Portada :: Europa :: Las bombas de Oriente Medio explotan en Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-11-2015

Cmo se sale de este shock?

Mikel Arizaleta
Rebelin


Escuchando los comentarios en prensa, radio y televisin me he dado cuenta que Gabriel Garca Mrquez muri en el 2014. Y he reledo de nuevo aquella memorable carta suya a Bush (que muy bien hoy podra ser dirigida al Sr. Obama, laureado con el premio Nobel de la Paz), reflexin sobre aquel aciago da 11 de septiembre del 2001, del llamado 11-S en Nueva York.

Ilustracin de Josetxo Ezcurra

1.- Seor Bush:

Cmo se vive por un da en tu propia casa la incertidumbre de lo que va a pasar? Cmo se sale del estado de shock? En estado de shock caminaban el 6 de agosto de 1945 los sobrevivientes de Hiroshima. Nada quedaba en pie en la ciudad luego que el artillero norteamericano del Enola Gay dejara caer la bomba. En pocos segundos haban muerto 80.000 hombres mujeres y nios. Otros 250.000 moriran en los aos siguientes a causa de las radiaciones. Pero sa era una guerra lejana y ni siquiera exista la televisin.

Cmo se siente hoy el horror cuando las terribles imgenes de la televisin te dicen que lo ocurrido el fatdico 11 de septiembre no pas en una tierra lejana sino en tu propia patria? Otro 11 de setiembre, pero de 28 aos atrs, haba muerto un presidente de nombre Salvador Allende resistiendo un golpe de Estado que tus gobernantes haban planeado. Tambin fueron tiempos de horror, pero eso pasaba muy lejos de tu frontera, en una ignota republiqueta sudamericana. Las republiquetas estaban en tu patio trasero y nunca te preocupaste mucho cuando tus marines salan a sangre y fuego a imponer sus puntos de vista.

Sabas que entre 1824 y 1994 tu pas llev a cabo 73 invasiones a pases de Amrica Latina? Las vctimas fueron Puerto Rico, Mxico, Nicaragua, Panam, Hait, Colombia, Cuba, Honduras, Repblica Dominicana, Islas Vrgenes, El Salvador, Guatemala y Granada.

Hace casi un siglo que tus gobernantes estn en guerra. Desde el comienzo del siglo XX, casi no hubo una guerra en el mundo en que la gente de tu Pentgono no hubiera participado. Claro, las bombas siempre explotaron fuera de tu territorio, con excepcin de Pearl Harbor cuando la aviacin japonesa bombarde la Sptima Flota en 1941. Pero siempre el horror estuvo lejos.

Cuando las Torres Gemelas se vinieron abajo en medio del polvo, cuando viste las imgenes por televisin o escuchaste los gritos porque estabas esa maana en Manhattan, pensaste por un segundo en lo que sintieron los campesinos de Vietnam durante muchos aos? En Manhattan, la gente caa desde las alturas de los rascacielos como trgicas marionetas. En Vietnam, la gente daba alaridos porque el napalm segua quemando la carne por mucho tiempo y la muerte era espantosa, tanto como las de quienes caan en un salto desesperado al vaco.

2.- Rajoy:

En Madrid se sufri otra tragedia, esta vez el 11 de marzo del 2004, la del 11-M. Y una mujer rubia, ojerosa y vestida de negro, Pilar Manjn, les interpel por entonces:

De qu se rean seoras? Qu jaleaban? Qu vitoreaban?... Se est hablando de la muerte y de heridas de por vida padecidas por seres humanos. Que nuestro dolor centre sus conclusiones. Tienen la obligacin de evitar otro atentado. Hablaba en riguroso luto y con el bolso de mano la madre de Daniel, su hijo de 20 aos vctima del 11-M en el tren del Pozo camino de la universidad de aquel jueves, luego de las 7,30 de la maana.

Aquel trgico 11 de marzo, en el que murieron 191 personas, era jueves y el 14 se celebraban elecciones generales. El Gobierno de Aznar minti descaradamente a la ciudadana y acus mendazmente a ETA de la matanza, convencido de que tal acusacin le aportara la victoria. Curiosamente quien entonces proclam con voz sonora que no haba sido ETA y desenmascar con contundencia la falacia aznaril hoy est en la crcel y se llama Arnaldo Otegi.

Aqu hubo 191 muertos blancos, pero all, en Irak, en Afganistan, en Libia, en Siria, en Palestina hace tiempo que son millones los muertos, innumerables los heridos, los tullidos, los lisiados, los torturados, los violados. Tambin ellos tienen madres ojerosas, que no son rubias, que son morenas y que sienten el dolor tanto -quiz ms- que las rubias europeas. Son cientos los asesinados a diario por nuestras guerras, por nuestras armas, por nuestros soldados, por nuestras bombas de racimo, los asesinatos financiados con nuestra pasta y nuestro negocio de dolor y muerte. Al frente del ministerio de Defensa tiene usted, Sr. Rajoy, un fabricante del negocio de las armas.

