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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2015

Sobre la narrativa colonial israel
Palabras ocupadas

Susan Abulhawa
aljazeera.com

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca y Mara Landi.


Rara vez el lenguaje sociopoltico es una mera coleccin de palabras ordenadas para reflejar una realidad. Ms a menudo, es la mismsima estructura de pensamiento dispuesta de tal modo que facilite, o impida, la expresin de una idea especfica.

Cuando se trata de la empresa del ocupante colonial, la seleccin de palabras es totalmente deliberada y se propone construir una sintaxis moral para contextualizar la limpieza tnica y la colonizacin.

La colonizacin israel de Palestina se ha basado en narrativas coloniales a prueba del tiempo, cuyo primer paso es describir las tierras conquistadas como fronteras inhabitadas para el esforzado trabajador desvalido; es una narrativa repleta de expresiones romnticas del tipo hacer florecer el desierto.

La creacin de Israel por parte de inmigrantes extranjeros recin llegados a Palestina adquiri una dimensin excepcionalmente sentimental en Occidente, ya que naci justo despus del genocidio y como resultado de l perpetrado por Europa contra sus propios ciudadanos y ciudadanas judas.

La ficcin de una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra fue la consecuencia perfecta de un captulo terrible de la historia de Europa. Era el final feliz que permita aliviar la culpa.

Era la nica historia que Occidente quera o estaba dispuesto a or.

Pero era una mentira.

Palestina ya tena una vieja historia que haba dado origen a una sociedad desarrollada cuyo carcter se haba formado orgnicamente durante miles de aos de habitacin documentada, conquistas, peregrinaciones, nacimiento de religiones, conversiones religiosas, asentamientos, guerras, cruzadas y migraciones naturales.

Se trataba de una poblacin constituida por campesinos y profesionales, eruditos y tcnicos, gente culta y analfabeta, urbana y rural.

Era una sociedad plural, en la que personas de diferentes orgenes religiosos, culturales y tnicos convivan en relativa armona.

Durante muchos siglos, Palestina haba sido objeto de guerras y conquistas por parte de gente que llegaba y se marchaba, no sin antes mezclarse con los habitantes del lugar y dejar su impronta en la estructura gentica, cultural e incluso lingstica del pueblo palestino.

La nica forma en que se poda crear un estado judo exclusivo y excluyente era mediante la expulsin forzada de la sociedad descrita ms arriba, la que fue iniciada metdicamente en 1947 por grupos armados de judos europeos perfectamente adiestrados y bien financiados.

Cuando las jvenes naciones rabes intervinieron para defender a sus hermanos palestinos, sus desorganizadas fuerzas, ms reducidas y dbiles, y con armamento anticuado, no constituyeron un rival para el naciente estado judo.

Tal como establece el axioma que dice que la historia la escriben los vencedores, ese momento pas a llamarse la guerra de la independencia de Israel. Es posible que sea la nica vez en la historia en que un grupo de extranjeros invadi y conquist una tierra, tom sus ciudades y campos, y despus reivindic su independencia respecto de la poblacin nativa de esa tierra.

As empez la perversin del lenguaje que contina justificando y propagando el poder.

Rebautizar el lugar y la gente

Despus de la expulsin, como explica la profesora Julie Peteet en Naming in The Palestine Israel Conflict (El nombre de las cosas en el conflicto Palestina-Israel), la trayectoria de la narrativa colonial israel niega la existencia de una poblacin autctona.

Entre los israeles esta negacin fue vehemente y se mantuvo incluso despus del surgimiento en la conciencia de Occidente de una narrativa palestina. La expresin ms famosa de esta furia fue la declaracin de Golda Meir cuando dijo que No haba nada que pudiera llamarse los palestinos. No existan.

La irona es que Meir haba nacido en Rusia, y dijo esas palabras en una entrevista dada al Sunday Times en 1969, en el interior de una casa seorial llamada Villa Harun al-Rashid, una casa palestina robada a la familia de George Bisharat.

La enorme destruccin o robo del patrimonio palestino se realiz tanto en forma casual como sistemtica.

