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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2015

Tierras despedazadas

John Feffer
Tom Dispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca.


En vsperas de la gran desarticulacin

Introduccin de Tom Engelhardt

Las cifras provocan pasmo. En lo que parece ser un vasto traslado de poblacin de un desintegrado Gran Oriente Medio, solo en septiembre 200.000 refugiados atravesaron Austria. Alrededor de medio milln de desesperados refugiados provenientes de Siria, Iraq, Afganistn y otros lugares llegaron a Grecia desde que empez 2015 (esto es, aquellos que no murieron en el mar), y todo lo que se espera es que estos guarismos no harn ms que crecer. Setecientos nios cada da han pedido asilo en algn sitio de Europa (190.000 entre enero y septiembre de 2015). Y se espera que por lo menos tres millones de refugiados y emigrantes de las guerras de este planeta y de las zonas de desesperacin se dirijan a Europa en 2016.

En estas circunstancias, seguramente a usted no le sorprendi saber que, una vez que las primeras historias optimistas sobre la multitudinaria acogida de refugiados en Europa se fueron apagando, las cachiporras y los camiones hidrantes aparecieron en algunas partes del continente y las murallas empezaron a erigirse. Seguramente tampoco le sorprender enterarse de que en estos momentos algunos sitios de Europa son presa de una exaltacin anti-inmigrante, anti-musulmn, mientras la adhesin a los partidos de extrema derecha est no por casualidad en aumento. Esto es verdad en Francia, donde se espera que el virulento ardor anti-musulmn, anti-inmigantes y anti-Unin Europea de Marine Le Pen tenga importantes resultados en las elecciones locales del prximo invierno (la propia Le Pen encabeza los primeros sondeos de opinin en la carrera por la presidencia); tambin lo es en la tolerante Suecia, donde un partido de extrema derecha vinculado con grupos neonazis est obteniendo ms del 25 por ciento de las perspectivas de voto en los sondeos de opinin. En Polonia, un partido extremista con su retrica contra los refugiados acaba de lograr una victoria aplastante. Y as por el estilo son las cosas en buena parte de Europa en estos das.

Todo esto (y ms) constituye una novedosa tendencia que podra, ms temprano que tarde, revertir la naturaleza cada vez ms integrada de Europa, la ereccin de muros y barreras en toda su geografa y una fractura irreversible de la Unin Europea, a medida que aumente el arrebato nacionalista y sabe dios qu ms. En Estados Unidos, si bien de un modo ms apagado, es posible ver la misma tendencia en lo que aqu se denomina la eleccin de un forastero, pero que de hecho est significativamente enfocada en mantener a los forasteros separados de los nuestros (para saber a qu me refiero no hace falta ms que ir al buscador de Google y escribir Donad Trump, Ben Carson e inmigrantes). No es extrao que siempre hablemos de cuestiones tribales cuando se trata de frica o las zonas rurales casi desiertas de Pakistn y Afganistn, pero nunca cuando nos referimos a nuestro mundo? Sin embargo, a grandes rasgos, si los dichos de esos seores no son respuestas tribales, que son entonces?

Si tarde o temprano la avalancha de refugiados desesperados provenientes de los estados fallidos o a punto de estarlo del Gran Oriente Medio altera la configuracin y las polticas europeas, quizs entonces por fin sea posible escribir el obituario de la invasin de Iraq lanzada por George W. Bush y Compaa con tan ciega confianza. Despus de todo, cuntos acontecimientos aislados en la historia conocida aparte tal vez del asesinato de un archiduque en 1914 han tenido el potencial de modificar la configuracin poltica de tan vastas zonas de nuestro planeta de un modo ms radical y devastador?

Por supuesto, el futuro seguir siendo eternamente desconocido y en su interior hay muchas sorpresas. No obstante, y afortunadamente para los lectores de TomDispatch, ese futuro puede ser menos insondable porque sucede que entre nuestros autores hay uno, John Feffer, que combina la geopaleontologa con alguna experiencia en el mundo de los ltimos 35 aos; de este modo, al contrario de nosotros, puede echar una mirada retrospectiva sobre nuestro destino planetario que podra resultar en un futuro claramente distpico.

