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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-12-2015

Argentina 2015: Claves de una derrota
El poder de la crtica y la crtica del poder

Atilio A. Boron
Rebelin


Lo que sigue es un intento de proponer algunos elementos que arrojen algo de luz sobre las causas y las consecuencias de la derrota del kirchnerismo. Ha transcurrido un mes desde ese fatdico 22 de Noviembre que sellara en las urnas el triunfo de Cambiemos. El paso del tiempo permite ver con mayor claridad algunas cosas que, en el momento, no siempre pueden ser percibidas con nitidez. Espero que estas lneas sean una contribucin a un debate imprescindible e impostergable, que todava est a la bsqueda de un espacio donde librarlo constructiva y fructferamente.

Para ello se impone analizar lo ocurrido, yendo hasta la raz de los problemas; llegando hasta el hueso, como dice el habla popular. No puede haber contemplaciones ni eufemismos. Pero la experiencia indica que el poder erige numerosos obstculos a esta empresa. En el caso que nos ocupa, las crticas intentadas en relacin a algunas de las polticas o decisiones tomadas por el kirchnerismo cuando era gobierno tropezaban con la rplica de los allegados a la Casa Rosada que decan que slo servan para confundir o para sembrar el desaliento y el desnimo entre la militancia. En algunos casos, ciertos espritus excesivamente enfervorizados descerrajaban un disparo mortal: la crtica le hace el juego a la derecha. Por consiguiente, an cuando fueran expresadas con la intencin de mejorar lo que deba mejorarse (y no con el propsito de debilitar a un gobierno que se lo apoyaba por algunas cosas que estaba haciendo bien) esas crticas, decamos, estaban condenadas al ostracismo. Slo sobrevivan en los pequeos crculos de los amigos, que compartan la preocupacin de quien esto escribe, pero no pasaban de all. Conclusin: no llegaba a los odos, o a los ojos, de quien deba llegar y las posibilidades de corregir un rumbo equivocado se perdan para siempre. La voz de orden era, pues, de acompaar el proceso y abstenerse de formular crticas o, en caso de hacerlo, cuidar que la misma no trascendiera ms all de un insignificante cenculo de iniciados.

Si provocar el desnimo con la crtica era un pecado imperdonable no pareciera ser menos ahora el hacer lea del rbol cado, para decirlo con un aforismo de viaja data en nuestra lengua. Algunos fanticos consideran una traicin cualquier pretensin de hacer un balance -lo ms realista y equilibrado posible- de la larga dcada kirchnerista una vez que, derrotada, Cristina Fernndez de Kirchner volvi al llano y, supuestamente, se alista para su retorno. Es esto lo que tambin se seala en una nota de Mempo Giardinelli aparecida en estos das en Pgina/12: las autocrticas son necesarias aunque a algunos les moleste y otros cuestionen la oportunidad.1 Entre ambas consignas no desanimar y no hacer lea del rbol cado- naufraga la posibilidad de aportar una reflexin crtica en torno a una experiencia que, para bien o para mal, marc con rasgos indelebles a la Argentina contempornea. Razn dems para examinar lo ocurrido y, sobre todo, para comprender el origen de una derrota gratuita, que pudo ser evitada y que al no serlo conden a millones de argentinas y argentinos a pasar, de nueva cuenta, por los horrores del neoliberalismo duro y puro, cosa que ya estamos viendo.

Un pensador revolucionario, anticapitalista, comunista, est obligado por una suerte de juramento hipocrtico a decir la verdad, a cualquier precio. La crtica implacable de todo lo existente fue una de las divisas tericas y prcticas de Marx y Engels. Y tras sus huellas, Antonio Gramsci hizo suya la mxima de Romain Rolland (la verdad es siempre revolucionaria) y desde sus aos juveniles en LOrdine Nuovo la redefini en un sentido colectivo: decir la verdad y llegar juntos a la verdad, como acertadamente lo recordara Francisco Fernndez Buey.2 Una crtica que es fundamental para examinar los errores y para, aprendiendo de los mismos, asegurarnos que no vuelvan a ser cometidos en el futuro. La historia sigue su curso y seguramente habr nuevas instancias en donde las clases populares se enfrenten a alternativas similares a las que se vivieron en los aos del kirchnerismo. Por eso es preciso el anlisis y la crtica, el diagnstico certero y la propuesta superadora. Una verdad construida entre todos. De lo contrario, si persistiramos en conformarnos con el relato oficial, las explicaciones convencionales y las ilusiones y fantasas con las cuales se paviment el camino del fracaso estaramos fatalmente condenados a la eterna repeticin de lo ya vivido.

Los hechos

Partamos del reconocimiento de algunos hechos bsicos. Primero que nada, admitir que no gan Cambiemos sino que perdi el Frente para la Victoria. Ningn gobierno peronista pierde una eleccin nacional, y menos por poco ms de dos puntos porcentuales. Eso no existe en el ADN del peronismo. Si tal cosa ocurri fue por una insalubre mezcla de diagnsticos equivocados, pasividad de la dirigencia (que no milit la candidatura de Scioli ni asegur la presencia de fiscales en las mesas electorales, increblemente ausentes en distritos de nutrida votacin peronista) y soberbia presidencial.

El resultado de esta nefasta combinacin de factores fue la mayor derrota jams sufrida por el peronismo a lo largo de toda su historia. Siendo gobierno perdi la nacin, la provincia de Buenos Aires y no pudo conquistar a la ciudad de Buenos Aires. Tambin perdi Mendoza y Jujuy, antes haba perdido el otro bastin histrico del peronismo: la provincia de Santa Fe, y nunca pudo hacer pie en Crdoba. Algunos replicaran diciendo que talo Luder fue desairado en las presidenciales de 1983, cuando a la salida de la dictadura Ral R. Alfonsn se alz con la victoria. Pero Luder no era gobierno; aspiraba a serlo pero no estaba en la Casa Rosada. No gan, pero no perdi nada porque nada haba ganado. Lo ocurrido con Cristina Fernndez de Kirchner, en cambio, no tiene precedentes en la historia del peronismo. Este haba sido desalojado del poder por la va del golpe militar en dos oportunidades: 1955 y 1976. El peronismo en su versin menemista fue vapuleado en 1999 por la Alianza, pero en esta participaba otra versin del peronismo, el Frepaso. Y, adems, si bien Eduardo Duhalde se vio postergado por el imperturbable Fernando de la Ra, el Partido Justicialista retuvo el bastin histrico del peronismo: la crucial provincia de Buenos Aires, imponiendo la candidatura de Carlos Ruckauf. Ahora, en cambio, se perdi todo. Y tal como ocurriera en 1955 y 1976, las estructuras dirigentes del peronismo -en este caso el Frente para la Victoria, La Cmpora, Unidos y Organizados, el Partido Justicialista y la CGT oficial- fueron fieles a la tradicin y se borraron antes de la partida decisiva. Una deplorable recurrencia histrica que no debiera pasar desapercibida para quienes aspiran reconstruir un gran frente opositor con esos mismos componentes.

