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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-11-2015

Reflexiones sobre las conversaciones de paz en La Habana

Delegacin de Paz de las FARC-EP
Rebelin


La Habana, Cuba, sede de los Dilogos de Paz, noviembre 19 de 2015

Hace tres aos, en este mismo escenario, impulsados por la esperanza, iniciamos un nuevo intento para dejar atrs mediante el dilogo civilizado, ms de medio siglo de lucha armada originada en la violencia del poder y la exclusin.

Contbamos en ese entonces, como hoy, con el inextinguible anhelo de paz del pueblo de Colombia, la inconmensurable ayuda solidaria de Cuba, de la Venezuela bolivariana de Hugo Chvez y de los gobiernos de Noruega y Chile, que con su humanismo nos animan a regresar al pas con el acuerdo de la reconciliacin. Este ha sido nuestro anhelo y en funcin del mismo hemos trabajado sin descanso, pero no ha sido fcil, porque aunque tenemos importantes logros parciales que nos han aproximado a la posibilidad cierta del fin del conflicto, ahora se les impone grandes dificultades solo superables con el concurso pleno del pueblo.

Los avances en la Mesa se sintetizan en la firma de nueve acuerdos fundamentales, tres de ellos referidos de manera directa a puntos especficos de la Agenda: Reforma Rural Integral, Participacin Poltica y Nueva poltica anti-drogas, cada uno con salvedades ineludibles que en total suman 28. Estos se complementan con otros entendimientos sobre Comisin Histrica del Conflicto y sus Vctimas, Comisin para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repeticin; Agilizar las conversaciones en La Habana y desescalar el conflicto en Colombia, descontaminacin del territorio de artefactos explosivos, Bsqueda de personas dadas por desaparecidas en el contexto y desarrollo del conflicto, Unidad de bsqueda para similares propsitos, y un acuerdo de Jurisdiccin Especial para la Paz, que desafortunadamente vena siendo colmado de incertidumbres luego de su anuncio pblico.

En el presente, y ya desde hace ao y medio, intentamos cerrar un nuevo acuerdo que reivindique a las vctimas del conflicto brindndoles con suficiencia Verdad, Justicia, Reparacin y No Repeticin en condiciones de dignidad y de respeto al conjunto de sus derechos humanos, incluyendo los escamoteados Derechos Econmicos, Sociales, Culturales y Ambientales que generen el buen vivir que claman las mayoras.

Este panorama, al que se suman los pasos dados por la sub comisin tcnica en el diseo de la formulacin del Cese bilateral del fuego y Dejacin de armas, es decir su no utilizacin en poltica por la guerrilla y el Estado, muestra sin duda que las perspectivas de alcanzar un Acuerdo Final, brillan como nunca antes en el horizonte de Colombia. No obstante, contra ello conspiran obstrucciones y desavenencias que no debieran estar instaladas como nubarrones que oscurecen la confianza construida con tanto esfuerzo a partir del invaluable apoyo que la gente humilde y otros sectores han brindado al proceso con desprendimiento.

El unilateralismo, el empecinamiento intransigente, el egosmo poltico excluyente, la ausencia de sentido comn, la mezquindad de clase, el incumplimiento de la palabra empeada por parte del bloque de poder dominante, se siguen atravesando como mulas muertas en la mitad del camino. Pero cunto quisiramos que el pas de unos pocos que describimos en el discurso de Oslo, fuera reemplazado, con el concurso de los colombianos, por un pas para todos en el que ya no exista la miseria, la desigualdad, la exclusin poltica, las segregaciones de todo tipo y la carencia de democracia.

No se puede seguir persistiendo en la aplicacin de polticas neoliberales que sacrifican y victimizan al conjunto de la sociedad y en especial a los ms pobres, echando por la borda la soberana nacional y condenan al pas a continuar en la confrontacin. No se puede seguir despilfarrando el erario pblico en un gasto militar y de guerra, y menos lanzndolo al foso de la corrupcin y a la voracidad mezquina de los privilegiados.

