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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-12-2015

El realismo de la audacia: repensar la estrategia revolucionaria hoy

Paniagotis Sotiris
Viento Sur


De alguna manera, siento cierto malestar, ya que toda la izquierda griega comparte una especie de responsabilidad de que Grecia no sea hoy en da un laboratorio de la esperanza, sino motivo de desesperacin. Lo que voy a decir hay que tomarlo como una forma de autocrtica, ms que como una declaracin. Me considero parte del problema...

El problema es que en el pas en el que el ms agresivo de los experimentos sociales neoliberales se haba topado con la ms masiva, casi insurreccional, secuencia de luchas, en el que la crisis poltica era lo ms cercano a una crisis de hegemona que haya conocido Europa Occidental desde la cada de las dictaduras, en el que un partido de izquierdas relativamente pequeo fue catapultado al poder, en el que un pueblo desafiante se opuso al chantaje de la Unin Europea en el referndum del 5 de julio, Syriza, despus de ganar unas elecciones en que el resto de la izquierda fracasaba en el intento de contestar la versin de izquierdas del no hay alternativas, que daba el tono de los debates electorales, ha aceptado unas reformas neoliberales que sonrojaran hasta a los infames Chicago boys : desde la reforma del sistema de pensiones hasta las privatizaciones y las ejecuciones hipotecarias y los desalojos masivos.

Haba otro camino posible para Grecia, o debemos aceptar la premisa de que un pequeo pas del sur de Europa no estaba en condiciones de responder al chantaje de la UE? Estoy totalmente en desacuerdo. El momento del referndum era ptimo para una estrategia de ruptura: fin de las negociaciones, suspensin del pago de la deuda, nacionalizacin del sistema bancario, inicio de un proceso de retorno a la moneda nacional, como puntos de partida de un proceso de transformacin ms amplio. Las obvias dificultades iniciales, en realidad no mucho mayores que las que estamos sufriendo ahora en Grecia y seguramente menores que las que nos vamos a encontrar en los prximos aos, podran abordarse con el tremendo potencial poltico del resultado del referndum y el grado de movilizacin popular y de solidaridad internacional. Sin embargo, la direccin Syriza no estaba dispuesta ni siquiera a pensar la posibilidad de una estrategia de ruptura, lo que llev a una serie de concesiones y compromisos desastrosos, incluso antes de las elecciones de enero de 2015. Esta falta de disposicin para afrontar cualquier eventualidad que no fuera el compromiso dentro de la zona euro no se debi a la falta de tiempo. Ms bien, fue el resultado de una opcin consciente de que la ruptura era imposible, derivada de la combinacin de un europesmo compulsivo junto con el intento de construir alianzas con sectores de la burguesa griega.

Es el fin de la historia?

Propongo que nos opongamos a esta tentacin. La crisis econmica y la crisis del fallido proyecto de la integracin europea con su neoliberalismo disciplinario autoritario siguen alimentando una crisis social sin precedentes en el sur de Europa. La crisis poltica -en forma de alejamiento de las clases subalternas del sistema de partidos, de incapacidad de las clases capitalistas de articular un proyecto hegemnico que no sea la lgica de la zona econmica especial y de posible crisis del Estado como consecuencia de la soberana limitada inducida por la UE contina siendo el aspecto determinante, y el actual equilibrio esttico a raz de la victoria de Syriza est lejos de ser estable.

Sin embargo, esto no quiere decir que debamos esperar explosiones sociales masivas o un rpido colapso de Syriza como una nueva oportunidad para que la izquierda radical tome la iniciativa. No cabe duda de que Syriza se enfrentar tarde o temprano a su propio invierno del descontento. Sin embargo, todo el ciclo de movilizacin de masas en 2010-2012, seguido de la expectativa de un avance electoral, la paciencia a la vista de los primeros compromisos, luego el desafo colectivo en el referndum, ms tarde el sentimiento de desesperacin y derrota despus de la capitulacin y finalmente la necesidad de elegir entre la abstencin o el mal menor, y ahora el hecho de que el gobierno aplique una reforma tras otra, ha tenido un efecto desintegrador y ha dado lugar a una creciente incredulidad en la posibilidad de alternativas.

