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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-11-2015

Farndulas de la intolerancia en la televisin argentina
Intragables

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Universidad de la Filosofa


Atrincherados en esa especie de egolatra burguesa a la que ellos llaman periodismo, desfilan todas las canalladas ideolgicas que la oligarqua ha sabido financiar para cultivar opinadores serviles al mercado. Dicen que son muy plurales cuando la mayora son parciales y anti Estado. Son autoritarios, parvularios e ignorantes que camuflados como libres pensadores inoculan en pblico su verborrea de cortesanos conspicuos. No aprobaran un examen elemental en ninguna escuela de periodismo. Dicen conocer de poltica y de polticos pero de la clase trabajadora, de sus intereses emancipatorios, de las luchas de los pueblos y de las miserias que fabrica el capitalismo -a diario- minuciosamente omiten toda referencia. Ese es su mejor retrato.

La fuerza que los sostiene en las pantallas no es su lucidez, no es su audacia informativa, no es su talento politolgico sino los anunciantes que pagan por esas vociferaciones estereotipadas con que salen a exhibirse los periodistas tarifados por la farndula del subjetivismo reaccionario. La decadencia misma. No hay emisin en la que, con el pretexto de la libertad de expresin (de ellos) no saboteen al pensamiento crtico, al pensar en disenso o a las consignas de base popular. A la primera afirmacin critica saltan al unsono (como hienas) para sepultar con interrupciones, chicaneadas, risas burlonas o gesticulaciones descalificadoras, la voz siempre en desventaja de los invitados presos de las celadas consuetudinarias e intragables. Por ejemplo, es un emblema patronal inequiovoco cmo el conductor quita y da el micrfono.

Pero lo ms deleznable suele ser la hipocresa, la mascarada y la pualada planificadas para descargar los odios que, a raudales, chorrean por las pantallas. El acuerdo tcito o explcito radica en hacer parecer sus vociferaciones altaneras como reglas de una democracia de la palabra en la que ellos deciden el momento de dar la tarascada silenciadora contra el que opina diferente. Se les puede tomar el tiempo. Se trata de una vieja trampa practicada aejamente en los laboratorios de la intolerancia ms rancia. Pero estos lo repiten como una novedad que vende publicidades. Y su utilidad coyuntural debe cobrar mucho por eso.

Uno no se engaa. Uno sabe siempre que la lucha de clases tiene escenarios muy diversos (incluidos los programas de televisin) en los que se disputa sentido y en los que se agudizan las contradicciones sociales todas. Uno no se engaa y sabe que la burguesa adiestra a sus lebreles para que salgan por todos los frentes a combatir cualquier idea que no admita la hegemona del capitalismo contra los seres humanos. Uno no se engaa y sabe, muy bien, de qu maneras los vendedores de noticias han creado mercados de falacias donde a punta de gritos, ofensas y canalladas de todo gnero se trata de silenciar la expresin de lo popular en sus sentidos ms revolucionarios. Y justamente porque uno sabe todo eso es por lo que debe denunciarlo y no trgaselo tal como se lo empaquetan o se lo imponen.

Es verdad que uno puede siempre cambiar de canal (para ver lo mismo en otro canal) y tambin puede no cambiarlo para desmontar crticamente las argucias planificadas para mentirnos. Uno puede elegir, tambin, entre ejercer su derecho a cuestionar los intereses y los ingresos de esas operaciones ideolgicas burguesas disfrazadas de periodismo y las consecuencias que eso tiene cuando se mezcla el odio y la falsedad como cctel nocturno para mandarnos a dormir en la desolacin y atemorizados porque si uno opina diferente a esos periodistas comenzarn a gritarle y a silenciarlo con el repertorio de bajezas con que ellos trabajan a diario y cobran de lo lindo. Porque cobran. No hay duda.

Ellos dicen que tienen derecho a ser y hacer del periodismo que inventaron lo que les d la gana porque trabajan para empresas privadas y para el mercado de las noticias. Creen que eso les autoriza una extraterritorialidad moral o tica desde donde su estulticia dicta ctedras. Ellos creen que eso es incuestionable e intocable y ellos hacen lo indecible por defender su trinchera de impunidad a toda costa y costo. Nosotros no le creemos a esa frmula mercenaria ni a ese periodismo de mercaderes. Ya hemos visto sus fechoras en la historia de las comunicaciones dominadas por el capitalismo. Simplemente no lo tragamos.

Es otro el periodismo que los pueblos necesitan y alientan. Es otra la necesidad de la verdad y la urgencia de la ciencia en las tareas de una comunicacin social libre de mercachifles y petulantes de turno. Es muy otra la necesidad de un periodismo de base inspirado en el pensar, el sentir y el malestar de los pueblos y no la retrica de las cpulas empresariales travestidas de polticos y sus escribanos de gatillo editorial fcil. Argentina dio pasos enormes en su soberana comunicacional con leyes anti-monopolios de raz histrica esplndida y valor estratgico en la revolucin comunicacional que necesitamos todos. Ese es uno de los blancos donde se concentra el odio oligarca para arrebatarle al pueblo argentino una de sus ms preclaras conquistas. El pueblo tendr la palabra. Para ellos ste tema es intratable. Nos negarn el derecho a opinar sobre esto libremente?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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