Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2015

Primeros ecos luego de la COP-21 en Paris
Sin paz con la Tierra, no habr paz sobre la Tierra

Alberto Acosta y Enrique Viale
Rebelin


Resulta evidente que la Humanidad atraviesa un momento complejo. Como nunca antes en su historia su existencia est globalmente amenazada. No se trata ya de enfrentar problemas aislados de sequas o de inundaciones, por ejemplo. Ahora los problemas socio-ambientales provocados por el ser humano, (des)organizado en la civilizacin capitalista, plantean retos globales. Todo indica que estamos cerca de llegar a un punto sin retorno (o que quizs ya lo estamos superando). Frente estas realidades y amenazas se elevan muchas voces de angustia y tambin propuestas de accin. A primera vista parecera que hay una coincidencia de que se tiene que hacer algo. Al menos en el discurso, se acepta la necesidad de replantear las lgicas de produccin y de consumo de la sociedad moderna para transitar por otros caminos con una relacin ms armnica con la Naturaleza. Esa aceptacin, sin embargo, no se ha traducido en logros concretos. Hasta ahora. Recordemos que los esfuerzos desplegados desde la aprobacin del Convenio de Kioto en 1997 no se han cristalizado en resultados concretos. Ms an, el fracaso de la COP 15, realizada en el ao 2009, en Copenhague, sent un duro precedente. La desazn y desesperanza coparon el mbito de accin en Naciones Unidas. Y desde esa perspectiva, cuando era poco lo que se esperaba, emerge como un logro el acuerdo global conseguido en la COP 21 en Paris, en diciembre del 2015. En esa ciudad, sacudida poco antes por un brutal atentado terrorista, 95 pases miembros de la Convencin de las Naciones Unidas contra el Cambio Climtico ms la Unin Europea, a la que se considera un estado ms, alcanzaron un acuerdo contra el calentamiento global que implica a la prctica totalidad del planeta. Sin embargo, como una primera gran conclusin podemos determinar que, si bien lo logrado es significativo comparado con los fracasos anteriores, resulta muy poco o definitivamente nada con lo que este reto global demanda.

Para dudar de los aplaudidos alcances conseguido en Paris, cabra preguntarnos, como lo hace Gerardo Honty, por qu muy distintos actores, desde los grandes exportadores de petrleo a las corporaciones globales, todos ellos, terminaron aplaudiendo el acuerdo parisino. Si esos actores celebran el convenio, es que sin duda no se estn poniendo lmites a la civilizacin petrolera. Igual cosa podramos plantear desde la aceptacin de los pases exportadores de petrleo o desde de sus mayores consumidores, como China y Estados Unidos, que tambin se hallan en el coro de aplaudidores. Veamos unos cuantos aspectos relevantes. Este Acuerdo, mundialmente aplaudido sobre todo por los grupos de poder poltico y econmico- presenta muchas falencias y debilidades, a ms de marginaciones imperdonables. Noem Klein pronto detect que no aparecen siquiera nombrados conceptos clave como combustibles fsiles, petrleo y carbn y que la fenomenal deuda climtica del norte hacia el sur brilla por su ausencia. En el Acuerdo se han suprimido las referencias a los Derechos Humanos y de las poblaciones indgenas, referencias transladadas al prembulo. Adems, pasar un tiempo para que este Acuerdo entre en vigor: las distintas partes tienen plazo entre abril del 2016 y mayo del 2017 para ratificar el Acuerdo, que entrara en vigor en el ao 2020.

Y una primera revisin de resultados sera en el ao 2023. Los debates no abordaron a fondo los puntos sensibles, en tanto los negociadores se esmeraron en evitar los verdaderos problemas y menos an proponer las verdaderas soluciones. Los pases poderosos y las transnacionales consiguieron que ningn documento o decisin afecte sus intereses y se convierta en un obstculo en la lgica de acumulacin del capital. No se cuestion para nada la perversidad del crecimiento ilimitado cuando ya son evidentes y feroces sus consecuencias socio-ambientales sobre la Madre Tierra. No hay compromisos vinculantes de reduccin de emisiones de gases de efecto invernadero; entonces estas emisiones continuarn aumentando. Tampoco se ha reconocido la deuda climtica (mejor hablemos de deuda ecolgica) que tienen histricamente los pases industrializados con el mundo subdesarrollado; ms an, las grandes potencias, Estados Unidos y la Unin Europea, no solo desconocen esa deuda, sino que hacen todo lo posible para no aceptar sus responsabilidades pasadas y actuales en la desaparicin de glaciares, la subida del nivel marino y los eventos climticos extremos. Al no haberse adoptado medidas drsticas que limiten y hasta reduzcan la oferta de combustibles fsiles, as como medidas que paren la deforestacin, la temperatura continuar subiendo, contrariamente a lo proclamado en Pars. A modo de punto relevante, tengamos presente que el objetivo a largo plazo es que la temperatura del planeta no sobrepase los 2 grados de aumento a final de siglo (incluso se aspira a un objetivo ms ambicioso de 1,5 grados) Sin embargo, con los compromisos voluntarios de reduccin de emisiones de efecto invernadero, que han presentado los diferentes pases en Paris, la temperatura llegara a sobrepasar los 3 grados. Y por cierto, en estas circunstancias, la concentracin de dixido de carbono en la atmsfera seguir aumentando. Vistas as las cosas, no todo el contenido del Acuerdo tiene el mismo grado de compromisos. Si los pases no estn obligados a cumplir los compromisos de reduccin de emisiones que han presentado, no habr sanciones si no cumplen sus ofrecimientos de reduccin de emisin, pues quedarn en eso, en simples ofrecimientos. Lo que se espera es que esos ofrecimientos se transformen en compromisos an ms audaces a travs de revisiones cada cinco aos. El Acuerdo no fija metas claras en lo que al pico de emisiones se refiere. Y tampoco establece medidas a adoptar con el fin de descarbonizar la atmsfera.