* * *

Una mirada desde 2050

Dejadme empezar con una confesin. Soy una persona a la antigua y tengo una profesin pasada de moda. Soy goepaleontlogo. Esto quiere decir que me dedico a excavar en los archivos para exhumar lo extinguido: todos los imperios, federaciones y uniones territoriales que han existido en la historia. Prcticamente, yo cre la profesin del geopaleontlogo cuando era un joven estudioso en 2020 (tenamos la costumbre de bromear diciendo que en ese momento ramos los nicos historiadores con verdadera sabidura retrospectiva). Hoy en da, mi profesin est tan en extincin como las cuestiones con las que ella trabaja.

En estos momentos, en 2050, cada da menos personas pueden recordar cmo era vivir en medio de esos leviatanes. Cuando yo era joven, imaginbamos que esos torpes dinosaurios como Rusia, China y la Unin Europea iban a perdurar fueran cuales fueran las convulsiones mundiales que se produjeran a su alrededor. Por supuesto, en ese tiempo, nuestro Estados Unidos todava funcionaba como lo sugiere su nombre en lugar de ser una variopinta coleccin de fracciones de territorio que hoy luchan por unos recursos cada da ms escasos.

Lo imperios, como los adolescentes, piensan que sern eternos. En geopoltica como en biologa las fechas de expiracin nunca estn a la vista. Cuando llega la muerte, siempre es una impresin. Pensad en el choque de titanes que fue la Primera Guerra Mundial. Cuatro enormes imperios el otomano, el austrohngaro, el ruso y el alemn se lanzaron al conflicto imaginando que la victoria les dara no solo una nueva vida sino tambin nuevos territorios de los cuales se haran dueos. Y los cuatro cayeron hechos pedazos. La guerra fue lo suficientemente horrorosa, pero sus consecuencias continuaron apilando cadveres. Solo la epidemia de gripe de 1918-1919 que los soldados llevaron inconscientemente consigo de las trincheras a su pas de origen mat por lo menos a 50 millones de personas en todo el mundo.

Cuando un dinosaurio se viene abajo aplasta a todo tipo de criaturas ms pequeas que estn debajo de l. Nadie recuerda hoy la agona del ltimo de los imperios coloniales a mediados del siglo XX con sus enormes traslados de poblacin, feroces levantamientos e interminables guerras por delegacin, aunque los jvenes pases surgidos de esas sanguinolentas placentas obtuvieron al menos cierto grado de independencia.

Para especializarme en geopaleontologa eleg el perodo posterior a 1989. El derrumbe de la Unin Sovitica anunci la ltima etapa de la descolonizacin. Tambin, entre los noventa y el comienzo del siglo XXI, redibuj las fronteras en algunas partes de Asia y frica, produciendo as nuevos pases como Timor Oriental, Eritrea, Sudn del Sur. La particin de Oriente Medio en el periodo que sigui a la invasin estadounidense de Iraq y la Primavera rabe se realiz segn pautas similares, si bien mucho ms caticas y sangrientas, aunque un extremismo antes bien religioso que nacionalista destroz los pases multitnicos de la regin.

Incluso en los entornos inhspitos, el futuro todava pareca pertenecer a los dinosaurios. A pesar de ciertos contratiempos. Estados Unidos continuaba dominando al resto del planeta en su carcter de nica potencia, con sus militares constantemente en el modo intervencin. China estaba creciendo. Rusia estaba concentrada en la reconstruccin de la Unin Sovitica. La necesidad de competir en un mundo cada da ms interconectado contribua en lo que pareca ser una tendencia: empujar a la unin de pases para crear economas de escala. La Unin Europea (UE) profundizaba su integracin y ampliaba su membresa. Naciones de muy diferentes antecedentes creaban pactos econmicos como la Asociacin de Naciones del Sudeste Asitico (ASEAN, por sus siglas en ingls) y el Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (NAFTA, por sus siglas en ingls). Incluso pases que no compartan fronteras pensaban en la posibilidad de esas empresas conjuntas, como la de los Pases Exportadores de Petrleo (OPC, por sus siglas en ingls) y ms tarde la de Brasil, Rusia, India, China y Sudfrica (los BRICS).

Sin embargo, como todo el mundo lo sabe hoy, finalmente este espritu de integracin se vendra abajo a medida que los ensangrentados territorios del siglo XX daban paso a las tierras despedazadas del XXI. El sentido de desintegracin y separacin que se extendi por nuestro mundo lleg justo en el momento equivocado. Para enfrentarse a una gran cantidad de problemas colectivos, necesitbamos ms unidad, no menos. Tal como lo estamos aprendiendo tan duramente, un planeta enfrentado consigo mismo no aguantar mucho tiempo.