As que hemos de reflexionar sobre las preguntas abiertas que se nos plantean y volver a abrir el debate sobre estrategia. En primer lugar, haba ms fantasa que realidad en la concepcin de un gobierno progresista que pondra fin a la austeridad, restaurara el crecimiento y cierta redistribucin, y devolvera los derechos a la clase trabajadora, sin cuestionar la inclusin del pas en procesos de internacionalizacin e integracin capitalista como la Unin Europea y sin enfrentarse a bancos y grandes empresas, acostumbrados a la deflacin salarial, el trabajo flexible y al saqueo de los bienes pblicos. El caso griego es un ejemplo trgico de que esto es imposible dentro de la eurozona. No puede haber un cambio desde dentro de la UE. El europesmo es el camino regio hacia el desastre para la izquierda europea.

Al mismo tiempo, no es suficiente pensar simplemente en un gobierno progresista que proceder a suspender el pago de la deuda, salir de la zona euro y poner en prctica un aumento radical del gasto pblico. Un soplo de cordura en comparacin con las ilusiones sobre la gobernanza progresista dentro de la zona euro puede, sin embargo, que funcione mucho mejor en pases con sectores exportadores fuertes y una apertura a los mercados mundiales, como Argentina. En los pases que han sido sometidos a la reestructuracin generalizada y a una desindustrializacin inducida por la integracin europea, se podra llegar a un callejn sin salida, a menos que se transforme rpidamente en un paradigma de crecimiento alternativo en una direccin socialista.

Adems, incluso en los casos ms avanzados de gobernanza de izquierda radical en Amrica Latina hemos visto ciertos lmites: la dependencia en relacin a una economa extractivista; la coexistencia contradictoria de una mayor proteccin social con la competitividad internacional; los conflictos provocados por el intento de integrar en el Estado a los movimientos autnomos.

Ahora bien, puede la antipoltica de la insurreccin, o la celebracin de los disturbios, ser el antdoto de esto? Desde Alain Badiou hasta las intervenciones del Comit Invisible se ha puesto el acento en el retorno hacia la poltica de masas en las calles, la confrontacin violenta con la polica, la reapropiacin directa de los bienes comunes. Aqu la estrategia es reemplazada por el deseo de prolongar el momento de la revuelta de masas. Por desgracia, la experiencia histrica muestra tanto el aspecto cataltico e indispensable de la secuencia insurreccional como la dificultad para iniciar un proceso de transformacin despus: los disturbios civiles masivos pueden llevar a una crisis de rgimen, pero entonces la pregunta es qu viene despus.

La respuesta tampoco es una secuencia insurreccional de un imaginario Octubre supuestamente leninista, que es la definicin que muchas tendencias de la izquierda anticapitalista proponen para una revolucin para la que las condiciones nunca estn suficientemente maduras. Aqu, se sustituye la estrategia por un verbalismo anticapitalista que se siente ms cmodo con el fracaso, ya que esto justifica la posicin de que desde el principio estaba escrita de que nada podra cambiar.

Por supuesto, la enumeracin de los problemas no reemplaza una respuesta a las preguntas abiertas. Esto solo puede ser un proceso colectivo de reflexin y autocrtica. Sin embargo, podemos discutir algunos puntos de partida para un replanteamiento de la estrategia revolucionaria de hoy.

