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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2015

Le llaman democracia (en Espaa, incluyendo Catalunya) pero no lo es

Vicen Navarro
Pblico.es


En las ltimas elecciones autonmicas en Catalunya, los partidos independentistas consiguieron una mayora parlamentaria que presentan como prueba de que tienen un mandato del pueblo cataln para independizarse y separarse de Espaa, y ello a pesar de que la mayora del voto expresado en las urnas aquel da no fue para partidos independentistas, sino para partidos no independentistas. Ni que decir tiene que los primeros consiguieron un voto minoritario muy elevado, pero, a pesar de ser muy elevado, no fue la mayora del pueblo cataln. Tenemos as una situacin en la que las opciones polticas hoy mayoritarias en el Parlamento cataln no tienen el apoyo de la mayora del electorado cataln para alcanzar su principal promesa programtica la independencia de Catalunya-. Su constante nfasis en que s que tienen un mandato mayoritario no se apoya en lo que los catalanes votaron en aquellas elecciones. En realidad, consiguieron una mayora parlamentaria como consecuencia de que la ley electoral catalana (que es prcticamente idntica a la espaola) es de las menos proporcionales que existen en Europa, realidad que he estado denunciando desde hace tiempo. Tanto en Espaa como en Catalunya, los gobiernos constantemente aplican leyes aduciendo un mandato popular que no se corresponde con los deseos de la mayora de la poblacin.

Uno de los muchos indicadores del enorme dominio que las fuerzas conservadoras tienen sobre el Estado es precisamente el sesgo antidemocrtico de las leyes electorales, que discriminan claramente a favor de unos territorios y de unas clases sociales a costa de otros territorios y otras clases sociales, discriminando a las ciudades (a favor de las zonas rurales) y a la clase trabajadora (a favor de otras clases sociales). Y un ejemplo de ello son las ltimas elecciones en Catalunya. La mayora de los no independentistas reside en las grandes ciudades de Catalunya, y muy en especial en los barrios obreros. Y ah estn las bases del diferencial entre voto y escaos parlamentarios. El punto dbil del independentismo es su limitado atractivo entre las clases trabajadoras en Catalunya debido, en parte, a la mayor identificacin con Espaa entre estos sectores de la poblacin y tambin al hecho de que el movimiento independentista est liderado por un gobierno liberal que ha apoyado las medidas (como la reforma laboral y los recortes de gasto pblico) que han perjudicado con mayor intensidad a las clases populares.

El sesgo de la ley electoral espaola (y de la catalana) tena y contina teniendo el propsito de discriminar a la clase trabajadora

Este sesgo antidemocrtico no es casualidad, pues el objetivo de dicha ley electoral fue precisamente este: el de frenar al Partido Comunista (cuya base electoral era mayoritariamente de clase trabajadora), condicin que impuso la asamblea del Movimiento Nacional en las ltimas etapas de la dictadura antes de disolverse. Tal condicin era el establecimiento de una ley electoral que discriminara a las zonas urbanas a costa de favorecer a las zonas rurales, de claro cariz conservador. El hecho de que incluso hoy se requieran casi 49.000 votos para conseguir elegir a un parlamentario en Barcelona, y solo 21.000 votos en Lleida, se debe a esta decisin poltica. Otro tanto ocurre en el resto de Espaa.

Esta motivacin en el diseo de la ley electoral ha sido reconocido por dirigentes de la derecha espaola que jugaron un papel clave en la Transicin, como el Sr. Miguel Herrero y Rodrguez de Min, y el que fue presidente del mayor partido de derechas (que se defina como de centro, como las derechas siempre se han definido en Espaa) durante aquel periodo, el Sr. Leopoldo Calvo Sotelo. Este ltimo, el mismo ao de su fallecimiento, subray que el diseo de la ley electoral (que se inici en las ltimas fases de la dictadura) tuvo como objetivo la intencin de frenar la presencia del Partido Comunista en las instituciones que llamaron representativas, forzando un sistema que tuvo poco de representativo.

