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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2015

Guatemala
La corrupcin como nueva plaga bblica, estrategia de manipulacin meditica

Marcelo Colussi
Rebelin


Ahora las rdenes son annimas. Hay nmeros de telfono y correos electrnicos que dan las rdenes a jefes de clica, pero no se sabe bien de quin son. Te llega un correo, por ejemplo, con una orden, una foto y un pago adelantado de Q. 10,000, y ya est. As se maneja hoy. () A veces el mismo guardia de la prisin llega con el marero y le da un telfono, todo bajo de agua, dicindole que en 5 minutos lo van a llamar. Tal vez el mismo guardia ni sabe quin va a llamar, ni para qu. Eso denota que ah hay una estructura muy bien organizada: no va a llegar un guardia del aire y te va a dar un telfono al que luego te llaman, y una voz que no conocs te da una indicacin y te dice que hay Q. 15,000 para eso. Ah hay algo grueso, por supuesto. Declaracin de un ex pandillero. Tomado de Vinculacin de las maras con los poderes ocultos, IPNUSAC.


La corrupcin: parte de lo humano

La corrupcin es una conducta socialmente deleznable. Quin en su sano juicio podra justificarla, mucho menos aplaudirla? Tal como la caracteriz hace algunos aos un snodo de obispos (Ecuador, 1988, caracterizacin que sigue siendo absolutamente vlida al da de hoy), la corrupcin es un mal que corroe las sociedades y las culturas, se vincula con otras formas de injusticia e inmoralidades, provoca crmenes y asesinatos, violencia, muerte y toda clase de impunidad; genera marginalidad, exclusin y miedo () mientras utiliza ilegtimamente el poder en su provecho. Afecta a la administracin de justicia, a los procesos electorales, al pago de impuestos, a las relaciones econmicas y comerciales nacionales e internacionales, a la comunicacin social. () Refleja el deterioro de los valores y virtudes morales, especialmente de la honradez y la justicia. Atenta contra la sociedad, el orden moral, la estabilidad democrtica y el desarrollo de los pueblos.

Sin la ms mnima sombra de duda, la corrupcin es una prctica abominable, como tantas otras que realizamos a diario los seres humanos. El establecimiento de leyes (es decir: pautas que fijan lo que se puede y lo que no se puede hacer en el marco de las sociedades) minimiza su puesta en prctica, pero no la elimina.

Apelando al psicoanlisis, puede decirse que la cra humana se humaniza, pudiendo llegar a ser un adulto normalmente integrado a su sociedad, en la medida que entra en el mundo de las leyes humanas, es decir: en la cultura, en el orden social. La ley, cualquier ley, implica siempre una prohibicin. Algo queda prohibido, por lo que se instaura un orden simblico, un cdigo cultural. La pura naturaleza, el instinto animal no rige nuestra vida; por el contrario, todo est legalizado. El incesto es la primera y ms universal prohibicin, la primera ley (prohibicin) que ordena las relaciones humanas. Piense el/la lector/a: por qu no se mete con su hermana/o? No hay determinantes biolgico-naturales que lo establezcan, porque de hecho sucede, y no tan rara vez: el incesto es una construccin social, una ley.

Ni lo sexual (ligado a un supuesto instinto de reproduccin), ni la alimentacin estn regidos por la carga gentica. Si as fuera, no se podra explicar la interminable (realmente interminable!) lista de problemas y acciones conflictivas ligadas a ambos campos: qu determinante biolgico promueve el voto de castidad? Y qu decir de la homosexualidad: es un pecado degenerado o un privilegio de aristcratas varones como en la Grecia clsica? Qu fuerza natural explicara la adopcin administrativo-legal de hijos cuando no se los puede concebir? Y quiz lo ms importante: qu es la sexualidad normal?

Del mismo modo podramos quedar atnitos ante la pregunta de por qu, existiendo un 40% ms de alimentos disponibles en el mundo, el hambre sigue siendo un flagelo insoportable y la principal (principal!) causa de muerte de los seres humanos. Hay algn determinante instintivo en ello? Podramos seguir levantando la teora de razas superiores con ms privilegios que los brbaros y primitivos, que estaran entonces condenados a morir de hambre? Por qu hay comidas elegantes y comidas de pobres? Quin decide eso? Es ms que evidente que todo lo animal del ser humano est marcado por lo cultural, por la Ley. Dicho de otro modo, lo instintivo est pervertido por lo social.

As funcionamos los humanos: nos construimos a partir de cdigos, de sistemas legales, de ordenamientos. La propiedad privada, base fundamental de las sociedades clasistas desde hace aproximadamente 10.000 aos y pieza clave en la dinmica social desde ese entonces, es una construccin histrica, legalizada, codificada. No hay ningn determinante natural que la fije. Y por supuesto, eso tiene un valor determinante, pues las guerras constante radical en nuestra historia como especie se explican a partir de la idea de la propiedad privada: se defiende a muerte lo propio y se ataca mortalmente a quien se opone a ello. Para qu se invadira a otro pueblo si no es por puros y egostas intereses?

