Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2015

Pedofilia y desarrollo industrial

Ignacio Castro Rey
Rebelin


En el hombre maduro hay ms nio que en el joven. Y menos melancola . F. Nietzsche

Kant pone en un abandono de la "minora de edad" moral, que nos impedira pensar y decidir por nosotros mismos, el signo de un salto a una poca por fin ilustrada. Pero despus de dos siglos de desastres antropolgicos e histricos, la famosa maduracin (sea individual o de una civilizacin entera) es un tema espinoso que posiblemente requiere vueltas para las que no estamos preparados.

Cuando Epicuro dice algo as como "Al partir, el humano debe ser otra vez como un recin nacido" est expresando una rotunda verdad circular que a los occidentales actuales, embarcados en una frentica carrera de huida de cualquier finitud, nos cuesta lo casi inconfesable. Y la verdad es que, quermoslo o no, no vamos a ningn lado. A dnde bamos a ir? Maana podemos escapar a Cuenca, pero tarde o temprano habr que volver.

En todo caso, precisamente porque no ha sido elegido, lo que ereste acompaa siempre. All donde vayamos, nos sigue la escena primitiva con la cual estamos hermanados. Tomando cierta distancia con los queridos Foucault y Deleuze, quizs todava demasiado ilustrados, no debemos temer ni odiar los regresos. Son inevitables: a dnde vamos a huir si siempre nos acompaa la misma sombra, un horizonte de espectros que se desplaza con nosotros?

Cada cual debe completar su crculo, el de una singularidad que a la fuerza ha de ser limitada y mortal. "Llega a ser lo que ya eres", dice un Pndaro que prolonga su sombra hasta Nietzsche. Esto significa, se crea o no en el destino, que no hay forma de escapar del origen, pues ste permanece enterrado en cada pasaje que transitamos. Lo cual tambin quiere decir que la infancia (verdad que recoge a su modo el psicoanlisis) no es una etapa cronolgica que se pueda dejar atrs, sino una "zona rtica" que siempre nos acompaa. Incluso, en momentos de crisis, la infancia es una sombra que se adelanta al cuerpo y nos puede servir de gua y de anfitrin. Como se deca antes, el genio del corazn sabe cosas que la cabeza no entiende.

Sea como sea, lo que mamamos en de pequeos nunca nos deja. As que ms vale hacerse a la idea de que la adolescencia no es una etapa ms, sino la crisis de toda edad, el viraje ms bien ciego que divide ocasionalmente las vidas. Se trata de la vacilacin infinitamente adolescente, han dicho distintos clsicos del siglo XX, que vuelve en cada momento crucial, en esas encrucijadas que nos cambian. Precisamente cuando el tiempo se junta en esos instantes de revelacin que, como en Boyhood, resultan a la vez clandestinos e inolvidables. Son slo segundos. Mnimos en magnitud, pero mximos en importancia.

Ahora bien, hoy en da es necesario entretener a los que esperan. Y en un universo de esclavos tecnolgicos del maana, la sociedad se ha convertido en una gigantesca sala de espera. No es tan extrao entonces que la informacin espectacular que nos rodea, parte central de la poltica del entretenimiento, no pueda saber nada de esa infancia crnica que no nos deja. De ah que la gente, al dejar de tener el valor de ser nios, se pudra estadsticamente, aunque sea a plazos y de manera socialmente correcta. La raz de nuestra manida corrupcin moral es sta, una completa invalidez frente al rumor circular del tiempo.

Lo gracioso del caso es entonces que los humanos que intentan ser morales, y guardar fidelidad en el presente al temblor de lo vivido, permanecen siempre jvenes: esto es, inmaduros. Por tanto, igual que hace un siglo, los mejores sern ms o menosinmorales ante los ojos de la sociedad biempensante. Permanecen retenidos en una especie de limbo, un sndrome de Peter Pan que les impide crecer y ser eficaces en un mundo de seleccin permanente.