Tal como revela Suad Amiry en Golda Slept Here (Golda durmi aqu), cuando el secretario general de Naciones Unidas Dag Hammarskjold visit a Meir, ella se cuid de hacer borrar el rtulo damasquino-arbigo de Villa Harun al-Rashid grabado en el friso de piedra de la fachada en la segunda planta, para esconder el hecho de que estaba viviendo en una casa rabe.

Los sionistas emprendieron una extraordinaria reestructuracin lingstica que incluy el cambio de nombre de casi todos los pueblos y lugares palestinos.

Despus fue el cambio de nombre de las personas, a fin de dar estatus de nativos a los extranjeros.

Los rusos Golda Mabovitch, Ariel Scheinerman y Moshe Smolansky se convirtieron en Golda Meir, Ariel Sharon y Moshe Ya'alon. El polaco David Gruen pas a ser David Ben-Gurion. El bielorruso Nathan Mileikowsky se llam Nathan Netanyahu, el abuelo de Benjamin Netanyahu.

El frentico cambio de nombres de lugares y personas para lograr la imagen de pertenencia y legitimidad fue tan elaborado que los sionistas crearon una Comisin de Nombres para supervisar la reescritura pica de la historia, de manera de fundir la religin con una identidad racial y cultural.

La gramtica del engao

De este modo, judos con miles de aos de arraigo en la historia europea, en el pensamiento y los logros europeos, en la cultura y la herencia europeas, forjaron una historia de proporciones bblicas para colonizar una tierra que ya estaba habitada por otra nacin.

Era el incomprensible cuento de hadas de un pueblo exiliado, que no haba sido tocado por el lugar, el tiempo, la historia ni la vida local durante ms de 3.000 aos, y que estaba por fin regresando a una tierra lejana con la que no tena una conexin familiar, cultural, gentica o legal identificable.

De alguna manera, esta reclamacin colisionaba con la de la sociedad autctona de Palestina, que haba vivido en esa tierra, la haba cultivado y construido en ella a lo largo de los siglos.

Lo nico que poda encajar semejante narrativa falsificadora, fluctuante e incoherente en la bien documentada lnea del tiempo histrico era la meticulosa y desalmada gramtica del engao que solo el lenguaje es capaz de conseguir.

Ningn armamento, por poderoso que fuera, podra haber permitido la usurpacin de todo un pas, con sus libros, hogares, casas de campo, lenguajes, tradiciones religiosas, comidas populares, danzas y costumbres. La contemplacin de la empresa es para dejar pasmado a cualquiera.

En su excelente investigacin acadmica sobre el cambio de los nombres en Palestina, la profesora Julie Peteet observa: El proyecto sionista de fraguar una conexin entre la comunidad juda contempornea y la tierra de Palestina era el proyecto de crear una versin totalmente nueva: del lenguaje, del lugar y su relacin con l, de los seres y las identidades.

Del conflicto y las mentiras

Los estudiosos han descrito bien el patrn de la retrica colonial que muestra a los nativos como atrasados, primitivos, salvajes o irracionales e inexplicablemente violentos, una vez que la fbula inicial de las tierras vrgenes se desmorona ante la respuesta autctona, que es eventualmente violenta hacia el colono que roba sus tierras y recursos.

Fue precisamente porque al final los palestinos tomaron las armas para enfrentar a sus verdugos que el lenguaje del negacionismo se hizo insostenible.

Entonces lleg el giro hacia la verborrea de los terroristas.

Esta narrativa se mantuvo durante algn tiempo, hasta la primera Intifada, que fue en gran medida no violenta. Las impresionantes imgenes de nios pequeos enfrentando a los tanques con piedras debilitaron los argumentos israeles que hablaban de la amenaza existencial planteada por los terroristas.

As naci el lenguaje de las negociaciones. Tal vez la palabra ms insidiosa, peligrosa y engaosa de este nuevo discurso sea conflicto.

