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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2015

El mercantilismo poltico

Susana Merino
Rebelin


No voy a decir nada nuevo si afirmo que los verdaderos culpables del clientelismo poltico no son otros que los mismos que lo promueven. No podran instalarlo sin embargo si no contaran con algunos requisitos bsicos: la desigualdad social, la pobreza, el desempleo, la miseria, la excesiva y obscena concentracin de la riqueza, factores todos que no se presentande un da para otro,sino que son la consecuencia del desinters por el honesto ejercicio de la poltica y la falta de responsabilidad de sucesivos gobiernos a lo largo de muchas dcadas.

Los gobiernos clientelistas, tambin llamados populistas, no son de izquierda ni de derecha, pueden darse en muy diferentes marcos y se basan en los mismos principios: detectar las carencias ms sentidas por la sociedad y elevarlas al nivel de verdaderos e irrenunciables ideales, pero no para proponerse alcanzarlos sino para mantenerlos como objetivos capaces de convocar, durante el mayor tiempo posible, la adhesin esperanzada de las multitudes insatisfechas. En realidad los liderazgos carismticos que son diestros en aglutinar gran cantidad de fieles e incondicionales seguidores no solo se yerguen como intrpretes de las necesidades ms elementales de la gente, sino que tambin desarrollan la habilidad de detectar los sentimientos y las aspiraciones de grupos de jvenes propensos a descubrir caminos alternativos y deseosos de encontrar soluciones a los problemas que los rodean no solo porque los afecten sino tambin porque se sienten vidos de seguir liderazgos atractivos, novedosos y convocantes.

De all la formacin de grupos de lealtad juvenil, fcilmente manipulables e incondicionales corifeos de las actividades masivas de sus lderes que pueden conducirlos a la irracionalidad y a la violencia. Deca Jos Ingenieros juventud sin rebelda es servilismo precoz. Pero si esa rebelda es instrumentada por caudillos irresponsables que esconden sus verdaderos y personales objetivos tras un discurso revolucionario, reivindicativo y justiciero, que por otra parte no est en sus planes cumplir, puede transformarse en un arma muy peligrosa y frustrante para esa misma juventud.

Cuando esos lderes llegan al poder, que una vez logrado difcilmente se resignan a perder, se vuelven amnsicos, olvidan su enunciado propsito de cambiar las condiciones de pobreza, marginacin y abandono de aquellos sectores de la poblacin a los que dirigieron sus discursos preelectorales y lo disfrazan otorgando ddivas, subsidios y beneficios de corto plazo que se vuelven clientelares, es decir intercambiables por votos pero que en modo alguno cambian el sustrato que ha originado esos estados de pobreza y de miseria.

Estos sistemas despectivamente llamados populistas nada tienen de populares, como por otra parte deberan serlo todos los gobiernos democrticos, sino que se convierten en remedo, en eufemismo que suele ocultarse detrs del pretexto de atribuir la omisin o el evidente incumplimiento de sus promesas a una oposicin personificada por terceros: capitalistas, clase media, transnacionales, prensa, buitres a quienes curiosamente endosan ms poder que el que ellos mismos alardean detentar.

Resulta bastante esclarecedor advertir que en los discursos electorales no figuran nunca los problemas o las situaciones que ponen de relieve la necesidad de realizar cambios profundos en las relaciones de poder, que en definitiva son las que verdaderamente perfilan el presente y el futuro del pas. A qu mencionar la megaminera, la deforestacin, la contaminacin y el deterioro ambiental, la situacin de abandono de los pueblos autctonos, por citar solo unos pocos, si esos problemas afectan solamente a sectores pequeos de la poblacin, por lo general aislados y quejams son sujetos de grandes titulares en los diarios de mayor circulacin? Nadie pone de relieve la interrelacin que existepor ejemplo entre la pobreza urbana y las desmedidas ganancias del extractivismo minero, sus prebendas, sus exenciones impositivas y los beneficios directos que reciben quienes se las otorgan. Qu poltico va a matar a la gallina de los huevos de oro mientras en la sociedad no exista conciencia de la medida en que el turbio y discrecional manejo de los recursos del pas es el responsable directo de sus propias carencias?

Smese a este panorama la insistente y desmedida mercantilizacin de los ms variados aspectos de la vida humana que tampoco es percibida como un instrumento de subordinacin a intereses ajenos pero que en realidad ha venido generando la prdida de la propia e individual capacidad de decidir sobre la eleccin de otros objetivos, de otras metas y de otras formas de vida menos alienantes,

Pero que extrao es que yo perdido ande dira Lupercio Leonardo de Argensola, ante tales engaos porque si no fuera por el persistente maquillaje a que nos someten sin pausa los prolferos medios audiovisuales realizndole el photoshop a la FELICIDAD transformndola en algo solo y exclusivamente alcanzable a travs del consumo y provocando muchas de las indeseables consecuencias que enfrentamos, la corrupcin, la violencia, la inseguridad y hasta el mismo narcotrfico que de otro modo ocuparan seguramente un lugar menor dentro del panorama que actualmente nos acecha con obstinada presencia.

Porque, quin podra negar que esa incitacin al consumo permanente no genera mayores y ms generalizadas situaciones de insatisfaccin que la menos evidente exhibicin de la riqueza, algo ms oculta y en cierta medida ms discreta? Comprar, comprar, comprar se ha transformado en el objetivo ms perseguido, aqu o en Miami, en la avenida Santa Fe o en el Once, en los malls, en los shopings en esas gigantescas catedrales de hoy en da, con sus cientos de capillas dedicadas a las ms diversas devociones: calzado, ropa, bisutera, lencera, electrnica a travs de las ms variadas, imaginativas y tentadoras promesas de descuentos, bonificaciones, rebajas, cuotas, liquidaciones y diferentes y engaosas formas de pago. Y por qu no pensar entonces en la compraventa de votos a travs de la palabra y de crditos de mediano y largo plazo, de ddivas y de subsidios, que a la corta o la larga generaran apetecibles rditos a una clase poltica que ha perdido el rumbo, la tica, el bsico sentido de sus responsabilidades, de sus funciones primordiales al servicio del pueblo y de la comunidad a la que dice y debera representar?

No ser acaso que es nuestra misma indolencia, nuestra misma silenciosa aceptacin de esa manera invasora de incitar al consumo sin lmites lo que en mayor medida genera lgicas y variadas formas de inseguridad y de violencia? Es posible creer que la represin, el incremento de las fuerzas de seguridad, las alarmas y toda clase de precauciones podran desalentarlas?

Me parece mucho ms importante reflexionar sobre las races del clientelismo, de todo tipo de generacin clientelar tanto poltica como comercial y actuar en consecuencia considerndola en el primer caso totalmente condenable y en el segundo tratando de convertir la propaganda, la publicidad, los reclamos en que se basa en instrumentos ms mesurados que cumplan con su objetivo sin transformarse, como actualmente sucede, en un agente incontroladamente ilimitado e invasivo de todo espacio, mbito o territorio tanto pblico como privado. Tal vez as podramos restablecer un razonable, equilibrio diferenciando lo socialmente justo de lo injustamente incitante y erradicar adems mnimamente las tentaciones de ese crculo vicioso que ha transformado a la poltica en uno de los ms lucrativos negocios de los ltimos tiempos. Nada que no emprendamos consciente y colectivamente podr dar los aorados frutos de un futuro mejor.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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