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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2015

Polmicas sobre las rentas bsicas

Antonio Antn
Rebelin


El incremento de la desigualdad, el empobrecimiento y la exclusin social hacen ms necesario fortalecer unos mecanismos de garanta de rentas y recursos que permitan a toda la poblacin vivir dignamente. Los procesos de ajuste econmico y las medidas de recortes sociales y desmantelamiento del Estado de bienestar, dentro de la estrategia de austeridad dominante hoy en los pases de la Unin Europea, tienden a dejar a las capas ms desfavorecidas en una posicin de mayor subordinacin y desproteccin pblica.

Para una orientacin alternativa de cambio social y poltico es imprescindible mejorar los sistemas y prestaciones sociales que configuran (junto con otros como los subsidios de desempleo o las pensiones mnimas) la ltima malla de seguridad contra la pobreza, que afecta a cerca de una cuarta parte de la sociedad.

Parto de la constatacin de la clara insuficiencia de los actuales sistemas de rentas mnimas o ingresos de insercin, gestionados (con algunas diferencias significativas) por las distintas Comunidades Autnomas. No me detengo en su crtica. Las posibilidades de avanzar hacia un cambio institucional progresista hacen ms apremiante definir mejor las propuestas transformadoras de las polticas sociales, en el marco del fortalecimiento de una democracia social ms avanzada.

Una renta bsica o social, es una medida distributiva y pertenece al campo de la economa, pero el aspecto principal a destacar es su funcin de garanta de unas condiciones mnimas de existencia. Es decir, se trata de un derecho y un valor humano, por encima del valor econmico o contributivo del individuo. Adems de su componente de reforma social, su orientacin y su discurso conforman un valor cultural, ya que tienen una vinculacin con los modelos de sociedad y el papel del trabajo, los derechos sociales y la ciudadana.

Aqu, al calor del debate abierto sobre este tema, trato particularmente dos aspectos de carcter terico. Primero, la relacin entre trabajo y rentas sociales. Segundo, los lmites de los fundamentos tericos de un determinado modelo de renta bsica RB-, el defendido VAN PARIJS y La Red Europea de la Renta Bsica BIEN- que pone el nfasis en su universalidad y su incondicionalidad.

Trabajo y rentas sociales

Ante la gravedad de la desigualdad social y el empobrecimiento masivo cobra nueva importancia el debate sobre la funcin del trabajo y las rentas bsicas o sociales. Es preciso abordar los enfoques tericos en que se fundamentan distintas posiciones y superar la oposicin antagnica que algunos sectores plantean entre ambos componentes: la garanta de empleo (decente) y el derecho a unos recursos bsicos para vivir dignamente.

Desde el punto de vista histrico, estamos en una etapa de cambios y transicin del pacto social de la sociedad keynesiana -del pleno empleo con Estado de bienestar y participacin democrtica-, con una nueva redistribucin de la propiedad, la riqueza y las rentas, as como de la fiscalidad y del gasto social. En el plano cultural, hay una crisis, ms profunda, de la cultura obrera y de la tica del trabajo. Las bases de la ciudadana, de las instituciones bsicas y de los acuerdos colectivos se estn modificando a gran escala. El debate sobre el papel del trabajo y de la proteccin social o de la renta bsica RB-, sobre la correspondencia entre derechos y deberes, hay que situarlo en ese contexto.

Inicialmente, hay dos opciones extremas. Una, la tradicin keynesiana y moderna, con la pretensin de que el trabajo -como fuente de rentas y estatus- y el deber cvico, continen siendo las principales bases de la sociedad, exigiendo en esa medida los correspondientes derechos para facilitar la cohesin social. La universalidad de los derechos sociales corresponda a una sociedad de pleno empleo, cotizaciones sociales e integracin sociopoltica y nacional. La segunda opcin, parte del papel poco relevante del empleo, abandonando la centralidad del empleo y el marco global de la corresponsabilidad social. En su forma extrema, sealan el fin del trabajo y se desconsidera la problemtica del trabajo y la reproduccin social con una nueva centralidad, una nueva base en la distribucin RB- o el consumo.

