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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2015

Grupos de poder, estratos sociales y orientacin del cambio econmico

Luismi Uharte
Rebelin


Desde que Ral Castro sustituyo a su hermano Fidel en la conduccin poltica se comenzaron a fijar las bases de un nuevo modelo econmico, con ms claridad tras la aprobacin parlamentaria en 2011 de los Lineamientos de la Poltica Econmica y Social. Esto ha generado importantes interrogantes en torno a la orientacin ideolgica del proceso y a los grupos de poder que se disputan la direccin de este.

Tanto Juan Valds Paz, socilogo y Premio Nacional de Ciencias Sociales 2014, como Fernando Ravsberg, reputado periodista, coinciden en que Ral impulsa una especie de NEP (nueva poltica econmica) como hizo Lenin en la URSS en los aos 20 del siglo pasado. Esto significara que el Estado va a ceder ms espacio al sector privado pero manteniendo el control de la economa.

En la prctica, sin embargo, la situacin es mucho ms compleja debido a que existen diversos sectores con perspectivas diferentes en torno a la orientacin que debe tomar la economa y respecto a las recetas que hay que aplicar. Se est produciendo por tanto, una disputa abierta entre dismiles corrientes de pensamiento, como apunta Camila Pieiro, del Centro de Estudios de la Economa Cubana.

Grupos en disputa. La mayora de las y los expertos consultados identifican tres grupos ideolgicos en disputa por la orientacin del cambio econmico. Valds Paz, destaca por un lado a los estatistas, que consideran la reforma como una concesin momentnea y por tanto como una cesin tctica. Este sector, principalmente de tradicin pro-sovitica, es muy fuerte entre la burocracia y el funcionariado y es transversal a todos los estratos sociales.

Pieiro resalta que la visin estatista es todava respaldada por un porcentaje respetable de la poblacin (fundamentalmente entre las generaciones ms mayores) ya sea porque tienen temor a perder los logros sociales de la Revolucin y/o porque consideran que es garanta de orden y seguridad.

Un segundo grupo de poder seran los denominados economicistas. Estn en el liberalismo y todava no se han enterado, seala agudamente Valds Paz. Parafraseando al lder chino Den Xiaoping (impulsor de la liberalizacin econmica tras la muerte de Mao), afirman que lo importante es cazar ratones, queriendo trasmitir la idea de que lo trascendental es generar riqueza y ser eficientes. Este grupo predomina en la esfera empresarial, tambin en la pblica, y por supuesto entre las y los cuentapropistas.

Pieiro adems de a los citados incluye a un sector de los militares (principalmente los gerentes de empresas), a una franja del sector acadmico (donde predominan economistas) y a un importante volumen de poblacin que ve en las propuestas economicistas una solucin a las deficiencias de la economa cubana.

Valds Paz identifica un tercer grupo, situado ms la izquierda: la izquierda del partido, libertarios, anarquistas, comunitaristas. Este sector apoyara la reforma pero para construir un socialismo autogestionario, para desestatizar el socialismo. Aclara que es un grupo socialmente minoritario pero con mucho peso en el mundo intelectual y que tiene a ser excluido de las esferas de poder, a diferencia de los otros dos.

Pieiro puntualiza que la propuesta autogestionaria se ha inspirado, en gran medida, en los debates en torno al Socialismo del Siglo XXI. Agrega que el socialismo no es solo un modelo de distribucin equitativa sino tambin un modelo de gestin horizontal, que implica participacin directa de las y los trabajadores. Reconoce, sin embargo, que pocos sectores de la sociedad cubana se identifican con esta tendencia: por un lado, porque los mensajes pro-privatizacin son hegemnicos; por otro, por las escasas experiencias de autogestin en Cuba antes y despus de 1959; finalmente, por el desprestigio de la idea de gestin obrera ya que en la prctica no se ha materializado, a pesar del discurso oficial.

Contexto sociolgico. La disputa entre los citados grupos se da en un contexto sociolgico muy complejo, que se ha ido configurando progresivamente en el ltimo cuarto de siglo, desde el inicio del Periodo Especial a principios de los aos noventa y donde los ingredientes bsicos son: el cambio demogrfico y generacional, la fuerte migracin, el incremento de la desigualdad, y la supervivencia cotidiana.

Los datos demogrficos y socioeconmicos cubanos son absolutamente singulares a nivel internacional ya que combinan una fotografa del primer mundo con el tercero. Actualmente la isla puede presumir de una esperanza de vida y una tasa de mortalidad infantil mejores que algunos pases del Norte (adems de una muy baja tasa de natalidad) pero a su vez muestra tasas de emigracin y niveles de ingresos per cpita propios de Estados del Sur. Esto ha trado como consecuencia una situacin de envejecimiento y decrecimiento poblacional, que afecta drsticamente al funcionamiento de una economa sumamente frgil.

De hecho, segn el politlogo Rafael Hernndez, en 20 aos la PEA (Poblacin Econmicamente Activa) ser poco ms de 1/3 de la poblacin, lo cual interpela directamente al proceso de cambio econmico, ya que ser fundamental un modelo de desarrollo lo suficientemente productivo como para sostener un alto porcentaje de poblacin no activa.

Paralelamente, el problema migratorio tambin exige una reforma econmica eficaz que frene o por lo menos reduzca la fuga de cerebros y/o la de jvenes. Se est dando la dramtica paradoja de un Estado (como pocos a nivel internacional) que invierte una gran cantidad de recursos pblicos en formar a sus profesionales pero que ve como un porcentaje sustancial de estos buscan en el exterior mejores condiciones de vida, lo cual no deja de ser legtimo.

