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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-11-2015

Extractivismos y subdesarrollo
La maldicin de la abundancia

Alberto Acosta
Brecha, Montevideo


La apropiacin de recursos naturales que son extrados por medio de una serie de violencias, atropellando derechos humanos y derechos de la naturaleza, no es una consecuencia de un tipo de extraccin sino que es una condicin necesaria para poder llevar a cabo la apropiacin, seala atinadamente Eduardo Gudynas. Y se lo hace sin importar los impactos nocivos en trminos sociales y ambientales, incluso econmicos, de los proyectos extractivistas. Por cierto muchas veces ni siquiera se considera el agotamiento de los recursos y sus posteriores consecuencias.

Es preciso entender que los extractivismos no se limitan a los minerales o al petrleo, los hay tambin agrarios, forestales, pesqueros e incluso tursticos.(1)

Neoextractivismo

En los ltimos aos, conscientes de algunas de las patologas propias de la modalidad de acumulacin extractivista, varios pases de la regin con regmenes progresistas han impulsado algunos cambios. Sin embargo, ms all de los discursos no hay seales claras de que pretendan superar realmente dicha modalidad de acumulacin.

Desde una postura nacionalista se procura principalmente un mayor acceso y control por parte del Estado sobre los recursos naturales, y tambin sobre los beneficios que su extraccin produce. Esto no est mal. Lo negativo es que desde esta postura se critica el control de los recursos naturales por parte de las trasnacionales y no la extraccin en s. Y esto es an ms complicado cuando las empresas estatales actan cual si fueran trasnacionales.

Al menos hasta ahora, gracias a los elevados precios de las materias primas sobre todo, en los pases con gobiernos progresistas, que han obtenido una mayor participacin en renta extractivista, los segmentos tradicionalmente marginados de la poblacin han experimentado una relativa mejora a partir de la mejor distribucin de dichos ingresos. Y al no darse una redistribucin de los activos y, menos, al no haber afectado la modalidad de acumulacin, los grupos ms poderosos han obtenido la tajada del len. Esta situacin es explicable por la inexistencia de gobiernos realmente revolucionarios y lo relativamente fcil que resulta obtener ventaja de la generosa naturaleza, sin adentrarse en complejos procesos sociales y polticos de redistribucin.

Por supuesto, en los pases con gobiernos neoliberales los extractivismos gozan tambin de muy buena salud. Gracias igualmente a los elevados precios de las materias primas en el mercado mundial, en estos pases tambin se han registrado mejoras en el mbito social. Aqu tambin se ha reducido la pobreza a travs de polticas sociales financiadas por los ingresos adicionales.

Ahora, cuando el ciclo de precios altos de las materias primas parece haber llegado a su fin, las presiones extractivistas no declinan. Al contrario. La dependencia de los mercados forneos, aunque parezca paradjico, es an ms marcada en pocas de crisis. Todos o casi todos los pases cuya economa est atada a la exportacin de recursos primarios caen en la trampa de forzar las tasas de extraccin. Se ofrecen nuevos incentivos a las empresas extractivistas, al tiempo que se flexibilizan las normas ambientales y sociales. Esta realidad termina por beneficiar a los pases centrales: una mayor oferta de materias primas petrleo, minerales o alimentos, en pocas de precios deprimidos, ocasiona una reduccin mayor de dichos precios.

Lo que sabemos con certeza, luego de tantas experiencias acumuladas, es que independientemente de los gobiernos progresistas o neoliberales en la medida que se amplan y profundizan los extractivismos se agrava la devastacin social y ambiental. Los derechos colectivos de muchas comunidades indgenas y campesinas son atropellados para ampliar aun ms la frontera petrolera o para permitir la megaminera o incluso para fomentar los monocultivos de todo tipo. La criminalizacin de la protesta social est a la orden del da: decenas de lderes populares son encausados penalmente por defender el agua, los derechos y la vida misma. (2)

Adems, est claro que si se contabilizan los costos econmicos de los impactos sociales, ambientales y productivos de la extraccin del petrleo o de los minerales, desaparecen muchos de los beneficios econmicos de estas actividades. Pero estas cuentas completas no son realizadas por los diversos gobiernos, que confan ciegamente en los beneficios de estas actividades primario-exportadoras.