Ambas, adems de economicistas, son unilaterales, por su pretensin de universalidad, en unas sociedades segmentadas y diversas; a mi parecer, hay que elaborar un tercer enfoque, ms multilateral. Existen profundas transformaciones de la sociedad y del empleo y hay que definir mejor el papel y sentido del trabajo y de los derechos sociales. Eso conlleva revisar las bases constitutivas de la modernidad y de la desigualdad socioeconmica y replantear el contrato social, con una nueva combinacin de derechos y deberes.

VAN PARIJS, inspirador de este modelo, propone, como alternativa al trabajo, una RB como base de la libertad y la ciudadana, independientemente del resto de rentas y bienes y dejando en el mbito individual, la eleccin y el comportamiento en el resto de la problemtica econmica y social. El modelo de RB individual, universal e incondicional- de la Red Europea de la Renta Bsica BIEN- y sus defensores en Espaa, se presenta como opuesto al derecho al trabajo y a los criterios de reciprocidad. Pone el nfasis en una incondicionalidad total, en la defensa de unos derechos al margen de deberes, planteando que, en los planos distributivos y ticos, esa filosofa y esa cultura es superior a cualquier otra. Considera que la oposicin principal se da entre las rentas salariales y la renta bsica, es decir, entre la poblacin trabajadora y las personas desempleadas o inactivas-; de ah su carcter ms antagnico con los salarios directos o indirectos- por sus intereses contrapuestos en la distribucin de la riqueza, y en la culturas que conllevan ambas, la cultura del trabajo o la distributiva. Se ha modificado la clsica oposicin capital-trabajo, o la de minoras pudientes-mayoras desposedas.

El problema es que con la RB, en el umbral de la pobreza, no se consigue el objetivo proclamado de la libertad para vivir sin empleo, y que una mayora seguira vindose forzada a emplearse. Pero, ese modelo no aborda el problema de las formas y caractersticas del acceso de la poblacin al conjunto de las rentas, a su produccin y distribucin equitativa, y deja en manos de cada individuo, la eleccin de su preferencia, en materia de empleo y del resto de rentas, al margen de las constricciones, necesidades y compromisos colectivos.

Por otra parte, es preciso establecer el alcance de esa oposicin y en qu plano se establece. El propio VAN PARIJS admite que la reciprocidad debe funcionar despus del reconocimiento y distribucin de la RB. Otros autores tambin reconocen la complementariedad del empleo, pero a posteriori. Segn ellos, es fundamental la incondicionalidad de la RB, la ausencia total de reciprocidad, y una vez aplicada es cuando se desarrollara mejor la reciprocidad y la generacin de empleo. Primero, presentan a esa RB como una base distributiva, tica y constitutiva de la sociedad, en oposicin radical a la reciprocidad y al trabajo. Segundo, slo a partir de esa distribucin inicial, de esa funcin bsica, justifican el mantenimiento y la complementariedad de esos mecanismos institucionales basados en los dems contratos laborales, mercantiles, de propiedad-.

La oposicin se plantea en trminos radicales en cuanto a ser la base inicial, el punto de partida, en el plano material rentas- y tico. Pero, en el segundo paso, aparece la incorporacin complementaria y subordinada a esa base inicial, tanto del papel del empleo como de la cultura de la reciprocidad. Con lo primero destacan el carcter alternativo y superior de sus principios, con lo segundo, su ambigedad prctica. Para garantizar el primer paso la RB- se utiliza el Estado como garanta distributiva pero, a pesar de la complejidad y las mediaciones sociales, para el resto de problemas econmicos y distributivos, no hay instituciones ni acuerdos sociales ni normas morales para regular la accin y las responsabilidades colectivas, sino eleccin racional de los individuos.

Por mi parte, considero que esa oposicin entre trabajo y RB (incondicional y universal) est mal planteada y expresada en forma sesgada. Hay elementos contradictorios entre derecho y reparto del trabajo y renta bsica -derechos sociales-; pero, ambos pueden ser complementarios, no alternativos. La oposicin total se establece entre aquellos que consideran que slo hay un elemento -el trabajo o la RB- exclusivo y central, en la sociedad o el individuo, tanto en la vertiente material como tica. Ambas posiciones suelen estar condicionadas por un pensamiento ilustrado fundamentalista, de buscar una nica base o razn explicativa de la sociedad. Igualmente, en el plano de la cultura, de la filosofa social y de la educacin cvica se debe superar esa dicotoma, de slo deber de trabajar- o slo derecho a disfrutar sin trabajar.

