Portada :: Europa :: Las bombas de Oriente Medio explotan en Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2015

Vecinos contra vecinos

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Una determinada sociedad, o es racista, o no lo es, () decir, por ejemplo, que el norte de Francia es ms racista que el sur, que el racismo es producto de la chusma y que, por lo tanto, de ninguna manera afecta a la clase dominante, que Francia es uno de los pases menos racistas en el mundo, es propio de hombres incapaces de pensar con claridad (Frantz Fanon [1] )

 

La cristiana Europa y el Medio Oriente musulmn han tenido psimas relaciones de vecinos. Tras la desintegracin del Imperio Turco-Otomano, tras la Primera Guerra Mundial, las potencias europeas y EEUU establecieron su hegemona en la regin. Los pases europeos han sido vecinos que nadie quisiera en la casa de al lado: cuando no han estado demasiado ocupados intentando colonizar los pases del mundo rabe, se han empecinado en apoyar dictadores buenos o en tumbar a los dictadores malos, armando a los que consideran sus amigos. El descalabro ocasionado por ms de medio siglo de polticas intervencionistas y colonialistas europeas ha golpeado duramente a la sociedad francesa, aunque en una manera mucho ms suave que los miles de golpes que hace dcadas vienen recibiendo, por causa de estas mismas polticas, los palestinos, iraques, sirios, libaneses, argelinos, etc. Dicen que la del viernes fue la peor masacre en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, olvidando, convenientemente, la masacre a garrotazos por parte de la polica de 200 argelinos en pleno centro de Pars en 1961. El presidente Hollande sale de su sopor y grita que esto es una declaracin de guerra por parte de ISIS; suponemos que los bombardeos que Hollande lleva realizando en Siria hace un ao han sido una declaracin de buenas intenciones. Curiosamente, ISIS hoy no sera nada de no ser por el respaldo militar de Francia, Reino Unido y EEUU a fundamentalistas en Siria y en otras partes del Medio Oriente.

Tal cual en Enero, despus de los atentados a las oficinas de Charlie Hebdo, se alza el espectro aterrador del musulmn fantico, que detrs de su apariencia benevolente oculta un terrorista en potencia. El terror macro-poltico, de los bombardeos y las declaraciones de las coaliciones internacionales, se entromete en el espacio de lo micro-poltico. El terror sale de la cobertura noticiosa y sienta pie firme en el barrio. Ese barrio que, no sabemos cmo, dej de ser patrimonio de los blancos y hoy es compartido con las razas inferiores, rabes, negros, gente con costumbres raras, con lenguas inentendibles (qu estarn diciendo de nosotros a nuestras espaldas?), que no se asimilan a nuestras costumbres superiores. Se duda del vecino barbado con tnica. El miedo difuso y omnipresente del colonizador hacia el otro, encuentra una materializacin concreta en el rabe y en el musulmn. Hay que expulsarlos, hay que requisarlos, hay que marcarlos, hay que evitar que sigan entrando refugiados. Los medios dan rienda suelta a la imagen fantasiosa que Europa tiene de s misma, sin ningn asomo de vergenza: esa puerta abierta hacia los refugiados tiene que cambiar; no podemos seguir siendo tan tolerantes. Estas cosas nos pasan por ser tan buenos, piensan entonces los europeos.

Y luego de ese acto de auto-complacencia, se pasa al estado de agresividad: si hemos sido buenos ahora tenemos que ser ms duros, bombardear ms, ojal enviar tropas, hundir sus botes e impedir que ingresen a nuestro territorio buscando refugio (en teora, el refugio no es caridad sino una obligacin de todos los pases miembros de la ONU). La ideologa de la contencin que se ha incrustado en el bloque dominante -contener a sus refugiados, contener a sus masas desempleadas, contener a sus enfermedades-, versin caricaturesca de las doctrinas contra-insurgentes, aplicadas ahora a escala global, contagia a toda la ciudadana: todos comienzan a sufrir de esa ansiedad, de ese miedo patolgico al otro que denunciaba Fanon en Los Condenados de la Tierra. Ese otro brbaro que espera destruir las puertas de Roma, beber nuestro vino, violar nuestras mujeres, acostarse en nuestra cama reemplazarnos. Todos tenemos que cerrar filas y entregarnos en medio de la borrachera patriotera al apoyo irrestricto a las nuevas aventuras militares es decir, echar fuego al petrleo. Ay de quin no se cuadre con el discurso dominante! Ellos son los traidores, los apologistas del terrorismo. Como dijera Marx, cuando los de arriba tocan el violn, los de abajo no pueden sino ponerse a bailar.

