Portada :: frica :: Sahara: 40 aos de exilio y lucha
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2015

Inundaciones en el Sahara
La traicin de las nubes a sus hijos

Javier Martn
Agencia EFE


Pasada la ciudad argelina de Tinduf, cientos de kilmetros de surcos araan las arenas fangosas y achocolatadas del Sahara como feroces azotes del nico ltigo que teme el desierto, la lluvia torrencial.

Grietas que se tornan ms amargas y profundas cuando se cruza lo que apenas unas semanas atrs era el umbral de un precario hogar de adobe, construido durante cuarenta aos de lucha, esperanza y desplazamiento forzado.

"El cielo se abri sobre nosotros y el agua cay por sorpresa como cuando se vaca un gran balde. Haba comenzado a llover por la tarde pero nadie imagin lo que ocurrira durante la noche. El agua golpeaba sobre los techos (de metal) y nadie se atreva a salir", explica a Efe Baida.

De su casa -situada en el distrito de Ageinit, uno de los cinco que componen el campo de refugiados saharaui de Auserd (Argelia)- quedan dos muros en pie, el tercero est parcialmente derruido y el ltimo ha desaparecido bajo las planchas de metal que servan de tejado.

An as, se puede considerar afortunada: antes de que llegara la segunda tromba, una semana despus, pudo sacar la mayor parte de los enseres y trasladarlos a la jaima (tienda de campaa) que tiene al lado su madre.

Bajo la remendada carpa viven ahora quince personas: Baida, su hermana, su madre Esfarrah, los maridos de ambas y una prole de chiquillos que pululan divertidos entre unas enflaquecidas cabras que buscan algo que pastar en la arena.

No se atreven a entrar ante el riesgo de derrumbe, as que en la misma alfombra an hmeda sobre la que duermen tambin cocinan, pese al riesgo de incendio.

"Lo hemos perdido todo, toda una vida. No tenemos comida ni dinero para volver a levantarla", se lamenta su madre, en su cerrado acento Hasania.

Baida naci en 1985 en Auserd, donde ha pasado toda su vida; sus padres llegaron a pie desde El Aain diez aos antes huyendo de la invasin marroqu que el entonces rey Hasan II disfraz de "Marcha Verde".

"ramos felices con los espaoles, nos respetaban y vivamos bien. Pero ahora todo el mundo nos ha abandonado, nadie se ocupa de nosotros", se queja Esfarrah, cuya mirada queda fugazmente ensombrecida por la duda cuando se le inquiere por el regreso.

"Agradecemos mucho a los espaoles por toda la ayuda que nos envan. No podramos vivir si ella, la necesitamos de verdad, muchas gracias", tercia una condescendiente Baida mientras trata de apaciguar el llanto de su beb, aquejado de fiebre.

Segn Salek Baba Hasana, gobernador de Auzerd, cerca de 2.500 familias se han visto afectadas por las lluvias torrenciales que a finales de octubre arrasaron los campos de refugiados saharauis en Argelia, las peores en un dcada.

La mayor parte de las 30.000 personas que habitan este campo de adobe levantado en peno desierto han perdido su hogar y su medio de subsistencia.

Y aunque la ley dice que cada familia tiene derecho a una jaima nueva cada cinco aos, la realidad es que la mayora o carecen de ella o la que tienen es apenas un colorido y rado cols de telas de todo tipo salteada de decenas de remiendos.

"Hemos recibido 900 tiendas de campaa de las ms de 11.000 que calculamos que se necesitan. Muchas procedentes de Argelia, que ha respondido muy rpido a nuestra llamada de socorro", explica a Efe el gobernador.

"ACNUR (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) nos ha prometido unas 4.000. Aqu en este campamento hemos podido repartir unas 240", agrega el responsable, que se queja de "la dbil respuesta de la comunidad internacional en comparacin con la magnitud de la tragedia".

Junto a las tiendas, en los ltimos das ha llegado tambin ayuda alimenticia: 2 kilos de arroz, medio kilo de azcar, 750 gramos de legumbres y 250 gramos de pasta por persona, que no parecen ser suficientes.

Igual de desoladora es la situacin de los hospitales y los dispensarios, la mayora de ellos cerrados por riesgo de derrumbe o por la humedad.

"Ahora hay muchos casos de diarrea entre los nios y problemas respiratorios entre los mayores. Y ni siquiera tenemos suero fisiolgico", explica a Efe Esmaya, enfermera jefe del dispensario de Againit.

"Necesitamos ayuda humanitaria, es indudable. La gente tiene que comer. Pero lo que realmente necesitamos es una solucin poltica, porque as desaparecer el drama humanitario. Y ah Espaa debe asumir su responsabilidad" como antigua potencia colonial, insiste el gobernador.

Tibba, una de las mujeres miembro del Consejo de Ausert, tiene otra teora.

Dice que el primer da despus de la gran tromba, sali a buscar pan y no encontr la tienda en la que sola comprar: se la haba llevado la riada.

Entonces pens que era una traicin, una seal del cielo a "los hijos de las nubes".

"Que ya no debemos seguir viviendo aqu. Que cuarenta aos de exilio forzado son suficientes", afirma.

Fuente: http://www.efe.com/efe/espana/cronicas/la-traicion-de-las-nubes-a-sus-hijos/10013-2756467



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