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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2015

El nombramiento de Lino Baraao
Monsanto, los clanes Kirchner y Macri y un comn denominador

Luis E. Sabini Fernndez
Rebelin


En esta lucha tan ardorosa, que parece campear en nuestra Amrica Lapobre, entre progresistas y neoliberales o, si se quiere, entre inclusionistas y promitentes demcratas made in USA, algunos puntales permanecen inamovibles.

Es el caso de Lino Baraao, actual ministro de Ciencia y Tcnica.

Durante el menemato, a fines, alcanz la jefatura de CONICET, nombramiento y premio seguramente vinculado con su pasaje como investigador por universidades en EE.UU.

Con el cambio de siglo form parte del equipo monsantiano que logr implantar una hormona transgnica en las vacas para incrementar su produccin de leche.

Se trat de una transgnesis que fue muy cuestionada por varias autoridades bromatolgicas y alimentarias, por ejemplo en la Unin Europea y en Canad.

Por lo cual, EE.UU y Argentina quedaron como nicos cultores de tal adelanto tecnocientfico. 1

La implantacin de somatropina en EE.UU. su cuna, no fue hecha con facilidad. Samuel Epstein, un muy destacado onclogo estadounidense que pusiera al desnudo la psima poltica del establishment mdico de EE.UU. ante los cnceres, cada vez ms omnipresentes en la sociedad, dijo sobre la somatropina: Con la complicidad de la FDA [Direccin Federal de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.] el pas entero est siendo sometido a un experimento que implica la adulteracin de la dieta comn establecida de antiguo, por un producto biotecnolgico de pobres caractersticas y sin etiquetar esto supone grandes riesgos potenciales para la salud de toda la poblacin estadounidense. 2

Pero para eso estn los amigos. Argentina se convirti en el aliado principal de EE.UU. en la implantacin de dicha hormona, siendo el primer estado con produccin de leche transgnica con dicha hormona. Y sin tantos cuestionamientos como los vividos en casa. Lo ha recordado con orgullo Lino Baraao.3

Esa alianza iba a prosperar: durante el resto del s XX. EE.UU. y Argentina fueron los nicos estados del planeta que cultivaban soja transgnica. Una vez ms, desde EE.UU. se diseaba la poltica con una estrategia tecnocientfica y en Argentina se aplicaba dicho diseo. Se trataba de un proyecto de grandes proporciones puesto que con el s XXI, la soja GM pas a extenderse por buena parte de la humanidad.

La craneoteca del USDA (United States Department of Agriculture; Ministerio de Agricultura de EE.UU.) crea que iban a alimentar al mundo con cultivos transgnicos plantados en las praderas norteamericanas y en las pampas argentinas.4 De all esa exclusividad de la Argentina del menemato; una satelizacin integral y gozosa.

Lgicamente, para que el plan tuviera xito, la soja GM vino con mucho dinero bajo el brazo. Fue el acuerdo fustico que estableci el USDA con el elenco poltico-gremial y tecnocientfico argentino de entonces (el Poder Ejecutivo, la CONABIA y los sojeros). Se cosechaban dlares a granel apenas a cambio de una pizca de contaminacin; difusin de agrotxicos y de formas de vida sin antecedentes que podan salir bien o no se sabe genes sin experiencia alguna anterior.

La aparicin de los dlares provino de la maravillosa estructura del mercado de valores agropecuarios asentado en Chicago, EE.UU., que entre otros instrumentos para valorizar la soja foment la venta a futuro, un mecanismo que facilita enormemente los sobreprecios. En Argentina durante aos, los dlares parecan cumplir aquel adagio de que caan de las ramas de los rboles, en rigor de las matitas de la soja.

El ejecutor de esa poltica fue, en EE.UU. y en Argentina, Monsanto.

A caballo de lo que los gobiernos llaman desarrollos cientficos, aunque en realidad se trata de caminos elegidos para determinado desarrollo cientfico totalmente contingente, la soja transgnica implantada en Argentina como pas laboratorio, o mejor dicho pas cobayo, se hizo permanente.

Ni la Alianza ni los gobiernos transitorios del 2001 procuraron desembarazarse de ella. Cmo para perder la gallina de los huevos de oro!, justo en el momento histrico, nico, en que las materias primas perifricas tenan buena cotizacin en el mercado de Chicago.

