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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2015

Giro a la derecha en Amrica Latina?
A reinventar la revolucin!

Javier Tolcachier
Pressenza


En el intento de comentar y/o establecer tendencias a la luz de los recientes eventos electorales en Argentina, Colombia, Guatemala y Hait, tenemos que sealar en primer trmino que estamos ante elecciones bastantes dismiles. En Colombia, ha habido elecciones municipales. En Argentina, nacionales, luego de una preseleccin primaria. En Hait, las votaciones se realizan bajo la ocupacin de tropas de la Misin de las Naciones Unidas, Minustah y la dependencia fctica de las ONG. En Guatemala se realiz la segunda vuelta presidencial, muy poco tiempo despus que la presin popular forzara la renuncia del presidente y su vice, por estar envueltos en manejos mafiosos del Estado.

En este ltimo pas, el voto anti corrupcin eligi un comediante ajeno a las lides polticas, respaldado por militares. En Colombia, los padrinazgos y las contribuciones millonarias de empresas ligadas a proyectos inmobiliarios y de infraestructura, pusieron al frente de las principales ciudades a candidatos conservadores, varios de ellos, aunque pertenecientes a la poltica tradicional, disfrazados de empresarios. En Argentina, an cuando queda abierta la definicin de presidente en segunda vuelta, el candidato neoliberal un empresario disfrazado de poltico ha logrado acercarse al oficialista, emparejando prcticamente el escenario. Mientras que en Hait, entre denuncias de fraude y un faccionalismo endmico, se conocern los resultados en algunos das ms. Es seguro que tambin all habr segunda vuelta, ya que se postul el increble nmero de alrededor de 50 candidatos presidenciales, sobresaliendo un joven desconocido promovido por el presidente Martelly y como principal contrincante el ex jefe de la empresa estatal de la construccin.

Como comn denominador puede observarse un avance del voto anti poltico.

Se ha derechizado la situacin? Pareciera que s. Adems del xito electoral de propuestas retrgradas envueltas en packaging multicolor, es tambin observable que las agendas an aquellas de los gobiernos populares comienzan a estar ms alineadas con temas propios del discurso y la preocupacin capitalista como la competitividad global, el desarrollismo, la lucha por la propiedad del conocimiento y hasta con la represin social.

Es todo fruto de la manipulacin o hay factores objetivos que favorecen lo que parece un cierto regreso a pocas anteriores y un retroceso de lo mejor del ser humano?

Por cierto que un dato objetivo es que no ha desaparecido en absoluto la concentracin de los medios de difusin. stos son todava, junto a enormes gastos publicitarios de campaa, a cargo de las grandes empresas, factores decisivos en el panorama que se le presenta a la ciudadana a la hora de votar.

Sin embargo, creer que todo se debe a ellos, es minimizar la capacidad crtica de los pueblos, es de alguna manera, cosificar a la gente, ponindola simplemente en situacin de vctima pasiva y no de agente social activo. Es por otra parte, exagerar la inteligencia de los pulpos mediticos que, an usando todo su arsenal maquiavlico, se han vuelto crecientemente previsibles para el ciudadano comn.

Cules son entonces los motivos del manifiesto malestar que sin dudas se deja ver en la regin en los ltimos tiempos?

Desde un anlisis socio-econmico, los datos de la Cepal[1] indican que ha habido un estancamiento (y leve retroceso) en la disminucin de la pobreza en los ltimos tres aos. Hay 165 millones de pobres en Amrica Latina y el Caribe, o en trminos porcentuales, el 28%. Si bien se ha mejorado respecto al 50% de los aos noventa, es demasiado todava para estar conformes.

Otro dato no menor es que Amrica Latina contina siendo una de las regiones del mundo con mayor desigualdad. El quinto ms rico acumula alrededor del 45% del PBI, mientras el quinto ms pobre sobrevive con un 5% de la riqueza total. Si bien el ndice de Gini ha descendido un 10% en los ltimos diez a doce aos, sealando una mejora, no se observan transformaciones estructurales en la acumulacin de capital.

Pesa en todo esto sin duda el arrastre de un proceso que arranca en la poca colonial y se consolida con la misma configuracin de los pases de la regin. Pesa la segregacin an vigente que dificulta la movilidad social ascendente y pesa tambin la coyuntura internacional desfavorable.

Sin embargo, la necesidad no admite plazos. Si se suma a ello cierta mirada superficial e intencional (sta s ampliamente difundida por los medios), se termina cargando sobre los gobiernos las culpas de todos los males, ms all de todo posible esfuerzo bienintencionado.