Por otra parte, como dice el Libertador, que la Verdad pura y limpia es la mejor manera de persuadir, y que es necesario no adelantar un pacto de impunidades, debemos hacer cierto el propsito de que esa verdad sea asumida por el conjunto de los actores del conflicto, sin que quede excluida, como se pretende, la casta dirigente y el Estado que la representa, supremos responsables de las causas y las consecuencias de una guerra que se ha convertido en la ms prolongada del hemisferio.

Por qu temerle ahora a este juicio necesario: los que han regentado el poder, los que se han enriquecido con la miseria del pueblo llano, los que han impedido que nos demos un abrazo de hermanos, deben como los que ms, ofrecer verdad exhaustiva, sin atrincherarse en inmunidades, para no asumir sus propias responsabilidades, porque si algn nicho de impunidad ha habido a lo largo de la historia, es el que han construido los de arriba para mantenerse en el poder.

Basta de negacionismos, cuando de manera abierta su paramilitarismo devenido de la Doctrina de la Seguridad Nacional y de la concepcin del enemigo interno, aniquil a organizaciones como la Unin Patritica, A Luchar, y a otra multitud de dirigentes y luchadores sociales que con sus pechos desnudos reclamaban sus derechos ms elementales y la posibilidad de una Colombia diferente. Basta de ms asesinatos de defensores de derechos humanos, reclamantes de tierra, y militantes de movimientos polticos alternativos, que es lo que hoy mismo est ocurriendo sin considerar, por indolencia, que estamos en medio de un proceso de paz. Sin ms dilaciones hay que esclarecer y desarticular el fenmeno del paramilitarismo.

Queremos expresar tambin, que no es admisible que todo gesto unilateral de la insurgencia sea interpretado como expresin de debilidad y que entonces se apriete con nuevas exigencias de sometimiento, pretendiendo la ilusin de la rendicin del pueblo armas.

Tenemos nuestros corazones colmados de un deseo irrefrenable de paz. Hemos venido a La Habana a levantar las banderas sociales y polticas por las que el pueblo ha luchado toda la vida.

Insistimos en que queremos avanzar, sin perder la memoria, teniendo presente que sta, nuestra tierra, sigue siendo como el Macondo de Cien Aos de Soledad donde ocurre lo inaudito. Quienes desde abajo siempre han luchado por la paz no olvidan, por ejemplo, que en el intento de paz del ao 57, fue asesinado el dirigente agrario marquetaliano Jacobo Pras Alape; no olvidan, que a solo 38 das de firmado el acuerdo de paz con el M19, su comandante Carlos Pizarro fue asesinado por sicarios mientras viajaba en un avin; y no olvidan, entre muchos otros crmenes de Estado, que mientras adelantaba los primeros contactos para abrirle una nueva esperanza de paz a Colombia, el comandante de las FARC, Alfonso Cano, fue acribillado en estado de indefensin por orden de su interlocutor.

Insistimos en que estamos listos para firmar un acuerdo de paz que abra las esclusas del poder constituyente del soberano, pero en qu quedaron los afanes de aquellos que despus de firmar el compromiso de Agilizar en La Habana y desescalar en Colombia, han puesto freno a las dinmicas de la Mesa, mientras se hostiga al movimiento popular y se expande la militarizacin del territorio asediando a una fuerza insurgente que ha cesado sus acciones ofensivas contra la Fuerza pblica y la infraestructura econmica?

Si la paz es asunto de toda la sociedad en su conjunto, no es a partir de un acto legislativo o de un plebiscito no consensuado que se va a alcanzar la refrendacin y la implementacin de los acuerdos, menos cuando ni siquiera hemos abordado en la Mesa el debate de dicha temtica. Para dar un cierre pleno a los asuntos que tocan con el punto FIN DEL CONFLICTO, y en especial su numeral 5 referido a los cambios institucionales, para que esto y el conjunto de los aspectos ms complejos de disenso sean resueltos, no hay otro camino de solucin que el de una Asamblea Nacional Constituyente, a fin de que sea el pueblo, desplegando todas sus potencialidades, quien otorgue seguridad jurdica al tratado de paz duradero y no ocurra que gobiernos sucesivos se aventuren a borrar con el codo lo que se construya con sacrificio y abnegacin.



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