Ante una catstrofe poltica de estas proporciones, que siguiendo una vieja prctica muchas figuras del kirchnerismo han procurado minimizar, se impone la necesidad de aprender de la experiencia y de identificar las causas de lo ocurrido. No se trata aqu de atribuir culpas, categora teolgica ajena al materialismo histrico, sino de ponderar y asignar responsabilidades. Y en este terreno la responsabilidad principal, aunque no exclusiva, le cabe a la jefa indiscutida del movimiento, algo tambin sealado en la nota de Giardinelli. Fue CFK quien arm la frmula presidencial, las listas de legisladores nacionales y provinciales, design a los candidatos a las gobernaciones y las intendencias y hasta la ltima semana de la campaa estableci el tono de la misma. No estamos diciendo nada nuevo sino simplemente reproduciendo lo que, en voz baja, murmuran kirchneristas de paladar negro, contrariados y disgustados por la suicida arbitrariedad de su jefa. La responsabilidad de Cristina, por lo tanto es enorme, pero no es exclusiva. No es mucho menor la que recae sobre el entorno presidencial: ministros, asesores, hombres y mujeres de confianza que incumplieron su obligacin de informarle con veracidad y advertirle del curso autodestructivo de algunas de sus decisiones. Su misin era sealarle que, por ese rumbo, el proyecto se encaminaba hacia una derrota histrica. No quiero ser injusto porque me consta que hubo quienes, en ese entorno, trataron de hacer llegar la voz de alarma. Pero la arrolladora personalidad de Cristina y su sordera poltica hicieron imposible la transmisin de ese mensaje, y su crculo inmediato fracas en evitar el desastre.

Puede llamar la atencin la gravitacin que se le atribuye en este anlisis al estilo personal de gobernar de la ex presidenta. Apelo a esta expresin forjada por un gran intelectual mexicano, Daniel Coso Villegas, quien la utilizara en su estudio sobre el sexenio del presidente Luis Echeverra lvarez en Mxico (1970-1976). En las pginas iniciales nuestro autor dice algo que se ajusta bastante bien a lo ocurrido en la Argentina durante el gobierno de CFK. Dice Coso Villegas que puesto que el presidente de Mxico tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente, o sea que resulta fatal que la persona del presidente le d a su gobierno un sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carcter, las simpatas y las diferencias, la educacin y la experiencia personales influirn de un modo claro en toda su vida pblica y, por lo tanto, en sus actos de gobierno.3 Reemplcese Mxico por Argentina (con la salvedad hecha en la nota al pie) y el diagnstico conserva toda su validez para describir la gestin de CFK y su personalsimo estilo de gobernar, con sus virtudes y sus defectos, sobre todo para sortear las trampas de la coyuntura poltica. Estilo personalsimo exaltado por sus seguidores como el corolario inexorable de su indiscutible liderazgo del movimiento nacional justicialista y vilipendiado por sus crticos como un atropello a los principios fundamentales del orden republicano.4

Volveremos sobre este asunto hacia el final de este ensayo. Lo cierto es que el resultado de esta derrota fue la irrupcin en las alturas del estado argentino de una coalicin de derecha, Cambiemos, cuya columna vertebral es el PRO, un partido auspiciado por diversas agencias federales del gobierno de Estados Unidos como la NED, el Fondo Nacional para la Democracia; o la USAID, y otras por el estilo- o por ONGs internacionales que actan eficaz -si bien indirectamente- en la regin a travs de la mediacin de dos lenguaraces hispanoparlantes: Jos M. Aznar, desde Espaa y lvaro Uribe en Colombia. Son ellos a quienes el imperio les asign la tarea de coordinar y administrar financieramente el proyecto de reinstalar a la derecha en el poder en la regin, para lo cual promovieron la modernizacin de las arcaicas derechas latinoamericanas, renovaron sus vetustos cuadros y estilos comunicacionales y desplegaron una fenomenal campaa de articulacin continental de medios de prensa que, con tono invariablemente monocorde hostigan a los gobiernos de izquierda o progresistas de la regin a la vez que ensalzan los grandes logros democrticos y sociales de Mxico, Colombia, Per o Chile. En la pasada eleccin presidencial los estrategos de Cambiemos se las ingeniaron para aglutinar en torno a su candidato a polticos y militantes procedentes del peronismo y, en gran medida, de la casi difunta Unin Cvica Radical. Dado lo anterior Cambiemos ser un hueso duro de roer para los sectores populares en la Argentina porque a diferencia de sus predecesores cuenta con el apoyo de una poderosa coalicin conformada por la clase dominante local, la oligarqua meditica, la embajada y el capital internacional. No hay que equivocarse. Cambiemos es mucho ms que un conglomerado meramente local; es la expresin nacional de la contraofensiva del imperialismo; es su bien afilada punta de lanza utilizada para cortar de cuajo el eje Buenos Aires-Caracas. A diferencia de lo que ocurra en el pasado, en la actualidad Argentina se ha convertido en una pieza importante en el tablero geopoltico del hemisferio cuyo control Estados Unidos ansa recuperar lo antes posible. Una Argentina que asuma integralmente, como lo ha hecho el nuevo presidente, la agenda de Estados Unidos para la regin (agredir a Venezuela, cosa que hizo en la reunin de presidentes del Mercosur en Asuncin; enfriar las relaciones con Bolivia, Cuba y Ecuador; tomar distancia de China y Rusia; apoyar la fantasmagrica Alianza del Pacfico y el Tratado Trans Pacfico; reformatear en clave ultraneoliberal al Mercosur; sabotear a la UNASUR y a la CELAC, etctera) es una valiosa ayuda en una coyuntura internacional tan erizada de peligros como la actual. No slo para facilitar la erosin de la Revolucin Bolivariana en Venezuela, como se comprob en las elecciones que tuvieron lugar en ese pas el pasado 6 de Diciembre, sino tambin para aumentar la presin destituyente sobre Dilma Rousseff. El expresidente brasileo Fernando H. Cardoso haba anticipado, a comienzos de Noviembre, que un triunfo de Macri facilitara el desplazamiento de Dilma.5 Y eso es lo que ha venido ocurriendo. Por eso la Argentina ha adquirido ante los ojos de Washington una importancia que, me atrevera a decir, jams haba tenido antes. Cierra el perverso tringulo, hasta ahora incompleto, con Aznar y Uribe; debilita a Maduro y facilita la destitucin de Dilma y dispara en la lnea de flotacin de la UNASUR y la CELAC. Por eso los voceros del imperio, aqu y all, han prometido una ayuda financiera muy significativa para bancar los primeros meses del gobierno de Macri y colaborar con l en su cruzada restauradora. Y hasta ahora, a dos semanas de la asuncin del nuevo presidente, han cumplido y nada hace suponer que Washington abandonar esta postura en los prximos aos.6