La trampa

El punto cuestionable de esta modalidad de acumulacin radica, desde una aproximacin insuficiente, en la forma en que se extraen y se aprovechan dichos recursos, as como en la manera en que se distribuyen sus frutos. El asunto es mucho ms complejo. Las sendas del extractivismo progresista o neoliberal no son el problema mayor. La dificultad radica en el extractivismo mismo, que en esencia es de origen colonial y siempre violento, con todo lo que esto implica. Y que como tal nos condena al subdesarrollo.

Esta realidad determina la existencia de economas en extremo frgiles y dependientes, atadas a crisis econmicas recurrentes, al tiempo que se consolidan mentalidades rentistas. Todo esto profundiza la dbil y escasa institucionalidad, alienta la corrupcin. Lo expuesto se complica con las prcticas clientelares y patrimonialistas desplegadas, va polticas sociales que deterioran el tejido organizativo y comunitario de la sociedad. Y todo esto, ms all de los impactos ambientales, contribuye a frenar la construccin de democracias slidas.

La realidad de una economa primario-exportadora, sea de recursos petroleros, minerales y/o frutas tropicales, por ejemplo, es decir exportadora de naturaleza, se refleja adems en un escaso inters por invertir en el mercado interno. Esto redunda en una limitada integracin del sector exportador con la produccin nacional. No hay los incentivos que permitan desarrollar y diversificar la produccin interna, vinculndola a los procesos exportadores, que a su vez deberan transformar los recursos naturales en bienes de mayor valor agregado.

Esta situacin es explicable por lo relativamente fcil que resulta obtener ventaja de la generosa naturaleza, y muchas veces tambin de una mano de obra barata.

Para cerrar el crculo es necesario comprender que el grueso del beneficio de estas actividades extractivas va a las economas ricas, importadoras de estos recursos, que luego sacan un provecho mayor procesndolos y comercializndolos como productos terminados. Mientras tanto los pases exportadores de bienes primarios reciben, normalmente, una mnima participacin de la renta minera o petrolera, y son los que cargan con el peso de los pasivos ambientales y sociales. Los primeros importan naturaleza, los segundos la exportan. Los primeros son desarrollados, los otros no.

A lo anterior se suma la masiva concentracin de dichas rentas en pocos grupos oligoplicos. Estos sectores y amplios segmentos empresariales, contagiados por el rentismo, no encuentran alicientes (tampoco los crean) para sus inversiones en la economa domstica. Con frecuencia sacan sus ganancias fuera del pas y manejan sus negocios con empresas afincadas en lugares conocidos como parasos fiscales.

As las cosas, tampoco existe estmulo o presin para invertir los ingresos recibidos por las exportaciones de productos primarios en las propias actividades exportadoras, pues la ventaja comparativa radica en la generosidad de la naturaleza, antes que en el esfuerzo innovador del ser humano. La respuesta para enfrentar una creciente demanda, o incluso para responder a la cada de los precios de dichos recursos en el mercado mundial, ha sido expandir la frontera extractiva provocando cada vez ms y mayores complicaciones.

Hasta cundo se va a aceptar que todos los pases productores de bienes primarios similares, que son muchos, puedan crecer esperando que la demanda internacional sea sostenida y permanente para garantizar ese crecimiento. No nos olvidemos de que este tipo de economa extractivista, con una elevada demanda de capital y tecnologa, funciona con una lgica de enclave, es decir sin una propuesta integradora de esas actividades primario-exportadoras al resto de la economa y de la sociedad. As el aparato productivo queda sujeto a las vicisitudes del mercado mundial. En especial queda vulnerable a la competencia de otros pases en similares condiciones, que buscan sostener sus ingresos sin preocuparse mayormente por un manejo ms adecuado de los precios. Y esos extractivismos, adicionalmente, frenan los procesos de integracin regional.