La clera de las naciones

El agua hierve ms intensamente justo antes de evaporarse. Lo mismo sucede, obviamente, con los asuntos de los seres humanos.

Justo antes de que se desencadenara el infierno de 1914, el mundo fue testigo de un estallido sin precedentes del comercio mundial a un nivel que no volvera a verse hasta los aos ochenta. Justo antes de que los nazis tomaran el poder en 1932, los alemanes de la repblica de Weimar estaban gozando de un extraordinario florecimiento de un liberalismo cultural y poltico. En 1991, justo antes de que colapsara la Unin Sovitica, los estudiosos rusos mencionaban con orgullo el crecimiento de la tasa de matrimonios cuyos integrantes eran de distintas nacionalidades de la federacin como una seal de una cada vez mayor cohesin social.

Y en 2015, justo antes de la gran desarticulacin, el mundo todava pareca estar dominado por lo que entonces se llamaba la globalizacin. El volumen del comercio mundial creca continuamente. Facebook haba creado una red con 1.500 millones de usuarios activos. En todos los continentes, la gente estaba bailando al son de Drake, mirando la final de la Copa Mundial y comiendo sushi. En el otro extremo del espectro socioeconmico, ms gente que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial estaba en movimiento; eran los emigrantes y los refugiados.

Todas las fronteras parecan desmoronarse.

Antes de 2015, casi todo el mundo crea que la flecha del tiempo apuntaba en la direccin de una integracin cada vez mayor. Algunos esperaban (y otros lo teman) que el mundo estaba convergiendo en unos conglomerados de naciones cada vez ms grandes. Los internacionalistas hacan campaa por una Naciones Unidas que tena algn poder poltico real. Los partidarios del libre comercio imaginaban un mercado global libre de fricciones en el que idnticos hipermercados venderan los mismos productos sin importar el sitio del mundo donde estuvieran. Los adoradores de la tecnologa imaginaban un mundo comunicado por Twitter e Instagram.

En 2015, la gente estaba tan ocupada cruzando fronteras reales o conceptuales que era raro que las personas se dieran cuenta de las reacciones violentas contra la globalizacin. Oficialmente, cada vez ms pases se haban comprometido con la diversidad, el multiculturalismo y las ideas cosmopolitas de libertad, solidaridad e igualdad. Pero todo empez a cambiar, tambin en 2015; un fenmeno sobre el que escrib por primera vez en mi conocido ensayo Splinterlands (Tierras despedazadas), Dispatch Books, 2025. Los movimientos que saltaron a la primera plana de los peridicos abogaban por un histrico cambio hacia dentro: la construccin de muros, el refuerzo de la homogeneidad y la exaltacin de los valores exclusivamente nacionales.

Los lderes de esos movimientos Donald Trump, en Estados Unidos; el primer ministro Viktor Orban, en Hungra; Vladimir Putin, en Rusia; Marine Le Pen, jefa del Frente Nacional francs; el primer ministro Nahendra Modi, en India; el primer ministro Shinzo Abe, en Japn; y el presidente de Egipto Abdel Fattah el-Sisi, para nombrar solo a algunos no eran miembros de un partido nico. No se vean a s mismos como integrantes de un movimiento nico. Ciertamente, todos ellos eran bastante escpticos en relacin con cualquier cosa que oliera a cooperacin entre naciones. Personalmente, cada uno de ellos era cosmopolita y se senta cmodo en una variedad de entornos culturales, pero sus polticas eran provincianas, pueblerinas. Como grupo, anunciaban un cambio en la poltica mundial que 35 aos despus todava est vigente.

Lo que es bastante irnico es que en esos tiempos estos personajes eran los nicos vistos como dinosaurios debido a que su atencin estaba centrada en una imaginaria edad dorada del pasado. Pero cuando la historia pulsa el botn rebobinar, como ha sido durante los ltimos 35 aos, los reaccionarios pueden convertirse en visionarios.