Interpretaciones

La del kirchnerismo es la primera derrota de un gobierno progresista o de centroizquierda en Latinoamrica desde el triunfo inicitico de Chvez en Diciembre 1998. Haca tiempo que muchos observadores venan pronosticando un fin de ciclo progresista. Ser el triunfo de Macri el punto de no retorno de un proceso involutivo regional, o se trata tan slo de un traspi, de un retroceso temporario?7 Difcil de prever, aunque dejo sentada mi discrepancia con muchos diagnsticos catastrofistas. Dejemos por ahora esta discusin de lado para adentrarnos en la explicacin de la derrota. En este terreno es necesario distinguir dos rdenes de factores causales: algunos de carcter econmico, ms mediatos y generales, resultantes de ciertas decisiones macroeconmicas tomadas por el gobierno de CFK que debilitaron su fortaleza electoral; y otros, mucho ms inmediatos y vinculados a la campaa electoral.

a) Las causas mediatas

La tan mentada profundizacin del modelo qued a medio camino. Ms all de la nebulosa que rodeaba esa consigna, y que la tornaba incomprensible para muchos, lo cierto es que esa profundizacin, seguramente por el costado de una mayor redistribucin de riqueza e ingresos, control de los oligopolios, reforma tributaria, estricta regulacin del comercio exterior y de los flujos financieros, entre otras materias, no tuvo lugar. Esto no equivale a desconocer los importantes cambios que hubo en la sociedad y la economa argentinas, muchos de ellos importantes y positivos aunque otros no tanto. Desgraciadamente, las pesadas herencias del neoliberalismo siguieron hacindose notar durante los aos del kirchnerismo, en algunos casos de forma un tanto atenuada. Pero lo que qued en pie la debilidad del estado y su reducida capacidad para regular mercados y corporaciones, la precarizacin laboral, la inequidad tributaria, la extranjerizacin de la economa, la vulnerabilidad externa- es ms que suficiente como para descartar las fantasas alentadas por algunos aplaudidores oficiales y que aseguraban que pases como la Argentina o el Brasil haban entrado en las serenas aguas del posneoliberalismo. Ojal hubiera sido cierto, porque no estaramos como estamos en estos dos pases.

Pero no es la intencin de estas lneas analizar al modelo econmico del kirchnerismo. S quiero llamar la atencin sobre algunos componentes de su poltica econmica que impactaron negativamente sobre el electorado kirchnerista.

En primer lugar la inflacin, que devalu la enorme inversin social realizada por el gobierno y castig sobre todo a los sectores populares, cosa archisabida en la experiencia argentina. Se demor mucho tiempo en iniciar un combate, que recin lo lanza el ministro Axel Kicilloff con el programa Precios Cuidados y que obtuvo un xito nada desdeable. Se cay en el craso error de pensar que cualquier poltica antiinflacionaria debera inevitablemente ser de cuo neoliberal. Y la inflacin -encima de todo psimamente medida por el INDEC y peor anunciada mes a mes por el gobierno- carcomi sin pausa los bolsillos populares y, peor an, la credibilidad de un gobierno que propalaba cifras que no eran crebles y que provocaban una mezcla sarcasmo y furia entre los ms pobres, los ms afectados por el continua alza de los precios. La apoteosis lleg pocos meses antes de las elecciones cuando el Jefe de Gabinete asever que los ndices de pobreza de la Argentina (5 %) eran inferiores a los de Alemania, lo cual acentu an ms la bajsima credibilidad que tenan las estadsticas oficiales. As, mientras el gobierno alardeaba con ndices anuales de inflacin en el orden del 10 % el Ministerio de Trabajo homologaba convenios colectivos, pactado entre sindicatos y la patronal, con aumentos salariales que oscilaban en torno al 28 %, en un tcito reconocimiento de cul era la realidad de la inflacin en la Argentina. Una eficaz poltica antiinflacionaria, heterodoxa, hubiera evitado ese desgaste econmico y poltico. Pero para ello era preciso hincar el diente sobre la concentracin oligoplica de los formadores de precios de la economa argentina, algo que el kirchnerismo no quiso, no pudo o no supo hacer.

En segundo lugar, el empecinamiento de la Casa Rosada en mantener ese absurdo impuesto denominado Ganancias y que pagan los trabajadores (un poco) mejor remunerados. Su slo nombre, Ganancias, de por s equivale a una provocacin porque se aplica a sueldos y salarios, no a la rentabilidad de las empresas. Pese a los incesantes y unnimes reclamos exigiendo la derogacin de tan impopular tributo, que para colmo al no ajustarse el mnimo no imponible por la inflacin abarcaba a un nmero cada vez mayor de contribuyentes cautivos, este impuesto fue caprichosamente sostenido por el gobierno. Cifras oficiales confirman que en el ao 2014, ltimo para el cual existen datos, pagaron este impuesto   poco ms de un milln de asalariados, o el 11 % de los trabajadores registrados (en blanco) que haba ese ao en la Argentina. Quines fueron, ms especficamente, los afectados? Principalmente a los votantes del kirchnerismo, reclutados entre las capas medias (profesionales, maestros, empleados de comercio, de la administracin pblica, etctera) y los niveles superiores de la clase obrera, que vean injustamente recortados sus ingresos mientras que las grandes fortunas y los grandes capitales encontraban numerosos resquicios legales para eludir el pago de impuestos. O, como en el caso de los jueces y los trabajadores empleados en el sector judicial, que estaban exceptuados por ley del pago de ese tributo. En suma: inflacin ms ganancias fueron decisivos a la hora de recortar la base social del kirchnerismo y, tal vez en mayor medida an, en aplacar el entusiasmo militante de aos anteriores o desatar un sordo resentimiento que, poco despus, se expresara en las urnas.

Tercero: el dlar. En efecto, la introduccin de las restricciones a la compra de dlares golpearon fuertemente a los sectores medios, mayoritariamente volcados a favor de CFK en las elecciones presidenciales del 2011. Con las limitaciones establecidas por el gobierno en los ltimos cuatro aos en lo que la prensa hegemnica no tard en caracterizar como el cepo cambiario- aquellas capas y clases sociales intermedias se encontraron sin capacidad de ahorrar en dlares, en un pas en donde la inflacin crnica no ofrece demasiados instrumentos de ahorro fuera del dlar y en donde automviles, viviendas y la tierra se cotizan abiertamente en dlares. Esto dificult, a veces hasta impidi, que muchos votantes del kirchnerismo pudieran acceder a las pequeas cantidades de dlares con las que procuraban juntar el dinero para entrar en un plan de pagos de un pequeo departamento, para adquirir un automvil, o para remitir a una hija que, como producto de las polticas educativas del kirchnerismo, estuviera estudiando en el exterior, para no mencionar sino ejemplos bien conocidos de estos problemas. El cepo, en cambio, no perjudic en lo ms mnimo a las grandes fortunas o a las grandes empresas, que siguieron adquiriendo y fugando dlares sin dificultades. Se calcula que en los ltimos diez aos salieron del pas 100.000 millones de dlares, y no precisamente fugados por los pequeos ahorristas. Esta absurda restriccin, cuyos efectos recesivos saltan a la vista habida cuenta del elevado grado de internacionalizacin de los procesos productivos en la Argentina, podra haberse evitado introduciendo rigurosas regulaciones en el comercio exterior. Tngase presente que este pas export, unos 60.000 millones de dlares como promedio anual entre el 2002 y el 2014, con picos en torno a los 80.000 millones, de modo que mal se podra decir que no haba dlares. Los haba, pero en manos de un pequeo crculo de exportadores, principalmente agropecuarios y mineros. Regulaciones, decamos, tal como las que en los aos cuarenta introdujera Juan D. Pern enfrentado a una situacin similar, claro que con las necesarias actualizaciones exigidas por la nueva fase del desarrollo capitalista. Pero no se hizo, de ah la restriccin en el mercado cambiario y sus nefastas consecuencias polticas.

b) Causas inmediatas: el interminable catlogo de errores de campaa

A los factores sealados ms arriba se sumaron una serie de graves errores cometidos antes y durante la campaa electoral del oficialismo.