En aquel juicio del 15 de febrero al 2 de julio del 2007, tras 57 sesiones sealando con el dedo ndice a 28 personas yo esperaba que en Madrid alguien se acordara de los miles de asesinados por el Gobierno terrorista espaol y otros gobiernos terroristas occidentales, por empresas de aqu y conciudadanos cmplices. Esperaba que alguna madre rubia y ojerosa, algn familiar espaol, transido de dolor, se acordara, nos acordramos de los asesinados all, de aquellos muchachos masacrados en los mercados, en la calle, en sus casas, en el bus, en la universidad, de aquellas madres asesinadas amamantando a sus hijos o recogiendo a sus hijas luego de ser violadas por terroristas de ac, quin sabe si familiares de los aqu asesinados. Esperaba que alguien dolorido y digno clamara en la sala, alzara la voz y exigiera justicia a jueces y al mundo. Pilar Manjn, por qu no levantaste la voz como aquel 16 de diciembre, por qu aplaudiste al or el visto para sentencia? Acaso estaban all todos los asesinos de tu hijo, los asesinos de vuestros familiares? Por qu no estaban sentados en ese banquillo de muerte Aznar y sus ministros, que patrocinaron el asesinato y la muerte de un pueblo? Y el Gobierno de los EEUU y el del Reino Unido? Dnde se sentaba la Cope de los obispos, dnde Pedro J. Ramrez y su Mundo de mentira? Acaso estaban sentados en ese largo banquillo vuestro Gobierno espaol y sus cmplices de guerra y muerte, los oficiales y soldados -parte de ellos sudamericanos pobres, que no hijos de parlamentarios y generales espaoles- financiados con el dinero tambin de los que nos oponemos a esa inhumana sangra? Acaso creen ustedes que aqullos no sufren? Qu juzgan ustedes? Qu aplauden ustedes? Qu condenan ustedes?

3.- Seor Franois Hollande:

No es la reflexin de un colombiano pero s la de un destacado escritor argentino, Carlos Arnrez, un hombre bregado en el periodismo y comprometido con un mundo mejor, quien analiza la matanza del 13 de noviembre en Pars, la del 13-N:

No es misterio para nadie y menos para los devaluados Servicios de Inteligencia francesa, que muchos de los humillados, desempleados y perseguidos por leyes draconianas y racistas que habitaban en la Banlieue parisina, fueron cooptados primero por el Frente Al Nusra y luego directamente por el ISIS para que sean parte de la experiencia de sembrar el terror en Siria e Iraq y lo ms paradjico es que salieron desde el territorio francs en numerosas ocasiones con el visto bueno de un gobierno que los sinti como sus soldados de avanzada. En ese momento, las masacres que esos mercenarios producan en Mossul, Raqqa, Aleppo, Homs o en Palmira, no preocupaban a Sarkozy ni tampoco a Hollande. Eran daos colaterales lejos de la comodidad parisina que hasta ese momento pareca blindada, inviolable. Tampoco dijeron nada importante del atentado sangriento cometido esta semana en El Lbano y seguramente muy festejado en Tel Aviv o en la Casa Blanca, ya que en esa ocasin la matanza ocurra en un barrio controlado por Hezbolah. En este caso, los muertos eran tan rabes como los palestinos asesinados en estos das en Cisjordania o en Gaza, cuyos nombres no cuentan para los grandes medios, como tampoco el dolor de sus familiares o las imgenes dantescas de sus viviendas arrasadas. Eso no tiene ms que un nombre: doble rasero, praxis mentirosa, odio al diferente.

[] los que pagan los errores de los poderosos siempre son los ciudadanos de a pie, cuya nica culpabilidad, si es que la tuvieran, quizs sea votar y catapultar a la presidencia, a esos asesinos seriales que luego los condenan a la muerte.

*

Nuestro minuto de silencio, nuestro grito solidario con los muertos y heridos, debe ir dirigido tambin contra nuestros gobiernos asesinos, exportadores de guerra y destruccin. Las muertes de all tambin son muertes nuestras, confeccionadas y arrojadas por la rapia de gobiernos sumisos a intereses de saqueo, mafia y guerra. Ante nosotros se alzan nuevas elecciones, arrojemos de los parlamentos y la vida pblica a los mensajeros, promotores y asesinos de hombres y pueblos, a los exportadores de guerra. Muertes ni aqu ni all.

Y para esos cientos de muertos a diario, causados all en gran parte por nuestras guerras de intereses mercenarios, ajenos a los ciudadanos, y nuestras bombas no hay minutos de silencio delante de ayuntamientos, ni velas ni rosas en las calles. Ni tampoco reuniones de gobiernos y altos mandos, ni investigaciones de los asesinatos perpetrados, ni fiscales acusadores o condena de jueces. Las cloacas de los estados se hallan amparadas en nuestros gobiernos por siete llaves. Ante ellos guardamos un silencio cnico, bestial, tomamos un caf escuchando las intervenciones de nuestros ministerios y gobiernos de guerra y asesinato. En cambio nuestros muertos nos quitan el apetito.

A veces me pregunto si los atentados en nuestras calles y plazas no tienen un motivo solidario y una invitacin de humanidad, despertar en nosotros una lgrima solidaria por las muchas derramadas a diario en las calles y plazas de all. O no ser tan cnicos antes las muertes de aqu y all.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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