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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-12-2015

La guerra permanente como expresin de la crisis global (y II)
De cmo el Imperialismo occidental intenta mantener su hegemona

Francisco Snchez Del Pino y Manuel Montejo Lpez
Rebelin


En un anterior artculo (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207038), comenzbamos un intento de aportar algo de luz sobre las complicadas implicaciones entre s de los distintos procesos blicos que se han ido desarrollando en los ltimos aos tanto en Asia como en frica y su relacin con la lucha por la hegemona econmica mundial, en un contexto en el que el rol de superpotencia de EEUU estaba siendo cuestionado por Rusia y China fundamentalmente. Seguimos analizando los diferentes escenarios con la esperanza de poder plantear una alternativa...

2.2 Yemen

El pasado mes de abril, el ministro francs de exteriores, Laurent Fabius, visit Riad para expresar su apoyo a la lucha de Arabia Saud contra las milicias hutes en Yemen". Das antes, una coalicin liderada por la monarqua saud (coalicin en la que participan pases conocidos por las elsticas de los dos grandes equipos de la Liga espaola) y apoyada logsticamente por Estados Unidos y Turqua, haba comenzado a bombardear el pas vecino en el marco de la llamada Operacin Tormenta Decisiva. La operacin, que tiene el objetivo declarado de apoyar al presidente yemen frente a la insurgencia hut (chi), se ha "destacado" (si bien en crculos muy reducidos) por el elevado nmero de vctimas civiles en bombardeos de los que son objeto edificios como escuelas, mezquitas y hospitales (el ltimo, un hospital de Mdicos Sin Fronteras, fue bombardeado hace una semana), hasta el punto de que Amnista Internacional ha calificado la situacin como "carnicera". El pasado mes de septiembre, la coalicin bombarde el lugar donde se estaba celebrando una boda, en Yemen, causando la muerte a 130 personas, la mayora mujeres y nios1. El suceso tiene su miga por el paralelismo al que invitan tanto la cifra de vctimas (idntica a la del atentado en Pars) como el hecho no poco resaltado, a propsito de la capital francesa, de que estas simplemente estaban divirtindose. Por supuesto, no hubo aperturas de telediarios ni enviados especiales al lugar las 24 horas del da.

Tampoco hubo ampulosas declaraciones presidenciales que hicieran referencia a una guerra entre "civilizacin y barbarie" cuando, pocos das antes, un atentado suicida en una mezquita chi de Sana dejaba 25 muertos. Y apenas se pudieron or, en pleno mes de agosto, las peticiones del secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, para investigar otro ataque areo en el que la vida le fue arrebatada en 54 personas en la provincia de Taiz.

La guerra en Yemen, pas estratgico que conecta el cuerno de frica con Oriente Prximo, ha desencadenado una catstrofe humanitaria de dimensiones espantosas. Segn publicaba Unicef el 2 de octubre, 500 nios habran perdido la vida, hasta entonces, desde el comienzo de la intervencin militar. Por supuesto, el desastre no se agota en la contabilidad de los muertos en un pas que, ya de partida, contaba con suficientes problemas de inseguridad alimentaria: el nmero de nios en riesgo de sufrir desnutricin aguda grave se ha triplicado a lo largo del ao en un pas cuya situacin ha sido calificada como "previa a una tormenta perfecta" por la secretaria ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos de la ONU2

Desde luego, una caracterizacin muy complaciente nos describe el conflicto (si es que lo hace) como una manifestacin acostumbrada de violencia sectaria que ocurre fuera de nuestras civilizadas fronteras y en la cual explotan las tensiones medievalizantes entre musulmanes sunnes y chies, incapaces todos ellos de adoptar sendas modernizadoras. Slo que la Modernidad irrumpe con toda su fuerza deslumbrante cuando, al apartar los escombros de edificios destruidos, aparecen los restos de proyectiles norteamericanos. El pasado 17 de noviembre, cuatro das despus del viernes negro parisino, Estados Unidos aprobaba la venta de armas a Arabia Saud, por valor de 1.290 millones, para que pudiera "reponer suministros" despus de los bombardeos en Yemen. En 2014, Espaa vendi armamento a Arabia Saud por valor de casi 300 millones de euros. No tendra por qu extraar que el sello de "fabricado en Espaa" (marca Espaa?) se documentara a partir de las huellas de cualquiera de las repetidas masacres que protagonizan nuestros aliados saudes. No obstante, tambin se puede confiar en alguien tan poco implicado en los intereses de la industria armamentstica como el ministro de Defensa Pedro Morens, quien sostiene que existen "garantas de uso final" de las armas espaolas. El historial de compromiso saud con los Derechos Humanos debera ayudar a despejar cualquier sombra de duda. Hace pocos das, Amnista Internacional alertaba del anuncio de ejecucin inminente de 50 personas en un slo da.