No hay planteamientos concretos tendientes a combatir los subsidios que alientan el uso de los combustibles o para dejar en el subsuelo el 80% de todas las reversas conocidas de dichos combustibles, como recomienda la ciencia e inclusive la Agencia Internacional de la Energa, entidad que de ecologista no tiene un pelo. Si como ya anotamos no se cuestiona la religin del crecimiento econmico, en ningn punto se pone en entredicho el sistema del comercio mundial, que esconde e incluso fomenta una multiplicidad de causas de los graves problemas socio-ambientales que estamos sufriendo; tanto es as que el comercio internacional deber proseguir sin obstculos, incluso en un planeta muerto, al decir de Maxime Combes. Sectores altamente contaminantes como la aviacin civil y el transporte martimo, que acumulan cerca del 10 % de las emisiones mundiales quedan exentos de todo compromiso. Tampoco se afectan para nada las sacrosantas leyes del mercado financiero internacional que, sobre todo va especulacin, constituye un motor de aceleracin inmisericorde de todos los flujos econmicos ms all de la capacidad de resistencia y de resilencia de la Tierra. Y no hay compromisos orientados a facilitar la transferencia de tecnologas destinadas a facilitar la mitigacin y la adaptacin a los cambios climticos en beneficio de los pases empobrecidos.

As las cosas, con este tan promocionado Acuerdo se abren an ms las puertas para impulsar las que se conocen como falsas soluciones en el marco de la economa verde, que se sustenta en la continuada e incluso ampliada mercantilizacin de la Naturaleza. As, con el fin de lograr un equilibrio de las emisiones antropognicas, los pases podrn compensar sus emisiones a travs de mecanismos de mercado que involucren a bosques u ocanos; o alentando la geoingeniera, los mtodos de captura y almacenaje de carbono, entre otros. Para financiar todos estos esfuerzos se establece un fondo de 100.000 millones de dlares anuales a partir de 2020. Esa cantidad, con seguridad menor a la que han recibido los bancos en sus crisis recientes y que no constan en el Acuerdo, podra ser ampliada en 2025; adems, este fondo carece de previsbilidad y transparencia. Por cierto el rigor de los compromisos cambia dependiendo de la situacin de los pases: desarrollados, emergente y en vas de desarrollo: eufemismo con el que se conoce a los pases empobrecidos por el propio sistema capitalista y su inviable propuesta de desarrollo. Este Acuerdo, en palabras de Silvia Ribeiro, entonces, se decanta por las opciones ms conservadoras y menos ambiciosas que fueron propuestas durante las negociaciones. De lo expuesto, que deber ser complementado y profundizado con anlisis an ms detenidos y pormenorizados, es fcil concluir que los problemas socio-ambientales globales luego de la COP-21 no encontrarn una solucin de fondo. Y as continuar la guerra en contra de la Tierra, causa directa de la ausencia de Paz entre los seres humanos.