Si la gallinita a la vez envenenaba el aire, el agua, la tierra era un asunto menor. Que escapaba a la ciencia, mejor dicho a los titulares de las empresas que se presentan como tecnocientficas. Ahora ya sabemos: los principales afectados fueron, son, los pobres del campo.

En realidad, hace tiempo lo sabemos o deberamos saberlo: la poltica alimentaria de EE.UU. es la que convierte a los alimentos en arma de destruccin masiva como tan grficamente nos lo expresara Paul Nicholson en su momento coordinador de la regin europea de la Va Campesina.5

Con antecedentes, como su estrecha colaboracin con Monsanto, no es de extraar que el gobierno K nombrara a Lino Baraao ministro de Ciencia y Tcnica. La dcada ganada conserv celosamente la orientacin tecnocientfica que haba desembarcado en el pas durante el menemato.6

Lo anterior no quiere decir que el kirchnerismo haya sido la continuacin del menemato; el mismo Baraao en su gestin K puso el acento en lo nacional en muchos aspectos, a diferencia de la colonizacin mental y satelitaria del menemato, porque el gobierno K es lo ms parecido a la primera presidencia de Pern que ha vivido la Argentina en el ltimo medio siglo.

Pero hay permanencias, como la sacralizacin que se invoca de lo tecnocientfico como un saber incuestionado e incuestionable.

Por eso lo abrazaron los menemistas para vehiculizar su entrega a las relaciones carnales; lo abrazaron los kirchneristas para reinstaurar un ciclo inclusionista de distribucin (parcial, por cierto) de la riqueza; lo abraza el elenco Macri, porque esto ─pese a la frase gancho de Cambiemos─ NO se cambia.

Declaraciones muy recientes de Lino Baraao hacia el final del ciclo K han sido significativas: Mi principal compromiso es ms pragmtico que ideolgico. 7

Esta forma de pensar, tan caracterstica en EE.UU., presupone que se puede actuar objetivamente, sin sesgo ideolgico. Que se puede actuar sin ideologa. Y que los que pueden hacer eso son, claro est, los cientficos. El saber cientfico como un saber incontaminado.

Ya vamos a ver lo que semejante pureza ha significado en el desarrollo real de la modernidad en que estamos sumidos.

Pero antes rematemos el anlisis de las tan frescas declaraciones de LB. Ya vimos que NO es ideolgico.

Nos dice que es pragmtico. Lo que presupone un valor primordial de lo pragmtico. Poniendo lo utilitario por encima de qu?, de la salud?, de la vida?, de los seres vivos? Porque eso es precisamente lo que vemos: que el desarrollo tecnocientfico que se ostenta est volcado a la destruccin sistemtica, a manos de cientficos y tcnicos pragmticos, extractivistas, eficientistas, de todo el planeta, cada vez ms. A la extraccin y al uso, aprovechamiento inmisericorde de todo lo existente, tanto lo mineral como la biodiversidad; la flora y la fauna. Sin medir consecuencias ni secuelas, en el aire, en el agua. Y que semejante despreocupacin, por todo lo que sistemtica y calculadamente destruimos, constituye una curiosa irresponsabilidad que podramos llamar infantilizacin mediante la cual no nos hacemos cargo de toda la caca que producimos, aunque en rigor es mucho ms contaminante, txica, que la simple mierda.

Tendramos que decir que la ciencia y la tcnica que la modernidad nos ha deparado nos ha servido primordialmente para poder gastar por encima, muy por encima, de nuestros recursos. Como deca muy bien Friedrich Soddy, hace casi un siglo, consumiendo en un par de siglos la energa solar acumulada bajo la forma de petrleo (gas, carbn) que le llev al planeta varios millones de aos elaborar. Y lo que llamamos desarrollo tecnocientfico no nos ha servido solo para aprender a dilapidar: la ciencia y la tcnica ─eso s, bien pragmticas─ nos han servido asimismo para desentendernos de nuestros desechos que ahora han alcanzado todos los rincones del planeta, envenenndolo. Y no cualquier rincn: los plsticos blandos ocupan superficies ocenicas de mayor tamao que pases como Argentina y tales islas de ruptura radical de ciclos biticos, es decir de muerte, se repiten ya en todos los ocanos. Y sin embargo, hay algo aun peor: tal vez lo crucial es que el principal reservorio de vida de todo el planeta, ─los fondos ocenicos─ estn recubiertos en un porcentaje altsimo por partculas, a veces microscpicas, de plstico, que interrumpen as toda cadena bitica.