Salida al exterior que no solo se dirige hacia pases del Norte, sino incluso hacia destinos latinoamericanos, que hace unos aos seran impensables. Resulta muy simblico el caso de Ecuador, que en los ltimos tiempos est atrayendo profesores universitarios cubanos.

El incremento de la desigualdad es otro de los rasgos del actual momento histrico que cualquiera de los grupos en disputa no debe obviar. Segn la sociloga Mayra Espina, el coeficiente de Gini (termmetro de la desigualdad) aumento del 0,24 de los aos ochenta al 0,38 y paralelamente la pobreza del 6% al 20%, a pesar de la prctica inexistencia de extrema pobreza gracias al mantenimiento de los servicios sociales universales (educacin, salud, etc.).

El reto no es en absoluto sencillo ya que cualquier orientacin econmica debe intentar sortear dos extremos mayoritariamente repudiados: por un lado, no regresar a la poca del igualitarismo improductivo, expresin acuada en los ltimos tiempos y utilizada de manera natural por gran parte del stablishment poltico e intelectual: y por otro lado, no agravar an ms una desigualdad que ha sido producto del proceso de liberalizacin abierto en los noventa.

Un aspecto frente al que cualquier proyecto de cambio y grupo que lo sustenta debe mostrar capacidad de resolucin eficaz es el relativo a las indudables carencias de la vida cotidiana. Desde sectores claramente alineados con la Revolucin se reconoce que para satisfacer necesidades elementales del da a da hay que superar a veces grandes dificultades que terminan provocando un fuerte cansancio no slo fsico, sino psquico y emocional en franjas importantes de la ciudadana. Esta es una variable que funciona como una bomba de tiempo y evidencia la centralidad de lo cotidiano frente a aspectos polticos supuestamente ms importantes.

Resulta muy significativo el debate nacional que convoc Ral Castro en 2007. Segn Fernando Ravsberg, participaron ms de 5 millones de cubanos y el objetivo fundamental era identificar los principales reclamos de la poblacin. Entre los 5 primeros destacaban la insuficiencia salarial, el precio de la comida, el transporte, la vivienda y la escasez de lugares de ocio. Temas radicalmente cotidianos, alejados absolutamente de la agenda poltica de Washington y de sus grupos opositores en la isla, pero que a su vez mostraban las debilidades estructurales del modelo vigente.

Orientacin del cambio. Haca donde se enrumbar definitivamente el modelo cubano es todava un debate abierto, a pesar de que todos los proyectos no parten en igualdad de condiciones. Pieiro, aunque defiende un socialismo autogestionario, advierte que la posicin economicista es la que tiene ms opciones de imponerse. Valds Paz, por su parte, indica que si el actual proceso de reforma con fuertes elementos socializantes y con un control estatal claro- no es exitoso, se acentuar la tendencia liberal.

Las posibles orientaciones del cambio econmico tambin han generado un debate (quizs ms insistente fuera de la isla que dentro) en torno a los modelos internacionales que pueden estar influenciando o sirviendo de referente al pas. Aunque una gran parte del stablismenth intelectual rechaza que exista predominio de uno u otro modelo, resulta inevitable intentar averiguar hacia que coordenadas geogrficas marca la brjula.

En primera instancia, la comparacin con China y Vietnam es una de las ms recurrentes por cuestiones obvias. Respecto al gigante asitico hay una opinin mayoritaria de que no va a ser el modelo a seguir por diversas razones: tamao poblacional, papel geoestratgico, capacidad industrial, deterioro de la poltica social Con Vietnam, la empata es mayor, fundamentalmente por compartir una historia de lucha contra el imperialismo estadounidense. Sin embargo, tampoco se considera un referente debido a importantes diferencias en cuanto a estructura econmica (base agraria), cultura laboral, etc., como seala Gilberto Valds, del Instituto de Filosofa.

Los que abordan el debate en torno a la factibilidad de la reinstauracin del capitalismo y del tipo de capitalismo que se implementara deben tener en cuenta la variable geo-histrica y la condicionalidad del sistema-mundo (Wallerstein). Ante el deseo manifestado por un cubano de querer vivir en un pas normal, Fernando Ravsberg responde cidamente: Yo le dije que si queran ser un pas normal significaba tener mucha ms pobreza, tener que pagar por el mdico Le dije que si quera ser como Holanda es que estaba loco, que haba fumado demasiado el pas normal que les toca ser es como Jamaica.

Las comparaciones ms sensatas, por el citado factor geoeconmico y por el nuevo contexto de cambio en diversos pases de Amrica Latina, se sitan en la propia regin. Valds Paz afirma que el modelo al que apuntamos se acerca al neo-desarrollismo latinoamericano (gobiernos progres, redistributivos en la poltica social, pero econmicamente neodesarrollistas). La diferencia, segn l, es que Cuba tiene la ventaja de que aqu la poltica es la que manda, porque seguimos controlando la economa.

De cualquier manera, la mayora de las y los analistas consultados coinciden en que la forma de mirar hacia Amrica Latina ha cambiado. Antes Cuba era la que deba exportar su Revolucin, mientras que ahora el proceso de aprendizaje es bidireccional. Esto da margen para debates ms all del neo-desarrollismo, donde la reflexin en torno al Socialismo del Siglo XXI no queda excluida de la ecuacin.

Luismi Uharte. Doctor en Estudios Latinoamericanos

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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