Pocos pensadores serios durante los decadentes aos de la Guerra Fra imaginaban que, en el largo plazo, el nacionalismo sobrevivira como algo ms significativo que la bandera y el himno. Tal como concluy el historiador Eric Hobsbawm en 1990, esa fuerza estaba casi agotada, o como lo escribi l, ya no es un vector importante del desarrollo histrico. Se esperaba que el comercio y el voraz deseo de riqueza borraran las diferencias referidas a lo nacional hasta que solo quedara un nico mercado global en el que se moveran unos actores supuestamente racionales. Las nuevas tecnologas de la comunicacin y los viajes uniran a los extranjeros y diluiran las pasiones particularistas. Las enormes sangras que muchas naciones haban padecido en los siglos XIX y XX seguramente convenceran a cualquiera de que el loco apelando a la patria era un personaje que ya no tena cabida en una sociedad moderna.

Sin embargo, result que el comercio y su incesante empeo por conseguir una ventaja comparativa sencillamente convirtieron el nacionalismo en una nueva mercanca objeto de negocios. Aunque los viajes y las comunicaciones ciertamente unieron a las personas, tambin aumentaron las posibilidades de malentendidos y conflictos. Como resultado de ello, el nacionalismo no desapareci en la oscuridad de la noche. Todo lo contrario: literalmente traz el nuevo mapa del mundo en que vivimos hoy.

Las lneas de fractura

El agrietamiento de la llamada comunidad internacional no fue un acontecimiento de capital importancia. En lugar de eso, fue algo bastante parecido a la fracturacin del hielo rtico debida al calentamiento global hasta convertirse en un conjunto de modestos tmpanos. El aumento de la temperatura geopoltica tiene un efecto parecido en el mapa del mundo.

Al principio, fue difcil entender que la guerra en Siria, el conflicto en Ucrania, el larvado descontento en Xinjiang, los levantamientos en Mal, la crisis de la Unin Europa y el surgimiento de un sentimiento contra los refugiados tanto en Europa como en Estados Unidos estaban conectados. Pero lo estaban de verdad.

Las primeras grietas en ese ahora muerto sistema global aparecieron en Oriente Medio. Como geopaleontlogo, debo admitir que yo no estaba particularmente interesado en los cambios en s mismos, solo me interesaba el impacto que ellos producan en entidades ms grandes. Iraq y Siria, unos pases multitnicos que se haba forjado en los fuegos postcoloniales del nacionalismo rabe se fragmentaron a lo largo de las lneas raciales y confesionales. Del mismo modo, debido a la presin de la intervencin area de la OTAN, liderada por Estados Unidos, Libia colaps cuando fue asesinado su autocrtico jefe y sus arsenales fueron saqueados para armar a grupos terroristas en todo un amplio abanico de situaciones crticas. Despus, el agrietamiento no hizo ms que ampliarse: Yemen, Egipto, Arabia Saud, Lbano y Jordania. La gente escapaba de esos pases en desintegracin como los animales de un bosque en llamas.

El enorme flujo de refugiados que se lanzaron por mar y tierra demostr que se haba llegado a lo ms alto de la Unin Europea. Despus de una espectacular expansin en la primera dcada del siglo XXI, los 28 miembros de la asociacin se toparon con el muro del euroescepticismo, la austeridad fiscal y la xenofobia. Mientras reaccionaban a la creciente marea de refugiados, las fuerzas contrarias a la inmigracin se las arreglaron para acabar con el sistema de fronteras abiertas del tratado de Schengen. El paso siguiente de la desarticulacin fue dar por tierra con el sistema monetario europeo a medida que los pases excesivamente endeudados de la periferia de la Eurozona reafirmaron su soberana fiscal.

Estos acontecimientos animaron a los euroescpticos. En 2015, por primera vez el Partido Democrtico contrario a los inmigrantes de Suecia, salt a lo ms alto en los sondeos de opinin. Suecia, que una vez fuera el paradigma de la tolerancia y la socialdemocracia, encabez el gran giro escandinavo que le alejara de la Europa continental. Siguiendo sus pasos en las elecciones locales y en las del parlamento europeo, el partido de extrema derecha Frente Nacional, de Marie Le Pen, se convirti en el ms popular de Francia y, con ese poder recin descubierto, empez a husmear la posibilidad de un pacto informal con Alemania, que una vez haba sido la locomotora de la integracin europea. Los partidos euroescpticos consolidaron su poder en Polonia, Portugal, Hungra y Eslovaquia. Desesperado por mantener el favor de sus integrantes ms incondicionales, el partido conservador ingls propuso un referendo que apart a Gran Bretaa de la Unin Europea. Lo que una vez haban sido algunas voces aisladas de insatisfaccin de pronto se convirti en una espantada hacia las puertas de salida. La UE sobrevivi unos aos ms hasta las Leyes de Desintegracin de 2028, pero solo como una cscara sin contenido.