Esta palabra conflicto evoca el sentido de paridad, de dos partes iguales que estn en desacuerdo. Hubo un conflicto entre Alemania y Rusia a comienzos de los cuarenta del siglo pasado. Del mismo modo, Estados Unidos y Rusia mantuvieron un conflicto fro durante la mayor parte de los ochenta. El grosero desequilibrio de poder entre Israel y la poblacin nativa de Palestina debera excluir el empleo inteligente de esta palabra.

Israel es una sociedad sumamente militarizada, que dispone del armamento ms avanzado jams conocido. Goza de una tremenda influencia poltica y econmica en Estados Unidos y, por extensin, en todo el mundo.

Los palestinos no tienen fuerzas armadas: fuerza area, ejrcito, marina. Estn empobrecidos, sufren el despojo de sus recursos naturales y sus medios de vida. No tienen poder poltico ni influencia. Son un pueblo sitiado, controlado, exiliado e indefenso frente a un estado racista que ha sido explcito en su atropello y desprecio hacia la existencia de los palestinos.

Por lo tanto, hablar del sionismo como si fuera un conflicto entre israeles y palestinos es equivalente a decir que el apartheid fue un conflicto entre los blancos y los negros sudafricanos, o que el nazismo era un conflicto entre los judos y los arios de Alemania, o que la segregacin y Jim Crow* constituan un conflicto entre los blancos y los negros estadounidenses.

La utilizacin del trmino conflicto en el discurso corriente sobre el sionismo (y quien escribe tambin es culpable de haberlo hecho) ha sido un engao malintencionado del que han surgido innumerables duplicidades verbales o eufemismos: barrios para nombrar las colonias ilegales; enfrentamientos para hablar de los ataques de una fuerza militar extranjera contra palestinos desarmados en su propia tierra ; defensa propia para describir el bombardeo indiscriminado contra vidas humanas e infraestructuras vitales; valla de seguridad para nombrar un muro construido para separar personas y robar tierras; civiles para hablar de grupos paramilitares de colonos ilegales.

Cuando los medios occidentales hablan de conflicto, de hecho estn hablando de la destruccin de todo un pueblo, de la supresin de su historia, de la eliminacin de un espacio geogrfico y sociocultural definido y con nombre propio, que ha existido desde la antigedad temprana.

El sionismo es racismo, es apartheid, es Jim Crow, y es el sostn fundacional de Israel.

No deberamos tolerar ms el uso de la palabra conflicto.

Los primeros inmigrantes europeos no libraron una guerra de independencia.

No se trata de barrios: son colonias ilegales segregadas, exclusivamente para judos, construidas en tierras palestinas robadas.

Nosotros no somos terroristas: somos una sociedad nativa que lucha contra quienes vienen aterrorizndonos desde que llegaron a nuestras costas; un pueblo que se enfrenta a su propia extincin, que lucha por su vida contra unos extranjeros que continan llegando a nuestra tierra, extranjeros que creen que Dios les ha otorgado el derecho innato de tener un pas ms.

Deshacer la verborrea colonial, sus cuentos de hadas y sus mitos, no importa lo absurdos e ilgicos que sean, no es tarea fcil. Segn las palabras de Steven Salaita: Recordad que en las sociedades coloniales al mentiroso normativo siempre se le da ms autoridad que al sujeto obstinado.

Pero continuar permitiendo o hacerse eco del lenguaje del poder que desprecia las luchas por la justicia social, no puede ser una opcin. El anlisis de las expresiones coloniales incrustadas en nuestra mente, y el uso consciente del lenguaje de lucha de un pueblo autctono deben estar presentes en todo lo que hacemos.


* La autora se refiere a un conjunto de leyes as llamado, promulgado entre 1876 y 1965, que propugnaba la segregacin de los negros y otras minoras no blancas en los lugares pblicos de Estados Unidos. (N. del T.)

Susan Abulhawa es una escritora de prosa y poesa palestina, autora del xito editorial Mornings in Jenin. Su reciente novela The Blue Between Sky and Water (El azul entre el cielo y el agua), Bloomsbury, 2015, ha sido traducida a 21 idiomas hasta ahora.


Fuente: http://www.aljazeera.com/news/2015/10/occupied-words-israel-colonial-narrative-151026115848584.html



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