Siendo claros, Europa nunca ha sido un buen vecino, ni en el Mediterrneo ni en sus propios barrios europeos. Nunca ha existido una puerta abierta para los refugiados (y s muchos campos de concentracin, operativos militares para interceptar y hundir sus botes, cercas alambradas y electrificadas para que no pasen); nunca se ha pensado en otra cosa que adelantar intereses geoestratgicos muy particulares y propios en todas sus aventuras militares en el Oriente Medio y en frica; ni nunca han sido tan tolerantes. La historia de Europa est marcada, como la de pocos lugares en el mundo, por la persecucin al otro. Hubo una poca, a fines del siglo XIX, en que los refugiados (en su mayora rusos, muchos de ellos judos, todos de izquierda), tambin eran vistos con sospecha, perseguidos y apresados en las capitales europeas. La imagen del judo-bolchevique que amenaza nuestras instituciones comenz a cristalizarse en base a ese odio ancestral hacia las otras religiones por parte del cristianismo europeo en todas sus vertientes. Sabemos cmo termin esa historia. De lo que muchos no se dan cuenta, es que, a diferencia de la auto-proclamada tolerancia hacia los musulmanes, este grupo ha sido objeto de una particular estigmatizacin que no se vea desde la poca de la persecucin a los judos en la dcada del 30. De hecho, son el nico grupo religioso en cuya contra se han redactado leyes especficas en Europa, como la ley contra los minaretes en Suiza y las leyes en contra del velo en Francia o Blgica. La ultra-derecha espaola tambin apela a su odio centenario, que arrastran desde la llamada re-conquista, y Francia reafirma en Notre Dame su carcter catlico (Jacques Hbert se debe estar revolcando en su tumba).

Cul es el impacto que esto tiene entre los vecinos? Una clarividente pelcula francesa, llamada La Haine, el odio, lo presagiaba hace dos dcadas. La Europa que alguna vez se jact de haber creado una sociedad democrtica y pluralista sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, hoy se hunde entre las crisis mltiples, un creciente fanatismo religioso (en todos los credos), el auge de la intolerancia y de la xenofobia. En este ambiente, no prosperan sentimientos altruistas ni humanitarios, ni democrticos, sino que bajo este alero, al ritmo de los tambores de la guerra, se desarrolla el espectro de los nuevos autoritarismos que han encontrado creciente aceptacin en quienes votan ms y ms por la ultra-derecha. Europa y el Medio Oriente se moldean mutuamente, ms de lo que se creyera a simple vista. Las ansiedades anticipan y manufacturan realidades. Hay resistencias, desde luego, y la revolucin que implementan los kurdos en el corazn de Medio Oriente es una buena seal que no todo est perdido. Pero Europa est siendo consumida por el miedo, el odio, la ansiedad, el instinto de superioridad imperial. Por lo pronto, veremos llamados a responder de manera enrgica, a profundizar exactamente la misma poltica intervencionista que ha producido el descalabro en el Medio Oriente. Poltica que, en ltima instancia, es responsable de la enorme tragedia humana que est ocurriendo en las calles de Damasco y de Pars. Ellos se llevan las ganancias de la guerra, mientras la gente comn y corriente (en Siria, en Francia, en Turqua, en Kurdistn, donde sea) es la que pone los muertos. Ellos tocan el violn, y nosotros bailamos.


Notas

[1] Fanon, Frantz (1986), Black Skin, White Masks, ed. Pluto Press, p.85.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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