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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-12-2015

Nos han robado la memoria

Armando B. Gins
Rebelin


El saqueo comenz en tiempos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher mediante la implantacin por las bravas de su ideologa neoliberal, contando con la ayuda inestimable del pensamiento ldico preconizado por las diversas filosofas posmodernas que fueron creando un ambiente dulce y receptivo a sus tesis incluso dentro de de las izquierdas internacionales ms laxas o acomodaticias.

Esa alienacin naciente y asuncin pasiva de la conciencia vicaria, esttica y festiva de las elites dominantes cal hondo en las masas a pesar de que se iba instalando de manera subrepticia un vaciamiento de la memoria colectiva a travs de una inseguridad global inducida por el fenmeno terrorista y una precariedad vital consecuencia directa de las reformas laborales tendentes a hacer del trabajo un bien ms escaso que nunca y sin derecho alguno contractual a reivindicar por parte de la clase obrera.

Lo pblico se desmantel con saa milimtrica bajo la excusa de una libertad individual falseada favorable al nuevo orden mundial de desigualdad creciente y competitividad feroz por un empleo de calidad nfima y temporal. No obstante, lo ms importante fue la prdida paulatina de la memoria histrica de las clases trabajadoras. Sus fundamentos propios se abandonaron por un futuro permanente de inseguridad personal y de precariedad total.

Sin la memoria no podemos ser fieles a nada, ni siquiera a nosotros mismos. Siguiendo este marco de referencia, los principios ticos y morales se desvanecen y el olvido ocupa el campo dejado en barbecho por la historia, las contradicciones sociales y el inters poltico. Ni siquiera nos queda el presente porque para vivir en l es necesario tener convicciones de lo que somos y de nuestros orgenes histricos.

En ausencia de la memoria vagamos en un mar de dudas y zozobras, braceando en la realidad que supera todas nuestras expectativas de anlisis crtico y comprensin de la misma. No somos nadie en la tierra confusa de la nada absoluta. Tampoco podemos acudir a mirar el horizonte con cierta esperanza de mejora o abrazarnos a una utopa de consuelo con el fin de conjurar los enigmas indescifrables de la vida actual: el presente se ha evaporado al borrarse la memoria de cuajo.

Desde esta ptica existencial de no saber que ramos y somos, tenemos que entregarnos con furor al futuro permanente, un no-lugar de deseos constantes y rutas que no llevan ms all de la supervivencia inmediata. Esa nada absoluta hay que llenarla con celeridad sbita de algo, un algo abstracto que distraiga la ansiedad generalizada por alcanzar un salario de miseria y una capacidad de consumo mnima que nos mantenga en un estatus ficticio de ciudadana libre y activa.

Mientras tenemos empleo y compramos fetiches, somos alguien, pero no alguien fijo y dueo de su propio destino. El destino ltimo es siempre seguir buscando trabajo, haciendo cursos de preparacin y deseando una mercanca nueva. El interregno entre uno y otro contrato laboral es puro e incesante porvenir que jams llega a alcanzar una sustancia suficiente para transformarse en vivencia plena, memoria consciente y conocimiento social til.

Transitamos en un absurdo que abarca una totalidad inmensa: somos fieles a un encuentro que jams suceder. Eso es el futuro permanente, habitar una entelequia vaporosa, inefable, un caminar flotando donde no existe ni punto de salida definido ni una meta de llegada concreta. Estamos ante un mundo sin valores, solo sustentado en meros impulsos ajenos a un sentido histrico y cultural de la existencia humana.

Esa ruptura dramtica de la memoria ha roto los nexos entre el individuo y la sociedad. De ah la sensacin de abandono y de neurosis compartida en soledades que jams entran en contacto directo y emptico. Hemos dejado de ser fieles a nuestros pensamientos ms profundos y a nuestra posicin social. Nadie puede reconocerse en mitad de una vorgine multitudinaria en la que cada uno va a lo suyo y los mensajes son tantos, superficialmente bellos, creativos y punzantes, que nos vemos incapaces de ver la verdad intrnseca que subyace tras la compleja realidad que nos contiene. Nos hemos traicionado, en suma. Y lo peor de todo, en nombre de la libertad capitalista!

La inseguridad mundial se ha sintetizado en la amenaza difusa del terrorismo. Se pretende que el terror lo explique todo. Mientras se lanza esta idea a diestro y siniestro, las desigualdades aumentan y la pobreza se dispara hasta cotas nunca vistas. El fantasmal y malvado enemigo externo nos permite interiorizar nuestro propio malestar como una situacin pasajera y no estructural. Vendrn pocas ms felices cuando eliminemos al fatal adversario. De eso se aprovechan las elites mundiales para redirigir los temores de las masas hacia sus intereses financieros y econmicos. El terrorismo viene bien a las multinacionales y a los ndices burstiles: del caos y el miedo se nutren ingentes beneficios empresariales y sistmicos. El mundo contina girando igual que antao a remolque de la infernal rueda voraz del capitalismo.

Por lo que se refiere a la precariedad laboral, es otro factor relevante de la globalidad en que nos hallamos inmersos. Que nadie tenga un trabajo para toda la vida ni pueda echar races en una sociedad estable, justa, fraternal y solidaria es un principio primordial del nuevo orden a escala internacional. Basando el modus vivendi en la competitividad extrema y la escasez calculada del empleo, a la gente no le queda ms remedio que tomar las migajas al precio y salario que sea menester. Sobrevivir es lo mximo a lo que puede aspirarse.

Con ser mucho, la privatizacin sostenida de lo pblico no es lo ms grave del asunto. Reside en el vaciamiento controlado de la memoria colectiva el punto crucial del momento que ahora vivimos. Somos multitud los damnificados por el neoliberalismo, pero grey amorfa sin pastor ni ideas claras y propias. Vivimos prisioneros de un redil sin contornos ni lmites conocidos. Cmo salir de una crcel ideolgica que no cuenta con puertas de acceso evidentes ni estructura material obvia?

Solo la memoria nos hace plenamente humanos y conscientes de nuestra realidad, otorgando sentido histrico a nuestra existencia colectiva y particular. Escapar del futuro permanente es posible, pero antes deberemos recuperar la voluntad de ser fieles a nosotros mismos. Tarea urgente si no queremos ser convertidos en prescindibles comparsas del mundo que hoy est construyendo el neoliberalismo desde el miedo y el caos gestionados por los intereses nunca explcitos de los poderes fcticos que dominan los mercados opacos del dinero, las ideas culturales y la ideologa hegemnica.

Esa es la batalla decisiva que hay que librar ya mismo: memoria colectiva contra la fugacidad del futuro permanente.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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