La alternativa no est en situar al empleo o a los deberes por encima de los derechos universales, ni tampoco en la defensa unilateral de los derechos; est en la negociacin y el establecimiento colectivo de unos nuevos acuerdos y reequilibrios entre derechos y deberes, con unos criterios igualitarios y solidarios. As, se puede recoger la tradicin universalista de los derechos individuales y colectivos, enmarcarla en una perspectiva social y contractualista, reconocer la vinculacin social y englobar esa forma distributiva en el marco de un conflicto, ms global, de la creacin y reparto de la riqueza.

En el plano colectivo, no se puede obligar que toda la poblacin trabaje, durante toda su vida, ni tampoco garantizar que nadie lo tenga que hacer. En la esfera econmica, la decisin del nivel de la poblacin activa ocupada y de las diferentes formas de contribucin econmica y participacin social, junto a la garanta de unos derechos sociales universales y una compensacin ajustada, debe ser fruto de debate y acuerdo pblico, no de imposicin unilateral de los poderes econmicos y polticos. Pero es un problema que desborda la referencia exclusiva a la eleccin individual. Una elaboracin y gestin participativa y democrtica de los recursos productivos y laborales que la sociedad necesita, proporcionara una mayor legitimidad a la hora de distribuir, de forma equitativa, las tareas de produccin y reproduccin social, y supondra una mayor educacin solidaria y ms capacidad de exigencia moral y jurdica para exigir esas responsabilidades.

Esta cuestin tampoco se puede resolver de forma individualista, a la libre opcin de cada cual, sino de forma colectiva. La voluntariedad y la posibilidad de elegir una opcin vital, deben contemplar el proceso de participacin pblica en la conformacin de las diversas oportunidades. En el plano material, quin y cmo se producen y se distribuyen los bienes y las rentas, cmo se participa en la ciudadana y en la vida colectiva. Para negociar colectivamente una redistribucin ms igualitaria de una renta pblica, se debe tener en cuenta el conjunto de bienes y rentas de la poblacin, conocer sus condiciones materiales de existencia y establecer sus necesidades para vivir dignamente.

Ambos aspectos -trabajo y renta pblica- son relativos, no esenciales ni universales, para todas las personas. La participacin en el empleo y en el trabajo, de una parte importante de la poblacin, es imprescindible para la sociedad. La garanta de unos medios suficientes para sobrevivir tambin. Aunque no sean absolutos, tienen un reflejo muy amplio en la realidad socializacin, cultura, acceso a rentas- y hay que ver su adecuacin, su parcial oposicin y su complementariedad.

En definitiva, hay que superar la dicotoma y la oposicin esencialista de ambos elementos; superar la unilateralidad de la fundamentacin en el deber de trabajar, sin apenas derechos, o en el derecho a una RB, universal e incondicional, al margen de los deberes negociados individual y colectivamente. La solucin no est ni en una ni en otra y su confrontacin, bajo esos esquemas, no aporta una buena solucin para la renovacin del pensamiento progresista. Se trata de defender el derecho al trabajo y a una renta social a la proteccin social plena-, y conseguir un nuevo equilibrio de derechos y deberes, adecuado a las nuevas condiciones y necesidades sociales. Y dada la importancia de la individualizacin se requiere una nueva accin cultural para conformar una conciencia social ms solidaria y facilitar la participacin y la voluntariedad. En un plano ms general, garantizar la libertad y la igualdad, reformular las bases y acuerdos e instituciones constitutivos de la sociedad y, en un plano terico, renovar un pensamiento ms crtico con respecto a las diferentes tradiciones.