La Paz con la Tierra como mandato para la Paz sobre la Tierra

Aceptmoslo, los seres humanos para lograr que la Paz reine en la Tierra debemos empezar por hacer la Paz con la Tierra. Para conseguir ese vital objetivo, los seres humanos podemos y debemos convivir armnicamente con la Naturaleza, con sus plantas, con sus animales, con sus ros y sus lagunas, con sus mares y sus manglares, con sus montaas y sus valles, con su aire, con sus suelos y con todos aquellos elementos y espritus que hacen la vida posible y digna. Eso demanda un mundo en donde no sea posible la mercantilizacin depredadora de la Naturaleza, en la que el ser humano sea una parte ms de ella y no un factor de destruccin. Y en donde, esto tambin es fundamental, se asegure la vida digna para todos los seres humanos. Las guerras y el uso del terror, independientemente de los argumentos que las invoquen, tanto como las agresiones a la Naturaleza, destruyen las condiciones de vida digna en el planeta. Para poder celebrar a diario la enorme riqueza de la vida en todos los rincones de la Tierra, as como su gran diversidad biolgica y cultural, requerimos construir comunidades democrticas y libres. Y as, conscientes de este mandato, retornemos a Paris. Ms all del mensaje que se puede obtener de la COP 21, es preciso comprender las consignas de guerra desplegadas a raz de los atentados terroristas del 13 de noviembre pasado, y los redoblados esfuerzos blicos con que los enfrenta. Las polticas defensiva u ofensiva para combatir el terror con ms terror, a la muerte con ms muerte, solo conducen a un permanente adiestramiento para el genocidio, a la normalizacin de los crmenes de guerra, al crimen selectivo como noticia favorita en los medios de comunicacin masiva. Debemos, por tanto oponernos a la institucionalizacin de cualquier forma de violencia en la vida cotidiana. Y en lnea con el pensamiento del Mahatma Gandhi, estamos convencidos que no hay un camino para la Paz, sino que la Paz es el camino. La mejor manera de combatir esas fuerzas aterradoras, empeadas muchas veces en el control de los combustibles fsiles, como el petrleo en el Oriente Medio, por ejemplo, es recuperando las miradas y cercanas con la Naturaleza. Es decir la capacidad de fascinarnos con la diversidad de las formas de vida existentes en la Tierra; lo que exige el respeto a las diversidades. Y todo esto para sembrar desde lo cotidiano y en todos los rincones de la Tierra, nuestra Madre Tierra o Pachamama, un compromiso de convivencia entre los pueblos entre s, y de stos con la Naturaleza. Insistamos, en la tierra no habr Paz, si no establecemos la Paz con la Naturaleza. La Naturaleza explotada, contaminada, militarizada, es la causa profunda de muchas violencias. Y lo son tambin las enormes y crecientes brechas entre ricos y pobres en todo el planeta.

Esta realidad provoca miedo e incertidumbre por el futuro. Desata problemas cada vez ms complejos en trminos de los cambios climticos en marcha, que amenazan la vida de los humanos en el planeta. Constituye una manifestacin de despojo para la mayora de habitantes y de acumulacin en beneficio de pequeos grupos que han concentrado el poder en base a los extractivismos y la mercantilizacin de la Tierra. Estas son las verdaderas fuerzas destructoras que impiden las condiciones materiales y existenciales necesarias para la realizacin de la vida digna para todos los habitantes del planeta. Por ello tiene hoy ms sentido que nunca, superando el miedo al terror, enarbolar la bandera de la Paz, y enfrentar las agresiones contra la atmsfera, que provocan el cambio climtico; el agronegocio de los organismo genticamente modificados (los transgnicos) y los agrotxicos; el desbocado extractivismo en los territorios desde donde se obtiene -con verdaderas amputaciones ecolgicas- petrleo, gas o minerales. Y ms an si sabemos que esas agresiones son sostenidas -siempre- con el uso de la fuerza, con la criminalizacin de los defensores de la vida y en ms de una ocasin con operaciones militares.

El Tribunal de los Derechos de la Naturaleza, respuesta desde la sociedad civil

En las circunstancias descritas, sobre todo frente a los continuados fracasos de los grupos de poder, que realmente no tienen inters en encontrar las respuestas adecuadas a los problemas provocados por el cambio climtico -es decir por ellos mismos-, la sociedad civil propone respuestas y acciones creativas. Es ms, la sociedad civil no espera a que den fruto las acciones de los poderosos. La sociedad civil en el Sur y en el Norte se ha puesto en marcha. Resiste y propone. As, ya desde hace dos aos, desde la sociedad civil se construye un espacio para denunciar e incluso sancionar ticamente los crmenes que se cometen en contra de la Tierra y de sus hijos e hijas. Este Tribunal tico Permanente por Derechos de la Naturaleza, que ha realizado sesiones en Ecuador, Per, Australia y Estados Unidos, se reuni tambin en Pars en forma paralela a la COP 21. En este espacio se analizan y juzgan las agresiones contra la Naturaleza, considerando que sta es la mayor guerra de agresin y terror es la que se lleva a cabo en el mundo. Quienes conforman este Tribunal tico Permanente por los Derechos de la Naturaleza, en homenaje a todas las vctimas de toda forma de terror, invitaron a recuperar y a construir los espacios necesarios para propiciar democrticamente una vida en Paz. El desafo es extraordinario. Detener el cambio climtico y las agresiones a la Naturaleza excede el marco de las cumbres gubernamentales y requiere del movimiento social global ms poderoso de la historia que conecte las distintas luchas de justicia ambientales, econmicas, feministas, indgenas, urbanas, obreras. Esto implica coordinar acciones anti-coloniales, anti-racistas, anti-patriarcales y anti-capitalistas, construyendo alternativas civilizatorias. En eso estamos, haca all vamos. En suma, la lucha por la Naturaleza y la vida digna de los seres humanos, posible slo si vivimos en armona con nuestra Madre Tierra, como expres el senador argentino Fernando Pino Solanas en Paris, en este Tribunal de los Derechos de la Naturaleza, sintetiza la causa de todas las causas.



Alberto Acosta es Economista ecuatoriano y Enrique Viale abogado ambientalista argentino.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter