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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-11-2015

El peculiar estilo del imperialismo global estadounidense
Los turistas del Imperio

William Astore
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Haciendo selfies en Iraq y Afganistn

Introduccin de Tom Engelhardt

Afganistn!

Aunque la historia vaya de la cada de una ciudad importante en manos de los talibn, de la destruccin de un hospital con su personal y pacientes dentro o del anuncio del presidente de que las tropas de EEUU van a seguir en ese pas al menos hasta 2017, la verdad es que nunca sientes que haya un signo de exclamacin en la palabra Afganistn. Catorce aos despus, sigue formando parte del ambiente relativamente montono de la realidad de la vida estadounidense. No obstante, imaginen por un momento que saltan a una mquina del tiempo y realizan un viaje al pasado, a 1978. All, le dicen al primer estadounidense con el que se tropiezan que acaban de chutarse hacia el futuro y han descubierto que, a partir de 1979, EEUU iba a involucrarse en dos guerras (rotas por una semiausencia de una dcada de duracin) en un nico pas hasta sumar un cuarto de siglo de conflicto. Si a continuacin hubieran planteado una adivinanza sobre qu pas podra ser ese, puedo garantizarles una cosa: que ningn estadounidense hubiera respondido que Afganistn.

Puedo tambin garantizarles algo ms: si hubieran insistido en que se trataba del futuro blico de EEUU, es posible que les hubieran recluido. Volviendo a 1978, si un estadounidense saba algo de ese pas, probablemente fuera como una parada extica de la ruta hippie , no como una tierra devastada por una guerra de la que EEUU no podra salir nunca. La mera idea de que Afganistn era crucial para la seguridad nacional estadounidense o de que EEUU bombeara algn da hacia ese pas cientos de miles de millones de dlares en un infructuoso intento por lograr seguridad habra parecido ridcula. Del mismo modo, en los interminables aos de nuestra segunda guerra afgana, en los que el pas se convertira en el principal productor mundial de un nico producto agrcola con rendimientos que baten consistentemente records por supuesto, estoy hablando de opio- y que es responsable del 75% del suministro mundial de herona, habra parecido material para una novela de ciencia ficcin y no la realidad. Todo esto hubiera sido inimaginable en los EEUU de 1978.

As pues, bienvenidos de vuelta al siglo XXI! Que nada de esto nos sorprenda hoy en da, que la palabra Afganistn no se site entre signos de exclamacin (o al menos de interrogacin) en nuestro pensamiento, no hablemos ya de las noticias, nos dice lo extrao y sin embargo normal- que ha llegado a ser el mundo imperial de la nica superpotencia del planeta. Como el colaborador habitual de TomDispatch, el teniente coronel retirado de la fuerza area William Astore sugiere hoy, lo que este pas necesita es una intervencin mdica. Despus de todo, como bien seala, en Afganistn y otros lugares estamos sufriendo del Sndrome del Turismo Imperial.

Tom.

* * *

Estados Unidos es una especie peculiar de imperio. Para empezar, los estadounidenses llevan instalados en lo que podra llamarse negacin imperial desde la guerra de Espaa y EEUU de 1898, cuando no antes. Imperio, nosotros? Negbamos su existencia incluso cuando nuestros soldados estaban administrando curas de agua (aka, simulacro de ahogamiento) a los recalcitrantes filipinos hace ms de un siglo. Cmo demonios?! Incluso nos contbamos a nosotros mismos que estbamos liberando a esos mismos filipinos, lo que nos lleva al segundo punto: EEUU no slo niega sus ambiciones imperiales, sino que las envuelve en un estilo curiosamente estadounidense de cristianizada teologa de la liberacin. En l, los soldados estadounidenses no son nunca considerados como conquistadores u opresores, siempre como liberadores y portadores de libertad, o al menos como ayudantes e instructores. Hay suficiente sustancia en este mito (II Guerra Mundial y Plan Marshall, por ejemplo) como para ocultar realidades imperiales mucho ms feas.