Sin embargo, la alegra de accionistas de empresas de armamento resulta insuficiente, como motivacin, para explicar la implicacin occidental en la creacin consciente de un infierno humanitario de la mano de Arabia Saud. El temor fundamental de este pas, compartido por Estados Unidos y Francia, es la posibilidad de que al otro lado de su frontera sur pueda establecerse un gobierno alineado con Irn y, por extensin, con Rusia. Comoquiera que los chies son enemigos comunes, en medio del caos y el desgobierno, Al-Qaeda campa ahora a sus anchas por el sur del pas con la tolerancia de los aliados. Tambin el Daesh ha sabido aprovechar un contexto hecho a medida para su avance, y ahora incluso amenaza a los saudes. Como se puede ver, la pelcula se caracteriza por un guin complejo que no implica la simple acusacin de que la Casa Real saud financie directamente a Daesh y este le jure obediencia. No se trata de eso, sino de una poltica exterior que crea las condiciones ideales para el desarrollo de este grupo, en ocasiones a travs del trasvase de militantes y armamento de otros grupos yihadistas que s son directamente apoyados y que, igualmente, pueden colocarse "fuera de control". Otra modalidad de apoyo indirecto deviene del hecho de que quienes se baten cuerpo a cuerpo frente al Daesh sucumben bajo las bombas de los aliados que presuntamente luchan contra el terrorismo. Muchas de estas caractersticas las podemos encontrar tambin en el laberinto sirio.

2.3 Siria

La situacin de Siria es un universo de difcil comprensin en el que confluyen y se manifiestan de manera especialmente dramtica las gigantescas contradicciones que definen el mundo actual, en una interseccin de intereses regionales y globales que alumbran alianzas increbles. Cuatro aos de guerra, hasta ahora, han dejado por el camino ms de 300.000 muertos (el 27% de ellos  nios, segn un estudio publicado en el mes de septiembre por la revista British Medical Journal) y cuatro millones de refugiados. Ms de dos millones se encuentran en Turqua y Jordania, cifras que sitan la medida de la solidaridad  de una Europa (un compromiso incumplido de acogida a 150.000 personas) tan directamente implicada en la generacin del problema.  De que hay una guerra en ese lugar tan lejano apenas tenemos ocasin de tener noticia cuando las olas de refugiados llegan a Europa o cuando los coletazos de la estrategia del caos llegan a nuestro territorio en forma de brutales atentados como los que con frecuencia suceden fuera del mismo, gracias a la poltica de desestabilizacin inducida en una regin entera a lo largo de aos.

 Pero cuando llegan las noticias, generalmente lo hacen, tambin, a partir del impulso de motivaciones poco inocentes: el hecho de que apenas hayamos odo algo sobre refugiados hasta el pasado verano, despus de la firma del acuerdo nuclear de Occidente con Irn y de la apertura de la posibilidad de permanencia de Al-Assad en el poder, llama a preguntarse si la apertura del grifo por parte de Turqua no responde al uso del drama de los refugiados como medida de presin para que intensifique su implicacin en el derrocamiento de Al-Assad, toda vez que Obama parece haber perdido inters a favor de otras zonas, adems de a otro tipo de motivaciones. Haya o no relacin entre una cosa y otra (lo podr determinar el lector), Turqua acaba de obtener 3.000 millones de euros de la UE a cambio del compromiso de controlar las fronteras, mientras se negocian otras aspectos relativos a la movilidad de su poblacin dentro de la UE o al proceso de adhesin del pas a la comunidad. Por su parte, Alemania, el pas ms afectado por el flujo humano, hasta el punto de haber abierto una grieta en la antes inquebrantable popularidad de Angela Merkel, marcha ahora militarmente hacia Siria con sus tropas y aviones, despus del ya incontestable impulso desencadenado tras los atentados de Pars.

