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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2015

Mucho ms que unas elecciones

Alejandro Fierro
celag.org


En Venezuela, cada cita con las urnas significa mucho ms que la eleccin de unos determinados cargos. Desde que Hugo Chvez accediera a la Presidencia en 1999, los comicios han adquirido un halo plebiscitario. Toda contienda electoral se transforma en un debate sobre ese sistema que lleg para disputarle la hegemona al neoliberalismo. Las elecciones legislativas que se celebran este 6 de diciembre no son una excepcin.

Para una persona no venezolana es prcticamente imposible conocer de una forma ms o menos veraz el escenario electoral. El espejo deformante que los medios de comunicacin de masas aplican sobre el pas caribeo lo convierte en una caricatura que poco tiene que ver con la realidad. En la prensa internacional se ha adoptado el principio de que todo vale contra Venezuela, vulnerando constantemente el derecho a la informacin de sus audiencias y las ms bsicas normas deontolgicas del periodismo.

El marco de sentido que ha construido la oposicin neoliberal interna y externa para estas elecciones, y que difunde a travs de sus poderosas terminales mediticas, se basa en caracterizar el momento actual como una situacin dantesca, sin parangn en la historia reciente. Segn este relato apocalptico, Venezuela sera comparable a pases devastados por catstrofes naturales, hambrunas o en guerra. Al desabastecimiento generalizado y la inflacin descontrolada, siempre de acuerdo a este planteamiento, habra que aadir unos niveles de inseguridad desatados que diezman a una poblacin que se siente prisionera en su propio pas.

Este es el marco de sentido que plantea la oposicin. Como todo frame, aspira a no ser cuestionado. El objetivo es instalarlo como sentido comn. Despus se puede debatir sobre las causas, los responsables o las alternativas, pero siempre a partir de la premisa de que Venezuela est en el abismo. La oposicin ha sabido consolidar este sentido comn en el extranjero, pero ha fracasado en el plano interno. El xito internacional es una victoria amarga por insuficiente. Al fin y al cabo, es el pueblo venezolano el que vota.

Es cierto que la situacin econmica, especialmente en lo tocante a abastecimiento y precios, es calificada por la mayora de la poblacin como negativa. As lo ratifican todos los sondeos de percepciones. Pero esos mismos estudios certifican que, a pesar de las dificultades, los venezolanos y venezolanas no comparten en su totalidad la visin apocalptica que propone la derecha.

En primer lugar, hay que sealar que el Gobierno de Nicols Maduro realiza un gran esfuerzo para garantizar el suministro de bienes y servicios, especialmente a las clases populares, a precios razonables, al mismo tiempo que decreta aumentos salariales para contrarrestar la inflacin. Se trata de una alternativa heterodoxa fuera de las lgicas neoliberales. Buena parte del pueblo ha naturalizado que el abastecimiento diario puede desarrollarse bajo paradigmas ajenos a la ley del mercado y aplaude estas iniciativas con la misma fuerza con la que la oposicin trata de ocultaras. Se publica la fotografa del anaquel vaco de una tienda pero no la imagen de un operativo estatal de alimentacin que surte a una comunidad a un costo razonable.

Tambin ocultan que a pesar de las dificultades, agravadas por la abrupta bajada del precio del petrleo, principal y casi nica fuente de ingresos de Venezuela su cotizacin en el momento de escribir este artculo es de 34 dlares el barril frente a los 147 que lleg a alcanzar en 2008-, Maduro se ha comprometido a mantener la inversin social en educacin, sanidad, vivienda, pensiones, etc. En este mbito, el Gobierno venezolano vuelve a situar las necesidades de las personas por encima de los intereses del capital y adopta una postura totalmente contraria a las polticas de austeridad que han arrasado a los pases del Sur de Europa como lo hicieron en el pasado con Latinoamrica. De nuevo, la satisfaccin con la que las mayoras populares acogen estas medidas contrasta con el silencio de la derecha.

La construccin del marco del apocalipsis, por tanto, se tambalea dentro de Venezuela con la misma facilidad con la que se refuerza, intilmente, en el resto del mundo. An as, la oposicin avanza en la consecuencia lgica de este relato. Es la evidencia de que el modelo chavista ha fracasado. La situacin del pas es la prueba incontrovertible. La victoria de Mauricio Macri en Argentina inaugura una nueva etapa.

Este fin de poca por decreto tambin choca con la realidad, al menos en Venezuela. La II Encuesta Nacional de Juventud, realizada en 2013, seala que el 60% de los venezolanos y venezolanas entre 15 y 29 aos consideran el socialismo como el mejor modelo econmico, frente a un 21% que se decanta por el capitalismo. Este mismo estudio y otros de tipo generalista reflejan una valoracin mayoritariamente positiva de las mejoras sociales alcanzadas bajo el chavismo.

Por tanto, puede ser cierto que la poblacin exija un cambio de rumbo, pero no parece acertado deducir que ese cambio deseado sea hacia postulados neoliberales. Al contrario, las exigencias populares se centran ms bien en pedirle a Maduro mayor firmeza y profundidad en sus decisiones, sobre todo en las medidas econmicas. Es decir, no otro sistema, sino ms sistema.