Sin ley no puede vivirse, pues no nos humanizamos. Segn el psicoanlisis, al que apelamos una vez ms, tres son las formas de relacionarnos con ese orden legal: entramos en l y somos uno ms de la serie (normalidad neurtica), no entramos nunca (psicosis), o entramos a medias (psicopata o perversin). El grueso absoluto de la poblacin (98 a 99%) realiza exitosamente el pasaje por los desfiladeros de la Ley humanizante, acepta normas y vive normalmente en sociedad. El 0.1% no lo logra, y vive en su mundo alucinatorio (psicosis), y entre un 1 y 2% hace un pasaje a medias: entra con un pie en el mundo de las normativas, y con otro se sale (psicopatas: ah tenemos el amplio y complejo abanico de las transgresiones, desde quien evade un impuesto hasta quien puede ser un asesino, pasando por un largo listado de conductas).

Es la corrupcin una enfermedad psicolgica entonces? Quedarse con esa idea sera limitar demasiado y equivocadamente la cuestin. Saltarse las normas es, en algn sentido, parte de la normalidad. Pero hay niveles. Una cosa es pasar un semforo en rojo, otra es ser un violador sexual en serie. El lmite es siempre algo impreciso, borroso. Por eso el tema de la humanizacin es siempre algo dificultoso. Dicho de otro modo: ser un normal es muy, muy pero muy difcil. Existe la normalidad? En toda civilizacin conocida, en cualquier momento de la historia, existen normas sociales, leyes, prohibiciones establecidas. Violarlas (en mayor o menor medida), es parte de la normalidad. No desears la mujer de tu prjimo, reza el noveno mandamiento catlico (machismo mediante: no hay prohibicin para las mujeres? No desean ellas?). Si se instituye la norma, es porque se sabe que se puede violar. Y los moteles estn siempre llenos, cualquier da del ao y a cualquier hora. Alguien en el mundo puede no mentir?

La corrupcin, por tanto, est instalada en lo humano, es parte de nuestra dinmica. La pregunta es: cundo pasa a ser deleznable? Cundo es un delito?

Corrupcin: principal problema en Guatemala?

Guatemala, tpica repblica bananera de Latinoamrica, es un laboratorio ideal para entender lo que se est tratando de decir en el presente texto.

El pas presenta una profusa lista de problemas, donde la corrupcin es uno ms. Si se realiza un pormenorizado estudio de la situacin nacional, histrico para conocer las races y coyuntural para ver el aqu y ahora, se va a encontrar que la corrupcin est siempre presente, pero por s sola no permite explicar ni la estructura de fondo ni los problemas que saltan a la vista.

En Guatemala, pese a la riqueza existente, el grueso de su poblacin vive considerablemente mal. Est entre los pases del mundo con mayor nivel de desnutricin infantil (segundo en Latinoamrica, sexto en el mundo) pese a ser un productor neto de alimentos, y alrededor de dos terceras partes de su poblacin econmicamente activa (en buena medida nios y jvenes) o trabaja en condiciones de precariedad (sin prestaciones sociales) o se encuentra abiertamente desocupada. El Estado, en tanto rgano regulador de la vida social, brilla por su ausencia en la provisin de servicios bsicos. Por lo pronto, es un Estado raqutico, que vive de unos magros impuestos fundamentalmente impuestos directos, pagados por la clase trabajadora teniendo una de las cargas impositivas ms bajas de todo el continente (segn los Acuerdos de Paz de 1996 se deba llegar a un piso mnimo del 12% del producto interno bruto, para luego seguir ascendiendo, siendo la realidad actual que apenas si se llega a un 10% de lo producido que va a parar al Estado como carga tributaria).