En realidad, ms que ciencia y tcnica lo que nos ha conducido al presente callejn sin salida aparente han sido quienes se han arrogado su representatividad; los grandes consorcios, civiles y militares que motorizan la modernidad.

Adems de dilapidar, y producir desechos, hemos aprendido entonces a desentendernos de ellos.8 Nosotros nos desentendemos de nuestros desechos, pero ellos vuelven sobre nosotros aniquilando los circuitos vitales.

Y eso es en gran medida, porque nuestras nfulas sobre los desarrollos tecnocientficos no han sabido medir consecuencias o secuelas, o mejor dicho, se han despreocupado de ello.

Un ejemplo bien claro de esa ignorancia arropada en suficiencia: la ciencia econmica. Hizo buena parte de sus desarrollos basados en la nocin de externalizacin de costos. Slo as las empresas ms modernas no solo cubrieron sus costos sino que, detalle agravante, obtuvieron sus (fastuosas) ganancias (y los deslumbrantes avances, es cierto). Pero la externalizacin de costos, el pagadis, como el boomerang australiano, est alcanzndonos. En agua degradada, en temporales ms frecuentes, en aumento del nivel del mar ocano, en derretimiento de las nieves y los polos, en aumento de radiactividad, en atmsfera con menos ozono, en alimentos cada vez ms artificializados, en cnceres, en infecundidad.9

Estamos forjando una humanidad a la vez ms sabia y ms ciega, con mejoras en la calidad de vida, en el conocimiento, y ms frgil y menos potente, aunque disponga cada vez ms de mejores prtesis. Para empeorar el cuadro todava ms, prolifera una prdida generalizada de calidad de vida de muchsimos humanos que no estn alcanzados por las ventajas de la modernidad; particularmente en regiones y pases ms castigados, como en frica, Asia, el Caribe (y un poco en todas partes).

Siempre ha habido dos, varias humanidades; la de amos y esclavos, la de ricos y pobres y aunque los desarrollos tecnocientficos alcancen ahora a casi todo el mundo, el abismo, la grieta, que separa privilegiados y desamparados sigue abierta, ahondndose.

Cada vez son menos quienes tienen la mitad de la riqueza del mundo y controlan la economa planetaria. Una plutocleptocracia. La que nos quiere hacer creer que estamos slo en el mejor de los mundos, que nunca hemos tenido tantos chiches, tanto tiempo libre, tantas posibilidades a nuestro alcance, con avances realmente formidables en investigacin, en ciruga, en velocidad, en los medios de transporte, en los de comunicacin. Nos cuesta darnos cuenta que estamos mejor y peor a la vez y el cuadro se dificulta cuando los cientificistas invocan incluso el desarrollo sustentable...

nicamente si vemos el deterioro generalizado del planeta, la prdida de biodiversidad, la contaminacin generalizada de los mares, la expansin irrefrenable de las alteraciones hormonales; peces con ambos sexos pero atrofiados, cocodrilos de la pennsula de Florida con penes tan empequeecidos que no pueden aparearse; gaviotas norteamericanas que confunden funciones sexuales y constituyen parejas con dos hembras,10 podemos darnos cuenta que no todo anda tan bien como se nos quiere hacer creer. Por qu vamos a creer que lo que pasa ─y est fehacientemente comprobado─ con peces, gaviotas, cocodrilos, no nos va a pasar a nosotros? Porque los humanos seamos tan creativos que una alteracin hormonal sirva para forjar un movimiento de derechos cvicos de nuevo tipo?

Acaso los cientficos como Lino Baraao no se han dado cuenta que sus adelantos y progresos van dejando, sistemticamente, el tendal?