En este escenario hay que reconocer que el real control de las exportaciones nacionales est en manos de los pases centrales, aun cuando no siempre se registren importantes inversiones extranjeras en las actividades extractivistas. Muchas empresas estatales de las economas primario-exportadoras (con la anuencia de sus respectivos gobiernos, por cierto) pareceran programadas para reaccionar exclusivamente ante impulsos forneos. Por otro lado, hay pases, como China en la actualidad, que entregan cuantiosos crditos asegurndose el repago directa o indirectamente con recursos naturales. En sntesis, la lgica de la extraccin de recursos naturales, motivada por la demanda externa, caracteriza la evolucin de estas economas primario-exportadoras.

Debido a estas condiciones y a las caractersticas tecnolgicas de las actividades petrolera o minera, e incluso del agronegocio intensivo, no hay una masiva generacin directa de empleo. Adicionalmente, las comunidades en cuyos territorios o vecindades se realizan estas actividades extractivistas han sufrido y sufren los efectos de una serie de dificultades socioambientales derivadas de este tipo de explotaciones.

La miseria de grandes masas de la poblacin parecera ser, por tanto, consustancial a la presencia de ingentes cantidades de recursos naturales (con alta renta diferencial). Esta modalidad de acumulacin no requiere del mercado interno, incluso funciona con salarios decrecientes. No hay la presin social que obliga a reinvertir en mejoras de la productividad. Estas actividades extractivas impiden, con frecuencia, el despliegue de planes de desarrollo local adecuados.

Como es evidente, todo ello ha contribuido a debilitar la gobernabilidad democrtica, en tanto termina por establecer o facilitar la permanencia de gobiernos y de empresas autoritarias, voraces y clientelares.

Por todas estas razones rpidamente descritas, estas economas primario-exportadoras no han logrado superar la trampa de la pobreza. Esta es la gran paradoja: hay pases que son ricos en recursos naturales, que incluso pueden tener importantes ingresos financieros, pero que no consiguen establecer las bases para su desarrollo y siguen siendo pobres. 3

S, se puede superar

Frente a la omnipresencia de los extractivismos asoman con frecuencia los reclamos por alternativas. stas existen. Eso s, la va de salida no pasa por forzar ms esta modalidad de acumulacin primario-exportadora. Tampoco se lograr suspendiendo repentinamente todas las actividades extractivistas.

Igualmente hay que tener claro que la eliminacin de la pobreza no se consigue solamente con inversin social y obra pblica, y/o con una mejor distribucin del ingreso. Si se quisiera erradicar la pobreza habra que dar paso a una sustantiva redistribucin de la riqueza.4

Pero el meollo radica en no seguir extendiendo y profundizando un modelo econmico extractivista, es decir primario-exportador. Ese esquema no ha sido la senda para salir de la pobreza de ningn pas. (5) El escape de una economa extractivista, que tendr que arrastrar por un tiempo algunas actividades de este tipo, debe considerar un punto clave: el decrecimiento planificado del extractivismo. Por lo tanto, plantearse como opcin ms extractivismos para superar el extractivismo es una falacia.

En lnea con lo dicho hay que potenciar actividades sustentables, as como aquellas que den paso a la manufactura de las materias primas dentro de cada pas, pero sin caer en la lgica del productivismo y el consumismo alentada por las demandas de acumulacin del capital. Por igual se requiere otro tipo de participacin en el mercado mundial, construyendo bases de una integracin regional ms autocentrada. Pero sobre todo no se debe deteriorar ms la naturaleza ni aumentar las brechas sociales. El xito de este tipo de estrategias para procesar una transicin social, econmica, cultural, ecolgica, depender de su coherencia y, particularmente, del grado de comprensin y respaldo social que tenga.

Por lo tanto, para lograrlo se precisa definir, con una amplia y verdadera participacin popular, una conveniente estrategia que permita enfrentar este tipo de actividades que ponen en riesgo la biodiversidad e incluso la convivencia social. El primer paso, entonces, pasa por fortalecer a las comunidades que actualmente resisten al extractivismo.

