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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-10-2015

El difcil acuerdo entre los estadunidenses

Arturo Balderas Rodrguez
La Jornada


Entre los estadunidenses crece cada vez ms el pesimismo en torno a la posibilidad de acuerdos entre las principales fuerzas polticas de su pas. En la prensa diaria, en la radio y en la televisin, los observadores polticos ms moderados dan cuenta, no sin cierta melancola, de los tiempos en que el debate en el Congreso y fuera de l era ms civilizado. Se buscaba encontrar puntos de acuerdo mediante el arte de la poltica, en su sentido ms profundo, no slo aplastar al opositor.

Tal vez haya razn en ello. Pero no se puede dejar de lado el contexto histrico en el que esa forma de hacer poltica trazaba la ruta para buscar soluciones y llegar a los acuerdos necesarios para resolver los problemas de gobierno.

Uno de esos acuerdos, aplaudido casi unnimemente, fue el que deriv en la creacin del Estado de bienestar, iniciado por el presidente Roosevelt en 1933. La crisis econmica y social causante de la quiebra del sistema financiero en 1930, reclamaba un profundo cambio en la poltica econmica y social. Muy pocos fueron los que no encomiaron ese acuerdo nacional que cruz a la mayora de los sectores de la sociedad.

Treinta aos despus el presidente Lyndon Johnson auspici el programa de la Gran Sociedad, cuyo principal componente fue la guerra a la pobreza. La mayora lo acogi con gran beneplcito, sin embargo, los sectores ms conservadores lo rechazaron. Con su ceguera habitual, no advirtieron que se ensanchaba el horizonte para el crecimiento de la clase media que, mediante un incremento sustancial en el consumo, auspiciara un profundo desarrollo de la economa estadunidense.

Las medidas que se tomaron para salir de la profunda crisis a finales de la primera dcada de este siglo pudieron haber tenido un efecto similar al de los otros dos grandes momentos que rescataron, literalmente, la forma de desarrollo predominante hasta ahora. No ha podido tener los mismos resultados debido a que nuevamente se interpuso, ahora con mayor fuerza, la ceguera de los sectores ms conservadores de la sociedad. Dos elementos han tenido efectos an ms nocivos. La primera es la ambicin sin medida que caracteriza al reducido grupo que detenta la mayor proporcin de la riqueza, y con ellos sus operadores en la mayora de las corporaciones e instituciones financieras. La segunda es la profundizacin de un pensamiento conservador en algunos sectores de la sociedad que se sintieron agraviados por la llegada de un presidente que prometa una poltica liberal radicalmente opuesta a su antecesor, y que por aadidura era afroestadunidense. Esos sectores propiciaron la eleccin de un grupo de legisladores en la cmara baja, cuya ideologa rabiosamente conservadora perme profundamente al resto de la sociedad, y con ellos a sus voceros ms conspicuos desde los medios de comunicacin.

Es difcil hablar de cordura y civilidad para llegar a acuerdos cuando para unos es necesario derogar la ley de salud, cuyos beneficios han llegado ya a 20 millones de personas, o reducir los impuestos que se destinan a programas sociales, o restringir los derechos de las mujeres a decidir sobre su procreacin, o a proteger el medio ambiente, o al aumento del salario para quienes menos ganan, o exigir una reforma migratoria digna para millones de personas.

Son muchos y variados los desacuerdos; por lo visto algunos de ellos insalvables prctica e ideolgicamente. Por lo pronto, en el horizonte no parece haber un acuerdo social como lo fueron el del Estado de bienestar o el de la Gran Sociedad.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/10/19/opinion/017a1pol



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