Antes, en efecto, al haber combatido ferozmente a quien a la postre sera el nico candidato viable, posible, presentable que tena el kirchnerismo. No era el preferido por las bases kirchneristas, pero no haba otro. Me refiero, naturalmente, a Daniel Scioli. No slo Cristina Fernndez de Kirchner no perdi ocasin de humillarlo y hostigarlo durante ocho aos, casi hasta las semanas finales de la campaa cuando la suerte estaba echada, sino que el entorno presidencial se solaz en hacer lo propio, en una especie de demencial competencia para ver quien disparaba los dardos ms afilados y mortferos contra el nico poltico que poda haberles evitado la debacle. Pocas veces se vio una demostracin de estupidez poltica tan grande como la que los argentinos presenciamos este ao. Y el tema vena de antes, porque a nadie se le escapa que la prodigalidad con que CFK transfera fondos a otras provincias sobre todo a Santa Cruz, de nula gravitacin electoral- no se repeta en el crucial caso de la provincia de Buenos Aires, histrico bastin del peronismo que no deba rifarse en una absurda pugna para evitar que Scioli se presentase en la carrera por la presidencia avalado por una aceptable gestin en su provincia. La lgica, para llamarla de algn modo, pareca ser la siguiente: si no hay otro candidato entonces que sea Scioli, pero si es Scioli que llegue con lo justo, no sea cosa que acumule demasiado poder. Y si llega a la Casa Rosada -en ningn caso con ms del 54 % de los votos que obtuvo CFK en 2011!-, y que quede claro que lleg gracias a la presidenta. Pero el asunto era mucho ms complicado y desafiaba esas simplistas elucubraciones. Ya en las legislativas del 2009 Francisco de Narvez haba derrotado al FpV en la provincia, a una lista encabezada nada menos que por Nstor Kirchner y Daniel Scioli! La formidable eleccin de Cristina en el 2011 repotenci la soberbia oficial, y muchos cayeron en la ilusin de una provincia de Buenos Aires eternamente kirchnerista. La eleccin parlamentaria del 2013 propin un golpe dursimo a esas ensoaciones: victoria de Sergio Massa con 44 % de los votos y derrumbe de la estrategia oficial de alcanzar la reforma constitucional que habilitara la re-re de CFK. La derrota del 2015 en la provincia, por lo tanto, no fue un rayo en un da sereno. Estaba en el horizonte de lo posible, pero la ceguera del oficialismo no se percataba de ello. Se vea venir, pero cono dice la sabidura popular, una cosa es verla venir y otra mandarla a llamar. Bastaba para ello con algn pequeo paso en falso. En lugar de uno fueron varios, como veremos a continuacin.

Segundo. Los dioses parecan sonrerle al kirchnerismo cuando Martn Lousteau irrumpi inesperadamente en la eleccin por la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires obligando al candidato macrista, Horacio Rodrguez Larreta, que no pudo ganar en primera vuelta, a enfrentar un amenazante balotaje. En ese momento la carrera presidencial de Macri penda de un delgado hilo porque si Lousteau, a la cabeza de un heterogneo conglomerado de fuerzas, lograba arrebatarle la CABA al macrismo el futuro del jefe poltico del PRO entrara en un cono de sombras del cual le sera extremadamente difcil salir para las presidenciales de Octubre. Sin embargo, en lugar de sumar fuerzas para lograr la estratgica derrota del PRO en la ciudad capital de la Argentina la conduccin del FpV se refugi en un discurso fundamentalista y bajo el argumento que uno y el otro eran iguales, que Lousteau era lo mismo que Rodrguez Larreta, se abstuvieron de orientar a sus seguidores para que apoyaran a aqul para, de ese modo, descargar un golpe de nocaut al macrismo. Una parte importante de la militancia y seguidores del FpV hizo caso omiso de la directiva de sus lderes y entendi mejor que ellos como era la jugada y que el voto tctico por Lousteau era lo que corresponda hacer. Una vez ms la base super en inteligencia poltica a la conduccin. Pero, desgraciadamente, la vacilacin de la Casa Rosada hizo que este ltimo esfuerzo no fuera suficiente y el macrismo se impuso por apenas un 3 % de los votos, siendo derrotado en 9 de las 15 comunas en que se divide la ciudad de Buenos Aires. Como es bien sabido, hay notables paralelismos entre la lucha militar y la lucha poltica. Sun Tzu, el padre de la estrategia militar desde el siglo V antes de Cristo, recomienda, en su notable El Arte de la Guerra, que se ataque al enemigo cuando no est preparado, y aparezca all donde no es esperado. Para un estratega stas son las claves de la victoria. Los mariscales del FpV parece que no lo leyeron. Si lo hubieran ledo y aplicado las enseanzas del gran general chino a la coyuntura del balotaje porteo probablemente la situacin de la Argentina, y de Amrica Latina, sera hoy bien diferente.

Tercero, luego de algunos titubeos se opt por completar la frmula presidencial con la candidatura de Carlos Zannini como vice. No fue Scioli quien eligi a su compaero sino CFK quien, por su cuenta o psimamente asesorada, impuso a su hombre de la ms estricta confianza con la misin de asegurar que, en la ya descartada exitosa sucesin presidencial, Scioli no se desviara del rumbo trazado por la presidenta y sera, en efecto, el candidato del proyecto y manejado a control remoto por ella. No bastaba para asegurar la sumisin de Scioli al liderazgo tras bambalinas de CFK la nutrida presencia de diputados y senadores kirchneristas en el Congreso, o el ya descontado control de la estratgica provincia de Buenos Aires. En el enrarecido microclima de la Casa Rosada prevaleca la obsesin por garantizar la total obediencia del seguro sucesor de Cristina imponiendo el nombre del vicepresidente, ignorando, por lo visto, que este cargo es poco menos que ornamental y de carcter eminentemente decorativo en regmenes presidencialistas como los de Latinoamrica. Y esto no slo en nuestros pases: quin se acuerda de los nombres de los vicepresidentes recientes de Estados Unidos? Alguien podra identificar a Joe Biden, actual vice de Obama, en una fotografa? En sntesis: un gesto absurdo y gratuito. Esta frmula, kirchnerista pura apaciguaba seguramente la ardiente incertidumbre del entorno, pero tena un fatal taln de Aquiles cuyo ominoso desenlace se pondra en evidencia en la primera vuelta de la eleccin presidencial cuando obtuvo dos puntos menos que los obtenidos en las PASO (elecciones primarias, abiertas, simultneas y obligatorias). La esperanza de superar el umbral del 40 % de los votos y obtener ms de 10 puntos porcentuales de diferencia con Macri prob ser una ingenua ilusin -alimentada inocentemente? por los encuestlogos- y la razn es clarsima: la frmula careca de capacidad expansiva, no incorporaba un solo votante ms, no captaba absolutamente ningn elector independiente o indeciso, por ms que simpatizase en general con las polticas del kirchnerismo o se sintiera atrado por su solidaridad con Chvez, Maduro, Evo, Correa o la Revolucin Cubana y, por lo tanto, careca de potencialidad de crecimiento. Un error maysculo que podra haber sido evitado si Scioli elega (l, no Cristina) un compaero de frmula si no atractivo al menos digerible para otros sectores que no fueran los cristinistas. Y haba varios que podan haberlo acompaado.

