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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-10-2015

De cmo el Sistema de anlisis y evaluacin basado en el estudio del Terreno Humano (HTS) racionaliza el sistema de la pedofilia en Afganistn
El uso y abuso de la cultura (y de los nios)

David Price/Roberto J. Gonzlez
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.





A lo largo de los ltimos ocho aos se han publicado informes que iban revelando gradualmente que los soldados y agentes de polica afganos aliados de las fuerzas militares estadounidenses estn abusando sexualmente de muchachos que retienen contra su voluntad, en ocasiones en las bases del ejrcito de EEUU. El pasado mes, Joseph Goldstein (2015) public un artculo de primera plana en el New York Times bajo el titular US Soldiers Told to Ignore Sexual Abuse of Boys by Afghan Allies [A los soldados estadounidenses les dijeron que ignoraran los abusos sexuales a nios de sus aliados afganos], que empezaba con la inquietante historia del cabo Gregory Buckley Jr, que muri en un tiroteo junto con otros dos marines en 2012. Buckley fue asesinado despus de manifestar su preocupacin por la tolerancia del ejrcito estadounidense ante los abusos sexuales a nios practicados por los agentes de la polica afgana en la base donde se encontraba estacionado en el sur de Afganistn. El padre de Buckley declar al Times: Mi hijo me cont que sus oficiales le haban dicho que mirara hacia otro lado porque eran cosas de su cultura.

La historia del Times aporta el repetitivo relato ahora estandarizado de que los hombres mayores que tienen sexo con chicos jvenes algunos tan jvenes como doce aos- ejemplifican una cultura compleja conocida como bacha bazi, o nios para jugar. Pero eso tambin incluye vietas de soldados estadounidenses entrando en habitaciones de hombres afganos encamados con nios, una joven adolescente violada por un comandante de la milicia mientras trabajaba en el campo y la historia de un excapitn de las Fuerzas Especiales, Dan Quinn, que fue castigado tras golpear a un comandante de la milicia afgana que mantena a un nio encadenado a su cama como esclavo sexual (Goldstein 2015). El artculo relata una serie de duras acciones disciplinarias emprendidas contra otros soldados y marines estadounidenses que trataron de acabar con esas prcticas de abusos.

La posicin del ejrcito es que se trata de prcticas culturales locales, como las diferencias en el vestir, la dieta o las preferencias musicales, y que las fuerzas estadounidenses deben mirar hacia otro lado y no interferir en esas diferencias culturales. Segn un reciente informe de Shane Harris (2015), se ofrece poca orientacin a los marines sobre cmo actuar si presencian violaciones u otras formas de abusos sexuales por parte de la poblacin local de otros pases. Harris obtuvo una copia del material de entrenamiento en el que se describe explcitamente el ataque sexual en Afganistn como un fenmeno cultural.

Quiz esas revelaciones eran predecibles. Hace una dcada, la doctrina de la contrainsurgencia desarrollada por el general David Petraeus y sus colegas fue elogiada por sus partidarios como una forma ms amable y gentil de dirigir la guerra. Sustentaban la idea de que las poblaciones locales de Iraq y Afganistn eran el centro de gravedad, una piedra angular sobre la que descansaba el destino de las ocupaciones lideradas por EEUU. La doctrina, expresada ms claramente en el Manual de Campo de la Contrainsurgencia del Ejrcito de EEUU: FM 3-24 (US Army 2007), requera que las fuerzas estadounidenses trabajaran con los aliados de la nacin anfitriona (los lderes tribales iraques en la provincia de Anbar, los seores de la guerra afganos que se oponan a los talibn, etc.), cuyas creencias y prcticas podan ser muy diferentes de las de las tropas estadounidenses. Ni el FM 3-24 ni ningn otro material doctrinario proporcionaban orientacin para tratar con los aliados que de forma regular violaran los principios bsicos de los derechos humanos o, de hecho, de la dignidad humana. Para empeorar an ms las cosas, la doctrina Petraeus funcionaba claramente de arriba abajo: se esperaba que soldados y marines dejaran a un lado el buen juicio y la experiencia y se ajustaran a las demandas de la nueva contrainsurgencia.

