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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-11-2015

Texto ledo en la presentacin de No hay nacin para este sexo, editado por Pura Fernndez
Ellas nos prepararon el camino

Beln Gopegui
Rebelin


Qu dirn de nosotras, de nuestras asociaciones, nuestras redes, nuestras concesiones, nuestros titubeos y nuestro valor.

Me ha conmovido la firmeza con que las autoras y autores de os artculos de No hay nacin para este sexo avanzaban entre las huellas del pasado para reconstruir el empuje de mujeres que quedaron relegadas en la historia de la literatura. Ellas nos prepararon el camino hacia una existencia ms justa, en igualdad. An no se ha alcanzado pero, por ellas, estamos menos lejos. Y tambin por las horas de quienes han buscado en silencio, entre cartas y documentos, dejar constancia de esos afanes robados a la memoria colectiva de una humanidad que debiera ser indivisible.

Qu decir de nosotras a las investigadoras y los investigadores del futuro -si es que hay futuro-?

Las escritoras jvenes suelen preferir, en nuestros das, rechazar toda clase de reivindicacin que pueda evocar siquiera levemente una actitud victimista; al menos en el terreno de las letras, dicen, casi todo lo que poda lograrse se logr y ahora nos toca trabajar por lo nuestro como cualquiera. Las escritoras mayores comprendemos esa actitud pues tambin pasamos por ella, y si bien rechazamos, sin duda, el victimismo, pensamos que ha de haber un espacio posible donde exigir no signifique, sin embargo, aceptar condescendencia. Por eso muchas de nosotras seguimos hablando de lucha y procuramos eludir ciertos enfoques de la nocin de empoderamiento que contemplan el poder como un objeto mgico del cual surtirse y no como un conjunto de relaciones.

Compaeras: hay que decidir desde ahora un cambio de ruta. La gran noche en que estuvimos sumergidas, hay que sacudirla y salir de ella. El nuevo da que ya se apunta debe encontrarnos firmes, alertas y resueltas. () La humanidad espera algo ms de nosotras que imitacin caricaturesca (...) no hay que reflejar una imagen, aun ideal, de su pensamiento y su sociedad, por los que ellos mismos sienten de cuando en cuando una inmensa nusea

Habr entre ustedes quienes hayan reconocido las palabras de Franz Fanon en Las condenadas de la tierra. Me he limitado a poner algunas aes, ay, esa letra tan subversiva cuando de pronto se empea en recordar que hay un nosotras comn compuesto por las personas, y un nosotras especfico compuesto por las mujeres ausentes de la historia que escriben ellos.

Quisiera que estas palabras de Fanon formaran hoy parte de nuestro proyecto. Escriba Rubn Daro en 1900 en alusin a las sufragistas y segn cita en el libro Ana Peluffo: Tengo a la vista unas cuantas fotografas de esas polticas. Como lo podis adivinar todas son feas y la mayor parte ms que jamonas. Ciento quince aos han pasado y an siguen tantas polticas sometidas al estpido juicio parcial del patriarcado y muchas terminan acatndolo por soledad, por impotencia. Ya basta, no les devolvamos sus esquemas.

Porque nos inquietara ser como ellos, reproducir gran parte de sus instituciones, de sus condecoraciones y sus consejos de administracin, tal como a veces parecieran querer quienes reclaman la mitad de todo. En otra direccin, tambin nos inquieta esa zona del llamado feminismo de la diferencia que puede olvidar el continuo dilema de la cultura de la oprimida. La profesora Laura Mintegui lo formulaba as:

Yo -mujer- no s quien soy, no s hasta qu punto soy lo que soy porque vena as o porque soy un cmulo de respuestas a estmulos negativos, mecanismos de defensa ante una sociedad por la que me he sentido invadida desde el minuto uno, desde que dijeron: ay, una nia,.... Distinguir pues, en la cultura de la oprimida lo que hay propio, nuevo y necesario, y lo que hay de reaccin, de golpe encajado, de definicin asumida aunque sea con descaro, con un y qu? del tipo: soy, como dices, un saco deseante cargado de pulsiones y qu? No, no aceptaremos sus enunciados ni siquiera a la contra.