Primer punto: la soberana popular es importante. La experiencia europea muestra que la soberana rebajada y limitada de hoy es un mecanismo bsico para la imposicin de la austeridad y la erosin de la democracia. Como ha dicho Jean-Claude Juncker, no puede haber una eleccin democrtica en contra de los tratados europeos . La misma cantinela va para la exposicin de los sistemas bancarios nacionales a los mercados monetarios internacionales y la serie de tratados hechos para salvaguardar las inversiones frente a las preocupaciones medioambientales o derechos laborales. La soberana, como la recuperacin de un control democrtico en contra de la violencia sistmica del capital internacionalizado, se convierte en una cuestin de clase y la base de un nuevo internacionalismo basado en romper eslabones de la cadena y en dar ejemplo a los movimientos de otros pases.

Todos conocemos las posibles asociaciones de soberana con nacionalismo, racismo y colonialismo. Sin embargo, aqu estamos hablando de una forma de soberana que se basa en la condicin comn de las clases subalternas. Es un intento de repensar tanto al pueblo como a la nacin de una manera posnacional y poscolonial, como la comunidad emergente de todas las personas que trabajan, luchan y tienen esperanzas en un territorio determinado, como la aparicin de un potencial bloque histrico de transformacin socialista, a lo que Gramsci se refera cuando hablaba del Prncipe moderno [...] sentando las bases para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional-popular hacia la realizacin de una forma superior, total, de la civilizacin moderna /1 . Del mismo modo, la nocin de pueblo en formacin de Deleuze apunta al hecho de que el pueblo no es una entidad preconstituida o mayora, sino el resultado de un proceso de luchas complejo y sobredeterminado.

Tal recuperacin de la soberana popular tambin requiere una elaborada narrativa anticapitalista y no simplemente una agregacin de demandas contra la austeridad. Por muy indispensable que sea una condicin macroeconmica keynesiana de izquierdas como forma de recuperar la soberana monetaria y el aumento del gasto pblico, no es suficiente. Debemos pensar en la reconstruccin productiva, no como retorno al crecimiento, sino como un proceso de transformacin y enfrentamiento intenso con el capital, basado en la propiedad pblica, la autogestin y formas de control de los trabajadores y trabajadoras. Tiene que ser un proceso de experimentacin y de aprendizaje. Con formas contemporneas de solidaridad, de autogestin, de redes no comerciales de distribucin alternativas, de acceso abierto a los servicios; los debates sobre la forma de utilizar el sector pblico o cmo ejecutar los servicios pblicos no son solo formas de lidiar con los problemas sociales urgentes. Tambin son bancos de prueba de formas alternativas de produccin y organizacin social, basadas en las huellas del comunismo y la inventiva colectiva, y el ingenio de las resistencias contemporneas y gestos cotidianos de solidaridad, cosa que ahora, durante la crisis de los refugiados, en Grecia se ejemplifica en los innumerables actos de solidaridad.

Qu pasa con el Estado, ya que sabemos no solo que el Estado no se puede identificar con el gobierno, sino tambin que todos los intentos de usarlo simplemente se enfrentarn a la internalizacin de las prerrogativas del capital y a los mercados internacionales. El Estado es de hecho la condensacin de una relacin de fuerzas entre las clases, como subray Poulantzas, y adems una condensacin material y no una articulacin contingente, produciendo estrategias, conocimientos y narrativas, como seal Foucault. Desde el sistema judicial hasta las fuerzas del orden y los servicios secretos paraestatales, hasta los enclaves totalmente controlados por la UE o las grandes empresas, hay mecanismos que pueden contraatacar y no se pueden simplemente usar para mejores propsitos.