Lo que complica algo este tema es el hecho obvio de que las creencias y prcticas culturales varan enormemente de una cultura a otra. Una costumbre que en un lugar se considera tab puede ser ampliamente aceptada o incluso fomentada en otros. Entre las contribuciones ms importantes hechas por los antroplogos del siglo XX estuvo la idea del relativismo cultural, la nocin de que hay que contemplar cada sociedad en su particular contexto o entenderla en sus propios trminos. Pero, como exponemos a continuacin, relativismo cultural no es lo mismo que relativismo moral. Ha habido una sorprendente ausencia de investigaciones sobre cmo los oficiales del ejrcito estadounidense que estaban obsesionados con las preocupaciones culturales llegaban a aceptar prcticas en las cuales los lderes de la milicia y la polica afganas tomaban contra su voluntad a nios para obtener gratificacin sexual.

Racionalizando el abuso a los nios

Aunque se desconoce gran parte de esta historia, hay algunas pruebas de que el Sistema de anlisis y evaluacin basado en el estudio del Terreno Humano (HTS, por sus siglas en ingls) del ejrcito de EEUU ha jugado un papel en la racionalizacin de la pedofilia en Afganistn, tanto dentro de los crculos militares como en el discurso de los medios de comunicacin populares apoyando el establecimiento de esas polticas. Los lectores de CounterPunch pueden recordar el HTS como un controvertido programa de contrainsurgencia experimental que incrust a cientficos sociales en las brigadas de combate en Iraq y Afganistn. Durante sus ocho aos de existencia, el programa cost a los contribuyentes ms de 720 millones de dlares, convirtindose en el proyecto de ciencia social ms caro de la historia. Estaba plagado de problemas ticos y fue incluso condenado en 2007 por la Asociacin de Antroplogos de EEUU. A principios de este ao, uno de nosotros descubri que el ejrcito haba dado calladamente carpetazo al programa en 2014 tras las acusaciones de fraude, mala gestin e inutilidad (Gonzlez 2015).

Un anterior reconocimiento pblico de las prcticas abusivas de los aliados afganos de EEUU y de los antroplogos del ejrcito estadounidense alentando a los militares a que acepten que los hombres afganos tengan sexo con muchachos- se produjo el 10 de octubre de 2007, en una emisin de radio del Show de Diane Rehm. En una entrevista, la alta asesora en ciencias sociales de HTS, Montgomery McFate, proporcion un relato sobre cmo los equipos del sistema haban ayudado a un batalln estadounidense a aceptar esas diferencias culturales. McFate (que tiene un doctorado en Antropologa por la Universidad de Yale) dijo que el HTS haba incrementado su conciencia y aceptacin de algo a lo que se refiri como NAMBLA, acrnimo de la expresin [en ingls] Man-Boy Love Thursday [se permite que un da a la semana, los jueves, haya relaciones sexuales entre hombres y nios]. Ella cont esto como si fuera una historia humorstica que ilustraba el papel de HTS a la hora de establecer interacciones del ejrcito con la poblacin local:

Me estoy riendo porque los antroplogos creen mucho en la reflectividad y en la comprensin de tus propios prejuicios, y en ocasiones puede ser algo complicado y divertido tratar de ensear esas perspectivas a los militares. Y slo les dar un ejemplo de Afganistn: en la Base de Operaciones Avanzadas era una prctica comn que los jueves por la tarde algunos de los hombres mayores fueran con algunos de los chicos ms jvenes para hacer aca-aca entre los arbustos. Y la brigada pregunt a los miembros de HTS: qu pasa con el Man-Boy Love Thursday, qu pasa?. Y ya te puedes imaginar, la opinin de la brigada era de que tenemos que poner fin a esto porque es algo incorrecto, es algo incorrecto [con risas], viola nuestras nociones de lo que es apropiado.