Controversias tericas sobre la renta bsica

La fundamentacin de ese modelo de renta bsica RB- conlleva un tipo de problemas sobre su justificacin tica y terica, su ideologa subyacente y los efectos culturales que genera. Los aspectos tericos ms evidentes son sobre la relacin universalidad / igualdad social e incondicionalidad / reciprocidad, en cuya valoracin no me detengo (Una exposicin ms amplia de la justificacin tica y terica de las rentas sociales, junto con la crtica al argumento de su universalidad al margen de las necesidades sociales, se encuentra en la Comunicacin presentada en el II Congreso de Trabajo, Economa y Sociedad, octubre de 2015: RENTAS BSICAS: GARANTA CONTRA LA VULNERABILIDAD SOCIAL).

Ahora solo considero otros fundamentos ms complejos y que no suelen salir en los debates pblicos. Los defensores de ese modelo de RB expresan valores positivos como la libertad y la ciudadana civil, pero dejan en un plano subordinado el objetivo de la igualdad, la cultura de la solidaridad y la consolidacin de la ciudadana social y los derechos colectivos.

El primer aspecto a destacar es su pretensin de superioridad tica y la importancia simblica y cultural que esta escuela da a su modelo y a su divulgacin, ya que conllevara una nueva cultura alternativa, superior a cualquier otra. Oponen la tica de los derechos frente a la tica de los deberes, situando el derecho a la libertad por encima del deber de trabajar. Planteada as la alternativa es atractiva, la inclinacin individual por lo primero, por la libertad y el derecho, frente al trabajo y el deber es una opcin evidente. Pero, desde una ptica colectiva y solidaria queda sin resolver el sujeto del deber y el reparto negociado, equilibrado y justo de las obligaciones econmicas, sociales y cvicas.

En los ltimos siglos, ha sido fundamental la defensa de los derechos frente a la coaccin de un rgimen salarial y unas condiciones laborales de subordinacin, as como frente a la opresin autoritaria en diferentes mbitos institucionales. Sin embargo, la justificacin de ese modelo se apoya en una filosofa abstracta e individualista. No valora que la base constitutiva de la sociedad, de sus valores, se debe fundamentar en una filosofa realista, contemplando una perspectiva ms colectiva y contractualista.

Se debera partir de los individuos y su pertenencia social y de la negociacin y equilibrio de las garantas y las responsabilidades individuales y colectivas, teniendo en cuenta el conjunto de sus necesidades y capacidades. El objetivo igualitario, no como trato sino como resultado, no es compatible sino que es conflictivo con la universalidad de una distribucin pblica igual y para todos. Estamos en un conflicto de valores en la sociedad y la defensa de la libertad o no dominacin- es insuficiente, y se debe reequilibrar con los valores de la igualdad y la solidaridad. El reconocimiento del conflicto, la combinacin y el necesario equilibrio entre estos tres valores de nuestra tradicin ilustrada constituyen un buen marco de referencia.

El segundo aspecto problemtico es el ecumenismo ideolgico y justificativo, que esa escuela considera como bueno, al poderse defender su modelo por personas pertenecientes a diversas corrientes de pensamiento -neoliberalismo, liberalismo, republicanismo o marxismo- (hay que aclarar que desde cada una de esas corrientes tambin se defienden otro tipo de enfoques y propuestas, a veces contrarios a la RB). En Espaa los representantes de ese modelo tienen un pensamiento y un talante progresistas; sin embargo, estos mismos autores consideran una ventaja ese eclecticismo terico, esa coincidencia en una misma alternativa de RB de personas y grupos con intereses socioeconmicos e ideologas contrapuestos.

La Red Europea de la Renta Bsica BIEN- se caracteriza, as misma, por la gran diversidad filosfica, poltica, econmica y sociolgica de sus componentes. Si a esa diversidad le aadimos otras personas y grupos que defienden una renta bsica similar y no estn organizados en esa Red, podemos decir que la defensa y el desarrollo de ese modelo de RB, inspirado por VAN PARIJS, se hacen desde mltiples corrientes de pensamiento. Por una parte, hay una definicin comn de la RB -individual, universal e incondicional-, que forma el ncleo de sus principios y que constituye su identidad. Pero, por otra, esa pluralidad ideolgica expresa la existencia de intereses sociales, posiciones y desarrollos concretos que pueden llegar a oponerse. A mi parecer, ese ecumenismo ideolgico, es un punto dbil de ese modelo de RB, ya que refleja la ambigedad de su doctrina, de los intereses que defiende y de su sentido social.