Bajo todo esto, un ser humano es joven si no retrocede ante el deseo, ante el peligro de vivir. En ltima instancia, el secreto de la "eterna juventud" consiste solamente en no temerle a la muerte. Todo hombre que se precie debe aprender a estar solo y a conservar, incluso con descaro y agresividad, el nio que somos por dentro. Nunca sabemos lo suficiente, mal que le pese a Kant. Siempre nos desborda algo: el mundo, por fuera, y los sentimientos por dentro. Habra as que entender la madurez, de mujeres y hombres, como la obligacin moral y poltica de seguir siendo pequeos.

Lo cual significa, en otras palabras, la obligacin de permanecer armados, haciendo de nuestros defectos un instrumento de combate. Slo una pequea y constante guerra puede defender el corazn pueril del mundo, el juego soterrado de una infancia tapada por el estruendo de la Historia. Esta postura tiene mil connotaciones, bblicas y orientales, laicas y religiosas. E implica muchas cosas. El uso del humor como un arma masiva (de construccin y de destruccin, depende) es una de ellas. La obligacin de ser jvenes, tambin para poder morir y alcanzar una muerte propia, es otra. Permanecer en una especie de constante celo sexual es otra de ellas.

Ahora bien, decamos, estamos en conjunto a mil aos luz de esa sabidura, de una actitud vital as. No queda en nosotros ni rastro de tal vitalidad, de ese coraje para decidir y actuar sin que el clculo de las consecuencias vaya por delante, frenndonos. De esta autoinmolacin generalizada proviene la fascinacin cinematogrfica por lo salvaje, la cadena de obsesiones con la juventud perdida, las arrugas y los limones salvajes del Caribe. La fascinacin por el aspecto deportivo y el vigor sexual; por el cuerpo sano, el turismo extico y la ciruga esttica.

En el fondo late la perplejidad y el odio ante la legendaria inocencia de la infancia, una timidez original a la que es necesario integrar cuanto antes en nuestro sistema social de servidumbre y desintegracin. Antes muertos que sencillos. De ah que hasta los padres prostituyan a sus hijos en aras del xito televisivo.

Es cierto que la pequeez de la cosas sigue ardiendo, con una mortal vitalidad. Es cierto que la indiferencia casi vegetal de las criaturas resiste al estruendo de lo social y la historia. Pero como todo culto sensible ha desaparecido en el desierto urbano, en medio de esta modernidad senil de diseo radiante, la inocencia de lo pequeo ha de aparecer teida de un aura afrodisaca, casi paranormal. La infancia es parte de los efectos especiales, a veces terrorficos, que necesitamos para no sentirnos acabados.

De algn modo frentico e inconfesable, buscamos en los nios la imperfeccin, la inocencia, la entereza que an poda hacer humano este horizonte abominable de la esclavitud macroeconmica. Y esta pasin clandestina es compatible, naturalmente, con la cada en picado del ndice de natalidad, con el coraje para descender.

En tal aspecto, la pedofilia es un resultado de fondo, y ms civil que eclesistico, de una obsesin enfermiza que la sociedad industrial mantiene con la infancia. Es la punta estadstica de un intento de nuestra impotencia senil por conectar con la inocencia, en unos adultos ultra-socializados y mutilados justamente en ella.

Es la desaparicin obligatoria de la infancia (como la del cuerpo, el universo de los sentidos o el erotismo) lo que fuerza una voluntad perversa de recuperar sexualmente todo eso, de la manera que sea, pero con el halo excepcional de escenarios de diseo.

Y tal vez, finalmente, la corrupcin sexual de la infancia debe mostrar tambin que ella no es nada. Que tal supuesta inocencia, como la de las culturas exteriores o la de la propia naturaleza, es un mito. En el fondo, el objetivo es demostrar que los nios son tan corruptos como los adultos. Llevamos aos en esta campaa de deconstruccin implacable, que no debe dejar cerca de nosotros nada que nos pueda servir de referente, ninguna entereza terrenal ante la que corramos el riesgo de aparecer como la vergenza que en verdad somos. Toda la cadena de supuestos desastres exteriores debe ocultar el cambio climtico que hace mucho tiempo se ha cebado en nuestro psiquismo, arrasando las interioridades.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter