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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2005

EEUU ya perdi la guerra de Irak

Immanuel Wallerstein
La Jornada


Se acab. Para que Estados Unidos ganara la guerra de Irak se requeriran tres cosas: derrotar la resistencia iraqu, establecer un gobierno estable en Irak que sea amigable a Estados Unidos y mantener el respaldo del pueblo estadunidense mientras se llevan a cabo las dos primeras cosas. Ninguna de estas tres cuestiones parece ya posible. Primero, los militares estadunidenses ya no creen que puedan derrotar a la resistencia. Segundo, la probabilidad de que los polticos iraques puedan ponerse de acuerdo en torno a una Constitucin es casi nula, y como tal la probabilidad de que haya un gobierno central mnimamente estable es casi imposible. Tercero, el pblico estadunidense se vuelve contra la guerra porque no ve "luz alguna al final del tnel".

Como resultado, el rgimen de Bush se halla en una posicin imposible. Le gustara retirarse en forma digna, dando alguna apariencia de victoria. Pero si intenta hacer esto, confrontar en casa enojo y decepcin feroces por el partido de la guerra. Si no lo hace, confrontar el feroz enojo de quienes piensan que hay que retirarse. Al final, no podr satisfacer a ninguno, perder presencia precipitadamente y la gente lo recordar con ignominia.

Veamos lo que est pasando. Este mes, el general George Casey, comandante general estadunidense en Irak, sugiri que podra ser posible reducir 30 mil efectivos estadunidenses en Irak debido a que las fuerzas armadas del gobierno iraqu mostraban mejoras en su capacidad de manejar la situacin. Casi de inmediato, esta posicin fue atacada por el partido de la guerra, y el Pentgono enmend su aseveracin sugiriendo que tal vez esto no ocurrira, debido a que tal vez las fuerzas de Irak no estaban listas para manejar la situacin, lo que seguro es cierto. Al mismo tiempo, aparecieron reportajes en los principales peridicos que sugeran que el nivel de sofisticacin militar de las fuerzas insurgentes ha crecido constante y sorprendentemente. El incremento en la tasa de muertes de soldados estadunidenses, ciertamente lo confirma.

En el debate en torno a la Constitucin iraqu existen dos problemas grandes. Uno es el grado al cual la Constitucin habr de institucionalizar la ley islmica. Es concebible que, si hubiera tiempo y confianza suficientes, podra haber un compromiso con este punto que satisficiera ms o menos a ambas partes. Pero el segundo punto es ms intratable. Los kurdos, que en realidad siguen queriendo un Estado independiente, no se calmarn con menos de una estructura federal que garantice su autonoma, el mantenimiento de su milicia, el control de Kirkuk, su capital, y sus recursos petroleros como botn.

Actualmente, los chitas se dividen entre quienes sienten igual que los kurdos y quieren una estructura federal y aquellos que prefieren un fuerte gobierno central siempre y cuando ellos puedan controlar sus recursos y siempre y cuando tenga fondo islamita. Los sunitas, por su parte, estn desesperados por mantener un Estado unificado, uno en donde mnimamente obtengan una tajada justa, y por cierto no quieren un Estado gobernado mediante las interpretaciones chitas del Islam.

Estados Unidos ha intentado alentar un compromiso de esta naturaleza, pero es difcil que esto se logre. As que hay dos posibilidades abiertas: que las diferencias entre los iraques hagan que la situacin no sea duradera o un quiebre inmediato de las negociaciones. Ninguna de estas opciones satisface las necesidades de Estados Unidos. Por supuesto, hay una solucin que podra abrir el cerrojo. Que los polticos iraques se unieran a la resistencia en un impulso nacionalista antiestadunidense, que podra unificar por lo menos al segmento no kurdo de la poblacin. No debera descartarse esta posibilidad, que desde el punto de vista de Estados Unidos sera una pesadilla.

Para el rgimen de Bush, el peor escenario de todos es el frente interno. La tasa de aprobacin al presidente por su conducta en la guerra iraqu descendi a 36 por ciento. Ya tiene tiempo que las cifras bajan consistentemente y continuarn bajando. Pues ahora el pobre George W. Bush tiene que lidiar con la vigilia de Cindy Sheehan. Ella es una mujer de 48 aos, madre de un soldado que muri en Irak el ao pasado. Encendida por el comentario de Bush de que los soldados estadunidenses fallecieron por "una noble causa", decidi ir a Crawford, Texas, y pidi ver al presidente para que le explicara por cul "noble causa" pereci su hijo.

Por supuesto, Bush no ha tenido el valor de verla. Le ha mandado emisarios. Ella dijo que eso no era suficiente, que quera verlo en persona. Ahora dice que mantendr su vigilia fuera de la casa de Bush hasta que l salga a verla o la arresten. Al principio la ignor la prensa. Pero ahora, otras madres de soldados en Irak se unieron a ella. Comienza a juntar el respaldo moral de ms y ms personas que antes haban apoyado la guerra. Y la prensa nacional la est volviendo gran celebridad, y la comparan con Rosa Parks, la mujer negra que hace medio siglo en Montgomery, Alabama, rehus irse a la parte trasera del autobs, con lo que se encendi la chispa que transform en causa dominante la lucha de los derechos de los negros.

Bush no hablar con ella porque sabe que no hay nada que pueda decirle. Verla es desacreditarse. Pero no verla lo desacredita tambin. La presin para retirarse de Irak se est volviendo dominante. No es porque el pblico estadunidense comparta la idea de que Estados Unidos es una potencia imperialista en Irak. Es porque no parece haber luz alguna al final del tnel. O ms bien s hay luz, la que un custico cartonista canadiense del Calgary Sun dibuj recientemente. En su cartn se muestra a un soldado en un tnel oscuro que se aproxima a alguien cuyo cuerpo est envuelto en explosivos. La luz proviene del cerillo que esta persona le aplica a la mecha que ocasionar la explosin. En los meses siguientes a los ataques en Londres y con el alto nivel de muertes en Irak, es esta luz la que el pblico estadunidense comienza a ver. Bush est atrapado en un dilema insoluble. La guerra est perdida.

Immanuel Wallerstein

Traduccin: Ramn Vera Herrera



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