Cuarto error: la obcecacin por imponer como candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires al por entonces Jefe de Gabinete de Ministros de CFK, Anbal Fernndez. Este era un hombre que tena el ms elevado nivel de rechazo en la provincia y su ladero en la frmula, Martn Sabatella, era el segundo ms rechazado. No interesa, para los fines de este anlisis, discernir cules eran los fundamentos de estos rechazos, si obedecan a problemas reales o a una pertinaz campaa meditica, que a mi juicio fue determinante. Lo cierto es que esta surti efecto, pero la Casa Rosada no extrajo las correctas consecuencias del caso. La frmula Fernndez-Sabatella tambin irrit a muchos sectores del peronismo bonaerense (que no ahorraron municiones en el fuego amigo a la cual la sometieron). Por lo tanto, rechazo a nivel de la opinin pblica y tambin en los cuadros del PJ. Resultado: se socav el apoyo a Scioli y dej servido en bandeja para el macrismo el principal distrito del pas. Algunos informantes muy calificados dicen sotto voce que el Papa Francisco habra asegurado un discreto apoyo al sciolismo (cosa que lo hizo, elpticamente, al declarar poco antes de la eleccin, Voten a conciencia, ya saben lo que pienso) y sugerido la conveniencia de que un hombre como Julin Domnguez, muy allegado a la Iglesia y su obra pastoral en el conurbano bonaerense, fuese el candidato a gobernador. Aparentemente la Casa Rosada tena otras prioridades y su pedido fue desodo.

Quinto, el interminable internismo al interior del kirchnerismo, o como lo denominaran algunas de sus vctimas, el fuego amigo. Innumerables ejemplos demuestran los alcances a que lleg ese proceso. Un da Scioli hace duros planteos en relacin al FMI, y al da siguiente el Ministro de Economa Axel Kicillof aparece en una foto de lo ms amable con la Directora Gerente del FMI, la Sra. Christine Lagarde. Un grupo de La Cmpora instala una sombrilla en una esquina portea y reparte volantes con la lista de los candidatos a diputados por el FpV, sin incluir referencia alguna a Scioli. En la esquina de enfrente, la ola naranja del sciolismo instala otra mesa y sombrilla y volantea a favor de Scioli, ninguneando a los candidatos a diputados de la misma agrupacin poltica. O se hacen dos actos de cierre de campaa en el Luna Park: uno para la lista de los diputados y otro para Scioli! Difcil convencer a la gente que vote a un espacio poltico surcado por contradicciones tan flagrantes.

Sexto y ltimo (aunque se podra seguir con muchos otros ejemplos de este tipo): contrariamente a todo lo que indican los estudios sobre el tema, el kirchnerismo adopt un estilo de campaa negativa que, desde la derrota de Pinochet en el referendo de 1980, cay completamente en desuso y no por razones ticas sino porque sencillamente no funciona y termina convirtindose en un boomerang. Pinochet lanz una campaa de ese tipo contra los partidos herederos de la Unidad Popular de Allende, y perdi categricamente. A partir de ese momento los estudios sobre las campaas polticas coincidieron en sealar los muy limitados alcances y los peligros de una campaa montada sobre la satanizacin del adversario. De hecho, la imagen que transmiti Scioli era la de un hombre cuya nica misin era demostrar lo malo que era Macri, lo pernicioso que sera su gobierno y su inconmovible e incondicional defensa de Cristina. Su campaa estaba dirigida hacia atrs, a defender la dcada ganada y no a proponer cules seran los lineamientos generales de su programa de gobierno. No haba el menor atisbo de que su comando de campaa hubiese percibido que vastos sectores de la sociedad queran un cambio, cosa que los astutos planificadores estratgicos de Cambiemos advirtieron con mucha antelacin. Es cierto: haba un absurdo que fomentaba una actitud negligente en relacin a esta demanda de cambio porque, cuando consultada, la mayora no saba que era lo que quera cambiar y en qu direccin impulsar el cambio. Pera esa demanda: oscura, visceral, mezcla de aburrimiento y de hasto pero mediticamente formateada estaba all y haba que tener una respuesta. El sciolismo no la tuvo. Slo despus del debate con Macri, el domingo 15 de Noviembre y a una semana del balotaje, Scioli empez a asumir esta necesidad de cambio y desmarcarse de la tutela de Cristina. Pero ya era demasiado tarde.

Dificultades del clculo y la previsin polticas.

A todo lo anterior es preciso agregar algunos otros factores que coadyudaron para producir la debacle del 22-N. El ya mencionado abandono del que fue vctima Scioli por parte de las organizaciones del kirchnerismo es uno de ellos. Otro, sin duda, fue la caprichosa poltica seguida en relacin a la provincia de Crdoba y que tuvo como efecto la devastadora derrota de Scioli a manos de su oponente, que en ese distrito obtuvo la ventaja decisiva para asegurar su victoria. Hay quienes en el FpV sostienen que la pasividad con que el oficialismo enfrent el desafo electoral obedeca al clculo ya mencionado: asegurar un triunfo de Scioli pero ajustado, jams superior al 54 % obtenido por CFK en el 2011. De no ser posible la victoria del oficialismo, un triunfo de Macri no sera visto con demasiada preocupacin porque las bancadas del FpV en el Congreso y la gravitacin del gobierno de la provincia de Buenos Aires seran suficientes para establecer lmites muy estrictos a lo que pudiera hacer el candidato de Cambiemos si resultara vencedor de la contienda. En los dos casos el supuesto era que ambos gobiernos seran de corta duracin y facilitaran el triunfal retorno de CFK a la Casa Rosada, emulando una rotacin como la que haba retornado a Michelle Bachelet a La Moneda luego del interludio de Sebastin Piera. Pero algunas mentes afiebradas iban ms lejos y crean que no sera necesario esperar cuatro aos ya que el deterioro tanto de Scioli como de Macri se producira en dos aos como mximo. Por supuesto, dada la elevada volatilidad de la poltica argentina son muy pocas las hiptesis que pueden ser descartadas de antemano pero, hasta ahora, lo que ocurri parecera desbaratar sin clemencia estos pronsticos y esto por dos razones: uno, porque la lealtad de los miembros del Congreso ha sido tradicionalmente muy vulnerable a la influencia de la Casa Rosada y los gobernadores provinciales, siempre necesitados del auxilio financiero que slo aquella puede prestar y que puede torcer las voluntades ms firmes de diputados y senadores. No es lo mismo jurar lealtad a Cristina cuando ella est en la Casa Rosada y cuando est en El Calafate. Y segundo porque, adems, el refugio estratgico que ofreca la provincia de Buenos Aires para capear el transitorio temporal poltico en el plano nacional qued sepultado bajo el inesperado aluvin de votos que catapult a Mara Eugenia Vidal a la gobernacin bonaerense.

