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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2015

Cronopiando
El fracaso de Dios y de su obra maestra

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin


La vaca nos da su leche, la oveja nos da su lana, el rbol nos da su madera son algunas de las primeras cosas que aprendemos en la escuela o en la casa. En su infinita generosidad la naturaleza parece haber dispuesto que todo lo que exista le sea dado al hombre.

Sin embargo, nunca he visto a una vaca que se ordee y entregue su leche al ganadero, como tampoco he visto que las ovejas se esquilen unas a otras para ir luego balando satisfechas a entregar su lana a los pastores. Alguien ha visto a un rbol que se pode mientras el leador descansa?

La gallina nos da sus huevos, las abejas nos dan su miel y el ro nos da su agua pero realmente nos lo dan? No ser que se lo arrebatamos?

La leche de la vaca podra seguir tomandosela el ternero, y antes de que esquilramos a las ovejas ya stas disponan de mtodos para aligerar el peso de su lana, como los rboles mudaban su aspecto sin necesidad del hacha o de la sierra.

Las vacas, en su benfica existencia, no se limitan a darnos su leche. Tambin nos dan sus solomillos, sus lomos, sus costillas, sus morrillos, al igual que el resto de animales que nos dan sus pieles e, incluso, las dos orejas y el rabo.

En justa correspondencia a tanta ddiva animal, hacemos a las vacas responsables de la locura humana, cuando no a sus excrementos causa del deterioro ambiental, con la misma alegra con que acusamos a corderos y cerdos de la fiebre aftosa o la porcina, a las aves de contraer la gripe o a los rboles de extender los incendios.

Usar el verbo dar para resumir tantos aos de mercado e industria, de explotacin y saqueo, no es lo ms correcto ni creble.

Podr parecer una tontera, no descarto que lo sea, preocuparse a estas alturas del buen uso que hagamos de los verbos cuando, adems, no son estas reflexiones el anticipo de mi renuncia a los huevos fritos con jamn o a la chaqueta de lana, como algn avezado lector ya estar presumiendo.

A lo que s renuncio es a seguir azucarando la historia con eufemismos como los citados porque quien crece en la certeza de ser el centro del universo y no parte del l, quien va hacindose adulto en la creencia de que todo lo que lo rodea est subordinado a su inters, tarde o temprano, con la misma perversa ingenuidad con que lleg a creer que la vaca exista para servirle, acabar pensando que el resto de sus semejantes tambin comparten ese destino y slo aspiran a gratificar sus necesidades y deseos, y que el planeta es un gran supermercado inagotable capaz de surtirte de lo necesario y de lo prescindible, con slo depositar los mercuriales argumentos que nos dan derecho a tener derechos.

En lugar de afirmar nuestra identidad en armona con la naturaleza y nuestros semejantes, de considerar que somos un soplo ms de vida entre tanta gente que respira, otra pieza del comn mosaico de colores y formas, la educacin recibida nos anima a situarnos, batuta en mano, al frente de la orquesta, sin otra partitura que el consumo, y no para conducir la msica de todos sino para enmudecerla hasta agotarla.

Desaparecern los clarinetes, se extinguir el piano, perdern sus cuerdas los violines, y ni siquiera cuando slo queden los timbales volver la cordura al director. En algn momento, el ltimo probablemente, descubrir su soledad, y seguir sosteniendo la batuta pero ya no habr orquesta, ni sinfnica, ni cuarteto, ni solista, slo el pattico fracaso de Dios y de su obra maestra.

(Euskal presoak-Euskal herrira)


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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