Negar que somos un imperio mientras ocultamos su parte fea con palabras de misionero son dos aspectos duraderos de la marca del imperialismo estadounidense, y hay un tercero tambin, aunque rara vez se seala. Mientras el ejrcito estadounidense acuartela el planeta y slo sus fuerzas de operaciones especiales visitan ms de 140 pases al ao, las tropas estadounidenses se han convertido efectivamente en el equivalente imperial de los turistas trotamundos. Sobrecargados de equipo tcnico y artilugios (armas letales, sensores intrusivos), en gran medida ignorantes de las culturas extranjeras, llegan con ganas de ayudar y predispuestos para la accin, pero nunca (individualmente) se quedan mucho. Piensen en ellos como la versin siglo XXI del estadounidense feo de la era de Vietnam.

El estadounidense feo de nuestros das puede que no sea ya el entrometido operativo de la CIA de antao; puede que l incluso no sea humano sino un avin no tripulado [drone] made in USA. Piensen en esos drones como si fueran turistas estadounidenses especialmente inoportunos, cruzando las exticas y pintorescas periferias del planeta cargados de cmaras y armamento, listos para intervenir de forma letal mientras sus operadores, posiblemente a miles de kilmetros de distancia, no entienden nada. Como turistas normales de carne y hueso, el dron ve el terreno local, siente la actividad local, detecta pautas de comportamiento entre los habitantes que parecen amenazadoras y entonces los cose a bombazos. Por supuesto, el dron y sus operadores no viven en la tierra ni captan los matices de la vida local, al igual que los turistas de verdad. Estn literalmente por encima de ellos, desconectados de todo, e incluso cuando matan, a menudo equivocadamente, vuelan sanos y salvos de vuelta a casa.

El sndrome del turismo imperial

Llmenlo sndrome del turista imperial, una estrafalaria desgracia estadounidense que crea su propia dinmica autosostenible. Para un habitante local, podra parecer algo como esto: las fuerzas estadounidenses llegan a tu pas, disparan unas cuantas cosas (liberacin!), hacen algunos selfies y despus, con un poco de suerte, cogen y se van (al menos por un rato). Si no hay suerte, mantienen mucho tiempo su bienvenida, aumentan su presencia un tanto y generan el caos hasta que, tarde o temprano (en lugares como Iraq y Afganistn, mucho, mucho ms tarde), van y se largan, no siempre con gallarda (de lo que fueron testigos Saign en 1975 o Iraq en 2011).

Y aqu viene lo ms extrao de esta versin inequvocamente estadounidense de lo imperial: una persistente mentalidad de brevedad en el tiempo que slo parece alimentar lo opuesto: guerras que persisten sin fin. En esas guerras, muchos de los turistas imperiales del pas, armados hasta los dientes, se encuentran con que son enviados de vuelta una y otra vez para un perodo de servicio abreviado, hasta que deja de parecer una aventura y se asemeja cada vez ms a una sentencia de crcel.

La paradoja de los tiempos breves aplicados a guerras de largo plazo es irresoluble porque, como se ha demostrado repetidamente en el siglo XXI, es imposible ganar esas guerras. Los expertos miliares critican a la administracin Obama por carecer de estrategia global, ya sea en Siria, Iraq, Afganistn o cualquier otro lugar. No se enteran de nada. Los turistas imperiales no tienen una estrategia: tienen un itinerario. Si es martes, esto deber ser Yemen; si es mircoles, Libia; y si es jueves, Iraq.

De este modo, los turistas de combate estadounidenses siguen haciendo ciclos yendo y viniendo a zonas conflictivas del planeta, algunas veces en viajes de un ao, pero a menudo mucho ms breves. Van bien armados, como cabra esperar en zonas blicas activas como Iraq o Afganistn. Sin embargo, al igual que los turistas normales, llevan cmaras adems de otros sensores y permanecen alerta para hacerse fotos exticas que compartir con sus amigos o compaeros de vuelta a casa. (Echa aqu un vistazo, una pirmide humana de desnudos en la prisin de Abu Ghraib!)