Y los miembros del equipo de HTS dijeron: Ya sabis, realmente eso forma parte de la cultura afgana y no hay mucho que podamos hacer. Aunque no te guste, no puedes pararlo. Forma parte de lo que ellos son. No intentes imponer tus valores a la gente con la que trabajas porque no vas a cambiarles. As pues, ese es un ejemplo gracioso. (Cita de McFate en Anthropologists and War, 2007)

El personaje pblico de McFate se venda como el de una bohemia contracultural y su indiferente descripcin parece haber influido en los embelesados oficiales del ejrcito estadounidense que empezaron a considerar la pedofilia rampante como poco ms que una curiosidad cultural. El resumen simplista del Man-Boy Love Thursday se erige como ejemplo de lo que ocurre cuando la antropologa se ve despojada de su tica en aras a la conveniencia. Al vender esta versin barata y de mal gusto de la ciencia social para consumo militar, McFate estaba diciendo a sus patrocinadores y al pblico en general que la antropologa poda servir de instrumento til en la era del Imperio estadounidense al simplificar las complicaciones morales de la invasin y la ocupacin.

Aunque ahora el New York Times se merece algn reconocimiento por poner atencin crtica en la actual manifestacin del Man-Boy Love Thursdays, el peridico jug durante aos un papel esencial retratando al HTS en trminos elogiosos. En 2007, el Times public un artculo en primera plana que mostraba una gran empata con los partidarios del HTS, describiendo el programa como eficaz e incluso brillante (Rohde, 2007). Los medios corporativos ignoraron en gran medida las crticas al programa. Posteriormente, ese mismo ao, el Times sigui adelante con esa crnica mediante un artculo de opinin alabando al HTS, mientras el antroplogo de la Universidad de Chicago, Richard Shweder, elogiaba el programa de McFate escribiendo: La Sra. McFate puso de relieve su xito al conseguir que los soldados estadounidenses dejaran de hacer juicios morales sobre prcticas culturales locales afganas en las que hombres mayores se iban con chicos jvenes al amor de los jueves y a hacer algo de aca-aca. Dejad de imponer vuestros valores a otros era el mensaje dirigido a los soldados estadounidenses. Ella estaba ms all del no preguntes, no digas, y me pareci reconfortante (Shweder, 2007). Shweder no entenda muy bien qu clase de programa de aceptacin cultural era el que encontraba reconfortante, aunque su ignorancia ayud al HTS a conseguir la legitimidad pblica que necesitaba en un momento crucial cuando los antroplogos que se mostraban crticos con ese sistema se encontraron con que resultaba imposible que la junta editorial del Times les escuchara.

Haciendo la vista gorda

Entre 2009 y 2011, el ejrcito estadounidense cre una situacin en la que los informes y documentos oficiales retrataban la explotacin sexual de los nios como algo natural y aceptable de la cultura afgana.

En 2009, se hizo pblico un informe no clasificado de HTS sobre la sexualidad pastn. El informe, escrito por Anna Mara Cardinalli (que tiene un doctorado en Teologa por la Universidad Notre Dame), sostiene que un enorme nmero de hombres afganos practican una homosexualidad culturalmente propagada, especialmente con nios, que poda explicarse parcialmente por una larga tradicin cultural en la que se aprecia a los muchachos por su belleza fsica y en la que hombres de ms edad se encargan de su iniciacin sexual (Cardinalli, 2009: 1,2). El informe de Cardinalli sugiere que el personal militar estadounidense necesita entender que esas dinmicas son una fuerza social esencial que subyace en la cultura pastn, y aunque reconoce que esas prcticas pueden implicar un gran desequilibrio de poder y/o autoridad en desventaja del muchacho afectado, pone en duda que esto pueda denominarse adecuadamente como abusivo cuando se contempla a travs de una lente desde dentro de la cultura (Cardinalli 2009: 2).

Dos aos despus, en 2011, el ejrcito public un proyecto de manual de entrenamiento que aconsejaba explcitamente al personal estadounidense que ignorara los abusos perpetrados por los agentes de seguridad afganos. El manual titulado Crisis de confianza e incompatibilidad cultural, estaba escrito por el comandante Jeffrey Bordin (2011). Segn su pgina de LinkedIn, Bordin tiene un doctorado en psicologa y un certificado como Lder de Equipo del HTS del Mando para la Doctrina y Entrenamiento del Ejrcito (LinkedIn 2015). El proyecto de manual incluye una lista de temas de conversacin tab que los soldados estadounidenses deben evitar, incluida cualquier crtica a la pedofilia y a mencionar la homosexualidad y la conducta homosexual. Como Cardinalli, Bordin minimiza el abuso infantil como una singularidad cultural. El manual afirma: Conclusin: Las tropas pueden experimentar un choque socio-cultural y/o desasosiego cuando interacten con las fuerzas de seguridad afganas Cuando mejor conocimiento y conciencia se tenga sobre la cultura afgana, mejor preparadas estarn las tropas estadounidenses para cooperar eficazmente y evitar el conflicto cultural (Bordin citado por Nissenbaum, 2011).

