en este contexto de debilidad del imperialismo democrtico -Estados Unidos, Gran Bretaa, Estado francs, Holanda, Blgica, imperios baados en sangre-, de desprestigio absoluto de las burguesas colaboracionistas con el nazifascismo y de suma legitimidad y fuerza del socialismo y de las luchas de liberacin nacional por su decisiva participacin en la derrota del monstruo negro con runas de plata, el que hizo que se reafirmara el inalienable derecho a la rebelin contra la injusticia y la opresin nada menos que en el Prembulo de la Declaracin Universal. Pero la unidad y lucha de contrarios es la fuerza de la vida y de la historia, y la firma por el imperialismo del derecho a la rebelin llevaba la trampa de qu definir como derecho a la rebelin ante los ataques imperialistas a los pueblos explotados que luchaban por su independencia socialista. J. Bricmont ha denunciado brillantemente esta trampa en su crtica del imperialismo humanitario.

Sin embargo, la Declaracin de 1948 refrenda el derecho de propiedad del capital, y aunque en algn articulado interno se insina la necesidad del control social del derecho de propiedad, lo cierto es que la propiedad burguesa es prcticamente reconocida como derecho humano. Desde una perspectiva verdaderamente humanista, tuvieron razn los pases socialistas al negarse a aceptar que el derecho de propiedad de las fuerzas productivas fuera un derecho humano, porque en realidad solo es la violenta fuerza burguesa elevada al rango de derecho inhumano.

De este modo, las contradicciones inherentes al modo de produccin capitalista se reflejaron en la Declaracinde 1948, y prcticamente desde el da posterior a su firma el imperialismo comenz a desautorizar sus contenidos democrtico-burgueses, casi anulndolos, excepto en la propaganda, mientras que nicamente aplicaba sus contenidos reaccionarios. Esta prctica fue intensificndose conforme se encrespaba la llamada guerra fra al impulsar e imponer a los pueblos trabajadores toda serie de dictaduras terroristas y regmenes militares proimperialistas.

Pero las izquierdas occidentales, por razones que no podemos exponer ahora, fueron absorbidas por la ideologa burguesa de los derechos humanos vacos, huecos. Olvidaron la creativa experiencia revolucionaria de los derechos socialistas, de aquella impresionante Declaracin de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado, firmada en Mosc en 1918, y que ahora nos ilumina en medio del caos mundial; o la no menos impactante y actual Declaracin Universal de los Derechos de los Pueblos, firmada en Argel en 1976, por no hablar de las declaraciones de los derechos de la mujer que tuvieron que elaborarse posteriormente a la Declaracin de 1948 por su debilidad sobre los derechos de la mujer en general, y especficamente sobre la mujer trabajadora y oprimida nacionalmente.

Los derechos profundos, colectivos y concretos del pueblo -de la mayora de la poblacin- chocan en la prctica, donde realmente se comprueba la veracidad y coherencia de la teora, con los derechos abstractos, mentirosos y tramposos de la burguesa, de la minora rica. Porque como todo en la vida, no hay teora sin prctica, no hay promesas sin hechos, no hay sentimientos, afectos, sin compromisos, sacrificios y convivencia prctica. Y los derechos humanos burgueses nos demuestran continuamente, en el pasado y en el presente, que solo son bonitas palabras dichas superficialmente, pero llenas de egosmo, hipocresa y falta de tica; que desprecia y provoca sufrimiento y destruye la vida de las personas.

Contrarrestar con pedagoga y organizacin la propaganda del sistema, para demostrar que la lucha por los derechos es la lucha por las necesidades humanas, aclarando su realizacin y constatacin prctica. Porque sobran los motivos para luchar por los autnticos derechos de la poblacin, a una alimentacin de calidad, a un medio ambiente sano, al agua, la sanidad, la luz y a la vivienda. A un trabajo rico y creativo para mujeres y hombres, a la salud y felicidad, en suma, para todo el pueblo. No es ninguna utopa, o mejor dicho, es un atopa -y por tanto realizable y posible-, aunque difcil por los impedimentos de todo tipo que pone y pondr la clase dominante a nivel mundial, pero merece la pena el intento.


Fuente original: https://www.boltxe.eus/2015/10/10/boltxe-liburuak-prologo-al-libro-derechos-humanos-como-arma-de-destruccion-masiva/



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