Dado este cmulo de errores, notable por su nmero y su calidad, surge de inmediato la pregunta acerca de cmo fue entonces posible que Scioli terminara el balotaje con casi un 49 % de los votos. La respuesta es la siguiente: ante el resultado del debate que tuvo lugar una semana antes de la segunda vuelta, de donde emergi claramente la inminencia de un posible triunfo de Macri, se produjo un verdadero ataque de pnico en el difuso pero amplio espacio de la progresa y sectores de la izquierda, hasta ese momento confiados en la certeza del relato oficial que anticipaba una fcil victoria del candidato kirchnerista, inclusive en la primera vuelta. Tan convencidos estaban de esto que algunos hasta se podan dar el lujo de militar el voto en blanco, una tpica maniobra del polizn en teora de los juegos: dejarle al resto de la sociedad la penosa tarea de votar desgarrados a Scioli, como lo sealara con lucidez Horaco Gonzlez, mientras los votoblanquistas se iban a dormir con su conciencia revolucionaria en paz y los otros regresaban maldiciendo haber tenido que votar a un candidato que no queran pero preferan a Macri. En la noche del debate una centella recorri el campo de la progresa y la izquierda, y la constatacin de la catstrofe que se avecinaba provoc la espontnea movilizacin de vastos sectores de la sociedad civil que ante la imperdonable desercin del FpV, La Cmpora, UyO, el PJ y las organizaciones sindicales encuadradas en el kirchnerismo salieron a la calle imbuidos de un fervor militante como no se haba visto desde las grandes jornadas de finales del 2001 y comienzos del 2002. Cabe decir que esa irrupcin de las masas para revertir lo que apareca como una inminente debacle electoral es una de las notas ms promisorias y esperanzadoras de cualquier pronstico sobre el futuro de la poltica argentina. Cosa que, por otra parte, tambin se manifest en el acto de despedida a Cristina el 9 de Diciembre y las sucesivas autoconvocatorias a protestar contra las draconianas medidas de Macri en los primeros das de su gestin, como por ejemplo la que tuvo lugar en el Parque Centenario de Buenos Aires el domingo pasado para escuchar al ex ministro de Economa Alex Kicillof. Es ese espacio de autoconvocados y movilizados donde deber trabajar la izquierda para construir esa alternativa que el kirchnerismo no supo ser.

Pese a los contornos pesimistas del anlisis anterior es preciso reafirmar, una vez ms, que la historia est abierta y que su incesante dialctica puede desairar las previsiones mejor fundadas. Una cosa es el triunfo electoral de una coalicin de derechas y otras muy distintas es que pueda llevar adelante su programa y realizar las transformaciones que estaban inscritas en su plataforma de gobierno. Por supuesto, esto tampoco puede ser descifrado como una reedicin de la teora de la irreversibilidad de los procesos transformadores: la triste experiencia del derrumbe de la Unin Sovitica y su posterior regresin al capitalismo salvaje o la violenta interrupcin de las experiencias progresistas o de izquierda en Guatemala (1954), Brasil (1964) o Chile (1973) son elocuentes muestras de que los progresos polticos que se experimentan en un momento pueden ser revertidos en un perodo posterior.

La autocrtica y la necesidad de realizar un balance del kirchnerismo

Antes de concluir es necesario dejar en claro que las pginas precedentes no pretendieron ser un balance de los doce aos del kirchnerismo. Su objetivo ha sido ms modesto: tratar de entender por qu se derrumb una experiencia sociopoltica y econmica que poda haber continuado su curso y profundizado las incipientes transformaciones que haban tenido lugar en ese perodo. Y, sobre todo, promover un debate hasta ahora inexistente, o que se lleva a cabo silenciosamente y en las sombras. Estas reflexiones finales pretenden acercar algunas ideas para un esfuerzo de sntesis y evaluacin que necesariamente deber ser colectivo. Fue y seguir siendo motivo de intenso debate las razones por las cuales algunas fuerzas u organizaciones progresistas y de izquierda, el Partido Comunista entre ellas, apoyaron crticamente este proceso. El kirchnerismo, fiel expresin del peronismo, jams tuvo una propuesta anticapitalista. Es ms, sobre todo Cristina crea, y cree todava, en un capitalismo racional o capitalismo serio. La izquierda, para ser tal, es necesariamente anticapitalista. Se opone a un sistema que condena a gran parte de la humanidad a vivir en la pobreza, la abyeccin y las guerras. Y, adems, porque destruye como nunca antes a la naturaleza. El kirchnerismo no tena la superacin del capitalismo en su agenda, ni siquiera remotamente. Por qu brindarle entonces un apoyo crtico? La respuesta no parece difcil de entender, o no debiera serlo: Nstor Kirchner sintoniz muy rpidamente, al inicio de su gestin, con el nuevo clima poltico regional inaugurado luego del ascenso de Hugo Chvez Fras a la presidencia de Venezuela en Enero de 1999. Se aline rpidamente con el lder bolivariano y junto con Lula entre los tres protagonizaron la histrica derrota de Estados Unidos en Mar del Plata. Por otra parte, en el plano domstico Kirchner avanz en el juicio y castigo a los culpables de los crmenes de la dictadura y reform con transparencia y espritu democrtico una Corte Suprema profundamente desprestigiada durante el menemismo. Su indocilidad ante el FMI tambin lo hizo merecedor del apoyo de las fuerzas de izquierda preocupadas por el nefasto papel jugado por el imperialismo en Nuestra Amrica, algo que no todas las que se llaman socialistas o izquierdistas comprenden a cabalidad. Uno de los grandes enigmas de la poltica latinoamericana es la sistemtica ceguera de un sector de la izquierda ante las multifacticas polticas del imperialismo en la regin. Teniendo en cuenta las duras realidades del tablero geopoltico mundial, en qu otro lugar poda estar una fuerza de izquierda, ms all de las contradicciones propias de todo movimiento nacional, popular y democrtico, sino en una alianza tctica con el kirchnerismo? Poda la izquierda alinearse contra sus enemigos jurados, al lado la Sociedad Rural, la embajada, la oligarqua meditica y sus aliados? O estar con las fuerzas polticas que le decan S al ALCA?