Al igual que los turistas, tambin se mantienen alerta ante la posibilidad de que en este particular safari imperial algunas de esas gentes exticas puedan necesitar que les dispares. Hay un chiste que tiene garantizado provocar conocidas risas dentro de los crculos militares: Incorprate al ejrcito, viaja a tierras exticas, conoce a gente interesante, y mtalos. Originalmente un eslogan antibelicista de la era de Vietnam, se ha convertido en algo as como una broma en los militarizados EEUU tras el 11-S, una broma inaceptable cuando consideras la magnitud de los recuentos de vctimas extranjeras de estos aos, que se hacen ms reales (al menos para nosotros) cuando van acompaados de las desasosegantes fotos-trofeo de tropas estadounidense orinando sobre los cadveres enemigos o posando con alguna parte de los cuerpos del enemigo.

Esta es la realidad de fondo de los conflictos del siglo XXI de Washington: no importa qu estrategia inventemos para combatirlos, siempre seremos breves turistas en guerras a largo plazo.

Turismo imperial: Una receta infalible para la derrota

Es todo tan trgicamente previsible. Cuando los turistas imperiales van contra los terroristas extranjeros, adivinan quin gana? No llamen a las tropas estadounidenses. No carecen de espritu combativo. Luchan para ganar. Pero cuando sus vacaciones imperiales (intervenciones militares/invasiones) se convierten en permanencias neocoloniales (ejercicios interminables para construir nacin, entrenamiento de tropas, asistencia a la seguridad y cosas parecidas), ya han perdido, no importa cuntas cartas estilo lo estamos pasando muy bien o los brillantes informes de avances al Congreso- se enven a los padres en casa.

Por definicin, los turistas, imperiales o de otra clase, siempre quieren volver a casa al final. El enemigo, desde el principio, est por lo general ya en casa. Y no hay tcticas inteligentes, ni manual COIN (contrainteligencia), ni armas de ltima tecnologa o cazadores-robot que puedan cambiar nunca esa realidad fundamental.

Era una dinmica que resultaba ya obvia hace cinco dcadas en Vietnam: una mentalidad burocrtica que implicaba la rotacin constante de unidades y comandantes; un proceso de innecesaria reinvencin de los conocimientos ms bsicos mientras las unidades desplegadas se largaban corriendo y eran sustituidas por nuevas unidades; y el uso de todo tipo de armas y sensores de exterminio de ltima tecnologa; todo ello, desde el agente naranja al napalm a las batallas electrnicas y a lo ltimo en aviones de combate y bombarderos, todo para nada. En esas condiciones, incluso la superpotencia estadounidense careca de poder de permanencia, precisamente porque nunca intent quedarse. En EEUU se haca a menudo referencia al aspecto de permanencia de la guerra de Vietnam como atolladero. Por supuesto, para los vietnamitas, su pas no era el inmenso lodazal que te va succionando. Era su patria. Tenan pocas opciones al respecto; se quedaron y lucharon.

Combinen un itinerario militar con uno turstico y una mentalidad que hace que ambos coincidan, un alto mando que en sus propias responsabilidades de rotacin carece de toda responsabilidad ante los errores y una burocracia bizantina muy pesada y habrn encontrado la receta segura para la derrota. Y, una vez ms, en el siglo XXI, ya sea entre los soldados rasos o en los mandos ms altos, hay poca continuidad o rendicin de cuentas en lo que respecta a la presencia militar de EEUU en tierras extranjeras. Los comandantes estn continuamente rotando fuera y dentro de las zonas de guerra. A menudo, hay uno nuevo cada ao. (He contado 17 comandantes de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad para Afganistn, la coalicin militar liderada por EEUU, desde diciembre de 2001). Las tropas estadounidenses pueden servir en mltiples misiones en el exterior, sin embargo rara vez son enviados a la misma zona. Las misiones son secuenciales, no acumulativas, por tanto, la curva de aprendizaje que se exhibe es plana.