 Bien merecera un captulo aparte el papel en la guerra siria de Turqua (miembro de la OTAN), que recientemente se colocaba en primer plano, de nuevo, por el derribo de uno de los aviones rusos que, en apoyo de Al-Assad, combaten al Daesh y, segn parece, a otros grupos de la oposicin moderada. Nunca se podr determinar muy bien dnde se sita la frontera de la moderacin, porque dentro de esta categora se ha permitido, segn las circunstancias, situar a grupos como el Frente Al Nusra (rama de Al Qaeda en Siria), fundado (por seguir abundando en la relacin entre desestabilizacin y auge de grupos yihadistas) en enero de 2012. En un cnclave de los autodenominados Amigos de Siria (un novedoso ejercicio paradiplomtico surgido a partir del bloqueo sino-ruso al amparo de la ONU a la intervencin en Siria), el ya citado ministro francs Fabius declar, en diciembre de ese mismo ao, que los muchachos de Al Nusra hacen un buen trabajo sobre el terreno. Para entonces, el grupo ya contaba en su currculum con grandes actuaciones en forma de atentados contra las fuerzas de seguridad sirias que haban costado la vida a docenas de personas, incluyendo civiles. Sin duda, un dato interesante, porque el tipo de acciones que merecen la ms rotunda condena y la ms sentida conmocin cuando se producen dentro de nuestras fronteras, son buenos trabajos si llevan a cabo en otros lugares.

La simpata que en su tiempo han despertado los muchachos de Al Nusra puede tener que ver con su compromiso de no extender globalmente la yihad, limitando su campo de accin a Siria y al sur de Lbano, donde combaten y ayudan a debilitar a Hizbul. Esta oportunidad est detrs, por su parte, de la intervencin de otro actor regional fundamental, interesado como el que ms (donde el que ms podra ser la monarqua saud) en la ruptura del eje Tehern-Damasco-Hizbul: Israel. Las complejidades de la guerra en Siria son capaces de hacer saltar por los aires todos los esquemas, como los que nos prevendran de dar credibilidad a una alianza entre Israel y Al Qaeda que de hecho se produce en funcin del citado inters comn: en reiteradas ocasiones, el diario israel Haaretz ha dado cuenta de la colaboracin logstica del ejrcito de su pas con el Frente Al Nusra, de la coexistencia pacfica de las bases de unos y otros en los Altos del Goln, y de la provisin de asistencia sanitaria en Israel a los milicianos heridos del frente yihadista.

El derribo del avin por parte de Turqua ha desencadenado una contraofensiva rusa a base de declaraciones y presentacin de pruebas de colaboracin entre el gobierno de Erdogan y el Daesh, con muestras de la libertad de movimiento y aprovisionamiento de que disfrutan los milicianos en las zonas fronterizas o la tranquilidad con la que se produce el contrabando de petrleo en la zona, una de las principales fuentes de financiacin del Daesh, a unos precios indudablemente irresistibles. De hecho, algn alto cargo ruso ha insinuado que el enfado turco que motiv el derribo del avin tena como motivo el bombardeo ruso a la infraestructura de transporte del petrleo del Daesh, del que tanto se beneficia Turqua. Ninguna de estas acusaciones adquiere relevancia en nuestros medios, ms all de que tengan fundamento o se las quiera tomar como mera propaganda de guerra de la otra parte (lo cual implicara reconocer que la otra parte no es estrictamente el terrorismo yihadista). Lo cierto es, en cualquier caso, que para un acto de tal calibre como el derribo de un avin militar ruso (y, no se olvide, el abatimiento a tiros de su piloto) la motivacin principal ha de hallarse necesariamente alejada de la lucha antiterrorista, lo que confirma el carcter del territorio sirio (con su poblacin como principal vctima) en un entramado de intereses geopolticos cuyas dimensiones llevan a algunos a hablar de que se trata del conflicto de mayor magnitud de la Segunda Guerra Mundial. El nuevo escenario abierto con la intervencin rusa habra podido dar lugar a un escenario de salida negociada en el que podra implicarse el mismo Obama, interesado, como ya se ha sealado, en otras latitudes. Eso supondra una solucin inaceptable para muchos pases de la regin como Arabia Saud y Turqua, pero tambin para otros sectores influyentes de una poltica estadounidense cuyos planteamientos no son necesariamente homogneos. Tampoco parece el escenario idneo para Francia que, hay que sealarlo aunque sea obvio, no entr en Siria como respuesta a los atentados del 13 de noviembre, sino que ya estaba all desde mucho antes jugando su partida.

3. La Guerra Permanente

Como sealamos al principio, a partir de los atentados de Pars del pasado mes de Noviembre, se ha puesto sobre la mesa por parte de Francia y del resto de pases de la Unin Europea la necesidad de iniciar acciones militares contra esa nueva amenaza que sustituye a Al Qaeda en el imaginario del mundo occidental. Se habla abiertamente de iniciar una guerra, trmino que en las actuales circunstancias puede ser aceptado por gran parte de la poblacin a la vista de los brutales actos ocurridos en la capital gala y del estado de miedo e inseguridad instalado desde entonces, pero obviando el hecho de que esta guerra, como hemos venido mostrando se inici hace dcadas y en su origen estamos implicados, directa e indirectamente, desde Occidente.