Es sabido que una experiencia de matriz peronista inevitablemente carece de la radicalidad que las condiciones actuales exigen. Adems, sus contradicciones son inocultables: promocin del capitalismo nacional pero vigencia de las leyes de Inversiones Extranjeras y de Entidades Financieras de la dictadura militar; recuperacin de YPF pero no como una empresa del estado sino como sociedad annima, que puede sellar acuerdos secretos con otra sociedad annima como Chevron; polticas de inclusin social como la Asignacin Universal por Hijo pero mantenimiento de la regresividad tributaria; solidaridad latinoamericanista (que est bien) y protagonista del rechaza del ALCA pero sin ingresar al ALBA; denuncia de los que se la llevan con pala pero pasividad ante la fenomenal concentracin del comercio exterior; crtica del capitalismo salvaje pero alianza con la Barrick Gold, Chevron y la Monsanto (que ahora adquiri la compaa que cuenta con el mayor ejrcito mercenario del planeta, la ex Blackwater, ahora llamado Academi) y as sucesivamente. Contradicciones que es preciso entenderlas dialcticamente, es decir, sin pensar que hay un lado verdadero y otro que es puro engao. La realidad es mucho ms compleja de lo que parece y desafa esas simplificaciones. No obstante, es justo reconocer que en la suma algebraica de puntos a favor y en contra, de aciertos y errores, hay un predominio de los primeros. La continuacin de la obra iniciada por Nstor Kirchner bajo la conduccin de CFK sirvi para profundizar en algunas cuestiones y abrir nuevos frentes de batalla. La Asignacin Universal por Hijo o la extraordinaria expansin de la cobertura del rgimen jubilatorio no son cuestiones menores, en lnea con la estatizacin de la seguridad social establecida por Kirchner. Los progresos en otras reas han sido tambin significativos, desde la temtica del gnero y la identidad hasta la poltica cientfica y tecnolgica, el ARSAT I y II y la expansin del sistema universitario pblico, una conquista no menor en momentos en que la privatizacin de la educacin superior se est convirtiendo en la norma en Amrica Latina. Insistimos en que no es el objetivo de este ensayo enumerar los logros y las asignaturas pendientes del kirchnerismo, esfuerzo que tendr que hacerse en otro momento y que tambin deber ser fruto de una tarea colectiva. Entre los logros no es un mrito menor de Cristina el haber tenido siempre la virtud de salir por izquierda frente a cada crisis. Por muchas razones, desde su personalidad hasta la debilidad de las fuerzas polticas que la apoyan, no pudo hacer lo mismo Dilma Rousseff en Brasil, cuya tendencia ha sido invariablemente la contraria: salir por derecha y hacer concesiones a sus enemigos. Apenas ayer intent, con la salida del Ministro de Hacienda Joaqum Levy, escoger otro camino. Por el contrario, CFK nunca tuvo esas dudas. Mal o bien, pero sala por izquierda: la Ley de Medios es tan slo el ejemplo ms elocuente de ello.

Como decamos ms arriba, las caractersticas personales de Cristina jugaron un papel importantsimo. Duea de una fuerte y avasallante personalidad, lo que fue un atributo positivo de su liderazgo para enfrentar desafos prcticos durante su gestin result ser altamente contraproducente a la hora de conducir una estrategia poltica que le permitiera asegurar la victoria de su espacio poltico. A diferencia de Nstor, un carcter tambin altamente irascible pero que poco despus de su estallido de furia reiniciaba el dilogo con quien antes haba sufrido su iracundia, CFK fue absolutamente inflexible e irreconciliable con sus ocasionales adversarios y enemigos, mucho de los cuales haban sido sus antiguos aliados o compaeros. Su carcter le prodig muchas rivalidades gratuitas que le costaron muy caro. Nstor tambin era un peleonero, pero era ms bien un esgrimista dotado de una ductilidad poltica que le permita rpidamente recomponer los puentes rotos por su furia. Tocaba con su florete a sus adversarios pero no los mataba. Cristina, en cambio, es una gladiadora: pelea a matar o morir, y no hay retorno despus de cada combate. Por supuesto, muchos de sus adversarios reunan las mismas caractersticas y tambin actuaban con la lgica guerrera del gladiador. Y ella aceptaba el desafo y redoblaba la apuesta. El arte de la poltica, como decamos ms arriba, tiene muchos componentes del arte de la guerra. Pero no toda la poltica puede ejercerse apelando a la lgica la guerra. La direccin intelectual y moral tantas veces subrayada por Gramsci es su complemento necesario, que pocas veces Cristina se decidi a poner en prctica. Para colmo, si Nstor no era precisamente generoso con sus aliados, Cristina lo era mucho menos. Su concepcin de las alianzas era una transposicin del verticalismo peronista: un lder omnisciente y omnipotente, sordo e inapelable, que deba encuadrar una coalicin en donde convivan peronistas con no peronistas de distintos colores polticos. Bajo este modelo organizativo era muy poco lo que se poda construir polticamente. Careci de la flexibilidad necesaria para conducir un espacio as de complejo y su notable inteligencia se tradujo con frecuencia en actitudes soberbias que limitaron casi por completo su capacidad para escuchar y para dialogar, an con sus ms estrechos colaboradores. No hubo dilogo con los diferentes, dice con acierto Giardinelli en la nota ya mencionada. Es cierto que no se hace la gran poltica sin garra, sin vsceras y sin la fuerza de la que hizo gala Cristina. Un poltico timorato jams llegar demasiado lejos. Pero la gran poltica no puede reposar tan slo en aquellos bravos atributos. Hace falta, como lo recordaba Maquiavelo en su clsica imagen del centauro, la pasin mezclada con la razn. O la astucia del zorro, para saber sortear las trampas que le tienden sus enemigos, combinada con la fuerza del len, para liquidar un pleito una vez agotadas las vas del dilogo. Desgraciadamente CFK no logr plasmar esa combinacin, y su superioridad por comparacin con la mediocridad de la clase poltica exacerb un narcisismo que le impidi escuchar a la sociedad o a sus aliados, o entender que ciertos rasgos de su estilo personal producan, tambin entre sus fieles, tanto rechazo como las adhesiones que lograban sus polticas pblicas. Como decamos ms arriba, una importante cuota de responsabilidad en todo esto le cabe a un entorno que lejos de estimular una reflexin crtica sobre la realidad de su gestin se limit a aplaudir y alabar, creyendo que de ese modo colaboraban con la presidenta. Privada de ese sano ejercicio de la crtica y la autocrtica no supo darse cuenta del cambio cultural que estaba madurando en la Argentina, en donde an quienes se beneficiaban de la inversin social cada da resentan con ms fuerza del clientelismo y la prepotencia de punteros e intendentes. Desconoca aquella sabia sentencia de raigambre martiana y que el poltico y jurista mexicano, Jess Reyes Heroles sintetiz en una frase ejemplar: en poltica, la forma es el fondo. En sus frecuentes mensajes televisivos Cristina abusaba de un tono vehemente y confrontacional (y no es que no tuviera buenas razones para confrontar!) que era absolutamente antitelegnico y que produca un efecto contrario al buscado. En algunos casos lleg a producir cansancio, fatiga o hartazgo, inclusive dentro de la legin de sus seguidores. Un par de pequeas historias ilustran esto con elocuencia: un humilde lustrabotas del microcentro porteo, un hombre entrado en aos, venido de una provincia pobre de la Argentina le confiesa a uno de sus habituales clientes que haba votado a Macri porque estaba demasiado grandecito para soportar que la presidenta me retara en la televisin. Otro: en un modesto almacn del conurbano su duea deba apagar la televisin cada vez que comenzaba una cadena nacional porque su clientela ya no quera escuchar a Cristina. Y la mayora estaba formada por beneficiarios de diversos programas sociales del gobierno. Dos pequeas historias que autorizan a extraer una conclusin provisoria: el boom del consumo que el kirchnerismo alent y cultiv como poltica de estado no crea hegemona poltica, error en que cayeron todos los gobiernos progresistas y de izquierda en la regin. Ni aqu, ni en Venezuela, ni en Bolivia. En ninguna parte. La hegemona es resultado de la educacin poltica, de la supremaca en la batalla de ideas, de la concientizacin al estilo de Paulo Freire, y no del mayor acceso a los bienes de consumo. Y, desgraciadamente, en las experiencias progresistas de la regin la formacin poltica de las masas no tuvo la prioridad que deba haber tenido. Se confi en la magia del mercado: accediendo a algunos bienes se supona que los nuevos consumidores retribuiran con lealtad poltica. Pero esa conexin entre consumo y hegemona poltica no funciona de esa manera. Tal vez funcione en una direccin contraria. En todo caso, las consecuencias estn a la vista.