El descontento en Oriente Medio y el desmembramiento de la UE tuvo un profundo impacto en Rusia. Los ltimos polticos de la era sovitica en ese pas haban intentado reconstruir la antigua federacin rusa mediante nuevos arreglos en Eurasia. Al mismo tiempo, trataron de ampliar su jurisdiccin para abarcar a todas las poblaciones rusohablantes mediante guerras fronterizas en Ucrania, Georgia y Moldavia. Pero en su intento por conseguir ms, se quedaron con menos. La Madre Rusia ya no pudo contener a su prole, ni a los buriatas del otro lado del lago Baikal ni a los sakha de Siberia, tampoco a los habitantes de su ciudad ms occidental, Kaliningrado ni a los de la regin martima de Primorsk, en el lejano este ruso. La entrada de Mosc en la guerra siria en apoyo de Damasco contribuy al surgimiento de un separatismo en las repblicas transcaucsicas de Chechenia y Daghestan. En la Segunda Gran perestroika de 2031, una Rusia partida a lo largo de las lneas que tan bien conocemos hoy, que la dividen en dos mitades la europea y la asitica y separan sus baldas tierras industriales del norte de los desiertos cada vez ms extensos del sur.

China se encontr en una trayectoria similar. La ralentizacin econmica global deshilach el inestable contrato social aumento de las mejoras econmicas a cambio de sumisin poltica que el partido comunista chino haba perfeccionado en la estela de las protestas de la plaza de Tiananmen de 1989. Las enrgicas medida de Beijing contra todo lo que oliera a terrorismo empujaron a los uighures de Xinjiang a la sublevacin abierta. Los tibetanos tambin continuaron con sus reclamos de ms autonoma. Mongolia Interior, con ms o menos el doble de mongoles que la propia Mongolia tambin tir de todas las cuerdas que mantenan a China atada y bien atada. Taiwan dej de hablar de una reunificacin por encima de estrecho homnimo. Hong Kong reafirmo su estatus fundacional de ciudad-almacn. Pero esas rebeliones en las zonas de frontera parecan nimias en comparacin con el Levantamiento Central de los aos treinta del siglo XXI. Visto desde la perspectiva de 2050, era obvio que los obreros y campesinos desocupados del interior de China, que apenas se haban beneficiado del gran salto capitalista de los ltimos aos del siglo XX se rebelaran contra el orden poltico. Pero, quin habra pensado que el centro podra abandonar tan pronto el Reino Central?

Como todos sabemos, Estados Unidos no se vino abajo. Pero el imperio estadounidense (cuyos lderes se esmeraron tanto en la negacin de que eso haba existido alguna vez) efectivamente colaps. Cuando el gobierno de EEUU entr en suspensin de pagos de su inmensa deuda y su infraestructura empez a venirse abajo de verdad, el vasto despliegue militar fuera de sus fronteras se hizo insoportable. A medida que los militares se retiraban traspas el trabajo que ellos hacan a sus aliados Alemania, Japn, Corea del Sur, Arabia Saud e Israel, pero en general estos pases tenan sus propios planes y en cualquier caso ponan sus intereses nacionales por encima de los de Washington.

Mientras tanto, la poltica interior de Estados Unidos continu tan polarizada y paralizada que el Congreso y el Poder Ejecutivo eran incapaces de llegar a un consenso sobre cmo volver a dinamizar la economa o reimaginar un inters nacional. Crecieron los obstculos para mantener lejos a los extranjeros y los productos importados. Con la excepcin de las cuestiones militares y el control de la inmigracin, la accin del gobierno se redujo a lo provisional. Despus, se produjo la epidemia de los fusiles de asalto, de los drones armados operados por privados y del uso de agentes biolgicos como armas ofensivas, todo ello realizado fcilmente en casa con las impresoras 3-D. El Estado perdi su tradicional monopolio de la violencia, y nuestra sociedad, a pesar de que muchos se negaban a admitir esa tendencia, deriv hacia una enfermedad cada vez ms cercana a la psicosis. Una minora blanca armada y cada vez ms resentida pareca resuelta a adoptar una poltica de tierra arrasada para no dejar nada de valor a sus herederos mestizos. Por supuesto, en estos momentos, el pas solo existe nominalmente, ya que las nicas polticas que importan son adoptadas a partir de criterios estrictamente regionales.

