Portada :: Europa :: Las bombas de Oriente Medio explotan en Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2015

Un mundo de excepcin

Rubn Torres Garca
Rebelin


Algo nuevo acontece cuando lo excepcional, como es el ataque terrorista, se desplaza de los mrgenes al centro, no solo en un sentido geogrfico de Medio Oriente a Europa sino, y sobre todo, en la conciencia social que se habita a ello. Bajo el signo de la excepcionalidad se construye todo un orden poltico que viene a romper la continuidad de lo anterior. Los recientes atentados de Pars son muestra de ello. La excepcional cadena de atentados, en la que no podemos dejar de reconocer coordinacin a sus autores, deja casualmente la huella de un pasaporte sirio encontrado intacto en la zona de los atentados y ello debe provocar la excepcional, y sin que sirva de precedente, cadena de actos realizados por las fuerzas polticas francesas bajo la gran figura jurdica que normaliza la excepcin, el Estado de Excepcin . A partir de aqu toda alteracin es justificada, la modificacin de la Constitucin francesa de 1958, el bombardeo de un pas extranjero violando normas de derecho internacional, registros indiscriminados en hogares y bases de datos, etc.

Pero la excepcionalidad opera, como ha mostrado el socilogo francs Jean-Claude Paye, en un nivel previo, el de la aceptacin por la sociedad civil de lo improbable, casual e, incluso, incoherente. Todo el orden institucional y social es puesto entre parntesis gracias a que los actos propios o normales de los terroristas   para ellos matar es naturaleza, para nosotros slo excepcin han sido a su vez torpes y bastardos al dejar huellas sobre su origen nacional, religioso y tnico. Me refiero a los documentos de identidad encontrados cerca de los atentados de las Torres Gemelas, Charlie Hebdo y Pars, a las armas del asesino del Museo Judo de Bruselas, quien las portaba en transporte internacional con la intencin de venderlas. Lo increble o improbable se mantiene bajo el bloqueo crtico producido por la dureza de los atentados la vctima es un tab, toda palabra sobre ella puede mancillarla, se convierte en una regin que proscribe la crtica y llega a instaurar un discurso que se hace coherente bajo los jalones de lo excepcional. Jalones que cuando aparecen inauguran una nueva cadena de actos que sern recordados perfectamente por los ciudadanos. As pasamos de los pasaportes, al levantamiento popular, al estado de guerra, al derrocamiento del dictador y, por fin, a la reinstauracin del honor de las vctimas con el tan musulmn excepcionalmente nuestro- ojo por ojo, diente por diente . Todo esto en un rpido zumbido histrico antes de volver a la normalidad. Pues parece que la historia y el tiempo se aceleran durante estos periodos, ser por la cantidad de informacin o la desmesura de los nmeros que todo va tan rpido, o ser por la falta de preguntas criticas por lo que no nos paramos a pensar y evaluar lo excepcional. Sea como fuere todo pasa tan aceleradamente que en pocos meses el suceso ser recordado a partir de unos pocos tems que hasta el ms desmemoriado no podr olvidar.

La pregunta donde hemos de detenernos es aquella que versa sobre el bloqueo de la crtica. Es un tpico acertado decir que la interconexin y aceleracin del mundo donde vivimos facilita lo imprevisible y desmesurado, como el accidente macabro o la maravillosa participacin colectiva, pero es menos frecuente hallar su origen en el exceso de racionalidad. En el mundo global ha triunfado el hbito cultural de la racionalizacin extrema que busca normalizar, traducir el cosmos social y fsico en leyes. Engredamente no aceptamos que nada escape a nuestro control. Pero, como sabemos, a ms sentido de dominacin menos tolerancia a lo absurdo e imprevisible, a lo irracional que es sinnimo de descontrol, como el cncer, el terremoto, el terrorismo o, la gran x, la muerte.

Aquello que llamarn los clsicos contingencia es justamente lo que queda al margen de la razn, no habiendo ms remedio que vivirlo entre el intento de olvido y la previsin pauprrima, la paranoia colectiva y el miedo atroz, el deseo de conquista y, por supuesto, el uso de sinnimos y eufemismos por aquello de que la palabra invoca. Tal es el protagonismo de estos mrgenes sobre la razn central. Octavio Paz habl de accidente al referirse a esa irrazn insoportable y Baudrillard de un demonio maligno que est ah para hacer que esta hermosa maquina [racional] se descomponga siempre. Este dficit crtico ante los atentados se debe a la presentacin meditica de los mismos como carentes de razn poltica o histrica, frutos de excepcionalidades inexplicables y de autores caprichosos e imprevisibles. Es por esto que el atentado nos puede parece ms cercano a una catstrofe medioambiental que a un acto poltico explicable por causas histricas y polticas, y el terrorista nos recuerda ms al loco, al viejo dios maligno o al fantasma, figuras que por antonomasia escapan a la racionalidad, que a un militante poltico,

Lo inaceptable de los atentados de Paris es la injusticia y las vctimas pero antes de nada, lo inaceptable por la razn es la parte maldita de este mundo, lo imprevisible que, como los viejos dioses vengadores, se muestra ahora bajo la figura del terrorismo, lo azaroso y descontrolado. No hay palabra que lo justifique, como no la hubo para los pueblos que bajo la ira divina pusieron al margen su rgimen de normalidad, se lanzaron al desierto o al sacrificio expurgatorio de los suyos. No hubo espacio para la reflexin y no parece haberlo ahora, porque el terrorismo se asemeja a esos viejos dioses ajenos a la razn y ante los que no vale el clculo. Pero ese es el reto de la misma razn, volver a la crtica de lo excepcional sacando del tab a las vctimas. Politizar un acto tan poltico como un atentado terrorista es necesario, discutir y dialogar hasta desentumecer las mentes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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