Portada :: EE.UU. :: Katrina, con el neoliberalismo al cuello
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-09-2005

El legado del Katrina

Brbara Probst Solomon
El Pas


Veinte das despus del Katrina, siguen desaparecidos 2.000 nios, cuyas fotografas muestra incesantemente CNN. La mejor expectativa es que sea debido al caos temporal, aunque, lamentablemente, en algunos casos el motivo es la muerte. As que, en qu punto nos encontramos? El voto negro que los republicanos han estado cortejando est perdido, quiz durante una generacin, tal vez para siempre. Las historias personales estn empezando a aflorar, se escribirn libros, y el Katrina, como la Guerra Civil, la Gran Depresin y el movimiento de los derechos civiles, se convertir en parte de nuestra narrativa nacional. A diferencia del 11-S, que careca de una huella anterior en nuestra historia, el Katrina es indisociable de nuestras actitudes histricas hacia el color y la pobreza. Lo realmente excepcional es que la anarqua que se produjo vino de dentro, de las altas esferas del Gobierno, y no fue provocada por una revolucin o por un enemigo externo. Por citar una frase especialmente apropiada de Pogo: "Hemos encontrado al enemigo, y somos nosotros".

Irnicamente, debido a que se ve a los republicanos como "avaros y mezquinos", a diferencia de los demcratas, supuestamente "blandos", muchos votantes que no se sentan precisamente cautivados por Bush consideraban que su programa de Seguridad Nacional garantizaba nuestra seguridad. Por el contrario, presenciamos una parlisis total. El Katrina se produjo en un momento en el que reina una profunda insatisfaccin entre los estudiantes y los jvenes profesionales con el trgico despilfarro de la guerra de Irak y con el sinsentido de nuestra sociedad excesivamente adinerada. Bajo la superficie de nuestra conciencia nacional late la idea de que hemos abandonado a nuestros pobres, un gran nmero de los cuales son negros, y para mucha gente, Nueva Orleans se ha convertido en el momento decisivo. Una parte de todas las generaciones de todos los pases ansa la posibilidad de ser idealista, y muchos voluntarios, estudiantes de universidades distantes, saltaron a sus coches y se dirigieron a Luisiana con suministros a rescatar a la gente de los tejados, mientras los autobuses del Gobierno con aire acondicionado permanecan inmviles a las afueras de la ciudad. Los medios de comunicacin abandonaron su habitual papel de observadores; muchos de ellos han manifestado que ellos tambin crean que ste era su momento y se convirtieron en salvadores a tiempo parcial. Grandes empresas como Walmart arrimaron el hombro y suministraron provisiones para cubrir las carencias gubernamentales, etctera. (Castro se quejaba de que la Administracin de Bush no respondi a su oferta de ayuda mdica. Bueno, Fidel, nete al club, no eres el nico).

En la carambola de consternacin, los estadounidenses se enteraron de que Michael Brown, a quien Bush haba puesto a cargo del Organismo Federal para Gestin de Emergencias, y que despus ha sido destituido, careca de cualificacin alguna para estar al mando de la seguridad del pas. Su experiencia previa consista en la imprecisa gestin de un establo de caballos rabes y, lo que es peor, dijo que haba sido catedrtico de una universidad cuando en realidad slo haba estudiado en ella. Cuando los polticos fracasan, lo primero que hay que destruir es su lenguaje ideolgico. En mi artculo del pasado da 6 de septiembre para EL PAS me sent un poco a contracorriente al mencionar como algo ejemplar el New Deal de Roosevelt. Pero, cmo cambian las cosas en una semana! Ahora, columnistas y polticos republicanos, los mismos expertos que se haban esforzado tanto en destruir los ltimos vestigios del New Deal, intentan alcanzar las alturas y, de repente, lo ponen por las nubes.

Yo creo que Bush pasar a la historia como un aventurero radical y uno de los peores presidentes de Estados Unidos. No tiene un homlogo europeo fcil. Se acerca ms el personaje del cantante de folk interpretado por Andy Griffith en el brillante clsico cinematogrfico de Elia Kazan Un rostro en la multitud, que se transforma en un poltico populista -sonrisas, canciones y religin pop- con la ayuda de Patricia Neal. El populismo poltico de la derecha estadounidense es un fenmeno peculiar. Llega a rachas y acaba por autodestruirse. Bush comenz como un borracho encantador y juerguista, con los amigos de su padre salvando sus operaciones econmicas y que siempre necesitaba a una Patricia Neal controladora -una esposa, una adiestradora poltica- que aprovechara su atractivo populista. Los republicanos conservadores de Wall Street, que al principio estaban preocupados porque George W. era "estpido" (confen en las primeras impresiones), no tardaron en darse cuenta de que se les haba entregado un regalo inesperado. Su hombre tena una fachada de "campechana" a lo Andy Griffith que resultaba idnea para la televisin y que enmascaraba el programa conservador de las grandes empresas que Bush haba presentado. As que los republicanos (que ahora estn huyendo lo ms rpido que pueden de Bush) se taparon la nariz ante el programa religioso de George y le brindaron una lealtad total. Pues bien, todo eso se ha derrumbado. Y se han producido multitud de conmociones. Los estadounidenses no olvidarn ni perdonarn la observacin de la mam de George, Barbara Bush, de que era probable que la gente instalada temporalmente en el estadio de Houston estuviera mejor que antes del huracn. "Al fin y al cabo, no tenan nada". Por tanto, sus hogares, familias, empleos y formas de vida no valan nada? Mam Bush no se ha dado cuenta de que el pas, aunque tarde, est reconociendo la pobreza en Estados Unidos. La camarilla de Bush parece haber perdido el contacto de forma alarmante. Y la manzana no cae demasiado lejos del rbol.



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