Portada :: Iraq :: El Imperio recurre al Califato: el Estado Islmico
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-11-2015

Entre Daesh y la pared
La lucha de los mdicos para salvar vidas y sobrevivir en Iraq

Ali Jasim
Middle East Eye

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn.


Mientras mirbamos cmo derribaban la estatua de Sadam, hubo iraques que vislumbraron la llegada de un tiempo de recuperacin nacional en el que arraigara un Estado democrtico apoyado por la comunidad internacional. Muchos otros eran ms escpticos aunque confiaban que al menos la democracia pudiera cicatrizar las heridas de la represin y la guerra. Para los ms, sin embargo, esas heridas no iban a curarse sino a infectarse.

Es bien sabido que lo que emergi de las ruinas del Partido Baaz iraqu no fue ni la paz ni la democracia sino una ocupacin interminable y la guerra civil. Ms de una dcada despus, instigadores de conflictos de todo pelaje ideolgico siguen enfrentndose por llenar el vaco de Sadam o, simplemente, para beneficiarse de l.

Islamistas extremistas, aspirantes a seores de la guerra, polticos corruptos..., para todos esos grupos e individuos, un Iraq libre nunca quiso decir libertad para construir un nuevo sistema de gobierno representativo. Significaba, al contrario, libertad para aprovecharse y para transformar a su favor los invariables mecanismos de auto-enriquecimiento patrimonial y de control social.

Sin embargo, con perversa irona, el conflicto ha fomentado al menos un ideal democrtico: la igualdad. Aunque los enfrentamientos por ganar influencia y la consiguiente espiral de venganza hayan adquirido un carcter cada vez ms sectario, la violencia ha sido una constante en la vida de todos y cada uno de los iraques por igual. Y donde ms palpable se hace el igualitarismo brutal de la guerra civil de Iraq es en el asedio de los hospitales y centros mdicos del pas.

Despus de casi medio siglo de cleptocracia interrumpida por las sanciones internacionales y la guerra, la infraestructura sanitaria de Iraq est exhausta. La situacin de abierta subversin en las provincias ms importantes del pas ha supuesto que ya no existan las condiciones ms elementales para una atencin mdica imparcial.

Un colega, al que me referir como Ahmed, ha sido testigo de primer orden del deterioro que la salud ha sufrido en paralelo al de la seguridad. En la ciudad de Hit, a 30 kilmetros de Ramadi (en la provincia de Anbar), Daesh, fuerzas gubernamentales y milicias tribales han mantenido combates espordicos durante casi un ao. A medida que se intensificaban los enfrentamientos, Ahmed, especialista en pediatra que trabajaba en el hospital de Hit, intent huir de la violencia y parti hacia Bagdad.

Pero, como es ahora comn en Iraq, la profesin de Ahmed le convierte en un objetivo permanente. A su llegada a la capital, Ahmed recibi reiteradas amenazas de muerte de Asa'eb Ahl al-Haq y otras milicias chies locales; probablemente sospechaban que haba atendido a heridos de Daesh mientras estuvo en Anbar. A la vista de la falta de alternativa, Ahmed regres a Hit con la esperanza de que las condiciones de su hospital hubieran cambiado.

Y haban cambiado, pero no en el sentido que Ahmed esperaba. La ltima vez que habl con l, en agosto, era el nico mdico que quedaba en la ciudad; todos los dems haban huido o haban sido asesinados en el avance de Daesh. Cuando el ejrcito iraqu se retir de Hit en octubre pasado, la primera lnea del frente resultante bloqueaba el hospital e impeda el acceso de la poblacin civil por las carreteras cercanas. En consecuencia, la instalacin hospitalaria no solo no ha podido recibir equipamientos mdicos que funcionen ni suministros sino que ha acabado destruido por el continuo fuego cruzado.

