Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-11-2015

Resea del libro El novelista perplejo, de Rafael Chirbes
El oficio de escritor: entre la realidad, el ego y la forma

Enric Llopis
Rebelin


El ms grande de todos los novelistas Dostoievski-, siempre escribe mal, al menos segn dicen los conocedores de la lengua rusa, escribe Virginia Woolf en un artculo de crtica literaria publicado en enero de 1920. Pero la tarea del novelista carga tales fardos sobre cada uno de los nervios, msculos y fibras que exigirle adems una prosa cargada de belleza resultara un esfuerzo excesivo. En el mismo texto incluido en The Athenaeum (traducido al castellano por Miguel Martnez-Lage en Horas en una biblioteca, de la editorial El Aleph), compara al escritor ruso con Joseph Conrad, cuya prosa es tan bella en algunas novelas que el lector se queda admirado como la abeja en la corola de una flor. Pero esto implica que Conrad tenga que encapsular la energa para resaltar la componente esttica de la narracin, de ah que explica Virginia Woolf- tantas pginas de este autor resulten flojas, adormecedoras y montonas. Hay una contradiccin entre el estilismo y la belleza formal y, por otro lado, la pasin, la fuerza e intensidad en descripciones y personajes? La perfeccin tcnica le resta vitalidad a un texto literario, incluso lo despersonaliza?

En El escritor y sus fantasmas (Seix Barral), Ernesto Sbato responde a alguna de estas preguntas cuando afirma que los retricos consideraban el estilo como ornamento, como un lenguaje festival; cuando en verdad es la nica forma en que un artista puede decir lo que tiene que decir. Y si el resultado es inslito no es porque el lenguaje lo sea sino porque lo es la manera que tiene ese hombre de ver el mundo. Por eso, cuando Sabato glosa el estilo de Flaubert, considerado uno de los eximios narradores de la Historia de la Literatura, le achaca que no deje de lado su corona de flores de naranjo, es decir, su perfeccin estilstica, pues precisamente este famoso estilo de Flaubert, esta pantalla erizada de joyas, es como una pantalla que se interpone entre el asunto tratado y la emocin que el texto debera producirle al lector.

De tanto en tanto los narradores explicitan sus reflexiones sobre la novela, el sentido de stas, as como lo que les mueve a escribir. Fallecido en agosto de 2015 y autor de novelas como Los disparos del cazador, La larga marcha, Los viejos amigos, Crematorio o En la orilla, Rafael Chirbes escribi en 2002 El novelista perplejo, un ensayo publicado por Anagrama en el que recoge el contenido de media docena de conferencias sobre sus principales preocupaciones literarias. Sostiene, por ejemplo, que a los crticos y estudiosos les obsesiona encuadrar el estilo de un escritor, pero en el momento en que este se fija y solidifica, opina Chirbes, est perdido pues ha encontrado un maletn de formas que repite de novela en novela, es decir, convierte en retrica lo que en un momento pudo ser un hallazgo. El estilo se convertira, as pues, en sinnimo de rutina y reiteracin de patrones, asimilados a una impronta personal.

La novela no discurre con prisas, no es amiga de los vrtigos ni del resultadismo meditico. Trabaja a fuego lento y erosiona la realidad poco a poco, hasta que construye nuevos puntos de vista sobre el universo exterior. No importa tanto el nmero de lectores a corto plazo que tenga un libro, lo que importa es que alguna vez el mundo ha sido contemplado desde un lugar nuevo, explica Chirbes. El autor de El novelista perplejo no comparte que el objetivo de la literatura sea el puro placer esttico del lector, entre otras razones, por la subjetividad que se esconde tras esa pretensn. As, Rafael Chirbes encuentra ese goce esttico en pargrafos del Manifiesto Comunista como el siguiente: Ha ahogado el sagrado xtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo burgus en las aguas heladas del clculo egosta. En qu antologa literaria se destacan estas palabras con las que Marx y Engels describan en 1848 a la burguesa en ascenso? Desde mi punto de vista, el placer esttico est ntimamente ligado a la percepcin de la realidad desde un lugar nuevo.