Hay una escena al principio de la cuarta temporada de Homeland en la que el exjefe de la CIA, Saul Berenson, est hablando con unos cuantos generales de cuatro estrellas. Dice: Si en 2001 hubiramos sabido que bamos a quedarnos tanto tiempo en Afganistn, habramos tomado decisiones muy diferentes. Verdad? En cambio, nuestros ciclos de planificacin pocas veces iban ms all de doce meses. Por tanto, no se trata de que hayamos librado una guerra de catorce aos, sino una guerra de un ao emprendida catorce veces.

Bastante cierto. En Afganistn, y tambin en Iraq, EEUU ha luchado de forma secuencial en vez de acumulativa. No resulta sorprendente por tanto que esos esfuerzos secuenciales, no importa lo masivos y costosos que hayan sido, no se hayan sumado. Slo ha sido un maldito tour tras otro.

Pero el eslogan de Saul sobre Afganistn es ms sospechoso: Creo que nos vamos con el trabajo medio hecho. Para l, as como para el establishment de Washington de este momento, EEUU necesita mantener el rumbo (al menos hasta 2017, segn el reciente anuncio del presidente Obama), tiempo durante el cual supuestamente vamos a tropezar con una estrategia a largo plazo similar a la de El Dorado en la que realmente EEUU se impone.

Por supuesto, la opcin que nunca ha estado sobre la mesa de Washington es la opcin obvia y lgica: sencillamente poner fin al turismo imperial. Con mis disculpas hacia Elton John, lo siento es slo la segunda expresin ms difcil para los oficiales estadounidenses. La primera es adis.

Una gran derrota (Vietnam, 1975) poda haber mantenido bajo control la fiebre del turismo imperial durante un tiempo. Pero dadnos una dcada o tres y los estadounidenses estamos de vuelta, cabalgando de nuevo por colinas extranjeras, confiando contra toda lgica en que el viaje de este ao sea mejor que el desastre del ao anterior.

Dicho de otro modo, una estrategia sostenible a largo plazo para Afganistn es precisamente lo que el gobierno estadounidense ha sido incapaz de generar durante catorce aos! Por qu debera ser 2015 o 2017 o 2024 diferente de 2002 o 2009 o de hecho cualquier otro ao de la implicacin estadounidense?

A algn nivel, el ejrcito de EEUU sabe que est jodido. Esa es la razn de que sus comandantes jugueteen tanto con el armamento, el entrenamiento, la tecnologa y las tcticas. Son las cosas que pueden controlar, las cosas que parecen reales mientras que los pueblos extranjeros no (al menos para nosotros). Seamos realistas: los acontecimientos del pasado, as como los del presente, sugieren que las armas, y cmo usarlas, son lo que los estadounidenses mejor conocen.

Pero, las tierras, los pueblos extranjeros? No podemos controlarlos. No los comprendemos. No podemos contar con ellos. Son slo parte del paisaje que estamos eternamente atravesando, en ocasiones como pueblos a los que ayudar y lugares a reconstruir, otras veces, como pueblos a los que matar y lugares a destruir. No los sentimos como verdaderamente reales. Son las atracciones tursticas del proceso blico estadounidense, algunas veces exticas, otras letales, pero (para nosotros) extraamente carentes de sustancia.

Y precisamente por eso fracasamos.

William J. Astore, es teniente coronel retirado (USAF) y profesor de historia. Colabora habitualmente con TomDispatch. Es editor del blog Contrary Perspective.

Fuente: www.tomdispatch.com/post/176061/tomgram%3A_william_astore%2C_taking_selfies_in_iraq_and_afghanistan/#more



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