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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-11-2015

Marruecos
Fuerzas y debilidades de la monarqua

Chawqui Lotfi y A. M
Viento Sur


Actualmente, el gobierno lleva a cabo una amplia ofensiva: desmantelamiento del sistema de jubilaciones, de la Caja de Compensacin de los Precios, privatizacin de los servicios pblicos, contrarreforma laboral y reduccin de los presupuestos sociales...

El nmero de pobres "absolutos" se ha doblado en diez aos, alcanzando oficialmente al 19 % de la poblacin. La mayora de las y los marroques vive con menos de 3 euros al da y sobrevive con una sola renta. Millones de personas no tienen acceso a las necesidades ms elementales de educacin (68 % de analfabetismo), de agua potable (solo el 57 % de la poblacin tiene acceso a ella), electricidad, salud (un mdico por 2 200 habitantes, el 1 % del PIB) y viviendas saludables.

El paro afecta a la juventud de una forma masiva. Las y los asalariados de la funcin pblica estn sometidos a la congelacin salarial, la extensin de los contratos precarios, la disminucin del nmero de trabajadores y la degradacin de las condiciones de trabajo. En su gran mayora, las y los asalariados del sector privado no tienen acceso a los derechos ms elementales. Ms de 43 000 empresas declaran salarios inferiores al salario mnimo garantizado. Los subsidios familiares son de 20 euros al mes. Ms de 7 millones de personas jubiladas cobran una pensin mxima de 60 euros al mes, al mismo tiempo que 7,4 millones de personas carecen de jubilacin.

Este sistema de depredacin organizada beneficia al capital internacional pero tambin al local. El Rey tiene el control estratgico de las instituciones pblicas, financieras y econmicas. Una de las funciones del sector pblico es asegurar la acumulacin privada de la familia real. As, en el terreno agrcola, la prctica generalizada de la sobrefacturacin y de la subfacturacin permite una extorsin legal, la reduccin de los costes de produccin, a los que se combina un sistema de subvenciones y de compras pblicas arregladas a medida. Y el recurso a la Caja de Depsitos y de Gestin para "socializar las prdidas" de las empresas reales!

Holding real

El proceso de privatizacin, que va unido al monopolio de la financiacin ha permitido la emergencia de monopolios privados ligados a los intereses de la familia real. La ONA/SNI (el holding de la familia real) es su columna vertebral: cerca de la cuarta parte del PIB de Marruecos, y el 60 % de la capitalizacin burstil!. Las leyes presupuestarias avalan sin discusin el mantenimiento de los palacios y residencias (1 milln de euros al da) y el presupuesto real (240 millones). El monarca es el primer patrn de la agroindustria, el primer propietario, banquero e inversor, en un pas que tiene la particularidad de que el Estado est al servicio de un capitalista privado...

El sistema funciona porque se apoya en las lneas familiares histricas al servicio del majzen, que han integrado desde entonces a las capas superiores de la burocracia civil y militar y de la burguesa de mercado. Gozan de un rgimen de favor.

As, desde 2007, la reduccin de los impuestos sobre las grandes empresas y altas rentas ha provocado la prdida de 3 000 millones de dirhams. Las olas de exoneracin/amnista fiscal, en particular en el terreno de la propiedad de la tierra y el inmobiliario, han generado una prdida de ingresos de ms de 36 000 millones. Entre 2000 y 2009 fueron 431 000 millones. Solo en el ao 2011, se expatriaron ms de 220 000 millones.

El rgimen concede prebendas de diferentes caractersticas, bajo formas de concesiones o de acceso a mercados. El derecho a un estatus determinado depende del grado de servilismo y de fidelidad. Una gran parte de los dirigentes de grupos econmicos privados/pblicos debe todo a la monarqua: su estatus de empresario por herencia, por cooptacin o nombramiento unilateral. Se debe tambin subrayar el peso del sector informal, en particular en los mercados del contrabando y de la droga que gozan de la complicidad de las altas esferas del Estado.

Por tanto no hay que extraarse de que el "rey de los pobres"... aparezca en la revista Forbes como una de las mayores fortunas mundiales.

Fuerzas y debilidades de la monarqua

 

La monarqua absoluta se consolid infligiendo una derrota al movimiento nacional y a sus alas radicales tras la independencia. Una derrota simbolizada en el asesinato de Ben Barka y el aplastamiento sangriento de la revuelta popular de Casablanca en marzo de 1965.

Ha sabido combinar un moderno aparato de Estado, heredado de la colonizacin, y las estructuras locales de dominacin: el majzen, un poder central pero tambin un modo de dominacin que intenta centralizar los recursos y controlar los territorios por medio de la fuerza y la cooptacin. Ha podido erigirse como una fuerza sin competencia y sin oposicin real en el campo poltico institucional.