Desde hace un buen tiempo, pero recientemente (estos ltimos meses) en forma exageradamente remarcada, la nocin de corrupcin pas a ligarse en forma casi automtica con el incumplimiento de deberes de los funcionarios pblicos. Ese es un aspecto posible de la corrupcin, pero por cierto no el nico. La corrupcin funciona desde largo tiempo atrs en toda la sociedad, desde las races coloniales, como forma de vida, como cultura. Puede encontrrsela en los ms diversos mbitos, no slo en los agentes del Estado: desde la venta de tareas o la redaccin de tesis universitarias por un estudiante hasta el cobro doble de viticos por parte de un modesto empleado, desde el moco que debe pagarse a un intermediario en muchas transacciones comerciales hasta la exaccin o chantajes (cobros compulsivos) en cualquier de sus formas (la de un mdico a un paciente exigiendo ms honorarios de los que fija el seguro, la reventa de boletos para cualquier espectculo a un precio mayor que el oficial, la compra obligatoria de artculos innecesarios en los colegios privados, la venta de puestos en cualquier fila o el intento nada infrecuente de colarse en la misma por parte de cualquier hijo de vecino, el aumento del precio de un producto segn la cara del cliente, el cotidiano incumplimiento de las normas de trnsito, los cobros ocultos y disfrazados de muchas empresas como las telefnicas o las tarjetas de crditos, etc., etc.). No son tambin formas de corrupcin el sempiterno engao masculino hacia las mujeres 1 de cada 3 mujeres con hijos es madre soltera, producto del abandono del padre biolgico, el cuello al que se apela para conseguir cualquier favor, el robo hormiga de muchos empleados en sus empresas (amn del robo elefante que hacen muchas autoridades, fundamentalmente en el mbito pblico, pero tambin en el privado)? Y qu decir del acarreo de seguidores en las campaas proselitistas o el da de las elecciones, y por el otro lado, la aceptacin de todos los regalos que ofrecen los candidatos de campaa, no importando la bandera poltica? No es corrupto tambin el declarado celibato violado luego por lo bajo? Los jvenes de zonas rojas le temen ms a la polica que a los mareros; por qu ser? La lista de corruptelas es larga, muy larga, y quiz nadie que habita el pas puede quedar eximido: compra de discos piratas, mordidas varias, infracciones de trnsito como hecho normal (de conductores y peatones; cuntos de los que leen esto no han manejado con una copa de ms encima?). La proverbial llegada tarde (simpticamente llamada hora chapina), no es tambin una forma de corrupcin? Los etcteras son numerosos, y nos detenemos aqu porque si no el texto se hara demasiado largo.

Dicho de otro modo: la corrupcin es uno ms entre tantos males que aquejan a Guatemala, quiz no el primero ni el ms importante. La exclusin y el estado de empobrecimiento crnico de grandes masas populares no se deben slo al enriquecimiento ilcito de mafias corruptas enquistadas en el poder poltico, como ahora pareciera denunciarse con fuerza creciente y nada disimulada indignacin. Si hay pobreza estructural y exclusin histrica, a lo que se suma machismo patriarcal casi delirante (se puede tolerar que un civil varn lleve ostentosamente una pistola en la cintura, pero no que una mujer profiera insultos en pblico), o un racismo atroz que condena a alguien a ser humillado por su pertenencia tnica (ser pobre pero no indio, puede decir un no-indgena), ello no es slo por los funcionarios venales que hacen del Estado (nacional o local) un botn de guerra. La corrupcin puede ayudar, pero no es la causa del todo ese desastre. Es herencia de un desastre histrico-estructural que lleva ya siglos de maduracin.

Si de causas se trata, la situacin va por otro lado. Una investigacin realizada por la empresa consultora Wealth-X, con sede en Singapur, asociada al banco suizo UBS (Union Bank of Switzerland), estudio que cita y analiza la pgina electrnica Nmada, muestra que hay 260 ultra-ricos guatemaltecos que poseen un capital de US$30 mil millones, lo que representa el 56% del PIB. [Es decir que ] 0.001 por ciento de los 15 millones de guatemaltecos tienen ms capital que el resto de la sociedad. () Los $30 mil millones [de dlares] son Q231 mil millones [de quetzales]. Esto equivale a lo que el Estado de Guatemala recauda cada cuatro aos.

Guatemala, debe quedar claro, no es un pas pobre; de hecho, es la primera economa de la regin centroamericana y la decimoprimera de Amrica Latina. En todo caso, es tremendamente inequitativa, asimtrica, que no es lo mismo que pobre. Un mnimo porcentaje (unas cuantas familias) concentran en forma abrumadora la riqueza nacional, en tanto el 53% de la poblacin total vive por debajo de los lmites de pobreza (2 dlares diarios, segn el estndar establecido por Naciones Unidas). Casi la mitad de los trabajadores no cobra el salario mnimo de por s muy escaso, mientras que en zona rural los trabajadores agrcolas en casi 90% no reciben el salario de ley. Por otra parte, ese sueldo mnimo apenas cubre la mitad de la cesta bsica. Ah radica el verdadero problema que hace del pas uno de los ms inequitativos del mundo (y por tanto explosivo: un barril de plvora listo para estallar en cualquier momento).

Cabe la pregunta entonces si esas diferencias abismales se deben a la corrupcin de funcionarios corruptos o es algo ms complejo, producto de esa exclusin histrica.

Fortunas lcitas e ilcitas

En Guatemala, al igual que en el resto de pases latinoamericanos, las grandes mayoras populares, producto de la sangrienta represin vivida durante las pasadas dcadas y de las brutales polticas de capitalismo salvaje de estos ltimos aos (neoliberalismo), han quedado asustadas, y por tanto desmotivadas, desmovilizadas. El silencio es lo dominante. Pero desde abril pasado, cuando se conoci el corrupto y bochornoso caso de La Lnea por el que ahora guardan prisin el ex presidente Otto Prez Molina y la ex presidenta Roxana Baldetti, junto a otros personajes del gobierno, al menos en parte demostraron una reaccin. Ahora bien: por qu se reacciona contra la corrupcin (entendida como acto deleznable de los agentes del Estado) y no contra esas injusticias histricas que atraviesan la sociedad? Se podra decir que la corrupcin es una de las tantas facetas de una situacin catica, o ms bien: injusta, profundamente injusta, que estructura a la sociedad guatemalteca. Pero no es la causa ltima de esa radiografa que presenta el estudio citado ms arriba, de esas asimetras escalofriantes, del hambre y del analfabetismo, del trabajo infantil extendido ni del machismo dominante.

No caben dudas que dentro del Estado se dan vergonzosos casos de corrupcin. Eso no es nuevo, en absoluto. Desde la colonia es prctica usual, falsificndose los informes que iban para la metrpoli o vendindose indulgencias eclesisticas o ttulos nobiliarios (la aristocracia actual es heredera de los prisioneros espaoles que llegaban a estas tierras en calidad de conquistadores enviados por la Corona en busca de fortuna y de las 60 prostitutas tradas en barcos para calmar los deseos sexuales de esos conquistadores peninsulares). La corrupcin est enquistada en la historia, es parte vital de las races.

En el Estado actual, heredero de esa miserable historia, la corrupcin es un mal endmico que incide grandemente sobre los presupuestos nacionales. Para el pas, que ya de por s tiene una de las recaudaciones fiscales ms bajas de todo el continente la segunda ms baja despus de Hait perder 31.000 millones de quetzales del presupuesto por desvos de fondos es un crimen. De hecho, esa cantidad 31.000 millones de quetzales (cuatro mil millones de dlares) es la que se fug por corrupcin del presupuesto nacional desde 1998 al 2013. Ese monto representa la quinta parte de la suma de las cantidades aprobadas en los ltimos 15 aos en los presupuestos nacionales para la inversin en obras pblicas (157 mil 699 millones de quetzales), calculan el Instituto Centroamericano de Ciencias Fiscales ICEFI y la organizacin no gubernamental Accin Ciudadana. Definitivamente el robo del erario pblico que realizan impunemente muchos funcionarios pblicos es un crimen.

Hoy por hoy, habindose comenzado una persecucin contra alguno de ellos para terminar (supuestamente) con ese cncer de la corrupcin, vemos que se puede hablar abiertamente de la pobreza de las grandes mayoras, aunque siempre responsabilizando del actual estado de cosas a esos agentes pblicos, en tanto ladrones que deterioran la vida de la poblacin. Pero, es realmente as? La pobreza de ms de la mitad de la poblacin se debe a los vueltos con que se quedan alcaldes y diputados?

Estos funcionarios venales que ahora se ven en la picota, algunos de ellos entre rejas, estn directa o indirectamente ligados a las fuerzas armadas que algunas dcadas atrs defendan a sangre y fuego la propiedad privada de los multimillonarios de siempre. Ahora, por vericuetos de la historia, tambin muchos de ellos (los militares corruptos y sus adlteres) devinieron millonarios. Nuevos ricos, podra decrseles. Y es ah donde se pretende introducir la presente consideracin crtica.

Sus fortunas, hechas en forma ilcita (mansiones lujosas, vehculos despampanantes, helicpteros, joyas, ropa muy fina, perfumes a la moda, caballos de carrera, festines pantagrulicos), en trminos descriptivos no son distintas a las de los viejos ricos. En qu difieren? Los dineros con que se amasaron esas fortunas provienen de un descarado robo a los fondos pblicos. Refleja el deterioro de los valores y virtudes morales, especialmente de la honradez y la justicia. Atenta contra la sociedad, el orden moral, la estabilidad democrtica y el desarrollo de los pueblos, decan los prelados en la arriba citada declaracin. En otros trminos: son unos vulgares ladrones. Sus pequeas fortunas (no tan pequeas en algunos casos), son ilcitas. Pero cmo se hacen las fortunas lcitas, aquellas del listado de escasos multimillonarios que manejan ms de la mitad de la riqueza nacional?

Permtasenos el presente ejemplo. El actual alcalde de Mixco, Otto Prez Leal, hijo del ex presidente, se pasea orondo en un automvil de lujo de 250.000 dlares de valor. Alguien, indignado por esa muestra de descaro y desfachatez, dijo con honestidad: parece el hijo de un petrolero rabe . Pregunto: el hijo de un jeque dueo de toda esa riqueza (que, por supuesto, no amasa con sus propias manos sino con el trabajo de otros), tiene legtimo derecho a tener un Ferrari de un cuarto de milln de dlares?

El mundo se construye as: son cdigos predeterminados los que nos fijan lo normal y lo que no lo es, lo correcto y lo incorrecto, lo lcito y lo ilcito. No es eso la ideologa acaso? Y como pasa siempre cuando hablamos de ideologa: el esclavo piensa con la cabeza del amo, la ideologa dominante de una poca es la ideologa de la clase dominante, ense un pensador decimonnico supuestamente pasado de moda hoy.

Es normal que los ricos de siempre tengan mansiones lujosas, vehculos despampanantes, helicpteros, joyas, ropa muy fina, perfumes a la moda, caballos de carrera, festines pantagrulicos y que su voz de mando sea obedecida. Si preguntamos cmo hicieron su fortuna, hoy lcita, sin dudas aparecern cuestionamientos. Trabajando quiz?

Dijo Bernal Daz del Castillo, uno de los primeros conquistadores espaoles llegados a estas tierras del Nuevo Mundo a principios del siglo XVI, que aqu venan a traer la fe catlica, a servir a Su Majestad y a hacerse ricos. Hasta donde se sabe, nadie, absolutamente nadie logr hacerse rico (es decir: tener mansiones lujosas, vehculos despampanantes, helicpteros, joyas, ropa muy fina, perfumes a la moda, caballos de carrera, festines pantagrulicos) con el esfuerzo de su trabajo. Lo ilcito? de ayer se legaliza y se convierte en lo lcito de hoy. Dicho sea de paso, muchos de los asesinos y escoria social de Espaa que venan a las tierras americanas a hacerse ricos, lo lograron. Despus vino la alcurnia, el abolengo, el refinamiento, se compraron ttulos nobiliarios y se transformaron en lcitos, pasando a ser las familias patricias que hoy se jactan de su linaje aristocrtico. A la base de cualquier fortuna en Guatemala y en cualquier parte del mundo hay siempre, inexorablemente, un crimen. La propiedad privada [de los medios de produccin] es el primer robo de la historia, dijo el citado pensador.

Lucha contra la corrupcin: por qu?

Desde el 16 de abril del presente ao en Guatemala parece haberse desatado una cruzada anti-corrupcin. Notorio, sin dudas. Un pas marcado de cabo a rabo por la corrupcin, a la que se une indisolublemente la impunidad en el marco de una ancestral cultura de violencia, aparece hoy mediticamente al menos como un adalid mundial en la lucha contra este flagelo. Para muestra de esa cultura corrupta: la declarada Capital Iberoamericana de la Cultura 2015, que iba a ser la ciudad de Guatemala, no pudo serlo porque no pag los derechos de propiedad a la empresa que organiza el circuito. Por eso simplemente qued con Capital de la Cultura. La corrupcin sigue estando debajo de cada piedra. Podemos tomar en serio que empez una lucha a muerte contra ella?

Ms que creerlo acrticamente y seguir saliendo a protestar en la plaza (protesta que a veces se pareca ms a una celebracin que otra cosa), conviene formularse algunas preguntas con sentido crtico.

Por qu, de buenas a primeras, la Comisin contra la Impunidad en Guatemala CICIG, de perfil bastante bajo aos pasados, junto al hasta entonces ineficaz y corrupto Ministerio Pblico, pasan a tener ese papel preponderante como defensores de esta lucha, dando golpes certeros? Por qu caen presos presidente y vicepresidenta desarticulndose algunas bandas delincuenciales que ellos lideraban? Por qu inmediatamente luego de la segunda vuelta electoral, ganada por Jimmy Morales, cesan las protestas anti-corrupcin? Ms an: por qu gana el candidato Morales con una actitud pretendidamente apolitizada? No soy corrupto ni ladrn, sentenciaba en su campaa.

Gana Jimmy Morales porque desde hace meses se viene gestando un discurso contra la corrupcin comunicacionalmente bien estudiado, presentado en forma entradora y agresiva sobre el que pudo/supo montarse actoralmente el comediante profesional (nuevo personaje de su show?). No hay, la experiencia comienza a demostrarlo, ninguna intencin positiva en los reales factores de poder, de acometer una lucha franca contra esta lacra que es la corrupcin. Ni por parte del futuro presidente (quien se est rodeando de personajes ligados a la vieja estrategia contrainsurgente, acusados de violaciones a derechos humanos y hechos corruptos) ni del empresariado que se encarg de encarcelar a Prez Molina y Baldetti (que reaccionaron airados cuando el titular de la CICIG habl de un nuevo impuesto para desarrollar con posibilidad de xito el ataque a la impunidad y la corrupcin) existe una voluntad efectiva de entrar seriamente al tema.

Por el contrario, con un manejo artero de las circunstancias, cada vez se insiste ms en que el estado calamitoso de las poblaciones se debe no a determinantes estructurales sino a malas prcticas de los funcionarios de turno. El presidente del Comit Coordinador de Asociaciones Agrcolas, Comerciales, Industriales y Financieras CACIF , Jorge Briz, declar recientemente que 1 de cada 5 quetzales del presupuesto pblico va a parar a la corrupcin, dato desmentido por una investigacin periodstica del portal Plaza Pblica, que pone en evidencia que lo nico que busca el sector empresarial es seguir no pagando impuestos. Dato elocuente: algunos aos atrs, impulsado por la derecha empresarial, se llev adelante una campaa a nivel nacional con el lema No ms impuestos. No ms corrupcin.

Los medios de comunicacin comerciales (los que tienen la abrumadora mayora de llegada en la poblacin) han entronizado la corrupcin como un nuevo monstruo que nos ataca, encargndose de remarcar a cada instante que los problemas nacionales se deben a esos forajidos funcionarios pblicos que se llenan los bolsillos a costa del pueblo. El mensaje sensiblero, impactante no deja de mover pasiones. De esa manera el sistema en su conjunto queda libre de cuestionamientos, y se encuentra un adecuado chivo expiatorio, una salida decorosa: estamos mal porque los polticos son corruptos y se roban todo.

El mensaje no es nuevo, sin dudas. En muy buena medida ese imaginario recorre la cultura poltica de todos los pases latinoamericanos. Lo destacable ahora es la forma en que se lo est implementando. Todo indica que es la estrategia de la Casa Blanca quien la impulsa.

Hay nuevos monstruos meditico-ideolgicos a combatir, siempre ideados por la fuerza dominante en la regin: ayer el comunismo internacional y sus cabezas de playa pagadas por el oro de Mosc. Hoy: el narcotrfico, la violencia ciudadana (pandillas, barras bravas). Y ahora, ms recientemente y con una fuerza nada despreciable: la corrupcin. Por qu decir que esto obedece a una estrategia? Pues porque la realidad lo demuestra.

Desde hace un tiempo la geoestrategia de Washington ha venido reemplazando los golpes de Estado sangrientos, capitaneados por militares, por lo que llaman golpes suaves, procesos de reversin (roll back), o tambin: revoluciones de colores, en alusin a lo desplegado en Europa del Este recientemente. Como mnimo, podramos apuntar tres referentes: 1) las revoluciones de color que surgieron en estos ltimos aos en las ex repblicas soviticas, 2) lo que se llam la Primavera rabe en Medio Oriente y el Magreb, y 3) los movimientos de estudiantes democrticos en Venezuela.

Existen ms movimientos de estos, siempre en esa lnea de supuesta defensa de la democracia y rechazo a lo que suene a dictadura populista; as, podran mencionarse las Damas de blanco de Cuba por ejemplo o, en Guatemala, los estudiantes que apoyaron las protestas anti Colom cuando el caso Rosenberg en el 2009, los llamados camisas blancas (que pasaron sin pena ni gloria en su momento, pero que definitivamente fueron un globo de ensayo).

Qu representan, en realidad, estos movimientos? No son, en sentido estricto, movimientos populares. Con las diferencias del caso, todos tienen lneas comunes. Las llamadas revoluciones de colores (revolucin de las rosas en Georgia, revolucin naranja en Ucrania, revolucin de los tulipanes en Kirguistn, revolucin blanca en Bielorrusia, revolucin verde en Irn, revolucin azafrn en Birmania, revolucin de los jazmines en Tnez, as como los movimientos de estudiantes democrticos antichavistas en la Repblica Bolivariana de Venezuela) son fuerzas aparentemente espontneas, que tienen siempre como objeto principal oponerse a un gobierno o proyecto contrario a los intereses geoestratgicos de Estados Unidos.

Son notas distintivas tambin de estos movimientos a) su gran impacto meditico, siempre de nivel mundial (llamativamente amplio, por cierto, que no tienen los movimientos populares como, por ejemplo, los campesinos que en Guatemala luchan por la defensa de sus territorios viejas luchas bastante invisibilizadas por la prensa comercial), b) la participacin de grupos juveniles, en la gran mayora de los casos estudiantes universitarios. c) El hecho de recibir, directa o indirectamente, fondos de agencias estadounidenses, tales como la USAID o sus ramas, la NED, la CIA o la Fundacin Soros, apoyo en general negado o escondido.

En esta lnea podra inscribirse mucho de lo que sucedi con la Primavera rabe, que puede haber iniciado como una autntica protesta popular, espontnea y con gran energa transformadora, o al menos de denuncia crtica, pero que rpidamente degener (o fue cooptada) por esta ideologa democrtica y probablemente manipulada desde este proyecto de dominacin ligado a las tristemente clebres agencias mencionadas.

Dicho rpidamente, estas supuestas movilizaciones tienen una agenda clara: servir a los intereses desestabilizadores favorables a la Casa Blanca y boicoteadores de proyectos con un tinte socializante o popular o, como en el caso de Guatemala, que representan un obstculo para Washington. En ese sentido, estn muy lejos de poder ser equiparados a los movimientos populares antisistmicos como las marchas campesinas, o las protestas por mejoras salariales, o cualquier manifestacin contestataria al orden constituido. Estas demostraciones de civismo, estas protestas democrticas son, ante todo, no violentas, y no tocan nada de lo fundamental del sistema. Atacar la corrupcin es perfectamente funcional: cambiar algo para que no cambie nada. Se canta el himno nacional, se hace bastante ruido con tambores y trompetas, y se vuelve a la casa satisfechos de la participacin ciudadana tenida.

Una nueva estrategia de control social

En Guatemala, como parte de un plan bien urdido, desde principios del ao 2015 el Ejecutivo estadounidense comenz un ataque sistemtico: la corrupcin fue posicionndose como principal problema nacional, y el vicepresidente de la Casa Blanca, Joseph Biden, lleg al pas a poner las cosas en orden: dejando en claro muy enfticamente que no se vera ni siquiera en una recepcin oficial con la entonces vicepresidenta Roxana Baldetti, cono por antonomasia de la degradada y deshonrosa corrupcin dominante. De hecho, trajo un mensaje claro para el presidente Prez Molina: a Guatemala y a los otros dos pases del Tringulo Norte de Centroamrica (Honduras y El Salvador) no se le podra conceder el Plan para la Prosperidad (cuantiosos fondos destinados a mejorar la situacin socioeconmica interna) si no se iniciaba un combate frontal contra esa corrupcin. El mecanismo obligado para ello fue la permanencia de la Comisin Internacional contra la Impunidad en Guatemala CICIG. El mensaje fue claro y terminante: no ms corrupcin gubernamental, porque eso es la causa de las penurias de la poblacin.

Para ratificarlo, el embajador estadounidense en el pas, Todd Robinson, viaj a una retirada comunidad del departamento de Izabal, y en una precaria y deteriorada escuela primaria montaje muy efectista, muy sentimental declar que el estado calamitoso de ese centro educativo se deba a la corrupcin existente. El mensaje del embajador en la escuela Salvador Efran Vides Lemus, ubicada en Santo Toms de Castilla, Puerto Barrios, fue ms que elocuente: Podemos ver los resultados de la corrupcin aqu en esta escuela: no tienen suficientes aulas para la gente, para los estudiantes () Toca al gobierno y a la gente de Guatemala luchar cada da contra la corrupcin.

Ponderando a la CICIG y su gran cruzada anticorrupcin, el mismo diplomtico anticip que la gente en Honduras y en El Salvador tambin est molesta contra este cncer, y que tambin all se implementaran comisiones internacionales para luchar contra tamao flagelo.

Todo indicara que entre las nuevas armas del imperio, junto a las bombas inteligentes y los misiles nucleares que, por supuesto, no ha abandonado, se encuentran estas novedosas estrategias soft . Las desarrolla porque les son muy tiles, y les resultan baratas. Las dictaduras sangrientas de las que apoy por docenas a lo largo del siglo XX son hoy da impresentables, traen aparejados demasiados problemas (la poblacin puede reaccionar y se forman movimientos guerrilleros) y tienen costos polticos y financieros que Washington ya no quiere (o no puede) asumir. Las revoluciones democrticas son mucho ms civilizadas y presentables, y por tanto se recomiendan para seguir manteniendo la hegemona.

Hegemona, por cierto, que est empezando a ser discutida por nuevos actores, como la ascendente Repblica Popular China, que est construyendo un monumental canal interocenico en la tradicional zona de influencia de Estados Unidos: Nicaragua. O por la recompuesta Rusia, ahora gran potencia capitalista, que llega a Centroamrica financiando proyectos mineros en abierta provocacin al dueo histrico de la regin.

Definitivamente el poder hegemnico de Washington no es similar al que tuvo ni bien termin la Segunda Guerra Mundial y en las dcadas subsiguientes cuando era la superpotencia dominante; pero muy lejos est de caer en bancarrota, de abandonar su natural patio trasero y de necesitar pedir oxgeno. El Plan para la Prosperidad del Tringulo Norte muestra quin sigue mandando aqu todava. La aristocracia nacional, esa que aparece en el estudio ms arriba citado exhibiendo riquezas cuantiosas, funciona como socio poltico menor, como segundo violn en las decisiones geoestratgicas para la regin, que se siguen tomando en oficinas de Estados Unidos y se operativizan desde su Embajada en la Avenida Reforma de la ciudad de Guatemala.

La declarada lucha contra la corrupcin que parece estar poniendo en marcha Estados Unidos, tiene en Guatemala y la CICIG un laboratorio ideal para estudiar/desarrollar la estrategia. En diversos pases de Latinoamrica, molestos para la lgica de la Casa Blanca, ese mecanismo ya est puesto a funcionar. As, los gobiernos de Argentina, Brasil, Venezuela, Ecuador, Nicaragua (todos con un talante socializante y algo de antiimperialista) reciben continuamente denuncias de hechos corruptos. Hechos que, sin duda, se comenten, porque la corrupcin es un mal endmico que estos gobiernos de tibia pseudo-izquierda no quieren ni pueden combatir. Ms an: hasta en la Cuba socialista se da, por lo que vemos que hay mucho por trabajar en la cuestin. Y tambin la institucin de la cual algunos de sus representantes hacan esa enrgica condena en Quito con la que abramos el escrito, tambin pueden ser parte de ella.

En definitiva: la corrupcin es un buen instrumento para presionar al enemigo. Obsrvese cmo en la actual recomposicin de poderes a escala planetaria Estados Unidos ahora la emprende contra la FIFA, donde aparecen enormes hechos corruptos, con los que se puede llegar a quitarle la sede del prximo Campeonato Mundial de Ftbol a Rusia. Ser que ahora preocupa tanto lo que pasa en ese ente, del que desde hace dcadas se conocen turbios y gansteriles procedimientos?

Dado que la corrupcin es un mal tan extendido (se la podr extirpar alguna vez?; si no hubiera nocin de propiedad privada, tendra el mismo peso que tiene en la actualidad?), dado que cala tan hondo en todos y cada uno de nosotros (quin podra declararse absolutamente libre de ella?), es muy fcil atacarla. De ah que en esta nueva estrategia de control poltico-social los idelogos y formuladores de polticas de Washington han encontrado un buen aliado. En nombre de la transparencia se pueden montar furiosas campaas anti-corrupcin para sacar de en medio polticos dscolos (dscolos a los intereses imperiales, se entiende).

Por qu sacaron de en medio a Prez Molina, alguien absolutamente funcional al sistema y a la poltica hegemnica de Estados Unidos? Porque al general se le fue la mano en la rapia, y eso puede ser peligroso para el sistema, porque puede hacer subir demasiado la presin social. Porque el grupo que l representaba (las mafias del Estado contrainsurgente, las mismas que parece podran acompaar al futuro presidente Jimmy Morales) entr en contradiccin con la aristocracia tradicional y el CACIF; porque tuvo el descaro de abrirle las puertas a los capitales rusos para la industria extractiva. Y porque Washington no quiere seguir recibiendo chorros imparables de inmigrantes ilegales, para lo que trata de poner algunos paos de agua fra en la regin centroamericana (se reedita la Alianza para el Progreso de 1960, que fue tambin un pao de agua fra, un colchn para mitigar tanta pobreza despus de la Revolucin cubana de 1959). Pero, esto es muy importante, no quiere colocar algunos dineros en la regin sin la seguridad que una mafia demasiado glotona no les robar buena parte de ellos en calidad de corrupcin.

En otros trminos: a ningn factor real de poder le interesa atacar seriamente la corrupcin. El sistema en su conjunto es corrupto. Si no, no se podran pagar los sueldos de hambre que se pagan, y en una inmensa mayora de casos ni siquiera cancelando lo fijado por la ley. Si se quisiera atacar realmente la corrupcin como gran mal que corroe la sociedad, no vendran capitales multinacionales a instalarse en estas tierras salvajes donde se pagan salarios 4, 5 o 6 veces menores que en los pases centrales, donde estn exonerados de impuestos y donde no existe el ms mnimo control medioambiental (por todo eso y nada ms que por eso es que vienen!)

Si se quisiera trabajar de verdad contra la corrupcin habra que replantear totalmente los modelos de desarrollo vigentes, en s mismos tremendamente corruptos. Por qu Cristina Fernndez, en Argentina, o Dilma Roussef, en Brasil, son corruptas y pueden ser atacadas en nombre de la transparencia y la sana democracia, y no lo son Juan Manuel Santos en Colombia, o no lo era lvaro Uribe (o no se quera que lo fuera, ms all de figurar en las listas de narcotraficantes de la DEA? Por qu no lo era Manuel Antonio Noriega en Panam cuando era agente de la CIA, y s lo fue cuando cay en desgracia con la poltica estadounidense? En Guatemala: por qu era un corrupto el ex presidente Alfonso Portillo que intent fijar impuestos a los monopolios nacionales y no lo es el ex presidente y ahora alcalde lvaro Arz, que dio luz verde a la venta leonina de empresas pblicas? En otras latitudes: por qu son monstruos impresentables y los peores corruptos del mundo Mohamed Khadaffi o Saddam Hussein, o el actual presidente de Siria Bashar al-Asad y no lo son los medievales y poligmicos monarcas de Arabia Saudita? El epgrafe con que abrimos el presente escrito permite ver el doble discurso en juego.

En nombre de la lucha contra ese flagelo terrible, esa nueva plaga bblica que pareciera ser la corrupcin, puede hacerse cualquier cosa. Hablar del combate contra ella es democrtico, civilizado, modernizador; hablar de las injusticias estructurales que la propician: un atentado, un discurso trasnochado.

En Guatemala, producto de la manipulacin en parte, pero porque hay un enorme descontento de la poblacin tambin, esa mecha prendi y lleg a sacar ms de 100.000 personas a la calle, protestando con fuerza. Quiz es imposible decir que esa movilizacin sac de la presidencia a Prez Molina. Ms parece que haba all un guin preparado. La cuestin es que se ve que existe un gran descontento, una gran frustracin en la poblacin. Sin quedarnos en la ingenua protesta contra la corrupcin, cmo ir ms all de esa protesta y empezar a plantearnos cambios ms sustanciales?


Bibliografa


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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