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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-12-2015

An se est a tiempo de salvar la Revolucin

Carlos Aznrez
Rebelin


Venezuela instalada en el peor de los escenarios interpela a la conciencia de muchas y muchos latinoamericanos. Qu ha ocurrido para que una oposicin mediocre, sin programa poltico ms all del odio y el revanchismo contra todo aquellos que sea chavista, haya podido conseguir unos resultados de tanta holgadez que prcticamente los coloca en la puerta de obtener el gobierno?

Sin duda son varias las razones que fueron generando este presente, unas provocadas por el enemigo y otras muy ligadas a las propias contradicciones y errores de un proceso revolucionario, del que nadie, absolutamente nadie, est excento.

Tiene razn Nicols Maduro cuando seal en la madrugada del 7D que por sobre todas las cosas triunf la guerra econmica, y con ella puso a la contrarrevolucin al borde de asaltar ese poder tan deseado por sus monitores de Washington. Una guerra que prcticamente se convirti en estos dos ltimos aos en un bloqueo gestado desde adentro mismo del pas para minar da a da, hora a hora, la voluntad de resistencia de quienes, dentro del propio pueblo venezolano, batallaron heroicamente contra el paro petrolero del 2002 y as hasta la fecha.

Guerra", se pronuncia fcil esa palabra cuando no se la vive en lo cotidiano: madres deseosas de dar de comer a sus hijos soportando largas colas, llenando sus bolsas no de alimentos sino de frustraciones continuas ante la falta de leche, harina pan, papel de bao, jabn, y tantos otros artculos que se escamotean con criminal insistencia. Contrabando hacia Colombia, llevndose lo que en cada ciudad escasea. Hay que haberlo vivido para saber que la bronca que estas situaciones producen, apuntan casi siempre hacia arriba, no para denunciar solamente a los gestores reales de estas estrategias letales, empresarios millonarios e inescrupulosos ligados a la oposicin ms cerril, sino que tambin, casi lgicamente, el desnimo suele poner al gobierno en la mira. Es indudable que un pueblo, con el nivel de conciencia adquirido en estos 15 aos de Revolucin, se plantee exigir a su Gobierno que tome las riendas en sus manos, que aplique toda la dureza necesaria para que los que se enriquecen con el dolor de los ms humildes no sigan humillndoles, que si hay que nacionalizar, expropiar y llenar las crceles de desabastecedores no le tiemble la mano. Que se suba un escaln ms y se nacionalice el Comercio Exterior para ir reparando los daos causados por problemas estructurales que se vienen arrastrando desde la Cuarta Repblica.

La capacidad de comprensin de estas demandas urgentes, formuladas una y otra vez, generan un pozo de desesperanza cuando no se obtienen respuestas, y de all a desmovilizarse -fsica o mentalmente- hay un solo paso, y la oposicin, impulsora directa de todos estos climas, supo aprovecharse de los mismos. Slo basta imaginar que de ese 25 por ciento de ciudadanos que se abstuvieron, un buen porcentaje son chavistas, que sin pasarse directamente a la derecha, s quisieron protestar a su manera contra un gobierno que paradjicamente es el que ms ha hecho por ellos en el ltimo siglo.

Pero hay ms razones, que son similares a lo que han venido sufriendo todos los procesos progresistas y revolucionarios del continente. El terrorismo meditico, claro que s. Esa andanada mortfera de mentiras lanzadas por los medios locales y externos, creadores de escenarios" como pocos, gestores de iniciativas desesabilizadoras o maestros en la creacin de liderazgos, como el realizado con el golpista Leopoldo Lpez, o apelando a la institucionalizacin del victimismo. All est el ejemplo de la esposa del reo, Lilian Tintori, a la que el dinero a raudales invertido por la coalicin antichavista internacional (los Aznar, los Felipe Gonzlez, los Pastrana o los Tuto Quiroga y Uribe Vlez) sirvi para pasearla por todo el mundo, a efectos de provocar adhesiones en su cruzada contra el dictador Maduro.

 

Todos estos elementos son un detalle que quizs no hubieran alcanzado para llegar hasta este presente, si detrs de cada una de las jugadas contra el gobierno venezolano no estara el Imperio y una larga lista de cmplices, entre los que el fascismo espaol ocupa la delantera. Es precisamente ese protagonista tan especial, que desde el mismo momento en que Hugo Chvez lleg al gobierno, puso en marcha todos los mecanismos para lograr su derrocamiento. De idntica manera pero con diferentes resultados a lo que intentaron hacer con la Cuba de Fidel y Ral.

Ese imperio es, no hay que olvidarse, el enemigo principal de la Revolucin que ahora est al borde del precipicio, pero a la vez debera ser la matriz que provoque un gigantesco y urgente esfuerzo de reconstruccin de las fuerzas populares para enfrentarlo en todos los terrenos posibles. No es que se haya perdido una eleccin, sino que se puede perder una Revolucin, y eso s que cuesta aos o a veces siglos, si se piensa en recuperar un escenario similar.

Todo indica que no hay que bajar los brazos ni caer en depresiones paralizantes, an "tenemos Patria y a la vez se corre contra reloj, como para titubear o sumergirse en propuestas tibias, claudicantes, socialdemcratas, que suelen abundar en las entraas del Proceso, inducidas por asesores europeos que en sus pases son poco y nada. Se trata de defender todas las conquistas alcanzadas, las Misiones, la Educacin, las viviendas, la tierra repartida. Contra todo ello embestir sin dudas, con desprecio y prepotencia racista, ese universo que representa la oposicin derechista que ahora ha llegado con fuerza a la Asamblea Nacional. Entregarles las conquistas, sera suicida. Endurecer el proceso revolucionario, escuchar lo que se grita en barrios y parroquias, ir por todo, a pesar de las circunstancias, quizs no resulte exitoso, pero vale la pena intentarlo. Existe un liderazgo, Nicols Maduro, el hombre en el que el Comandante Chvez deposit todas sus esperanzas y confianza. El jefe de un ejrcito de humildes y patriotas que ha sabido cumplir con la difcil tarea, a pesar de los pesares. Qu ms se necesita para empinarse de valor y pegar un volantazo, con el pueblo movilizado en la calle. An estamos a tiempo, y vale la pena recordar en estas duras circunstancias, aquella frase premonitoria pronunciada por Fidel despus del desembarco del Granma: tenemos 10 hombres y 10 fusiles, vamos a ganar la Revolucin.A casi 57 aos de esa gesta, Cuba sigue de pie.

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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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