Por igual urge abordar con responsabilidad el tema del crecimiento. As, resulta por lo menos oportuno diferenciar, dependiendo de sus respectivas historias sociales y ambientales, lo que es el crecimiento bueno del crecimiento malo (por ejemplo el crecimiento econmico de los pases petroleros no les ha conducido al desarrollo, pueden ser muy ricos, pero no desarrollados). Hemos entendido que el crecimiento econmico no es sinnimo de desarrollo, y ste, por lo dems, se ha demostrado como un fantasma inalcanzable. Aunque pueda sorprender a algunas personas, los pases que se consideran desarrollados son maldesarrollados; por ejemplo viven mucho ms all de sus capacidades ecolgicas y no han logrado resolver la inequidad social. (6)

Este reto no lo vamos a resolver de la noche a la maana. Hay que dar paso a transiciones a partir de miles y miles de prcticas alternativas existentes en todo el planeta, orientadas por horizontes que propugnan una vida en armona entre los seres humanos y con la naturaleza. Eso nos conmina a transitar hacia una nueva civilizacin: pasar del antropocentrismo al biocentrismo es el reto. Esta nueva civilizacin no surgir de manera espontnea. Se trata de una construccin y reconstruccin paciente y decidida, que empieza por desmontar varios fetiches y propiciar cambios radicales, a partir de experiencias existentes.

Este es el punto. Contamos con valores, experiencias y prcticas civilizatorias alternativas, como las que ofrece el buen vivir o sumak kawsay o suma qamaa de las comunidades indgenas andinas y amaznicas. Y hay otras muchas aproximaciones a pensamientos filosficos de alguna manera emparentados con la bsqueda del buen vivir en diversas partes del planeta. El buen vivir, en tanto cultura de la vida, con diversos nombres y variedades, ha sido conocido y practicado en distintos perodos en las diferentes regiones de la madre tierra, como podra ser el Ubuntu en frica o el Swaraj en India. Aunque mejor sera hablar en plural de buenos convivires, para no abrir la puerta a un buen vivir nico, homogneo, imposible de construir, por lo dems.

Nos toca hacer un mundo donde quepan otros mundos, sin que ninguno de ellos sea vctima de la marginacin y la explotacin, y donde los seres humanos vivamos en armona con la naturaleza.

* Economista ecuatoriano. Profesor e investigador de la Flacso-Ecuador. Ex ministro de Energa y Minas. Ex presidente de la Asamblea Constituyente. Ex candidato a la presidencia de la repblica.

Notas

1. Para intentar una definicin comprensible utilizaremos el trmino de extractivismo propuesto por Eduardo Gudynas, cuando se refiere a aquellas actividades que remueven grandes volmenes de recursos naturales que no son procesados (o que lo son limitadamente), sobre todo para la exportacin en funcin de la demanda de los pases centrales.

2. Poco importa, por ejemplo, que en Ecuador constitucionalmente la naturaleza sea sujeto de derechos.

3. Jrgen Schuldt, en varios de sus valiosos aportes, propone esta disyuntiva para invitar a la reflexin, como punto de partida para construir alternativas.

4. Por ejemplo, en Ecuador, si se incrementara la carga tributaria del 10 por ciento ms rico de la poblacin en 3,5 por ciento y se destinaran esos recursos para atender a los segmentos ms necesitados, se eliminara la pobreza. Resolver el tema de los subsidios de los combustibles, que benefician a los ms ricos y no a los pobres, sera otra fuente de financiamiento. Una renegociacin de los contratos con las empresas telefnicas aportara mucho; considrese que estas empresas han llegado a tener utilidades anuales del 38,5 por ciento sobre el patrimonio neto! Y as por el estilo.

5. Noruega no es la excepcin que confirma la regla. En este caso la extraccin de petrleo empez y se expandi cuando ya existan slidas instituciones econmicas y polticas democrticas e institucionalizadas, con una sociedad sin inequidades comparables a las de los pases petroleros o mineros, es decir cuando el pas escandinavo ya poda ser considerado como desarrollado.

6. En Alemania, en 2008, el 10 por ciento ms rico de su poblacin posea el 53 por ciento de los activos, mientras que la mitad de la poblacin era propietaria de un 1 por ciento de los activos; una situacin que, lejos de haber mejorado, debe de haberse empeorado (Der Spiegel, 19-2014).

http://brecha.com.uy/


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