La oposicin lo sabe y por eso oculta su verdadera agenda y se vuelca en el ejercicio de travestismo poltico que toda opcin neoliberal adopta en su asalto al poder. La propuesta electoral se limita al sealamiento de lo que est mal y a presentar el cambio como la solucin. No importan los programas. El concepto cambio se mitifica y se presenta como un valor en s mismo, autosuficiente y autnomo con respecto a cualquier tipo de medida. No importa hacia dnde se cambia. Solo importa el cambio.

El problema para los opositores venezolanos que el votante, y muy especialmente el de clase popular, sabe perfectamente quines son. La Revolucin Bolivariana ha sido un curso acelerado de formacin poltica. El voto de los ms humildes ya nunca ms es un voto ignorante. Muchos electores pueden estar irritados con el chavismo, pero eso no les llevar automticamente a echarse en manos de la derecha. Conocen cul es su agenda y no la quieren.

A este rechazo ideolgico hay que aadir la ausencia de nuevos liderazgos con capacidad de seduccin. La derecha venezolana es una amalgama de dirigentes procedentes de las clases alta y media-alta, detentadores de un enorme poder econmico, alejados por completo de las clases populares, responsables a los ojos de las mayoras sociales del saqueo del pas en el pasado siglo y de los golpes contra la democracia en el siglo actual, esencialmente corruptos Henrique Capriles fue quien ms se aproxim al perfil de candidato asptico con el que las derechas latinoamericanas quieren recuperar el poder, pero tras la derrota en abril de 2013 frente a Maduro mostr su verdadera cara llamando a la agitacin callejera que provoc el asesinato de once militantes chavistas.

Las denuncias de ausencia de democracia que realizan estos dirigentes tienen eco en el exterior pero carecen de credibilidad dentro de Venezuela. La ciudadana considera que sus derechos y libertades estn razonablemente salvaguardados y no se reconocen en ese rgimen autoritario descrito por la oposicin. Leopoldo Lpez no es visto como un preso poltico, sino como un poltico preso por conspirar contra el orden legalmente establecido con el funesto balance de 43 personas asesinadas, la mayora de ellas en acciones de los golpistas. Su condicin de mrtir queda, nuevamente, para el consumo meditico internacional.

La oposicin tampoco est sabiendo manejar el supuesto cambio de ciclo en Latinoamrica, inaugurado con la derrota del kirchnerismo en Argentina. Las declaraciones del secretario ejecutivo de la alianza opositora, Jess Torrealba, apoyando la propuesta de Macri de expulsar a Venezuela de Mercosur por una supuesta vulneracin de derechos humanos, son un autntico despropsito en trminos tcticos. Nadie entiende cmo la oposicin apoya que se perjudiquen los intereses venezolanos. La derecha sigue sin comprender la profundidad de los cambios experimentados en el pas. La defensa de la soberana y el rechazo a cualquier tipo de injerencia son ahora principios irrenunciables y transversales a amplios sectores con independencia de su alineamiento partidario.

Este panorama lleva a concluir que la derecha no puede ganar las elecciones pero el chavismo s puede perderlas. El resultado, obviamente, es el mismo, pero la forma en la que se llega a l es diferente y tambin lo son las consecuencias. La derecha no ha podido constituirse en un bloque con identidad programtica y simblica propia. Se define tan slo en oposicin al chavismo, que de esta forma compite contra s mismo en unas elecciones que se desarrollan en unas circunstancias inditas: es la primera vez en el periodo revolucionario en la que se ir a votar viviendo sensiblemente peor que el da anterior. La incgnita consiste en ver si los venezolanos y venezolanas respondern a los automatismos electorales que castigan a los gobernantes en caso de dificultades econmicas o, por el contrario, valorarn ms el capital poltico acumulado en estos aos, reafirmando as la peculiaridad del proceso bolivariano.

En cualquier caso, la oposicin no aceptar el veredicto de las urnas sea cual sea este. Si pierde, de inmediato denunciar fraude y no reconocer los resultados. Si gana, anunciar el fin del chavismo y maniobrar con todos los medios a su alcance para derrocar al Gobierno de Maduro. Esos medios van desde la utilizacin de la Asamblea para bloquear polticamente al pas la Constitucin Bolivariana de 1999 otorga al poder legislativo enormes competencias para controlar e incluso maniatar a los poderes ejecutivo y judicial- a todo tipo de estrategias desestabilizadoras ya utilizadas en el pasado reciente.

Se puede augurar, por tanto, un 2016 extraordinariamente convulso en Venezuela, mxime cuando a mitad de ao se abre la posibilidad legal de revocar al presidente Maduro mediante referndum y a finales se celebrarn elecciones a gobernadores de los 23 estados. En las situaciones complejas, el chavismo siempre ha reaccionado profundizando la accin transformadora y llevando el proceso a una etapa ms avanzada. Ante cada acometida neoliberal en formas de golpes de Estado o sabotajes petroleros, Chvez se defendi avanzando, nunca retrocediendo. La experiencia argentina demuestra que el inmovilismo conduce a la derrota. El vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera, lo sintetiz claramente: Argentina revel la disyuntiva: o profundizar los procesos revolucionarios desde adentro o regresa la derecha. El chavismo, con la experiencia de estos aos y el aval que le confieren los enormes logros alcanzados, puede convertir esta amenaza en oportunidad y volver a ser la vanguardia latinoamericana en los procesos de emancipacin popular.

Fuente: http://www.celag.org/venezuela-mucho-mas-que-unas-elecciones-por-alejandro-fierro/



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