Portada :: Europa :: Las bombas de Oriente Medio explotan en Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2015

Pars, de qu guerra hablamos?

Santiago Alba Rico
Pblico


Entre las vctimas de la sala Bataclan haba extranjeros: espaoles, rumanos, belgas y tambin tunecinos y argelinos, muy probablemente musulmanes. Entre los franceses sin duda habr tambin hombres y mujeres de origen rabe y musulmn. Todos ellos tenan algo en comn: ganas de bailar, beber y rer. A los que tratan de encontrar una explicacin ideolgica en el atentado a partir del comunicado de Daesh hay que decirles la verdad, mucho ms inquietante: el atentado es un dantesco acto publicitario y una orgullosa, lcida y revolucionaria declaracin de guerra a la moral burguesa: os matamos sencillamente porque estis vivos. El hecho de que las vctimas rieran, bailaran y bebieran es importante, pero no porque se trate de prcticas haram, segn una estrecha interpretacin del islam, sino porque las convierte en personas normales con las que todos podemos sentirnos identificados y, a travs de ellas, tambin afectados y amenazados.

Entre los verdugos, lo sabemos ya, haba franceses. Por ejemplo Ismael Omar Mustafei, de 29 aos, nacido en uno de los banlieu de Pars. Era de esperar. Cualquiera que conozca la situacin de los barrios perifricos de las ciudades de Francia tiene que acordarse de esa ltima entrevista que Pasolini concedi el mismo da de su muerte, hace 40 aos, y en la que hablaba de lo que los burgueses ignoran. Deca Pasolini: ustedes no viven en la realidad. Yo s. Ah abajo hay muchas ganas de matar. De esas ganas de matar habr que ocuparse ms pronto que tarde si queremos comprender algo y salvar un poco. Si queremos evitar, de entrada, la nica guerra que no mencionan ni Hollande ni Sarkozy: la guerra civil en Francia.

Habr que pensar en los asesinos, s, pero centrmonos ahora en el dolor -muy nuestro- de la inocencia tronchada. En el dolor, por ejemplo, de ngela Reina, flamante esposa de Juan Alberto Gonzlez, 29 aos tambin, ingeniero industrial, con ganas de marcha un viernes por la noche. No nos engaemos. El dolor no sirve de nada. Cada uno lo acarrea como puede sin librarse jams de l. No es til. Pero se puede transportar a un sitio u otro e iluminar con l otras conexiones y otros cuerpos. Qu hacer con el dolor insoportable de ngela y de Pars? Dnde deberamos trasladarlo con la imaginacin?

Deberamos llevarlo, por ejemplo, junto al dolor de los refugiados, gente tambin normal que oye msica y se lava los dientes, fugitivos de una tragedia parecida a la de Pars, pero cotidiana e ininterrumpida. Pars nos da la ocasin de comprender a los sirios y de situarlos a nuestro lado, como vctimas hermanas de una barbarie comn. Pero nos da la ocasin tambin de trasladarnos hacia el pasado y hacia el futuro para tratar de conectar el horrendo crimen de Pars con otros lugares del mundo en los que Occidente no deja de intervenir de mil maneras. El dolor no sirve pero s pide. Reclama. El dolor de Pars exige a nuestros gobernantes que no vuelvan a cometer los mismos errores que alimentan desde hace aos las ganas de matar y, sobre todo, que no utilicen su dolor sin consuelo para justificar intervenciones militares en su nombre o en el de Francia o en el de los valores de la civilizacin.

Ahora bien, el dolor, que es intil para las vctimas, es til para los malos gobiernos y ms si, como en Espaa, estamos en vsperas electorales. Es una ventana de oportunidad para justificar blindajes identitarios y alineamientos irresponsables orientados a controlar a la poblacin en el interior y a aventar incendios en el exterior. Desde antes, pero muy claramente desde el 11S y la posterior invasin de Iraq, Occidente ha puesto siempre a su servicio un teclado de dolores selectivos para impedir la nica solucin que podra librarnos a todos, en Europa y en el mundo rabe, del Estado Islmico y su nihilismo destructor: la democracia. Tuvimos una oportunidad en 2011, cuando los pueblos de la zona, retenidos a la fuerza en el cepo de la Guerra Fra, exigieron dignidad y libertad y los abandonamos a su suerte o a la de nuestros aliados. Llevo aos repitindolo: en 2011 los pueblos se levantaron al mismo tiempo contra las dictaduras, las intervenciones extranjeras y el yihadismo de Al-Qaeda. Esas tres fuerzas mellizas vuelven hoy con renovada fuerza porque, en lugar de recibir apoyo, las revoluciones e intifadas fueron secuestradas o descarriladas por la OTAN, por Arabia Saud (nuestro Estado Islmico) o por las viejas y nuevas dictaduras (del propio Bachar Al-Assad al general Sisi), y todo ello con la complicidad promiscua de Israel. No puede extraar que muchos de los jvenes radicalmente demcratas hace cinco aos sean hoy radicalmente islamistas. Su radicalidad est cargada de razn y, si se orienta ahora hacia la barbarie yihadista, se debe en buena parte a que su rebelda democrtica fue sumergida en la sangre, la pobreza y la miseria vital. Su deseo de democracia no les sirvi ni siquiera para poder viajar libremente por el mundo.