El autor de Crematorio y En la orilla reivindica una literatura que mire al exterior y acopie materiales de la realidad, que se fije en el afuera, frente a los ejercicios de solipsismo e introspeccin tan caros a otros escritores. Por esta razn en El novelista perplejo Chirbes no se cansa de proclamar la el valor de narradores como Galds o Max Aub. Tambin Balzac, Zola, Tolsti, Dostoievski o Clarn partan de aspectos de la realidad material que les disgustaban, con una intencin transformadora. Hoy, por el contrario, afirmaba Chirbes en una conferencia titulada El yo culpable, leo libros correctamente escritos, algunos hasta llenos de ingenio, que no carecen de mritos y que incluso responden con brillantez a ciertos problemas literarios que los crticos y expertos estudian, y, sin embargo, casi siempre estos libros me parecen muertos, intiles, vacos. Les falta el impulso exterior. Pero esto no significa que el narrador valenciano desprecie la buena escritura, al fin y al cabo, las palabras son la materia prima con la que trabaja el escritor: requieren cuidado y esmero. En una conferencia ante estudiantes de un instituto de Zafra (Badajoz), afirma: Debemos mimar las palabras y su ordenado conjunto, lo que llamamos la lengua, porque, si la usamos bien, transportan con viveza y precisin ese mundo que hemos vivido y llevamos dentro. Son palabras que le dedica a Carmen Martn Gaite.

Cuando se cita a Valle-Incln como gran renovador del lenguaje teatral o se destaca su manejo del idioma, Rafael Chirbes recuerda que esto es indisociable de la fuerza expresiva de sus obras, de su contacto con la realidad histrica. De hecho, en el esplndido lenguaje de Luces de Bohemia est prendida la sordidez del exterior (). Tendra la misma fuerza ese castellano valleinclanesco sin el drama de ese obrero anarquista a quien se le va a aplicar la Ley de Fugas? Pero la cuestin de las formas permite ir un punto ms lejos en la reflexin. En el libro La CIA y la guerra fra cultural Frances Stonor Saunders destaca que los servicios secretos de Estados Unidos primaron el expresionismo abstracto como corriente artstica frente a la Unin Sovitica durante la guerra fra. El macartismo y la caza de brujas antepuso una realidad amable, patritica y edulcorada, que esconda los conflictos de fondo en la novela, el cine o el teatro (escritores como Dashiell Hammet terminaron en la crcel). En el estado espaol se produjo una autocrtica del realismo inducida por las vanguardias, apunta Chirbes. Era el tiempo de los escritores autocentrados en la literatura, en los libros y las revoluciones del lenguaje: Nabokov, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Octavio Paz Era el tiempo de los enterradores del realismo.

El escritor y periodista defiende tambin la novela en un sentido artesanal, entendido como que el narrador ha de fraguar una obra maestra. Es lo contrario de la prosa de consumo rpido, de usar y tirar, de la redaccin a vuela pluma pensando en la lista de ventas y los premios literarios. La propuesta resulta ambiciosa, pues consiste en que cualquier novela contempornea lleve incorporada el saber novelesco y la reflexin en torno a ese saber de cuantas la han precedido. Un narrador que se precie no puede ser alguien desconocedor de las obras de Marcel Proust, Thomas Mann o Robert Musil, subraya Chirbes.

Es ms, la novela debe proseguir y actualizar la lista de interrogantes intelectuales y tcnicos que han marcado su historia. Pero sin que la propia escritura, los engranajes del texto y los procedimientos literarios agoten la narracin. Porque cuando Cervantes escribi el Quijote lo hizo contra los grandes relatos de caballeras y un mundo en decadencia; Balzac se enfrent en sus textos a la carencia de escrpulos de la burguesa emergente; Galds critic el oscurantismo y la intransigencia; Flaubert, las escenas de costumbres provincianas. Y se podra eternizar la reflexin sobre la novela y el oficio de escribir, que tal vez zanje Cesare Pavese al afirmar, recuerda Rafael Chirbes, que la poesa no se enuncia sino que se intenta. Me parece que soy novelista cuando estoy escribiendo una novela, concluye el autor de En la orilla.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter