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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2015

Irn
Las ambiciones regionales de la Repblica Islmica

Babak Kia
A lEncontre


El acuerdo sobre el expediente del programa nuclear iran al que se lleg en Viena el 14 de julio pasado por parte de la Repblica Islmica de Irn y el grupo de los 5+1 (cinco Estados miembros del Consejo de Seguridad de la ONU ms Alemania) refrenda el nuevo estatus de la molarqua (en referencia a la monarqua de los mul. ndt) en Medio Oriente.

Este acuerdo deseado por el Gua de la Revolucin, Ali Khamenei, primera personalidad de la Repblica Islmica y por la Casa Blanca se inscribe en la continuacin lgica del texto firmado en abril pasado en Lausana. Histrico y previsible, este acuerdo es la conclusin de dos aos de negociaciones y pone fin a ms de 12 aos de crisis sobre el asunto nuclear iran.

En el profundo marasmo que atraviesa Medio Oriente, Tehern y Washington han optado por el compromiso. El acercamiento se oper primero en Afganistn contra los talibanes y, luego, en Irak a la cada de Saddam Hussein. Finalmente, la descomposicin y la particin, de hecho, de los Estados irak y yemenita, la prdida de control por el rgimen de Assad sobre la mayor parte del territorio sirio y la emergencia de Daech han acelerado este proceso. Esto tanto ms cuanto que el imperialismo estadounidense y la Repblica Islmica tienen ya un enemigo comn: el Estado Islmico.

Si la monarqua saudita y la Turqua de Erdogan han hecho el juego a Daech, el rgimen de Tehern pasa por ser un nuevo aliado y una potencia regional insoslayable para la Casa Blanca. Por este acuerdo, la administracin estadounidense pretende integrar ms a la Repblica Islmica en su dispositivo regional, pero esto no acontece sin contradicciones, como indica la hostilidad del Estado colonialista de Israel, la de las monarquas reaccionarias del Golfo o la importante recuperacin de la presencia de la potencia imperialista rusa.

En fin, el acuerdo de Viena permite a las potencias imperialistas frenar y controlar el programa nuclear de Tehern. Los inspectores de la AIEA (Agencia Internacional de la Energa Atmica) tendrn acceso a los centros nucleares y a ciertos enclaves militares. Tehern deber reducir el nmero de centrifugadoras (de ms de 19 000 a 5 000) y disminuir mucho su stock de uranio enriquecido. El enriquecimiento de uranio ser limitado al 3,67% durante quince aos y solo en la planta de Natanz.

Acuerdo histrico, intereses comunes y conmociones regionales

Este compromiso histrico, el primero desde 1979, es el producto de las sacudidas aceleradas que golpean Medio Oriente.

El caos regional actual refrenda el fin del largo perodo histrico abierto por el desmembramiento del Imperio otomano al final de la Primera Guerra Mundial. En efecto, las potencias imperialistas francesa y britnica, bajo la gida de la SdN en 1920 -tras la Primera Guerra Mundial y los acuerdos Sykes-Picot (1916)- crearon Estados con fronteras artificiales sobre los escombros del Imperio otomano. Las grandes potencias procuraron poner en el poder, en cada uno de los Estados creados, fuerzas minoritarias y sumisas a los imperialismos. As, los derechos de los pueblos y de las minoras nacionales y religiosas fueron pisoteados en beneficio de los intereses de las grandes potencias que no dejaron de apoyar a los regmenes dictatoriales de la regin.

Hoy, con el ascenso del Estado Islmico y de la provincia autnoma kurda (en el norte de Irak) a las que conviene aadir la descomposicin de los Estados yemen, iraqu y sirio, est en curso el germen de una redelimitacin de las fronteras del Medio Oriente. De una cierta forma, estos proyectos polticos y nacionales son todos reaccionarios. Muestran un repliegue poltico sobre el menor denominador comn, a saber, la identidad religiosa y/o tnica. As por su proyecto y su prctica, Daech pretende constituir una entidad poltica homognea y limpiada de sus minoras. Se trata de una purificacin sobre bases religiosas, tnicas y profundamente reaccionarias.

Esta poltica de homogeneizacin no es solo cosa del Estado Islmico. Lo mismo ocurre con la poltica saudita hacia las poblaciones chitas que viven en las zonas del reino ricas en recursos naturales.

En cuanto al gobierno turco de Erdogan, ste lleva a cabo una lucha criminal contra el pueblo kurdo y todas las oposiciones a fin de impedir la creacin de un Estado kurdo que modificara la geografa poltica de la regin. Igualmente, Turqua rechaza toda situacin que llevara a la creacin de una entidad autnoma de los kurdos de Siria. Esto explica en gran medida su complacencia hacia el Estado Islmico.

Ms globalmente, esta poltica de Ankara se inscribe en la lnea histrica del Estado turco. A saber, la negacin del derecho de las minoras e incluso de la existencia poltica y cultural de esas minoras. Los atentados de Suru (20/07/2015) y de Ankara (10/10/2015) son un golpe contra el pueblo kurdo y, ms en general, contra las corrientes de oposicin democrticas y de izquierda en Turqua. Constituyen los frutos podridos, directos e indirectos, de la poltica del Estado turco.

En fin, en este panorama regional catico conviene no descuidar la inestabilidad creciente de Lbano y de las petromonarquas del Golfo as como la fragilidad crnica del reino jordano.

De forma general, las dinmicas en marcha no estn controladas por ninguno de los protagonistas regionales e internacionales y nadie puede prever su evolucin.

Estas importantes conmociones son la consecuencia directa de las intervenciones imperialistas que se han sucedido desde 1991, de la ofensiva neoliberal de los ltimos decenios que ha socavado las bases de los poderes existentes y reducido sus mrgenes de maniobra clientelistas. A estos elementos conviene aadir la corrupcin de las lites dirigentes, el carcter dictatorial de los Estados de la regin y los levantamientos populares en Magreb y Medio Oriente. Todo esto ha contribuido a poner en cuestin los equilibrios pasados. Tanto ms cuanto que el imperialismo estadounidense ha reorientado su dispositivo militar hacia Asia del Sudeste y contra China, que ocupa ya un papel central en los documentos estratgicos americanos.

En efecto, en Washington, China est considerada como un peligro, sobre todo a largo plazo. Por otra parte, las tensiones diplomticas y las maniobras de intimidacin militares no dejan de multiplicarse entre las dos grandes potencias, en particular en el mar de China. Este cambio estratgico se ha acompaado de un cierto distanciamiento del imperialismo estadounidense respecto al Medio Oriente.

Ms globalmente, el caos regional prolongado muestra la incapacidad de las potencias imperialistas (Estados Unidos, Unin Europea, Rusia) para estabilizar el Medio Oriente. La crisis del sistema capitalista y el ascenso de las contradicciones interimperialistas son los factores primeros de esta situacin.

En este contexto, las potencias regionales como Turqua, Reino Saudita, Israel o la Repblica Islmica de Irn han visto reforzarse su autonoma y sus mrgenes de maniobra.

Este distanciamiento relativo del imperialismo estadounidense y el callejn sin salida en el terreno militar han dejado el campo libre a la intervencin imperialista de Rusia en Siria. La intervencin area de Mosc tiene por objetivo salvaguardar el rgimen sanguinario de Bachar el-Assad, defender los intereses geopolticos de Rusia y conservar su nico puerto en el Mediterrneo, el puerto estratgico de Tartous en Siria. Se produce en un momento en que el rgimen de Assad se encuentra en gran peligro. En un primer momento, esta intervencin permite la supervivencia poltica de Assad. Permite igualmente a Putin recuperar presencia en la regin y reanudar los vnculos importantes con los gobiernos iraqu y egipcio.

En fin, hay que sealar la colaboracin en el plano de la informacin as como en las maniobras areas conjuntas entre Rusia y el Estado colonialista de Israel. Este ltimo elemento indica hasta qu punto se confunden quienes en la izquierda osan pretender an que el rgimen de Assad formara parte de un supuesto campo antiimperialista o antisionista. Hoy, como ayer, el poder sirio no ha sido jams ni antiimperialista ni propalestino.

La intervencin imperialista rusa es masiva y est coordinada con la Repblica Islmica de Irn que ha enviado sobre el terreno medios humanos importantes. stos se elevan a ms de 5 000 milicianos, consejeros y militares. As, el rgimen de los muls ha desplegado en Siria fuerzas salidas de las unidades de lite de los Guardianes de la Revolucin y ha organizado milicias a partir de afganos exiliados en Irn. Estos afganos, entrenados precisamente por la Repblica Islmica, constituyen la carne de can del rgimen de Tehern. A esas fuerzas hay que aadir la intervencin del Hezbol libans que participa en la guerra contra el pueblo sirio y contra sus aspiraciones legtimas a la libertad y la justicia social.

La molarqua victoriosa?

Ha sido en este contexto en el que se han producido los acuerdos sobre el programa nuclear iran. Prevn el mantenimiento de las sanciones relativas a los misiles balsticos y a las importaciones de armas ofensivas. Adems, la transferencia de materiales sensibles que puedan contribuir al programa balstico iran estar prohibida durante ocho aos. La venta o la transferencia de ciertas armas pesadas desde y hacia Irn seguirn estando proscritas durante cinco aos.

A cambio, Tehern obtiene el levantamiento progresivo de las sanciones adoptadas por la Unin Europea y los Estados Unidos contra los sectores de las finanzas, la energa y el transporte. La molarqua podr disponer de los haberes del Estado iran estimados en 150 mil millones de dlares y bloqueados en los Estados Unidos desde 1979. En fin, la Repblica Islmica, que podr vender sus hidrocarburos sin limitacin, pretende beneficiarse de su vuelta a la normalidad para abrir su mercado interno a las multinacionales que ya hacen cola. Las visitas de los dirigentes e industriales europeos a Tehern o el viaje del presidente iran Rohani a Francia en noviembre, anuncian un acercamiento que supera el marco del acuerdo sobre el expediente nuclear.

El levantamiento de las crueles sanciones que han golpeado a los pueblos de Irn es, por supuesto, algo bueno. En efecto, las sanciones influyen con fuerza sobre las condiciones de vida de los pueblos de Irn y sobre le economa del pas. Alimentan el paro masivo, la hiperinflacin y las penurias. Han conducido a la explosin del mercado negro en gran medida controlado por los Guardianes de la Revolucin cuya direccin se ha enriquecido considerablemente.

En el plano interno el rgimen presenta estos acuerdos como una victoria. En efecto, la molarqua ha justificado siempre las dificultades econmicas y sociales del pas por el peso de las sanciones y la hostilidad de las grandes potencias. Por supuesto, esta explicacin evita poner en cuestin la poltica econmica y social de la teocracia iran. Una poltica al servicio de los ms ricos, de los dignatarios del pas, de su familia y de los Guardianes de la Revolucin. Con un paro masivo, en particular entre la juventud, rcords de inflacin, una bajada importante de los ingresos petroleros debida a la obsolescencia de las infraestructuras y a un hundimiento de los precios en el mercado mundial y a la ausencia de libertades democrticas (en particular las sindicales) los pueblos de Irn sufren de lleno la poltica injusta y dictatorial del rgimen y son por otra parte las primeras vctimas de las sanciones imperialistas.

El acuerdo sobre lo nuclear puede abrir nuevos espacios a quienes quieren acabar con la molarqua. En efecto, el rgimen tendr ms dificultades para justificar sus fracasos y su corrupcin por la poltica de las grandes potencias. Las reivindicaciones sociales y democrticas intentarn expresarse tanto ms cuanto que, durante muchos decenios, el rgimen ha derrochado centenares de miles de millones de dlares para su programa nuclear. Consciente del peligro, la Repblica Islmica ha iniciado, desde la firma del acuerdo de Viena, un nuevo ciclo de represin, en particular contra los militantes del movimiento obrero, a fin de aplastar cualquier veleidad de protesta. La reciente muerte bajo tortura en las prisiones de lamolarqua del dirigente sindical Shahrokh Zamani y la detencin de numerosos lderes sindicales muestran este endurecimiento represivo. Los militantes obreros, los sindicalistas de la enseanza y los militantes kurdos o quienes luchan por la igualdad de derechos pagan un duro tributo. El rgimen de los muls que hoy aparece como aliado para las grandes potencias imperialistas sigue siendo el poder teocrtico, reaccionario y dictatorial que ha sido siempre.

La poltica regional de la Repblica Islmica de Irn

Ms globalmente, el levantamiento de las sanciones y el acceso a las cuentas bloqueadas darn al rgimen de Tehern mrgenes de maniobra para realizar su poltica clientelista y reforzar su presencia en la regin. As, la molarqua podr aumentar an ms la ayuda material y humana concedida al gobierno iraqu y a las milicias chitas que, bajo la cobertura de la lucha contra Daech, llevan a cabo una guerra sectaria contra las poblaciones sunitas.

La poltica sectaria realizada por el poder de Bagdad, apoyado por la Repblica Islmica, ha favorecido en gran medida el enraizamiento del Estado Islmico. ste saca su fuerza en la descomposicin de la sociedad iraqu y la exclusin de las poblaciones sunitas por los gobiernos iraques. Gobiernos apoyados por los Estados Unidos y la Repblica Islmica de Irn.

Reflejando como en un espejo la poltica saudita, Tehern va a proseguir su accin desestabilizadora en Yemen y en Bahrein. En efecto, la poltica regional de la Repblica Islmica de Irn se inscribe en una guerra indirecta contra la monarqua ultrareaccionaria de los Saoud. Tehern y Riad son los principales apoyos de las corrientes reaccionarias del islam poltico y favorecen las lgicas de enfrentamientos sectarios e interreligiosos que arrasan la regin a sangre y fuego. Tras estos antagonismos se oculta una lucha de influencia y de intereses entre las dos teocracias reaccionarias que movilizan a las poblaciones sobre la base de sus identidades religiosas y/o tnicas. Esta guerra por fuerzas interpuestas es un desastre para la regin y para las poblaciones. No sirve ms que a los intereses estatales y capitalistas de los Estados teocrticos que son Arabia Saudita y la Repblica Islmica de Irn. As, en Yemen, la intervencin criminal llevada a cabo por el reino saudita y sus aliados participa de este enfrentamiento que asola la regin. Este engranaje trgico conviene a las grandes potencias. En efecto, los Estados de la regin se han implicado en una nueva carrera de armamentos cuya salida no puede ser ms que la continuacin de la guerra. El gran beneficiario es la industria de armamento que ve as considerables perspectivas de ganancias. A este respecto, el desplazamiento del primer ministro francs a las monarquas del Golfo y a Arabia Saudita y la decena de miles de millones de dlares en pedidos, en particular en medios militares, muestran perfectamente esa poltica cnica de las grandes potencias.