Las fuerzas centrfugas que empezaron a ponerse de manifiesto en 2015 desgarraron los grandes pases multitnicos en una terrorfica versin de yugoslavizacin que se propag por todo el planeta. Ya en los noventa del siglo XX, algunos expertos con visin de futuro haban presagiado una oleada de separatismo. Estaban equivocados solo en lo referente a la paz. Las fisuras tardaron en aparecer, pero al fin aparecieron. En el sur de Asia, los movimientos separatistas royeron tanto a India como a Pakistn. En el sudeste de Asia, Indonesia, Malasia y Mianmar, las fracturas se produjeron segn las lneas raciales. En frica, la parte central no pudo mantenerse y fue inevitable que todo se viniera abajo: Congo, Repblica Centroafricana, Nigeria y Chad, entre otros pases.

En los primeros aos del siglo XXI se habl mucho de los estados fallidos como Afganistn, Iraq, Somalia, Yemen y Hait. Mirando retrospectivamente, ahora est mucho ms claro que, en cierto sentido, todos los pases estaban fracasando. Tenan pocas posibilidades frente a los sectores gubernamentales que se ocupaban de erosionar la globalizacin desde arriba y a la siempre creciente agitacin poltica de los actores no estatales desde abajo.

Quizs, en mejores condiciones ambientales, estas fuerzas habran empujado a los imperios, las federaciones y los pactos de comercio hasta el borde pero no ms all. Sin embargo, tal como sucedi a pesar de las conferencias, los manifiestos y varios arreglos de compromiso, el termmetro global continuaba subiendo. Las consecuencias del cambio climtico se convirtieron en la proverbial coyuntura crtica. La escasez de agua intensific los conflictos en toda China, como haba pasado en Rusia cuando escasearon los alimentos. Las zonas tropicales, las islas, las costas martimas; todas eran vulnerables al aumento del nivel del mar. Prcticamente todos los pases entraron en una batalla campal por el agua potable, el aire limpio, los minerales indispensables y la tierra cultivable.

Todos tenemos nuestras propias historias de los desastres ocasionados por el cambio climtico. Por ejemplo, yo perd mi casa con el huracn Donald, que destruy buena parte de Washington DC y sus suburbios en 2029. Inici una nueva vida en Nebraska solo para verme obligado a trasladarme otra vez cuando el acufero Oglala se agot en 2034, precipitndose as lo que hoy llamamos la Megasequa del Medio Oeste. Y, como muchos otros, hace solo tres aos perd a un ser querido en aquel mes terrible de las supertormentas julio de 2047 que devastaron una vasta zona del planeta Tierra.

Lo que nadie haba anticipado fue el impacto del cambio climtico tendra en el nacionalismo. Pero, qu otra cosa podra haber sucedido cuando todo el mundo se reparta los cada vez ms valiosos recursos naturales? Se comprob que el sentimiento nacionalista era el nico principio para determinar lo que se merecan los nuestros y la desgracia de los otros. Como resultado de ello, en lugar de convertirse un remanente atvico de otros tiempos, el nacionalismo demostr ser la ideologa ms poderosa del siglo XXI. En un planeta cada da ms desesperado, no nos encontrbamos frente a la benevolencia de un mundo nico sino frente a las confusiones mltiples de muchos mundos.

Todo lo que era slido

No solo los pases multitnicos se convirtieron en algo insostenible en este siglo. Todo pareca estar desintegrndose.

La clase media se hizo aicos. La promesa de un trabajo y un ingreso estables la seguridad del cuenco de arroz en Oriente y la jubilacin blindada en Occidente desapareci en el torbellino de una desigualdad en la que el 1 por ciento ms rico se escinda de la sociedad mientras que los ms pobres entre los pobres no tenan hacia dnde volverse. Regresando a 2015, a los expertos les encantaba promover nuevas tendencias como la economa compartida, en la que millones de empleados se convertan en emprendedores, o la larga cola del desarticulado mercado de consumo. Pero lo esencial era de una desoladora sencillez: las fuerzas que podran haber actuado para contrarrestar la divisin competitiva del mercado poco a poco desaparecieron. Desapareci la mano del Estado. Desaparecieron las presiones limitadoras de la moralidad.