Al igual que en Bagdad, Ahmed trabaja con miedo de ser represaliado por el simple hecho de atender a los miembros de su comunidad sea cual sea su procedencia sectaria o tribal. Para Daesh, la identidad de los pacientes de Ahmed lo que menos debera importar a cualquier profesional mdico puede determinar que proporcionarles tratamiento sea considerado un acto de guerra. Lo que significa que ejercer como mdico puede implicar que Ahmed viva o muera. Su elemental defensa de la imparcialidad mdica el principio de que un profesional mdico no debe discriminar sino que debe proporcionar atencin universal podra constituir un crimen capital al capricho de cualquier extremista.

La historia de Ahmed no es un caso aislado. La multiplicidad de actores armados, lase Daesh, el Ejrcito iraqu o las milicias chies (que se consideran a s mismas una red informal de fuerzas de movilizacin popular), ha creado una atmsfera fatalmente impredecible para quienes desempean la medicina y para sus familias. Al no existir un marco poltico estable, el sector sanitario ha sufrido un severo retroceso en materia de regulacin, apoyo y proteccin; la insuficiencia sanitaria ha dado lugar a que entre las comunidades ms pobres de Iraq hayan resurgido muchas enfermedades infecciosas previamente erradicadas.

Peor an, el personal sanitario depende ms de las rdenes arbitrarias de los ocupantes temporales que de la administracin de los hospitales. En Mosul, por ejemplo, las fuerzas de Daesh han ocupado hospitales enteros y han amenazado con destruir las casas y matar a las familias de los mdicos que huyan. Hay informes que indican que unidades del ejrcito iraqu han asaltado hospitales de zonas controladas por extremistas, y que combatientes de todas las afiliaciones han aprovechado las instalaciones mdicas como posiciones militares.

Las lneas siempre cambiantes y vagas del campo de batalla hacen que las polticas mdicas no se establezcan segn criterios convencionales sino por los vientos de la guerra. En trminos prcticos, esto significa que tratar hoy a un paciente cualquiera incluso con una pistola apuntando a nuestras cabezas puede suponer una sentencia de muerte maana. Si el hospital cambia de manos, cmo esperar que quien asume el control respete el juramento de Hipcrates?

No es sorprendente, pues, que esta marcada vulnerabilidad ante la explotacin y las represalias haya provocado un xodo masivo del personal mdico iraqu. La Asociacin Mdica Iraqu informaba ya en 2007 por al menos el 75% de los mdicos, farmacuticos y enfermeras haban abandonado sus puestos de trabajo en universidades, clnicas y hospitales, y que de este porcentaje, ms de la mitad haba huido del pas.

Pero no todos se han ido. Durante el mismo perodo, entre 2003 y 2007, ms de 2.000 mdicos iraques fueron asesinados y otros 250 secuestrados. En 2008, una encuesta realizada a mdicos iraques informaba de que ms del 80% de los encuestados haba sufrido al menos un asalto fsico; un 38% del personal de urgencias denunciaba haber sufrido la amenaza de la violencia armada.

An as, a pesar del peligro, son muchos los mdicos que como Ahmed siguen desafiando la violencia cotidiana y la intimidacin para salvar las vidas de sus compatriotas. No lo hacen en nombre de ninguna secta, ideologa, o afiliacin poltica y saben muy bien que salvar ciertas vidas podra costarles la suya propia. Lo hacen para que aquellos a los que atienden y curan puedan mirar algn da ms all de esas divisiones y recapaciten sobre las heridas comunes que todos compartimos como iraques. La comunidad internacional debe a estos mdicos y mdicas y a este pas la ayuda necesaria para que puedan serlo con seguridad.


Ali Jasim es el seudnimo de un profesional de la medicina que trabaja actualmente en Iraq. El autor, que pidi permanecer en el anonimato por temor a represalias, es miembro consultor de Defenders for Medical Impartiality.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/between-daesh-and-hard-place-doctor-s-struggle-save-and-survive-iraq-2006384597#sthash.JGXT42UF.dpuf



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