Tras la fachada seudodemocrtica

Aunque Hassan II fue particularmente brutal, a final del reino consolid una fachada democrtica cuya funcin era canalizar y encorsetar la protesta social y poltica. El multipartidismo y las elecciones no hacen mella en un sistema consensual en el que no son puestos en cuestin ni el marco de las polticas econmicas, ni la supremaca del rey y de sus ministerios de soberana, ni la gestin del Shara Occidental. Las votaciones, cualquiera que sean los resultados en las urnas, producen mayoras y oposiciones heterclitas segn las circunstancias y las necesidades del poder. La lucha de las plazas permite renovar las lites, ampliar el sistema de cooptacin, favorecer nuevos actores menos desacreditados a la vez que se mantiene un equilibrio bajo vigilancia.

As, las ltimas elecciones regionales muestran el agotamiento de los partidos histricos que fueron producto o estn ligados al movimiento nacional y el ascenso de nuevas fuerzas de sustitucin en el paisaje poltico. Es el caso del PAM (Partido de la Autenticidad y de la Modernidad), creado por un allegado al Palacio y el PJD (Partido Justicia y Desarrollo), corriente islamista integrada.

El Parlamento y el Gobierno no tienen verdadera autonoma. Alrededor del gabinete real, existe un "gobierno paralelo", salido del "Estado profundo" que pilota las decisiones estratgicas. Sin contar el peso de los ministerios de soberana (defensa, poltica exterior, interior) que escapan al gobierno, a pesar de la pequea reforma constitucional de 2011. Los walis (equivalentes a los delegados del gobierno espaol), nombrados por el rey, tienen ms peso que el Primer Ministro.

Este mtodo de integracin/cooptacin sin reparto del poder ha sido ampliado al movimiento sindical y a la sociedad civil, una amplia parte de la cual est ligada a la financiacin europea o a los fondos reales. Se ha construido as una arquitectura del poder en la que la monarqua, en apariencia por encima de las peleas diarias, se ha rodeado de mltiples mediaciones, de tampones y mecanismos de enganche con la sociedad.

La deslegitimacin del poder

A diferencia de otras dictaduras, la monarqua no ha intentado hacer el vaco a su alrededor y ha sabido apoyarse y favorecer cuerpos intermedios, que compiten entre ellos y estn controlados, legitimando su poder. Tambin ha podido consolidar apoyos sociales diversos y jugar con registros de legitimidad mltiples a travs de un clientelismo de Estado: ua legitimidad que procede del universo precapitalista que pone en primer plano una sacralidad religiosa y simblica del poder, el "rey comendador de los creyentes" y descendiente del Profeta y una legitimidad moderna, inaugurada por el pluralismo formal, la alternancia electoral y una poltica de "asistencia social" mediante la intermediacin de fundaciones ad hoc.

Pero el conjunto de las relaciones de dominacin usa cuerdas clsicas del sistema majzen: el temor, la fidelidad y la dependencia, incluso en el terreno econmico. Y el mantenimiento de un aparato de seguridad pletrico.

Este sistema ha permitido al poder aumentar sus "recursos de dominacin", pero su legitimidad es restringida. En las elecciones se observa un boicot masivo: los partidos y sindicatos estn desacreditados. Los diques que permitan mantener una paz social han estallado en gran medida. Numerosos atributos de la monarqua son puestos en cuestin pblicamente: la mezcla del poder y de los negocios, el estatus religioso, el mantenimiento de una poltica represiva y la corrupcin institucionalizada. La estrategia que intenta recuperar las reivindicaciones sociales y democrticas a la vez que las vaca de contenido, no funciona a largo plazo.

La conmocin de la autoridad del Estado bajo el efecto del M20F (el Movimiento del 20 de febrero de 2011) en el marco del proceso regional, la profundizacin de la crisis social y de la fachada democrtica, han abierto un proceso subterrneo de deslegitimacin del poder y, en respuesta, un cierre de los "mrgenes democrticos" tolerados hasta ahora.

Paradjicamente, el poder que intenta prevenir los riesgos de un levantamiento popular y democrtico ms radical, est creando, con su poltica, las condiciones para que se den.

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Dinmicas y lmites de las luchas sociales

A. M.

Las luchas en Marruecos se inscriben en una nueva configuracin social y poltica... La integracin en la mundializacin capitalista, la rapia como sistema de acumulacin, la generalizacin de las polticas de austeridad han ampliado su campo. Se ha producido un ascenso de las luchas en las regiones marginadas con los temas del acceso a los servicios bsicos y del expolio de sus recursos. El bloqueo a la inmigracin ha significado el cierre de una ayuda importante en ciertas regiones.