Necesitamos una nueva conceptualizacin que combine la cuestin del gobierno con algo parecido a una estrategia de doble poder permanente. Desde este punto de vista, el poder dual no es una cuestin de equilibrio catastrfico y convivencia antagnica de dos formas estatales en competencia. Ms bien, se refiere a nuevas formas de poder popular, de autogestin, de control de los trabajadores, de solidaridad y de coordinacin que se resistan a los contragolpes de los aparatos del Estado y del capital, incluso despus de la llegada de la izquierda al gobierno. Es necesaria una guerra de posiciones tanto antes como despus de la toma del poder, as como un proceso continuo de luchas, de experimentacin colectiva, formas de poder desde abajo, nuevas configuraciones sociales, adems de profundos cambios institucionales, en forma de un proceso constituyente. Desde este punto de vista, el doble poder no solo se refiere a comits o sviets de trabajadores. Tambin se trata de empresas autogestionadas, clnicas solidarias y asambleas populares. Se trata de mirar con atencin las nuevas formas de organizacin que han surgido en movimientos como el 15-M o la ocupacin de plazas como formas polticas colectivas que, en ciertos aspectos, trascienden la divisin entre lo social y lo poltico.

En esta perspectiva no hay un momento de paso de la gobernanza radical a una transformacin socialista, sino un proceso desigual y contradictorio que se enfrentar a contraataques y quiz, tambin, a lo que Georges Labica llama la imposibilidad de la no violencia. Esto significa que tambin nos enfrentamos a lo que supone hacer poltica. Gran parte de la izquierda europea contempornea se encuentra inmersa en la prctica burguesa tradicional de la poltica, basada en la dicotoma entre la poltica parlamentaria o nacional y las luchas cotidianas, junto con la profesionalizacin de la poltica. Necesitamos una nueva prctica de la poltica. Cualquier intento de transformacin radical debe basar su trabajo en el cortocircuito entre la poltica y la economa, que segn Etienne Balibar est en el corazn del proyecto marxista, tratando la economa en el terreno de la intervencin poltica y la experimentacin, insistiendo en que los movimientos que representan a las clases trabajadoras han de tener voz en la poltica e impulsando as nuevas formas de democracia desde abajo.

Esto tambin incluye lo que Lenin calific de revolucin cultural, o Gramsci de reforma tico-poltica: la aparicin de nuevas formas de intelectualidad poltica de masas y un nuevo ethos colectivo de participacin. Una vez ms, podemos empezar con las experiencias formativas y de aprendizaje en los movimientos, las vas por las que se ha facilitado la aparicin de nuevas formas de pensar y una nueva tica de solidaridad y resistencia.

Al mismo tiempo, asistimos a la crisis del modelo tradicional de la organizacin revolucionaria y del modelo de frente y partido amplio que podra actuar como el punto de encuentro de diversos movimientos y tendencias polticas. El ejemplo de Syriza es emblemtico. No me refiero solo al giro poltico a favor de la austeridad y la restructuracin capitalista. Me refiero tambin a la forma en que poco a poco Syriza dej de ser democrtico y cmo en nombre de ir hacia un partido ms unido el grupo dirigente se separ del resto.

La reconstruccin del Frente nico no puede ser una repeticin. Tampoco puede ser simplemente un reagrupamiento. Necesitamos una ruptura epistemolgica en nuestro pensamiento, tanto del frente como del partido. El Prncipe Moderno solo puede ser el resultado de un proceso de recomposicin y transformacin profunda, aprendiendo tambin de las experiencias de autoorganizacin poltica en los movimientos contemporneos.

Tenemos que aprender de nuestros errores y ser profundamente autocrticos, evitando toda forma de mentalidad arrogante de sabelotodo, de pensamiento burocrtico y de pereza terica. Hasta ahora, hemos fracasado a la hora de crear la clase de laboratorio de nueva poltica que se necesitaba, ese tipo de proceso poltico democrtico, de dilogo no sectario, de experimentacin colectiva, de militancia creativa. En relacin al caso griego, podemos ver el comienzo del problema en la incapacidad de las fuerzas de la izquierda que se percataron de la necesidad de ruptura con respecto a la deuda y la zona euro, para iniciar en 2010-2011 un proceso de un nuevo frente que incorporara las nuevas formas de organizacin emergentes del movimiento. Debemos hacer frente a esta tarea de recomposicin, transformacin y experimentacin porque de lo contrario los elementos, las prcticas y las experiencias que podran formar parte del nuevo bloque histrico potencial permanecern dispersas y desintegradas.

