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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2015

La construccin de la alternativa

Julio Anguita y Hctor Illueca
Rebelin


La conocida como civilizacin occidental tiene su origen y fundamento en la confluencia de dos procesos aparecidos desde mediados del siglo XVIII: el capitalismo y la democracia representativa. Tanto el primero como la segunda fueron el punto de aparicin de una nueva fuerza social y poltica, la burguesa. Desde entonces ac, con intermitencias derivadas de hechos de corte revolucionario o de reformismo fuerte, el capitalismo ha sabido poner a la ciencia y a la tcnica al servicio de su concepcin econmica. Pero de lo que no cabe duda alguna es, como ya dijeran Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848, que una de las caractersticas del nuevo orden protagonizado por el capitalismo industrial era su capacidad de producir mercancas, servicios y bienes de consumo. Sin embargo aquella revolucin y aquellas concepciones basadas en el crecimiento febril de la produccin y el comercio han alcanzado en nuestros das cotas de paroxismo y de contradicciones profundas. Eran, y son, las cclicas crisis de sobreproduccin, destruccin de bienes de equipo, bien por innecesarios o bien por obsolescencia. Los trabajos de Schumpeter sobre las crisis del sistema debidas a la destruccin creadora y su muerte por xito son, en estos das de crisis inacabada, una luz sobre lo que estamos viviendo.

Pero decamos que, juntamente con el capitalismo, en todas sus fases y avatares, el siglo XVIII vio aparecer la democracia representativa mediante los hechos revolucionarios que incorporaron al acervo universal los derechos ciudadanos. Una lectura de la Declaracin de Independencia de EE. UU. en 1776 o de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolucin Francesa en 1789 nos da la exacta trascendencia que aquellos aos y aquellos acontecimientos tuvieron. La democracia se erigi como el smbolo de una nueva poca de la humanidad.

Sin embargo, y a poco que se repase la historia, caemos en la cuenta de que el nuevo sistema econmico-poltico llevaba en su seno una contradiccin implcita. El desarrollo del capitalismo entraba en confrontacin con los ideales de libertades y derechos que lo haban encumbrado. As, de esta manera, el nuevo ideal democrtico fue transformndose en oligrquico bajo dos operaciones reduccionistas. La primera consisti en hacer de la igualdad una cuestin totalmente desconectada de las condiciones socioeconmicas de la persona. Los avances de la Francia jacobina, que ligaba estrechamente el progreso social al ejercicio pleno de la democracia, fueron sustituidos por la ficcin de que el poseedor de bienes de produccin y el trabajador desposedo pactan libremente las condiciones de su contrato. Pasaran muchos aos hasta que los llamados derechos sociales se abriesen paso. El otro reduccionismo consisti en la introduccin del sufragio censitario, es decir, la supeditacin del derecho a votar a una cierta capacidad econmica. De esta manera, la conquista del sufragio universal realizada en la Constitucin francesa se fue degradando hasta convertirse en el privilegio de una minora.

La historia del siglo XIX y parte del XX ha consistido bsicamente en una permanente pugna entre los dos pilares de la llamada civilizacin occidental. En el transcurso del devenir histrico, la pugna se ha saldado con victorias, nunca totales, de una parte sobre la otra. Es la historia de las internacionales obreras, de los sindicatos, de las revoluciones o del reformismo fuerte como fue el keynesianismo. En ese sentido, el Estado, en su acepcin y estructuracin como Democrtico de Derecho, se ha caracterizado por una tensin constante. Y aunque desde nuestro punto de vista el Estado no es jams neutro y en ltima instancia representa al orden econmico imperante, no es menos cierto que si se asienta sobre una base de incontestable participacin democrtica puede servir para mantener un juego de equilibrios entre intereses que reduzca los abusos del poder econmico. Basndose en ese equilibrio naci el citado anteriormente Estado Democrtico de Derecho.

La crisis del sistema en la dcada de los setenta, conocida como la crisis del petrleo, inaugur un proceso que llegando hasta hoy marca de manera indeleble el final de la civilizacin occidental tal y como la hemos conocido. Recordemos. La cada del Muro de Berln y la posterior desaparicin de la URSS es el momento en el que eclosiona un discurso, unos valores, unas prcticas y unos anlisis que marcan la total hegemona del mercado sobre la democracia. La variante social del capitalismo, conocida como keynesianismo, empezaba a ser derrotada en toda la lnea. El neoliberalismo, como concepcin nica totalizadora de la economa, empezaba a destruir el pacto social sobre el que Occidente se haba asentado. Lo que entonces no se quiso, supo o pudo ver era que la globalizacin era una nueva cosmovisin que entraaba valores, usos, conceptos, actitudes y palabras totalmente alternativos a los que surgieron con la Ilustracin y la entonces naciente democracia.

Poco a poco, los ciudadanos pasaron a ser considerados individuos que actan como tomos sueltos en la sociedad, que maximizan su utilidad y que tienen como nico objetivo la ganancia. El hombre es un lobo para el hombre y hace del egosmo la norma tica de su comportamiento social. La competitividad era, y sigue siendo, como el lan vital de Bergson, el alma impulsora del desarrollo mundial, el mercado como un dios infalible e incuestionable, la economa como una ciencia exacta y de orientacin nica, el desarrollo de la economa como algo solamente mensurable a travs de un dato numrico, el PIB. En el fondo, es la vieja parbola expuesta por Bernard Mandeville en La fbula de las abejas (1705), que considera los vicios privados como la verdadera fuente del progreso. Es tambin la mano invisible utilizada por Adam Smith para describir la capacidad autorreguladora del mercado en su conocida obra La riqueza de las naciones (1776): el impulso individualista como fuente ltima del bienestar social.