Tienen aspectos comunes: la representacin y gestin comn de una propuesta, o un hilo conductor comn basado en un enfoque individualista. Ese liberalismo radical de fondo, defendido por su fundador VAN PARIJS, entra en confrontacin con las versiones conservadoras, pero tambin va contra las tendencias contractualistas y redistribuidoras del Estado de Bienestar; en particular, debilita los valores de la solidaridad y la reciprocidad de la mejor tradicin de la izquierda transformadora y presentes entre nuevos sectores alternativos y de jvenes.

El tercer componente criticable es su individualismo radical. Las tendencias sociales dominantes van hacia la individualizacin diferente a individualismo- que tiene algunos rasgos positivos como la afirmacin de la autonoma moral de los individuos, y que est diluyendo los viejos compromisos y solidaridades. Pero, ante esa dinmica, el componente radical y abstracto de ese individualismo es pernicioso para la educacin en los valores igualitarios y solidarios, y ese debate es fundamental para conformar un pensamiento crtico.

Es necesario un enfoque social frente al individualismo abstracto. Mi crtica a la primera caracterstica fundamental la universalidad- es que parte del sujeto abstracto, en vez del individuo concreto y de la sociedad segmentada. Con respecto a la segunda, con el nfasis en la incondicionalidad total, critico su individualismo. El individualismo abstracto es la base filosfica en que se basa ese modelo de RB, que defiende una distribucin ex-ante, al margen de las condiciones, recursos y necesidades de los individuos. Contempla el sujeto abstracto, al que el Estado debe aportar una base para su libertad, desconsiderando las relaciones materiales, socioeconmicas e institucionales, que tienen ya los individuos concretos, y que histrica y socialmente han constituido sus bases de sociabilidad y de libertad. Por ello, esa distribucin universal puede ser apoyada por ricos y pobres, por gente neoliberal, republicana o marxista; es decir, es neutral para el objetivo de la igualdad. La alternativa es tener un punto de partida realista -las necesidades de los individuos concretos en una sociedad segmentada y desigual- para ejercer una redistribucin progresiva como garanta de acceso, de todos y todas, a la ciudadana.

En definitiva, el nfasis en la universalidad y la incondicionalidad totales del modelo puro de la RB y su doctrina justificativa no facilitan un proyecto de reforma social y de avance hacia una sociedad de bienestar, y no recogen el sentido social de la redistribucin de una renta pblica y de la proteccin social. As, en el plano prctico, las caractersticas puras y la aplicacin estricta de ese modelo, no afrontan el conflicto de intereses sociales en una sociedad segmentada, y es compatible con reformas fiscales regresivas y con el desmantelamiento del Estado de bienestar. En el plano cultural, puede tener efectos perversos al tender a diluir los valores igualitarios que quedan entre las clases populares y la cultura solidaria de sectores juveniles. Supone una adaptacin a las tendencias individualistas dominantes y la ausencia de una tensin crtica para fortalecer los vnculos solidarios y la participacin en la vida pblica. Slo en la medida que ese discurso pasa a un segundo plano y se sustituye por otra orientacin, ms igualitaria y solidaria, pueden contribuir a la educacin cultural y la reforma social. As es el caso de la combinacin de ese modelo con propuestas de reforma fiscal o distributiva de carcter progresivo. Esta parte es positiva y contrarresta la ambigedad social del ncleo duro del modelo que, a pesar de ello, sigue siendo problemtico.

Por tanto, en la medida que sus partidarios relevantes resaltan el alto valor cultural y tico de esos principios universalidad, incondicionalidad- tiene importancia discutir esa filosofa subyacente, que denota tambin una visin antropolgica optimista que infravalora la importancia de los problemas y dificultades de la sociabilidad. En mi caso, parto de una filosofa realista, concepto amplio, pero en oposicin al idealismo y el formalismo ms abstractos, alejada de una posicin holista, y desde la consideracin del doble componente, individual y social, de la persona.

Antonio Antn. Profesor honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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