Una consecuencia de ello es que, como he documentado en varias ocasiones (ver mi artculo Cuestionando algunos de los anlisis que se han hecho sobre las elecciones del 9 de marzo, El Viejo Topo, julio-agosto 2008), en todas las elecciones generales durante el perodo democrtico desde 1977 a 2008, la suma de votos a partidos de izquierdas en Espaa haba dado una cifra superior a los partidos de derechas (excepto en 1977, las primeras elecciones democrticas, en 1979, y en 2000, debido a la enorme abstencin). Otros estudios ms recientes confirman este anlisis de la situacin. En un excelente artculo de la ley electoral espaola aparecido en la revista El Siglo (Una democracia por mejorar, 09.11.15) se muestra que la ventaja de los votos de izquierda sobre los votos de derecha fue de ms de dos millones y medio en 1982, de casi dos millones y medio en 1986, de menos de dos millones en 1989 y en 1992, de ms de un milln en 1996, de menos de dos millones en 2004, y de casi un milln y medio en 2008. A pesar de ello, las izquierdas han gobernado con mayora parlamentaria solo durante el periodo de 1982 a 1993 y el periodo de 2004 a 2008.

Muchas son las consecuencias de esta realidad, desde el enorme subdesarrollo y subfinanciacin del Estado del Bienestar espaol (ver mi libro El subdesarrollo social de Espaa. Causas y consecuencias, Anagrama, 2006), hasta el enorme fraude fiscal y las regresivas polticas tributarias. Adase a esta situacin de escasa calidad democrtica, la escassima diversidad ideolgica de los medios de informacin que sistemticamente discriminan a las izquierdas (ver mi artculo El New York Times lleva razn: no existe pluralidad en los medios, Pblico, 19.11.15), siendo el gran apoyo de los mayores medios al nuevo partido de derechas Ciudadanos (la esperanza de las derechas) frente a la gran hostilidad hacia el nuevo partido Podemos y hacia IU, un indicador de ello.

Y la escasa proporcionalidad del sistema electoral se ha ido acentuando con aadidos y modificaciones a la ley electoral que hacen ms difcil el ejercicio del voto. Un caso claro es la reforma del ao 2011 de la Ley Orgnica del Rgimen Electoral General (aprobada por el gobierno Zapatero con el apoyo del PP, de CiU y del PNV) que tuvo como consecuencia aumentar la dificultad para votar a los ciudadanos espaoles que viven en el extranjero (1.875.272 ciudadanos espaoles que viven o estn fuera de Espaa del total de 36,5 millones de personas que tienen derecho al voto en Espaa). Es un ejemplo ms de clara manipulacin meditica del gobierno conservador-neoliberal de la Generalitat de Catalunya, que acus al gobierno central del partido conservador-neoliberal espaol de dificultar las votaciones de los catalanes que vivan o estaban en el extranjero, cuando, en realidad, ambos partidos el espaol y el cataln- haban dificultado, con la nueva ley, el ejercicio de tal derecho.

Las muy insuficientes reformas del supuesto sistema democrtico

La gran mayora de reformas que se estn proponiendo por parte de los partidos polticos se basan en deseados cambios en la gestin de los partidos, lo cual es importante, pero muy insuficiente. Que los partidos polticos espaoles (incluyendo los catalanes) son partidos con escasa vocacin democrtica, queda ilustrado en el estudio Ranking 2015 sobre la calidad democrtica de los partidos polticos espaoles, que muestra que solo dos partidos (ambos de izquierda), Podemos y el Bloque Nacionalista Gallego, pueden ser considerados como partidos -en trminos comparativos con los existentes en el Reino Unido y Alemania- merecedores de ser considerados partidos con democracia interna. Ni que decir tiene que incluso estos dos partidos tienen todava un largo recorrido para alcanzar los niveles de democracia que deberan exigirse. Pero estn claramente en la direccin de alcanzarlo. No as en el resto de partidos.