Hay que reconocerlo: el neoliberalismo ha vaciado de contenido la democracia. El escamoteo de la herencia de la Grecia clsica, la Revolucin Francesa, las Luces y los Derechos Humanos ha sido completo. El proceso puede rastrearse perfecta y ntidamente en los ltimos cuarenta aos. La actual UE no tiene nada que ver con aquella construccin europea que se comprometa mediante la Carta Social Europea de 1961 a priorizar los derechos econmicos y sociales de los europeos. Tampoco tiene nada que ver con el espacio europeo econmica y socialmente integrado. Muchsimo menos todava con la Europa que pretenda irradiar los Derechos Humanos ms all de sus fronteras. Lo que est ocurriendo con los inmigrantes que huyen de la devastacin y la barbarie para enfrentarse con la otra barbarie de las finanzas, el egosmo y la negacin de facto de las soberanas nacionales que creyeron (qu error!) que con el mercado se hara la Europa que soaron personajes de la talla de Vctor Hugo o Spinelli, son hechos que hablan por s solos.

No podemos permanecer impasibles. Debemos construir una alternativa al paradigma neoliberal y convertirla en propuesta poltica. Es una tarea extremadamente difcil, pero se puede y se debe hacer. En nuestra opinin, para ello hay que partir de dos grandes conceptos: el de necesidades bsicas y el de Derechos Humanos. Las personas son seres sociales que tienen necesidades bsicas y que durante todo su ciclo vital necesitan de la sociedad para sobrevivir. Las personas, sin la sociedad, no son nada, y eso es lo que una y otra vez los neoliberales tratan de ocultar: dependemos de la sociedad para satisfacer las necesidades bsicas, reproducir nuestra vida cotidiana y obtener un mnimo de seguridad, en un complejo proceso que involucra millones de voluntades. Por eso, cuando el sistema nos convierte en mercancas, lo somos con carcter especfico, en puridad, pseudomercancas, ya que est en nuestra naturaleza hablar, comunicarnos y hasta rebelarnos.

No es este el momento de hacer una elaboracin terica sobre conceptos que ya han sido discutidos y que tienen tras de s una amplsima bibliografa. A los efectos que aqu interesan, basta recordar la sistematizacin de las necesidades humanas efectuada por Joaqun Sempere, que distingue tres grandes tipos de necesidades: las biolgicas, las psicosociales y las poltico-culturales. Las necesidades biolgicas se refieren a todos aquellos factores que son indispensables para el normal funcionamiento del organismo (alimentacin, agua, descanso, etc.); las necesidades psicosociales estn relacionadas con el grupo al que pertenecemos, que dispensa proteccin y reconocimiento al ser humano a lo largo de su vida; por ltimo, las necesidades poltico-culturales son aquellas que dependen del nivel tcnico y cultural alcanzado y que se construyen en el marco de la evolucin histrica. Pues bien, el reto es satisfacer las necesidades humanas de una forma sostenible y respetuosa con el medio ambiente, preservando un bienestar suficiente y generalizado para todo el mundo.

La naturaleza humana existe y se traduce en un amplio abanico de necesidades bsicas y universales, lo que acarrea importantes consecuencias tico-polticas. Una de ellas, y no precisamente la menor, es que a partir de estas necesidades es posible identificar exigencias morales igualmente universales y fundamentar los Derechos Humanos. La solemne Declaracin adoptada por la ONU en 1948 signific, por su mayoritario respaldo entonces y por el apoyo generalizado hoy, un consenso universal en torno a unos principios que se consideran valiosos para todos, unos compromisos polticos y sociales que, aunque se incumplan cada da, son la constitucin formal del planeta. Dicha Declaracin vena a resumir con criterios de fijacin permanente toda una trayectoria histrica de revoluciones, luchas y reformas de signo diverso. Convendra no olvidar que aqu, en Espaa, la Constitucin de 1978 se vincula a travs del artculo 10 de la misma a la Declaracin de Derechos Humanos y dems documentos concomitantes con la misma, como es el caso de los Pactos Internacionales de 1966 reconocidos por el Gobierno de Adolfo Surez en 1977.

Finalmente, no fue en vano el sacrificio de quienes nos precedieron. Las luchas populares y su admirable capacidad de incorporar a una parte muy importante de la intelectualidad, el derecho, la poltica y la tica cvica, han conseguido que a principios del siglo XXI exista un acuerdo universal en torno a la Declaracin de 1948, treinta breves, pero esenciales, artculos y el Prembulo que los introduce. Creemos que la alternativa a construir tiene una meta, un programa y un proyecto comn: la aplicacin plena de los Derechos Humanos, los polticos, los econmicos, los sociales y los medioambientales. A esa meta solamente puede responderse con el instrumental de la poltica democrtica (rectamente entendida) y la solidaridad planificada en programas, acuerdos y metas evaluables. Si no se hace as, el capitalismo prevalecer. Ya lo est haciendo.

Julio Anguita. Fundador del Frente Cvico Somos Mayora.

Hctor Illueca. Mesa estatal del Frente Cvico Somos Mayora.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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