Mal se podran subestimar los logros de la gestin de CFK y, en general, el de los doce aos del kirchnerismo. Se puede discutir la idea de la dcada ganada porque hubo algunos pocos ricos y poderosos- que ganaron mucho ms que los dems, y otros que no ganaron nada. Se debe tambin examinar el tema de la corrupcin, endmico en la Argentina desde Bernardino Rivadavia hasta hoy, y vinculada principalmente (pero no slo) a la obra pblica. Se puede someter a crtica las limitaciones ya sealadas del modelo. Pero dej un pas muy distinto al recibido que sera injusto desconocer. Otra pequea historia tambin viene a cuento: estuve hace pocas semanas en San Salvador de Jujuy. Hace unos pocos aos caminar por la plaza cntrica de esa ciudad era hacerlo seguido por un nutrido grupo de nios descalzos pidiendo algunas monedas. Ahora, durante una semana, no hubo ni uno solo que reeditara aquella vieja y deprimente costumbre. Es que, a pesar de las crticas que le fueran dirigidas clientelstica, tal vez dispendiosa, seguramente ineficiente, etctera- la poltica social del kirchnerismo surti efecto. Y este no es un dato menor sino una cuestin central. All est la base del voto duro cristinista, de ese 36 % que acompa a Scioli en la primera vuelta. Pero all tambin parece haber estado su lmite. Y slo con eso no se puede ganar una eleccin presidencial.

Concluyo con la esperanza de que las ideas aqu esbozadas sirvan para propiciar un debate y para realizar un balance crtico de los doce aos del kirchnerismo. Con la esperanza tambin de que evitemos la trampa facilista de quienes, so pretexto de no hacer lea del rbol cado, pretenden clausurar desde el vamos un examen que es a la vez imprescindible e impostergable. Lo primero, para corregir los errores propios de toda experiencia prctica. Quien hace yerra, y acierta a veces. Desde la torre de marfil acadmica o desde las certezas del dogma partidario no hay yerro posible. Claro, se paga un precio por eso: la realidad no se cambia, y se traiciona un apotegma fundamental del marxismo: la teora tiene que servir para cambiar al mundo, no slo para interpretarlo o para denunciar sus inequidades. El aprendizaje poltico se logra en la inteleccin colectiva, como lo subrayaba Gramsci, de esa praxis de ensayo y error. Impostergable, tambin, porque las tentativas del macrismo de imponer el neoliberalismo en su versin ms radical no podrn ser neutralizadas si no se toma nota y se aprende de lo ocurrido en los aos anteriores. Aprender de los aciertos, para conocerlos y conservarlos; y aprender tambin de los errores, para no volver a cometerlos. Estoy convencido de que aquellos son mayores que estos, pero todo, absolutamente todo, deber ser sometido a examen. El desafo es muy grande y lo peor sera incurrir de nueva cuenta en la obstinada negacin de la realidad, cerrando las puertas a la crtica de quienes acompaamos este proceso sin ser parte de l e impidiendo, con distintas argucias, la autocrtica de quienes tuvieron la responsabilidad de conducirlo. Si esta desafortunada actitud llegara a prevalecer estaramos condenados repetir los errores del pasado.

Notas:

1 Paisaje despus de la batalla y la autocrtica que falta, en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-288716-2015-12-21.html Hasta donde yo s es la primera exigencia frontal de una autocrtica publicada en un medio grfico kirchnerista. No he visto ni escuchado nada igual en la radio y la televisin. Comparto el 95 por ciento de lo que dice Giardinelli, excepto su sobrevaloracin de los xitos econmicos del kirchnerismo y mucho menos aquello de que estos 12 aos fueron una fiesta para vastos sectores populares. Ojal que su ejemplo se multiplique.

2 Francisco Fernndez Buey, La poltica como tica de lo colectivo, en F. lvarez Ura (Comp.) Neoliberalismo versus democracia (Madrid: Las Ediciones de La Piqueta, 1988) pp. 26-40.

3 El estilo personal de gobernar (Mxico, Cuadernos de Joaqun Mortiz, 1974). Me limitara a sealar que el poder de la presidencia en la Argentina nunca fue tan inmenso como en Mxico debido a que nuestro estado, por comparacin al mexicano, es ms dbil. Ese emperador sexenal del que hablaba el estudioso mexicano nunca existi con esa fuerza en la tradicin presidencialista argentina.

4 No puedo dejar de anotar que muchos de los sedicentes cultores del republicanismo conservador (porque hay otro, popular y de raz maquiaveliana) han guardado un escandaloso silencio ante los atropellos a la divisin de poderes del gobierno de Mauricio Macri al pretender designar dos ministros de la Corte Suprema sin la aprobacin del Senado o hacer uso abusivo de los Decretos de Necesidad y Urgencia. Como siempre, la derecha, aqu y en todo el mundo, tiene dos estndares ticos: uno para los amigos, otro para los enemigos. Y despus tiene la desfachatez de acusar a estos ltimos de fomentar la divisin de la familia argentina o de abrir la grieta!

5 Cf. "El resultado en los comicios argentinos me anim mucho", en La Nacin, Domingo 1 de Noviembre 2015 http://www.lanacion.com.ar/1841627-el-resultado-en-los-comicios-argentinos-me-animo-mucho

6 Basta observar el comportamiento de los grandes capitalistas locales e internacionales cuando el gobierno de Macri decidi poner fin al cepo cambiario: el dlar se cotiz el Martes 22 de Diciembre, cuatro das despus de su liberacin, a poco ms de 13 pesos por dlar. Si esto lo hubiera hecho CFK la ofensiva especulativa seguramente lo hubiera proyectado a los 20 pesos por dlar, o ms.

7 Sobre este tema recomiendo la lectura de la magnfica compilacin hecha por ALAI: http://www.alainet.org/es/revistas/510

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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