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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-10-2015

Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el gobierno intenta borrar cualquier rastro de la revolucin del 2011
Egipto, una revolucin hurfana

Marc Almodvar
Diagonal


En la calle Seif el-Yazal Khalifa, en el barrio alejandrino de Cleopatra, no se puede decir que el tiempo haya pasado en balde. En estos tiempos de votaciones, entre los clxones de la ruidosa corniche y los anuncios a voz en grito de los chatarreros, la calle aparece colmada caticamente de retratos de los candidatos presidenciales a las elecciones parlamentarias que tienen lugar en el pas.

Pero nada recuerda hoy que en esa calle, en el cibercaf Space.net, el verano de 2010, un par de policas golpearon hasta matar a un joven llamado Khaled Said. Nada recuerda hoy que esta muerte fue considerada por muchos como la chispa que desencaden, seis meses ms tarde, la revolucin de enero de 2011. Que desencaden aquellas tempestades. Que hoy recogen estos lodos. Ni una foto. Ni una pintada en una pared. Ni siquiera en las escaleras del cibercaf, convertido en especie de santuario revolucionario durante un tiempo, ni en el balcn desde donde a veces asomaba la madre del chico. Nada.

En toda la calle, camuflado entre los carteles electorales, solo hay una fotografa que honra a un mrtir. Islam Mohamed el-Sayed, muerto por las balas a traicin de los Hermanos Musulmanes reza la pancarta. Un chico de 22 aos abatido supuestamente en 2013 por los islamistas durante las protestas en Alejandra contra la deposicin del presidente Mursi.

Lo que antes eran honras a los muertos a manos policiales son hoy honras a los que lo hicieron a manos de los Hermanos Musulmanes. O ni eso, porque muchos en el barrio ponen en cuestin la versin oficial de aquellos hechos. El ministerio de la verdad aparece para zanjar la disputa. Antes eran villanos de uniforme, ahora son villanos barbudos. Y ante cualquier duda, el ministerio de la verdad a medias determina la certeza ms conveniente. Ya no hay mrtires del 25 de enero. Los hubo cuando era necesario apelar a ellos para apuntalar una legitimidad endeble. Pero la memoria es corta y selectiva y ahora ya no hacen falta.

Egipto trabaja con fuerza para borrar todo rastro de esa revolucin popular. Ya nadie se atreve a honrar a sus muertos de enero de 2011. La pluralidad poltica y organizativa que aflor en esa mal denominada primavera ya es cosa del pasado, como lo son tantas cosas, incluidas las tertulias polticas en, por ejemplo, los masificados cafs cairotas del Borsa, de los que ya no queda ms que la triste memoria. La polica se llev las sillas, los cafs y las pipas de agua. El rgimen se llev sus conversaciones. Se le hizo un lifting a la plaza Tahrir, poniendo hierba sinttica, borrndole grafitis comprometidos, plantndole una bandera al ms puro estilo plaza Coln y derrumbando lo que quedaba del edifico del Partido Democrtico Nacional de Mubarak, ltimo resquicio del ttem abatido quemado por las masas enrabiadas aqul cada vez ms lejano 28 de enero de 2011. Lejano en el tiempo. Y lejano en tantas cosas.

El ltimo paso de este aniquilamiento: firmar el acta de defuncin mediante el teatro electoral de las parlamentarias. Egipto acaba de vivir la primera vuelta de las primeras elecciones parlamentarias de la era Sissi. Las primeras tras el golpe de estado que en 2013 puso fin al fracasado experimento de los Hermanos Musulmanes al mando del pas rabe ms poblado. Las primeras tras el punto de involucin sin retorno de la revolucin egipcia que en 2011 consigui tumbar al rais Hosni Mubarak pero que en cuatro aos ha sido incapaz de afianzar ninguna de esas victorias populares. El 17 y 18 de octubre 27 millones de egipcios fueron llamados a las urnas, el resto sern convocados dentro de mes y medio. Pocos, muy pocos, se tomaron la molestia de desafiar el complejo sistema electoral e ir a votar. Un 26,3% segn las cifras oficiales. Aunque muchos teman que eso sean nmeros maquillados: en las primeras cinco horas de votaciones la Junta Electoral haba reconocido que solo un 1% haba pasado por las urnas.

Un ejemplo grfico de la jornada electoral: 10 mil chavales viendo un entreno de ftbol contrastan con los colegios electorales desiertos. Desafo burln de una juventud que puede verse forzada a tragar con un rgimen involucionista pero que no puede borrar de su memoria ni de su piel lo que ha vivido y sufrido. Ni los amigos que ha dejado por el camino. Ellos, los jvenes, eran el 30% del electorado. Y ellos ms que nadie le han dado la espalda a este circo.

Ningn candidato se haba tomado la molestia de explicar plan alguno de legislatura. La uniformidad es escandalosa: nadie discute la figura del general Sissi y cuatro de las seis listas estn lideradas o promovidas por figuras militares. Los matices, que los hay, no escapan, otra vez, a la lucha interna entre familias del rgimen militar cuyas confrontaciones pueden acabar abriendo, una vez ms, las pocas grietas del hermtico sistema.

Con una participacin oficial que, curiosamente, solo supera en un punto las ltimas elecciones del rais Mubarak, el fracaso del rgimen no es, para nada, una victoria que pueda capitalizar una oposicin por ahora resquebrajada y acorralada por la brutal represin. Es cierto que la gente ha perdido el entusiasmo en Sissi, que su foto ya no es tan omnipresente como meses atrs, que el cuento del canal de Suez no ha colado y sus acciones contra vendedores ambulantes y funcionarios, as como la inflacin galopante, le estn pasando factura. Pero sigue siendo ampliamente visto por muchos como un mal menor no deseado pero deseable y su firme mano de hierro le asegura que cualquier atisbo de crtica se mantenga en silencio.

La mala participacin no va a cortar las alas a un rgimen que, por contra, puede utilizar esta misma para consolidar el poder entorno al presidente ante un Parlamento deslegitimado con unas competencias poco claras. Egipto afronta el reto de subvertir el descalabro econmico en el que vive, con una situacin al borde dramtico del colapso, y lo sigue haciendo dependiendo de sus apoyos en el extranjero. Vendido como el adalid de la lucha contra el fantasma islamista, Sissi se refuerza gracias a la amenaza egipcianamente etrea del Estado Islmico.

Cada vez ms cercana a Rusia, con quien enlaza negocios armamentsticos y proyecta planificaciones nucleares, pero camino de cerrar acuerdos histricos con, oh qu sorpresa, el FMI o el Banco Mundial. Francia o Italia tambin son aliados cercanos y Espaa tambin sale en la ecuacin. Ms all de los numerosos acuerdos y negocios cerrados en los ltimos meses entre Cairo y Madrid, el ministro de defensa Sobhi se reuna en la capital espaola la semana pasada con su homlogo Pedro Morens. Lo hacan para confirmar la estrecha colaboracin y recibir el apoyo espaol en explosivos, ciberdefensa e inteligencia militar.

Unos acuerdos que fueron denunciados por Armas bajo control por el riesgo que este armamento sirva para la represin a poblacin civil. La visita a Madrid llegaba un mes despus de que una absurda operacin militar provocara la muerte de 8 turistas mexicanos y 4 egipcios en el oasis de Beheira. Los turistas murieron al ser tiroteados por helicpteros apache egipcios cuando marchaban en expedicin turstica en 4x4 por el desierto. Y es que ese es la nueva marca del turismo en el pas de los faraones. Al fin y al cabo es lo que ms se le parece a una autntica experiencia local.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/28138-egipto-revolucion-huerfana.html



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