Ahora bien, otro tema esencial para que el sistema electoral pudiera definirse como democrtico, sera conseguir que todo ciudadano tuviera la misma potestad de configurar la gobernanza del pas (es decir, conseguir la representatividad proporcional). Esta es una reforma urgente y necesaria y que tendra un enorme impacto en la vida poltica del pas. Pero se requerira otra reforma igualmente necesaria y urgente, que es el establecimiento de formas de democracia directa, como los referndums, a todos los niveles del Estado, desde el central, al autonmico y municipal. Y ah estamos en paales. Existe una oposicin antidemocrtica por parte de los establishments poltico-mediticos lo que se define como la casta- hacia el ejercicio del derecho a decidir a todos los niveles. La oposicin a que el pueblo cataln pueda ejercer tal derecho -que la mayora de la poblacin en Catalunya apoya- es un ejemplo de ello. La derecha espaola, PP y Ciudadanos, y la direccin del PSOE (de escasa vocacin democrtica), se oponen a dicho ejercicio. El PP y el PSOE, los mximos beneficiarios del sistema bipartidista, bases del Estado espaol, han sido los que se han opuesto ms a la democratizacin del Estado. Ambos partidos de baja calidad democrtica, se oponen al ejercicio de estas formas de democracia directa, que debilitaran su protagonismo. Y Ciudadanos se opone tambin, aunque por motivos diferentes. Su oposicin al derecho a decidir es porque desea conseguir rentabilidad poltica de su supuesta defensa de la unidad de Espaa (aunque el ejercicio de tal derecho resolvera precisamente las tensiones artificiales creadas por los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, y tambin por CDC en Catalunya, pues tal deseo mostrara que la voluntad de la mayora de los catalanes es permanecer en Espaa, desmontando as los argumentos independentistas). Son precisamente estos partidos (PP, PSOE y Ciudadanos) que Pablo Iglesias ha definido correctamente como el bnquer- los que estn incrementando el hasto y frustracin en Catalunya hacia el Estado central, aumentando el independentismo.

Esta breve crtica del sistema llamado democrtico aparece con plena evidencia en la nula diversidad ideolgica que existe en los mayores medios de informacin (tanto pblicos como privados) espaoles, instrumentalizados por los poderes econmicos y financieros y por los gobiernos, y que no ofrecen la pluralidad, veracidad y rigor que un sistema democrtico exige. El artculo del New York Times que ha creado un gran revuelo en Espaa no descubre nada que la mayora de la poblacin no conociera ya en Espaa, pero que los medios continan negando. Tanto los medios televisivos como la prensa en papel carecen de credibilidad en Espaa, otro tema que he estado denunciando por mucho tiempo. En el ltimo programa de Salvados, los dirigentes de los medios entrevistados atribuyeron el resultado de una encuesta realizada en Europa (que mostraba que la ciudadana espaola era la que desconfiaba ms de sus medios) a que los ciudadanos espaoles tienen una vocacin ms crtica que los ciudadanos de otros pases. No aceptaron a pesar de la enorme evidencia de lo contrario- que el problema mayor era la abusiva instrumentalizacin de los medios por el poder financiero (la banca) con el cual estn endeudados, y por los partidos gobernantes. Hoy, tales medios son un enorme obstculo para el pleno desarrollo democrtico de Espaa. En realidad, el programa La Sexta Noche es un programa que sin quererlo y sin ser su intencin- muestra claramente el bajo nivel de democracia existente en Espaa. Lo que se presenta como un debate, es una sarta de insultos, mezquindades, gritos y un largo etctera (procedentes en su mayora de los tertulianos de derechas) que muestra muy bien, por desgracia, la escasa calidad democrtica existente en Espaa. As de claro.

Vicen Navarro. Autor de Ataque a la democracia y al bienestar (Anagrama, 2015)

Fuente: http://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2015/11/23/le-llaman-democracia-en-espana-incluyendo-catalunya-pero-no-lo-es/


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