Ciertamente, la tecnologa desempe un papel en esta transformacin, cuando los ordenadores y los telfonos celulares desvincularon a las personas de un lugar fijo de trabajo; y despus, cuando los biochips hicieron de cada persona su propia estacin de trabajo (work station). La aplicacin de los principios mercantiles a todos los aspectos de la vida humana socav la esfera pblica en favor de la privada. Esta dinmica en el mbito de la sociedad tambin contribuyo a la gran fractura que tuvo lugar en la esfera internacional.

S, puedo imaginar las crticas del lector. Tal vez es verdad que en 2050 estamos en el punto ms bajo en cuanto a cooperacin y que ante nosotros est alguna forma nueva de centralizacin y globalizacin. Est claro que los yihadistas que manejan sus minicalifatos en todo el mundo suean con la unin de los fieles bajo un estandarte nico. Incluso hoy hay diplomticos que esperan conseguir que los 300 pases miembros de Naciones Unidas acuerden una especie de reformas institucionales que puedan brindar al mundo algo parecido a un gobierno global. Y puede ser que algn brillante programador est incluso ahora creando una nueva aplicacin asesina que pondr a cada persona en la misma pgina, literalmente.

Como geopaleontlogo que soy no me agrada hacer conjeturas. Yo me centro en el pasado, en lo que ha sucedido realmente. Todo el mundo puede hacer predicciones. Pero ninguno de esos escenarios de futura integracin me parece que tenga alguna verosimilitud. Las cosas nunca salen como uno quisiera, solamos decir cuando yo era pequeo. Pero no por eso dejbamos de hacer lo que hiciera falta: as es la vida.

Aun as, faltara a mi obligacin si no sealara algo que muchos han notado con el paso de los aos. Hemos estado fragmentndonos precisamente cuando debamos habernos unido, dado que los problemas con que se enfrenta el planeta no pueden ser resueltos por millones de individualidades o por masas de aptridas actuando por su cuenta. De cualquier modo, con tantos millones de desesperados lejos de su casa, el aumento de las pandemias, la profundizacin de la desigualdad en el mundo, cmo es posible esperar que la gente pueda unirse para enfrentar las amenazas existenciales comunes? Solo hoy, cuando han pasado tantos aos y escribo estas lneas, somos capaces de ver con claridad que el aumento de las tierras despedazadas ha sido una verdadera tragedia de la humanidad. Da la impresin de que la incapacidad para comprometerse de las distintas culturas dentro de cada pas anticipaba nuestro momento actual de una multiplicacin de naciones que no son capaces de comprometerse para resolver nuestros flagelos globales. El aglutinante que alguna vez nos mantuvo unidos llmese solidaridad religiosa, racial o de clase ha perdido su poder vinculante.

En 2015, en el comienzo de la gran desarticulacin, yo todava era joven. Como cualquier otra persona, no vi lo que se acercaba. Pensaba que todos vivamos en una casa comn. Algunas habitaciones estaban terriblemente descuidadas. Aquellos que vivan en el tico a menudo estaban expuestos a las inclemencias del tiempo. La casa toda necesitaba mejor aislamiento trmico, electrodomsticos ms eficientes, paneles solares en el tejado, y nos habamos atrasado en el pago de la hipoteca. Pero al igual que muchos de mis pares casi nunca puse en duda que entre todos podamos reunir el dinero y la voluntad para hacer las reparaciones necesarias pidiendo a los residentes ms ricos de la casa que pusieran su justa parte.

Treinta y cinco aos y una interminable lista de catstrofes despus en un planeta cada vez ms pobre, deprimente e inhspito, est claro que nosotros no estbamos prestndole atencin suficiente. De haber estado escuchando, habramos odo a las termitas. Ah, en el stano de nuestra casa comn, ellas se estaban comiendo los cimientos bajos nuestros propios pies. De pronto, antes de que nos enterramos de qu estaba pasando realmente aquello que era slido se haba disuelto en el aire.


John Feffer es el director de Foreign Policy In Focus en el Instituto de Estudios Polticos, el editor de LobeLog, un colaborador regular de TomDispatch y el autor de varios libros, entre ellos Crusade 2.0.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176067/tomgram%3A_john_feffer%2C_on_the_verge_of_the_great_unraveling/#more



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