Pensamos, en cambio, que el trabajo es ms largo. Se trata de empezar a poder decir yo soy: en este punto el patriarcado no es tan distinto del colonialismo, en l nos encontramos con nuestras hermanas latinoamericanas presentes en el libro que padecieron la doble opresin, que supieron lo que es no ser escuchada por ser colonia y por ser mujer: hace falta una carga -hagamos decir al poeta- para vengar a las muertas, que padecen ultraje, para limpiar la costra tenaz del coloniaje. No hay nacin para este sexo permite adems pensar en un tercer silencio, el de la clase: la mayor parte de nuestras hermanas escritoras del periodo estudiado pudieron encontrar tiempo para viajar y escribir, y si no fueron escuchadas por colonia y por mujer, algunas no conocieron el silencio que impone la clase.

Me preguntaba Pura Fernndez mi experiencia particular de la sororidad entre escritoras. Hablar de tres autoras que me dan consistencia. La primera, Mercedes Soriano, una escritora muerta a los cuarenta y nueve aos sin homenajes. Cierto que su obra no es extensa y que ella misma comenz a restarle importancia en sus ltimos aos. Pero esa obra existe, importa y dice. Tambin debieron de existir cartas e inditos cuya destruccin acaso nadie se cuid de evitar. Soriano haba escrito dos novelas cuando la conoc. Me lea sus textos, yo tena veintipocos aos, me prest y recomend libros, me ense algunas de las trampas del mundillo y, a ratos, me cont su relacin con un muy conocido escritor. No dir su nombre pues su historia afectiva en nada nos compete, pero quiero contar que Mercedes Soriano le mostr, como a m, obras, perspectivas, caminos posibles que luego he visto transitados por l sin que haya visto nunca -tal vez ha sido mala suerte, no he podido leer todo- ninguna referencia a quien fue, me atrevo a decir, una de sus maestros.

De la segunda persona he hablado muchas veces, Carmen Martn Gaite, gran escritora, amiga, maestra generosa tambin con los y las ms jvenes. De ella hoy apenas voy a citar esa frase que recordaba hace unos das Rosa Pereda. No te pongas Dostoievski, deca Martn Gaite y as nos haca ver cmo el humor no trata de que las personas no sean importantes, sino de que la importancia es un secreto y nadie puede drsela a s misma o s mismo sin resultar un poquito ridcula, o ridculo.

De la tercera dir primero sus iniciales, NC. Es una escritora con una potencia singular, distinta, y an no consagrada, sea eso lo que sea. Digamos que an no ha sido convertida en mujer cuota, ya saben: el poder arrebatado a una gran mayora de mujeres se ofrece a unas pocas para que parezca que cualquier mujer verdaderamente cualificada es capaz de acceder al liderazgo, el reconocimiento y la recompensa; es decir, que prevalece de hecho la justicia basada en el mrito, explicaba con exactitud Adrianne Rich. NC se debate con, contra, las palabras y con, contra, su propia situacin personal, con tanta honestidad y rabia, es como si cada da, pese a haber escrito varios libros luminosos, tocase por primera vez los lmites impuestos desde fuera. NC, Natalia Carrero, es mi maestra hoy, con ella trato de no perder nunca esa fiereza con la que golpea y golpea y un da har -haremos- trizas los muros.

Sabemos ya que nada se construye en terreno neutral, ni nuestras ambiciones ni sus opresiones. No es lo que t dices, es lo que la gente oye, seala Nuria Varela y pregunta a continuacin: "Cmo tener autoridad individual cuando tu gnero no la tiene?" Nuestras palabras, las de quienes escribimos, son como polvo a no ser que las ampare un colectivo de personas en pie. No basta con que nos concedan la autoridad, pues toda autoridad concedida no es ms que prstamo y tal vez chantaje. De la autoridad hemos de apoderarnos tanto como hemos de merecerla. No hay nacin para este sexo ayuda a construir ese ambiente propicio y ese lugar de amparo en donde las palabras necesarias no mueran sin haber vivido.

No hay nacin para este sexo. La Re(d)pblica transatlntica de las Letras: escritoras espaolas y latinoamericanas (1824-1936). Pura Fernndez (ed.). Editorial Iberoamericana-Vervuert. Madrid 2015

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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