Es sorprendente que las justificaciones de la pederastica por parte del HTS provocaran tan poca atencin de los medios. Por el contrario, las narraciones militares sobre el maltrato a las mujeres afganas por parte de los talibn fueron rutinariamente recicladas por una prensa bien dispuesta a partir de 2001, y muchos estadounidenses llegaron a creer que las mujeres afganas necesitaban que las salvaran de sus propios hombres. Curiosamente, las agencias informativas de EEUU han ignorado en gran medida el maltrato a las mujeres en Arabia Saud, Kuwait o Pakistn, estrechos aliados de EEUU.

En realidad, los anlisis del HTS se ajustan a estereotipos orientalistas preconcebidos listos para usar sobre las sociedades islmicas, que fueron crticamente diseccionados por el difunto Edward Said. No hay ms que mirar la cubierta de Orientalismo de Said, en la que aparece el cuadro de Jean-Lon Grme El encantador de serpientes, un retrato idealizado de un chico desnudo bailando ante los ancianos de la tribu. La imagen se alinea perfectamente con las persistentes nociones europeas del exotismo oriental. (Sorprende que los crticos europeos y estadounidenses de la pederastia ignoren a menudo el hecho de que en Occidente se estuvo practicando durante siglos, de forma ms conocida en la antigua Grecia y Roma. Algunos sugieren que la prctica puede haberse introducido en Asia Central durante el perodo de Alejandro Magno, mucho antes de la llegada del Islam.) La informacin antropolgica que el HTS proporcionaba al ejrcito subrayaba con frecuencia tal exotismo, haciendo caso omiso de los siglos de contacto con Occidente, los legados del colonialismo europeo y las desigualdades de las relaciones de poder que la mayora de los anlisis antropolgicos deben abordar.

En cualquier caso, los informes de Cardinalli y Bordin eran totalmente coherentes con la actitud despreocupada de Montgomery McFate. En 2010, el director de documentales Adam Curtis escribi en su blog sobre una conversacin que mantuvo con McFate. Cuando Curtis le pregunt qu era lo que ella crea que la antropologa poda aportar al ejrcito, respondi: relativismo cultural. Para explicarlo, le habl del Man-Boy Love Thursday diciendo:

Los estadounidenses que dirigan la base haban decidido que estaba mal. Estaban preocupados de que hombres mayores se aprovecharan sexualmente de chicos jvenes. Queran arrestar a esos afganos, pero el equipo de HTS persuadi a los comandantes de la base de que esa era una parte aceptada de la cultura sexual afgana. Me pregunto cundo tiempo llevar antes de que los antroplogos empiecen a decirle al ejrcito que lo que ellos piensan que es corrupcin es en realidad un sistema profundamente enraizado de patronazgo tribal en Afganistn que deberan aceptar. (Curtis, 2010)

Curtis se qued claramente anonadado ante esta respuesta.

Relativismo cultural no es relativismo moral

Los comentarios de McFate y otros antiguos miembros del HTS, como Cardinalli y Bordin, revelan una profunda y mala interpretacin de la antropologa y de la sociedad afgana. Quiz el problema ms grave es que las ideas expresadas por los miembros del equipo del HTS revelan una confusin bsica acerca de las diferencias entre relativismo cultural y relativismo moral. El primero supone un reconocimiento antropolgico bsico de que todas las culturas tienen creencias y conductas diferentes que sus miembros consideran como normales y adecuadas. Dada la universalidad de este entendimiento, los antroplogos utilizan el relativismo cultural para comprender las diferencias culturales en sus propios trminos.