Objetiva es tambin la corrupcin estructural que padecen muchos pases. Este es adems un hecho cotidiano que el ciudadano percibe en los distintos estamentos de la vida social. Por ello es que la toda alusin justificada o no a casos de corruptela encuentra eco en la poblacin, influyendo fuertemente el voto.

Ms all de todo esto, hay un elemento esencial y decisivo en la vivencia actual de las personas en la regin y en ella se conjugan objetividad y subjetividad. Me refiero a la violencia, un fenmeno omnipresente, tanto en las calles como en los medios, configurando as una fuerte sensacin de inseguridad permanente. Y esta sensacin de impotencia, de falta de libertad, de riesgo, es transversal a los distintos segmentos sociales y grupos humanos.

Se configura as un malestar que da pie a la bsqueda de soluciones rpidas. Todo esto acompaado de una fuerte sensacin de incerteza en el rumbo de los acontecimientos, producto de los fuertes cambios en el paisaje social. All es que el espejismo de las polticas conservadoras y hasta fascistas encuentra su caldo de cultivo y hace pie.

Uno se pregunta si han perdido dinmica aquellos impulsos progresistas o revolucionarios de la regin que parecan convertirla definitivamente en un espacio de mejores oportunidades para todos, de respeto a la diversidad personal y cultural, de fuerte signo soberano.

Observable es, sin duda alguna, el problema que representa en varios casos la dependencia en estos procesos de figuras claves, de personalismos un tanto paternalistas o maternalistas que parecieran no ser prescindibles. Esta dependencia, sin duda, debilita, ya que no son sencillos los recambios en los liderazgos.

Tambin puede observarse la paradoja del enfriamiento de los movimientos sociales, al comenzar stos a ocupar espacios de gobierno, transformndose una parte de la militancia en funcionariado, con el progresivo alejamiento de los barrios y la gente. As las transformaciones quedan supeditadas exclusivamente a lo gubernativo, perdiendo protagonismo la misma base social.

Por supuesto es de considerar el desgaste que representa la gestin continua de los gobiernos de signo progresista o de izquierda y su exposicin al permanente bombardeo meditico conservador. Imprescindible es tambin tener en cuenta la guerra de guerrillas del imperialismo contra todo aquel que ose desalinearse de su yugo.

Todo esto atenta contra la integracin regional, que tiende a estancarse y hasta amenaza con involucionar.

Adems de todos esos factores, en mi opinin, es necesario considerar las carencias en los paradigmas que hoy estn siendo usados en la contienda con lo viejo, que no terminan de servir de sustento a lo nuevo. Ya se trate de tpicos del alfarismo, del Buen Vivir originario, del socialismo del siglo XXI, del bolivarianismo o en las versiones modernas del desarrollismo peronista/petista.

En toda revolucin histrica estn siempre presentes elementos rescatados de otras gestas no concluidas, que pueden ser considerados elementos restauradores o visto en positivo imprescindibles lazos de continuidad histrica. Sin embargo, lo preponderante no es la mirada al pasado, sino el impulso que le da a sus paradigmas la radical transformacin de lo establecido, lo novedoso, lo que transgrede y supera esquemas decadentes.

As las cosas, ms all de no desdear y estar tambin atento a las coyunturas, est claro que hoy, para avanzar, hay que reinventar la revolucin. Completar las opciones en marcha afirmando sobre todo, como elemento principal, su carcter humanista y no violento. Inyectarle al proceso social estas caractersticas valricas que involucran actitudes, conllevan cambios de conducta y de orientacin vital, requiere agregar a las modificaciones sociales, paralelas transformaciones internas en las personas. Es el famoso cambio de mentalidad al que intuitivamente tantos hacen referencia.

Si el colectivo social y cada uno de nosotros en la vida cotidiana tiende a ello, la dificultad cierta que esto implica podra verse ampliamente compensada por la solidez de una condicin insoslayable para poder comenzar un nuevo perodo histrico. En ello tendrn mucho que decir las nuevas generaciones como portadoras de este nuevo momento que suscita estos tirones conservadores por parte de otras generaciones y modalidades que se resisten a dejar libre el escenario social.

Creo que no es tarde para frenar este rebote neoliberal, hay una fuerte acumulacin de los avances alcanzados que no ser fcilmente resignada por los pueblos y por supuesto un enorme potencial a despertar si es que, autocrtica mediante, se logran renovar y profundizar los procesos en marcha en Amrica Latina y el Caribe.


[1] Panorama Social 2014, Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe.

Fuente original: http://www.pressenza.com/es/2015/11/giro-a-la-derecha-en-america-latina-a-reinventar-la-revolucion/



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