En fin, el rgimen de Tehern podr igualmente aumentar su apoyo a la dictadura de Damasco y al Hezbol libans que combaten salvajemente contra el pueblo sirio. En efecto, desde el punto de vista de Tehern, el apoyo saudita a las fuerzas integristas sunitas en Siria constituye una amenaza inaceptable. La Repblica Islmica rechaza la cada del rgimen de Assad pues esto constituira un revs mayor para su influencia regional. En efecto, Siria es el puente estratgico directo entre Tehern y el Hezbol libans. Por otra parte, tras la cada del poder de Damasco, podra perfilarse un debilitamiento, incluso un hundimiento del gobierno iraqu. Ahora bien, esto equivaldra para la Repblica Islmica de Irn a una especie de cerco por parte de la Arabia Saudita. A fin de comprender esto, no hay que olvidar las ambiciones regionales de la molarqua. stas estn en gran medida expresadas por los medios y la prensa cercana a los Guardianes de la Revolucin y a los sectores ms nacionalistas de la teocracia iran. En efecto, las afirmaciones segn las cuales Tehern controlara tres capitales rabes, es decir, Bagdad, Beirut y Damasco son corrientes en la boca de los dignatarios iranes. Lo que indica la importancia que concede la Repblica Islmica de Irn a los conflictos regionales actuales.

Fracaso de las intervenciones imperialistas

Por supuesto, el fracaso de la campaa de bombardeos contra el Daech realizada por los Estados Unidos y su coalicin internacional y el acercamiento con Tehern abren una nueva configuracin. En efecto, es ya probable que el rgimen de los muls, Rusia y las potencias occidentales se pongan de acuerdo para salvar al rgimen sirio. Hay que sealar que la intervencin rusa no poda tener lugar sin un cierto dejar hacer de la Casa Blanca. La administracin Obama intenta obtener una solucin poltica basada en el mantenimiento del rgimen Assad pero con una salida de Bachar el-Assad a medio plazo. En s, esto no constituye un punto de desacuerdo con Mosc. La intervencin rusa permite salvar el poder de Damasco a la vez que elimina las componentes polticas democrticas y revolucionarias an activas en Siria.

No hay duda que de que el giro de Franois Hollande, que ha implicado a Francia en el bombardeo de las posiciones de Daech en Siria, o las intervenciones imperialistas de Mosc y de Washington no hacen ms que hundir an ms a la regin en el caos. Las intervenciones imperialistas no han hecho sino acentuar el desastre humanitario y reforzar la adhesin de ciertas poblaciones al Estado Islmico. Los planteamientos imperialistas no impedirn la descomposicin y la particin de Siria y de Irak.

Por la libertad, la igualdad y la justicia social

En Irn como en toda la regin, las aspiraciones a la libertad, la igualdad y la justicia social son fuertes. Estas legtimas aspiraciones se enfrentan a la contrarrevolucin dirigida por las grandes potencias, los diferentes gobiernos de la regin ya sean laicos como Siria o Egipto o representen una de las mltiples tendencias del islam poltico, todas igual de reaccionarias, como en Arabia Saudita, Turqua o Irn.

Los pueblos aprovecharn todas las posibilidades para poner fin a las injusticias y a los regmenes teocrticos y dictatoriales de Medio Oriente. Las recientes movilizaciones sociales y democrticas en Irak y en Lbano muestran que los pueblos de la regin no estn resignados. Debemos apoyarles en su lucha para librarse de las injerencias imperialistas y de los poderes tirnicos que les oprimen y de las diferentes corrientes del islam poltico.

Frente al caos y a las particiones basadas en las identidades tnicas y religiosas, las fuerzas progresistas y socialistas deben oponer una perspectiva de clase, democrtica, laica, internacionalista y federalista, fundada en la igualdad de derechos entre los pueblos y el reparto de las riquezas.


(Este artculo ha sido redactado a finales de octubre de 2015 -red A lEncontre).

Fuente origina: http://alencontre.org/moyenorient/iran/les-ambitions-regionales-de-la-republique-islamique-diran.html

Traduccin: Faustino Eguberri para VIENTO SUR



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