Levantamientos sociales

La ms antigua ZAD (Zona a Defender) del mundo est en Imider, pueblo autoorganizado contra la explotacin de los minerales (por una empresa del rey) y el desvo de los recursos de agua. Durante estos ltimos quince aos, en los pueblos remotos o las pequeas y medianas ciudades rurales han tenido lugar levantamientos sociales contra la ausencia de empleo, de equipamientos colectivos, de inversiones pblicas y de la desviacin de riquezas y recursos locales. Una ruptura con el silencio de los campos y de las montaas en la que se ha apoyado histricamente el poder para domesticar a la ciudad.

Estas nuevas fuerzas sociales, sin lazos con las fuerzas polticas y movimientos tradicionales, entran de lleno en la protesta. Las mujeres, particularmente en el Sur, han organizado un movimiento autnomo contra las polticas de expolio de los microcrditos. La lucha arraiga en los barrios populares de las grandes ciudades, contra la demolicin de las viviendas, la degradacin de los servicios pblicos y el coste de la vida. En Tnger, hay movilizaciones contra Amendis, filial de Veolia, para protestar contra la subida de las facturas de electricidad con una nica consigna: "Dgage!" (Lrgate).

Un movimiento obrero en crisis

Si la lucha de los licenciados en paro forma parte del paisaje social desde hace ms de veinte aos, ahora se est constituyendo, a pesar de las dificultades, el movimiento de los "farachas", proletarios de la economa informal que viven de los pequeos trabajos y del pequeo comercio ambulante. Una dinmica exterior al movimiento obrero tradicional que est en crisis y que, especialmente en el plano sindical, conoce una fragmentacin y un retroceso histrico (menos del 5 % de afiliacin). La dominacin de mafias burocrticas y la estrategia del dilogo social le han llevado a una larga agona, aunque persista en ciertos sectores una tradicin de lucha y haya equipos opositores. Los bastiones histricos han sido desestructurados pero nuevos sectores emergen en las zonas francas alrededor de la industria del automvil, de las centrales de comunicaciones o de los servicios, reagrupando a una fuerza de trabajo joven, calificada y concentrada, punto de apoyo para un renacimiento combativo del sindicalismo.

En la juventud, la crisis del UNEM [Unin nacional de estudiantes de Marruecos] lastra las posibilidades de movilizacin contra la privatizacin de la enseanza. Pero la juventud escolarizada ha participado, fuera de la facultad, en la dinmica del M20F [movimiento surgido al calor de las movilizacin del 20 de febrero de 2011 al calor de las revueltas rabes]. A pesar de la ausencia de tradicin de lucha, los y las estudiantes de medicina luchan desde hace cerca de dos meses contra las consecuencias de la privatizacin de la salud y la poltica gubernamental.

Crear las condiciones de un frente de lucha

Si la urgencia social cristaliza la mayora de las movilizaciones, las cuestiones democrticas no estn ausentes. A las luchas contra las detenciones por motivos polticos y las prcticas sistemticas de tortura, o a favor de la libertad de informacin, de manifestacin y de organizacin, se puede aadir la emergencia de una nueva generacin en el Sahara Occidental que lleva a cabo la lucha por el derecho a la autodeterminacin; y la persistencia de un movimiento cultural bereber, que se enfrenta a la visin centralista del poder y su legitimacin arabo-islmica y reivindica en algunas de sus corrientes un laicismo radical.

Estas movilizaciones muestran la inestabilidad social y poltica, un hartazgo generalizado. Chocan sin embargo con una represin sistemtica y una guerra de desgaste que intentan impedir su extensin y victorias parciales. Permanecen a menudo aisladas y sin que se produzca una unin entre los combates democrticos y las luchas sociales.

Adems del contexto de una correlacin de fuerzas degradada, la izquierda radical e independiente tiene dificultades para crear las condiciones de un frente de lucha, social y democrtico. Un frente que pueda relanzar un nuevo ciclo de movilizaciones de masas capaz de defender la exigencia democrtica de la cada del despotismo y el fin de las polticas de austeridad y pauperizacin que abra las puertas a un nuevo movimiento popular que vaya hasta el final.

Hebdo LAnticapitaliste - 309 (http://npa2009.org/arguments/international/maroc-forces-et-faiblesses-de-la-monarchie; http://npa2009.org/arguments/international/le-roi-capitaliste-absolu;http://npa2009.org/arguments/international/maroc-dynamiques-et-limites-des-luttes-sociales)

Chawqui Lotfi es militante del Movimiento 20F

A.M. esmilitante de Tahadi, mancipation dmocratique/Maroc)

Traduccin: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

 



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