Hasta Karl Marx, hace siglo y medio, cuando todava no se haba llegado al grado de intoxicacin ambiental generalizado de nuestra contemporaneidad, cuando todava estbamos muy lejos de la selva qumica contempornea con decenas de miles de productos de los que en el 90% de los casos se desconoce sus efectos salvo alguno bien preciso y utilitario (que es el que dio lugar a su existencia), cuando no haba ingeniera gentica ni agrotxicos que ahorran trabajo; cuando no exista la nanotecnologa que permite generar entidades fuera de los rdenes naturales (animales, vegetales), en aquella prehistoria que conoci Marx, hasta un cientificista como l, gracias a su percepcin de la compleja realidad, se pudo dar cuenta que cada progreso econmico es al mismo tiempo una calamidad social, como la sombra sigue al cuerpo.

En esto estamos ahora. Lino Baraao representa de manera estable, continua, la ciencia que nos est llevando al abismo, en todo caso, al paraso y al abismo. Una ciencia pragmtica como con perspicacia, tal vez involuntaria, lo ha expresado el mismo actual ministro de Ciencia y Tcnica.

Su nombramiento, una vez ms, nos muestra el hilo conductor de la sociedad que vivimos. De la sociedad que algunos crneos nos estn diseando para vivir.

El desarrollo tecnocientfico de nuestro tiempo es el reino de la heteronoma. Cuidadosamente cultivada por las lites que disfrutan el vrtice de la pirmide.

Pero si el quiebre del constructo humano, cada vez menos natural (es decir cada vez menos ligado a las reglas o constantes de la naturaleza) en que vivimos se llega a fracturar ─mediante el calentamiento global o cualquier otro factor irruptivo─ la crisis no va a ser solo nuestra, los del suelo planetario; tambin abarcar a los actuales privilegiados y usufructuarios del agribusiness, la nube digital, el mundo de las corporaciones y lo que ahora llamamos ─en neocastellano bsico─ sus CEOS: la tecnoesfera que nos mostrara Andrew Kimbrell no puede existir sin las respectivas socioesfera y biosfera.

Notas:

1 No sabemos si el desarrollo de dicha hormona, tambin llamada somatotropina (la versin transgnica se apocopa: somatropina) estuvo relacionado con un accidente o incidente laboral en Azul, prov. de Buenos Aires, en 1987, donde murieran dos ordeadores. Y no lo sabemos porque esas muertes quedaron siempre en la penumbra.

2 Ecologistas en accin, no 15, Madrid, dic. 1998.

3 Diario de Ro Negro, 2/10/2003.

4 Dennis Avery, Hudson Institute, Indianpolis, 1995.

5 Va Campesina es la internacional de trabajadores rurales a la que pertenece, p. ej., el MST brasileo. Entrevista publicada en futuros, no. 6, Ro de la Plata, otoo 2004.

6 En realidad viene de lejos. Expresa sencilla y lacnicamente la relacin entre el centro planetario y la periferia colonial o neocolonial; esa relacin es de dependencia y hasta de deslumbramiento. Por eso en EE.UU. se pueden rastrear los Epstein y en Argentina los Baraao. Pero eso cambia. Lo prob Andrs Carrasco. Pese a lo que podra preferir el flamante gobierno de Argentina 2015: conservar la fe en una ciencia apoltica.

7 La Nacin, Buenos Aires, 3/12/2015.

8 El significado del reciclado, la recuperacin y otras eres que se han ensayado no cambian la estructura general de nuestra sociedad, que en trminos econmicos es lineal ─extraccin, industrializacin, consumo, desechos─ y no circular como eran las sociedades tradicionales ─elaboracin, uso, reso, recuperacin, compostaje─. Los intentos, es cierto que cada vez ms frecuentes e intensos para recuperar desechos, no modifican sustancialmente el cuadro, sobre todo, porque mucho de lo que se recicla es cuidado de imagen, modificaciones cosmticas. Lo cual no significa que no haya que hacerlo; sencillamente advertir que NO es la solucin.

9 En EE.UU. se han hecho estadsticas sobre la calidad espermtica: a lo largo de las cinco dcadas de la segunda mitad del s XX, la calidad espermtica de los estadounidenses ha disminuido escaln a escaln sin interrupcin. Y lamentablemente como todo lo del american way of life este dato escalofriante tambin nos alcanza a todos, a lo sumo, apenas diferido (Our Stolen Future, hay traduccin al castellano; Nuestro futuro robado; Colborn, Myers y Dumanovski, Ecoespaa, Madrid, 2001).

10 Estudios de campo relevados en el libro precitado, Our Stolen Future.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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