Pero el relativismo moral es otra cosa bien distinta. El relativismo moral va ms all del reconocimiento de la diferencia cultural y rechaza implicarse en cualquier valoracin de la moralidad de las prcticas. En este contexto, en el Afganistn de nuestros das, la pedofilia no puede separarse de la presencia all del ejrcito estadounidense, como mantienen los pseudofilsofos del HTS. Al adoptar una posicin de relativismo moral, el HTS pretende eliminar de s mismo y del ejrcito de EEUU la responsabilidad por esos actos abusivos que se producen en las bases militares estadounidenses. Slo cabe preguntar por qu, al llegar a esta posicin de relativismo moral, el personal antropolgicamente formado del HTS ignor descaradamente el compromiso de la Asociacin de Antropologa de EEUU (AAA, por sus siglas en ingls) con los principios de los derechos humanos internacionales (AAA, 1999; vase tambin Engle, 2001). Qu interesante que el presidente de Afganistn Ashraf Ghani que tiene un doctorado en Antropologa por la Universidad de Columbia- condenara recientemente los abusos sexuales a los nios en su pas y se comprometiera a adoptar severas medidas contra los abusadores! (Rosenberg, 2015).

Por supuesto que existen diferencias culturales en las expresiones de la sexualidad humana. De hecho, los impactos de esas diferencias culturales son significativos e incluyen cosas como las construcciones culturales de expresiones, orientaciones y consentimientos sexuales aceptables. El impacto de la cultura en esos elementos de la sexualidad es real e importante. Pero lo que resulta vital y no aparece en ese anlisis militarizado de la ciencia social es un reconocimiento fundamental del contexto poltico que genera esos anlisis. Como tantas otras cosas creadas en un contexto de invasin y ocupacin militar, el estudio e informacin de la sexualidad se produce a travs de la niebla de la guerra, que oscurece e impregna la forma de manejar y analizar lo que se estudia. En esos contextos, lo que deban ser descripciones normalizadas de variaciones en la conducta sexual se transforman en relaciones de poder y los esfuerzos para des-exotizar las diferencias culturales en estos contextos se convierten en inteligencia de la contrainsurgencia, utilizada no slo para entender y aceptar, sino para entender y controlar. En Afganistn, estas condiciones crearon una escalada en cascada de hechos en los que el personal del HTS proporcion la racionalizacin necesaria para transformar las instalaciones militares estadounidenses en reas donde los aliados de EEUU violaban y brutalizaban a muchachos contra su voluntad.

Estas dinmicas de racionalizacin no son las nicas de esta guerra. Como el antroplogo Marshall Sahlins observ hace medio siglo en su ensayo La destruccin de la conciencia en Vietnam, a menudo se coloca a los soldados en una situacin en la que todos los razonamientos perifricos quedan relegados. Se convierte en una guerra con un propsito trascendente y en esa guerra todos los esfuerzos del lado de los Buenos son virtuosos y todas las muertes una necesidad desafortunada. El fin justifica los medios (Sahlins, 1966).

Los esfuerzos del HTS para absolver de responsabilidad y capacidad de actuar a los oficiales estadounidenses en esos informes de secuestro y violacin de chicos jvenes coloca a los soldados estadounidenses en una posicin imposible: se les pide que simulen que la proteccin y cobijo de EEUU a quienes llevan a cabo esos actos no les hace a ellos moralmente culpables, ni siquiera cuando dan testimonio de la explotacin, coaccin y abusos sexuales. Quiz no hay una indicacin ms clara de la bancarrota moral del HTS que los efectos secundarios de sus insensatas formas de investigacin, que tienen un coste humano real. Mientras los nios afganos sufren las consecuencias de la indiferencia oficial frente a los abusos sexuales, los soldados estadounidenses se obsesionan con la culpa moral ante la complacencia forzada mientras aguantan otra mentira ms acerca de la ocupacin de Afganistn liderada por su pas.

Referencias


Roberto J. Gonzlez ([email protected]) es profesor de Antropologa en la Universidad del Estado de San Jos. Es autor de Zapotec Science (University of Texas Press, 2001) y Militarizing Culture (Left Coast Press, 2010). David Price ([email protected]) es profesor de Antropologa en la Universidad de Saint Martin. Es autor de Weaponizing Anthropology (CounterPunch Books, 2011) . Su prxima obra se titular Cold War Anthropology: The CIA, the Pentagon, and the Growth of Dual Use Anthropology (Duke University Press, 2016).

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/10/09/the-use-and-abuse-of-culture-and-children-the-human-terrain-systems-rationalization-of-pedophilia-in-afghanistan/



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