Antonio Gramsci siempre insisti en que los cambios histricos tambin toman la forma de cambios moleculares. La nocin de molecular se refiere al aspecto multifactico, complejo, sobredeterminado, no teleolgico y no determinista del proceso histrico. La famosa Nota autobiogrfica de Gramsci en el Cuaderno 15 , no es solo una meditacin personal sobre la transformacin molecular -contemplando su propia vida en la crcel, la eleccin que hizo de no abandonar el pas y cmo el infortunio puede afectar a una persona-, sino tambin un pequeo tratado sobre los cambios moleculares en los perodos de la derrota, los pequeos cambios que al final conducirn a una nueva relacin de fuerzas. Sus observaciones tienen, creo, cierta resonancia en pases como Grecia: La verdad es que la persona en el quinto ao no es la misma que en el cuarto, el tercero, el segundo, el primero y as sucesivamente; uno tiene una personalidad nueva, completamente nueva, en la que los aos que han pasado de hecho han demolido el propio sistema de frenado moral, las fuerzas de resistencia que caracterizaron a la persona durante el primer ao/2 .

Esto significa que cualquier proceso de recomposicin de la izquierda radical debe estar atento a este aspecto molecular. Nuevas formas de organizacin del movimiento, sobre todo en relacin con los estratos sociales que carecen de cualquier forma de representacin (desempleados, precariado, etc.), nuevas prcticas democrticas en los movimientos, formas de autoorganizacin poltica, nuevas formas de coordinacin y solidaridad, expandiendo la experimentacin con formas de autogestin, alternativas que creen formas de (contra)informacin, la organizacin de nuevas formas de investigacin militante, todo esto es ms urgente que nunca. Tambin nos permiten repensar la organizacin poltica bajo este prisma de una necesaria recomposicin molecular, de procesos democrticos colectivos para la elaboracin de alternativas, de una nueva prctica colectiva de la poltica.

Las polticas comunistas o revolucionarias se basan en ltima instancia en las corrientes subterrneas que llegaron a la superficie solo en momentos crticos, ya que estn dispersas, fragmentadas, rotas, son fruto de encuentros que no duraron. El reto es exactamente el de tener la lenta impaciencia para aprender de la derrota, para reagruparse, para experimentar, para replantearse todos los aspectos de la coyuntura, desde lo molecular a lo integral, para organizar buenos encuentros (Deleuze) y llevar estas corrientes subterrneas a la superficie.

La trgica derrota de la izquierda griega abre un perodo de necesaria autocrtica, reflexin y experimentacin de nuevas formas de frentes polticos, de organizacin y coordinacin, junto con todo el esfuerzo necesario para reconstruir la resistencia a la nueva ola de reformas neoliberales, lucha contra la desesperacin y resignacin colectiva y devolver la confianza en la capacidad de cambiar las cosas. Esto no ser fcil y ser como tratar de construir un barco en medio de un mar agitado. Sin embargo, la nica manera de seguir es decir NO. No al pesimismo, no hay que rendirse, no a la derrota. Como escribi el poeta C. P. Kavafis hace muchos aos: El que se niega, no se arrepiente. Preguntado de nuevo, an dira que no .

Fuente y traduccin: VIENTO SUR

Notas:

1/ Antonio Gramsci, Selections from Prison Notebooks , editado y traducido por Quentin Hoare y Geoffrey Nowell Smith, London: Lawrence and Wishart, 1971, pp. 132-33.

2/ Antonio Gramsci, Further Selections from the Prison Notebooks , editado y traducido por D. Boothman, London: Lawrence and Wishart, 1996, p. lxxxvi.

Paniagotis Sotiris, socilogo de la Universidad del Egeo, Grecia



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