Todo indica que el dolor del atentado de Pars -como antes el del 11S o el del 11M- lo utilizarn nuestros gobiernos para obcecarse en viejas politicas que se han revelado trgicamente fracasadas; y fracasadas justamente porque se han desentendido, al mismo tiempo, de los derechos humanos y de la voluntad de los ciudadanos de la regin. Qu es el ISIS? Una revolucin negativa, comodn de casi todas las fuerzas concurrentes en Siria e Iraq, cuyo poder se alimenta de dictaduras e intervenciones y, concretamente, de la dictadura siria apoyada por Rusia y del caos iraqu generado por los EEUU. El atentado de Pars, en este sentido, tendr como consecuencias inmediatas las que nuestro dolor, precisamente, debera excluir: islamofobia y presin en Europa sobre los refugiados, relegitimacin de Bachar Al-Assad y su rgimen criminal, responsable ltimo de la tragedia siria, y agravamiento de la guerra en Siria. El belicismo demaggico de las declaraciones oficiales francesas, sincopadas por nuestro ministro Margallo, anuncian ya una intervencin terrestre que convertir la zona -todava ms- en un avispero multinacional y en una fbrica -y en un sumidero- de yihadismo. Y har nuestras ciudades europeas ms vulnerables y menos libres. Con el EI, es verdad, no se puede negociar; hay que derrotarlo tambin militarmente. Pero eso slo pueden hacerlo los habitantes de la zona y slo si se se ponen de acuerdo en torno a un proyecto comn democrtico y no-sectario. Eso slo ser posible si Europa deja de apoyar dictadores, de promover polticas sectarias a travs de sus aliados teocrticos o laicos y de emprender aventuras militares.

Para derrotar realmente a Daesh necesitamos nuevos gobiernos que no juegen con el dolor de sus ciudadanos. Necesitamos gobiernos que se tomen en serio las nicas medidas que, a medio plazo, pueden dejar el EI sin los medios -y el medio- de su supervivencia. La derrota militar de Daesh por parte de sus vctimas inmediatas, los habitantes de la zona, en su mayora musulmanes, es indisociable de la no.criminalizacin de los que abandonan sus filas y retornan a sus pases de origen. En Europa, es necesaria la coordinacin policial, sin duda, pero tambin la integracin social, la proteccin de las comunidades musulmanas y la pedagoga institucional contra la islamofobia, lo que implica respeto absoluto de los derechos jurdicos de los ciudadanos de religin islmica. No olvidemos que el Estado Islmico utiliza sus atentados para alimentar el odio hacia el islam y presionar as a las comunidades musulmanas de nuestras metrpolis: la islamofobia es tambin una fuente de reclutamiento.

En cuanto a la accin sobre el terreno, un gobierno dolorido que no utilice de manera fraudulenta el dolor de sus ciudadanos debe dejar a un lado las intervenciones militares y centrarse en las fuentes de financiamiento de Daech, la prohibicin de la venta de armas, el apoyo de las fuerzas democrticas locales y la promocin de una solucin dialogada e inclusiva para Siria. Nuestro dolor est de tal manera trenzado con el de los sirios (e iraques y palestinos y kurdos) que slo acabando con el suyo, y democratizando sus pases, garantizaremos la seguridad y la libertad en Europa. Debe ser, en todo caso, obra suya y nuestro papel debe consistir en retirar obstculos ms que en provocar nuevos malentendidos coloniales.

Vuelvo al dolor de los que bailaban y rean y beban. Me pongo en su pellejo fcilmente, pues me gusta bailar, beber y rer. Y me emociono sintindome parte de la civilizacin y la humanidad en que se abrigan en medio de la tragedia. Pero tambin me resulta fcil trasladarme desde ese dolor al de los refugiados y, ms all, al de los sirios y los iraques. Ahora bien, me ocurre entonces que, desde ese dolor rabe o musulmn, me siento expulsado cuando los lderes mundiales hablan de un ataque contra la humanidad, contra la civilizacin, contra la democracia o contra los valores universales. Porque, desde ese dolor, juzgo hipcrita y hasta tribal esa defensa de una universalidad que no les incluye, que no trata por igual a las vctimas del EI en Francia y a las de Beirut el da anterior, que considera mucho ms grave la muerte de un francs en Pars que la de un sirio en Alepo. No, los occidentales no podemos exigir ni condenas ni compasin desde estos presupuestos: La humanidad somos nosotros, vosotros no, la civilizacin somos nosotros, vosotros no, la universalidad somos nosotros, vosotros no. Y finalmente: merecedores de duelo y de venganza son nuestros muertos, los vuestros no. No podemos acercarnos a los otros pueblos -lo explicaron muy bien Fanon y Aim- desde estas prcticas y con estos discursos sin perder toda credibilidad y provocar contracciones identitarias defensivas y a menudo tambin agresivas. El atentado de Pars es una buena ocasin para unir el dolor de los europeos, hoy sacudidos por la brutalidad del EI, y el de los rabes yhttp://blogs.publico.es/dominiopublico/15013/paris-de-que-guerra-hablamos/ musulmanes, humillados por dictaduras amigas y asesinados por bombas multinacionales. Si nos blindamos en esas neurosis coloniales que llamamos valores y repetimos los mismos errores, proclamando nuestra superioridad moral en medio de las ruinas que ayudamos a amontonar, daremos la razn a todos los brbaros y nos uniremos a ellos en su obra de destruccin. Se trata, s, de civilizacin: no ayudemos al Estado Islmico a cavar su tumba.


Santiago Alba Rico, Filsofo y escritor. Candidato al Senado por Podemos

Fuente original: http://blogs.publico.es/dominiopublico/15013/paris-de-que-guerra-hablamos/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter