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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2015

Yes, Sir!

Atilio A. Boron
Rebelin


Tal como se prevea, no haban transcurrido doce horas desde su victoria electoral cuando en su conferencia de prensa de ayer Mauricio Macri ratific su vocacin de convertirse en un proxy de Washington en la regin. En lnea con los deseos de la Casa Blanca arremeti contra la Repblica Bolivariana de Venezuela y confirm que solicitara la suspensin de ese pas como miembro del Mercosur porque, segn l, habra infringido la clusula democrtica al perseguir a los opositores y no respetar la libertad de expresin.

Derrocar al gobierno bolivariano es una vieja obsesin del gobierno de Estados Unidos, para cuyo efecto no ha reparado en lmite o escrpulo alguno. Hasta ahora su ofensiva slo haba encontrado un socio dispuesto a avanzar por ese escabroso sendero: el narcopoltico colombiano lvaro Uribe. Juan M. Santos, que lo sucedi en el Palacio Nario, no se prest a tan peligroso juego. Es ms, el conservador presidente colombiano no se ha cansado de agradecerle a Venezuela su colaboracin en el proceso de paz en curso en La Habana. Macri parece ignorar estas sutilezas de la poltica internacional y ser un hombre temerario y de frgil memoria, combinacin peligrosa si las hay. Habra que recordarle que la sumisin incondicional al imperio ya se practic en la Argentina durante el menemato, con el nombre de relaciones carnales, y que este pas pag con sangre tamaa insensatez. No se entiende por qu habra de repetir ese desatino, salvo para dar cumplimiento a un acuerdo secreto con la Casa Blanca cuya contrapartida seguramente no tardaremos en conocer.

Macri parece no haber sido tampoco informado que el pasado 28 de Octubre la Repblica Bolivariana fue reelegida para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La Asamblea General de la organizacin aprob esa resolucin con 131 votos, sobre un total de 192 miembros. Formular las acusaciones que hizo Macri pasando por alto un dato tan significativo como este, que ratifica la presencia de Venezuela en un organismo en el cual participan pases como Francia, Estados Unidos, Alemania y Japn, es por lo menos un acto de llamativa irresponsabilidad o una muestra de peligroso amauterismo en el manejo de las relaciones internacionales. Cree acaso que los pases del Mercosur van a acompaar su arrebato antibolivariano? Ignora que las decisiones del Mercosur requieren el consenso de todos sus miembros? Para empezar, el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa se apresur a declarar que su pas no ve razn para aplicar la clusula democrtica a Venezuela en el Mercosur. Y lo ms probable es que el gobierno brasileo siga el mismo curso de accin, en cuyo caso las amenazas de Macri caeran producto de su inviabilidad poltica.

Volviendo al caso de los opositores polticos en Venezuela, qu dira Macri si en los prximos das, siguiendo el ejemplo de Leopoldo Lpez, Daniel Scioli hiciese pblico su desconocimiento del resultado electoral y poco despus del 10 de Diciembre intensificase esa campaa movilizando contactos internacionales e impulsando, cada vez con mayor fuerza acciones violentas exigiendo la salida extraconstitucional de un gobierno ilegtimo apelando a procedimientos vetados por la constitucin y las leyes de la repblica? Llamara en tal hipottico caso a Scioli un opositor poltico o lo calificara, en funcin de la normativa vigente, como un poltico incurso en el delito de sedicin, que en este pas tiene una pena que oscila entre los cinco y veinticinco aos de prisin. La legislacin venezolana es similar a la argentina y ambas a la de Estados Unidos, donde el delito tiene una penalidad que, en ciertos casos, llega hasta la prisin perpetua o la pena de muerte. En realidad Lpez, cuya mujer estuvo la noche del domingo en los festejos del bunker de Cambiemos, no es un disidente poltico injustamente perseguido por el gobierno bolivariano. Es el cabecilla de un intento de alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en su pas y derrocar al gobierno surgido de elecciones en un sistema que el ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter dijo que era ms confiable y transparente que el nuestro. Para ello cont con la colaboracin de Uribe, para reclutar un numeroso grupo de mercenarios que camuflados como heroicos jvenes universitarios luchaban valientemente para restaurar las libertades conculcadas en su pas. Lanzados a las calles para impulsar la salida de Maduro y el derrumbe del orden institucional vigente hicieron uso de cuanta forma imaginable de violencia pueda existir, desde incendios de escuelas y guarderas infantiles hasta la destruccin de medios de transporte pblicos y privados, combinado con ataques violentos a universidades y centros de salud, ereccin de guarimbas (barricadas desde las cuales se controlaban los movimientos de la poblacin y se apaleaba o asesinaba impunemente a quienes osaran desafiar su prepotencia) y asesinatos varios. Como producto de estos desmanes murieron 43 personas, la mayora de ellas simpatizantes chavistas o personal de las fuerzas de seguridad del estado. Tiempo despus se descubri que buena parte de los guarimberos eran paramilitares colombianos y que casi no haba universitarios venezolanos involucrados en esos luctuosos acontecimientos. La justicia de la dictadura chavista lo conden a una pena de 13 aos, 9 meses, 7 das y 12 horas de reclusin. Disconforme con la transicin posfranquista en Espaa, el 23 de Febrero de 1981 el teniente coronel Antonio Tejero Molina quiso tambin l alterar el orden constitucional tomando por asalto el Congreso de Diputados. En su cruzada restauradora el tejerazo no produjo ni una sola muerte ni hubo que lamentar prdidas materiales de ningn tipo. Sin embargo, la justicia espaola lo sancion con 30 aos de prisin, expulsin del Ejrcito, prdida de su grado militar e inhabilitacin durante el tiempo de su condena. Nadie lo consider un opositor poltico sino un militar sedicioso. Peor es el caso de Lpez, por la mucha sangre derramada por su culpa y por la destruccin de bienes provocada por su apologa de la violencia, pese a lo cual la sentencia de la justicia venezolana fue inslitamente benigna. Pero Macri no lo ve as y sigue considerndolo un opositor maltratado por un poder desptico. Mal comienzo en materia de poltica exterior. Y un paso preocupante en el intento de avanzar en el reformateo neoliberal del Mercosur, otra vieja ambicin de Estados Unidos, para hacerlo confluir con la Alianza del Pacfico y la Unin Europea dominada por la Troika.

Atilio A. Boron es investigador Superior del Conicet​​ e investigador del IEALC, Instituto de Estudios de Amrica Latina y el Caribe
de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

* Una versin abreviada de este artculo aparecer en la edicin del Martes 24 de Noviembre del matutino argentino Pgina/12.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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