Estrictamente, por tanto, estamos hablando de un nuevo episodio de una guerra a largo plazo, en la que ya estamos inmersos aunque no seamos plenamente conscientes, bien porque solo se presenta cada cierto tiempo en las calles de Europa, con formas distintas, o bien porque sus consecuencias diarias aparecen mencionadas fugazmente en las noticias occidentales como conflictos remotos y sin relacin con nosotros.

Si por un momento, como se empean en hacer los gobiernos y los medios de comunicacin de masas en Occidente, intentramos encontrar una solucin a este episodio, como si fuera algo aislado y cuya nica causa radicara en la existencia de una amenaza terrorista a la que nunca antes nos hubiramos enfrentado, se haran ms evidentes las contradicciones y las mentiras que suelen ser habituales en estos anlisis intencionadamente sesgados.

Una guerra se inicia fundamentalmente para ganarla, siempre que no pueda evitarse. Desde este punto de vista estrictamente militar, cuestionando que se hayan dado los pasos adecuados para evitarla, parece difcil que la intervencin contra Daesh vaya a dar un resultado positivo, y menos en un corto periodo de tiempo. Aunque en principio bombardear objetivos militares y civiles (ya que no podemos caer en el cinismo de creer que los misiles occidentales no producen "vctimas colaterales", ni siquiera con el despliegue de nuevo material armamentstico hecho por Rusia) puede parecer un mecanismo eficaz para lograr la derrota del Daesh, son numerosas las voces de expertos militares que sealan que no ser suficiente, por lo que la intervencin sobre el terreno ser el siguiente e inevitable paso. Incluso la hemeroteca se empea en descartar los bombardeos contra Daesh como una opcin real para acabar con el conflicto: han servido de algo los 200 bombardeos que ha realizado Francia sobre posiciones de Daesh en Siria entre septiembre y noviembre del 2014? Esto debera hacernos recordar episodios no tan lejanos: Afganistn e Irak.

Con estos antecedentes de operaciones prolongadas, que an no han acabado, con numerosas bajas occidentales (y cientos de miles de vctimas civiles), inestabilidades polticas, crisis econmicas y sociales en los territorios intervenidos, etc., es difcil pensar en un conflicto en el que los pases occidentales vayan a resultar victoriosos. Es ms, parafraseando al personaje policial que en la serie "The Wire" reflexiona sobre la "Guerra contra las drogas", "A esto no se le puede llamar guerra: las guerras acaban".

Y siendo conscientes de que: 1) el Daesh no slo despierta terror entre las poblaciones sunnitas sino tambin, en algunos casos, un cierto grado de adhesin que se deriva de la provisin de seguridad y de servicios inexistentes en momentos previos, gracias al desmantelamiento de las realidades estatales mediante la guerra; y 2) no hay una lgica que aglutine a los distintos pases que intervienen en el conflicto, dada la disparidad de intereses enfrentados, es evidente que nos encontramos ante un nuevo episodio que sumar a la larga lista de intervenciones permanentes que se ha convertido en el escenario habitual de la poltica internacional.

Existen otras medidas, que se han puesto sobre la mesa, para enfrentar la amenaza de Daesh, aunque tampoco puedan ser del todo eficaces. Se est reclamando el corte de la financiacin y el aprovisionamiento del Daesh. Sin embargo, esta medida choca de lleno con la actividad que actualmente estn desarrollando supuestos socios occidentales como Arabia Saud, Qatar y Turqua.

Tambin se pide lograr un acuerdo poltico entre las fuerzas opositoras sirias y el Gobierno de Al-Assad, lo que consolidara la posicin de ste ltimo y sera apoyado por Rusia y China. Sin embargo, no parece que Occidente ni especialmente sus aliados en la zona estn dispuestos, a pesar de los "esperanzadores" acuerdos en la ONU, a mantener una posicin de dilogo claro con el gobierno sirio. El peridico republicano New York Post lleg a pedir la dimisin de Obama si no era capaz de "liderar a Occidente y derrocar a Al-Assad"3 a pesar de que las fuentes de la inteligencia militar norteamericana aceptan la derrota de la estrategia de armar a los rebeldes a Al-Assad y confirman la utilidad de una negociacin convergente con los intereses rusos y chinos4.

Vista la dificultad de una operacin rpida y exitosa, la falta de voluntad para una salida negociada y la ms que probable implicacin de Occidente en un nuevo episodio militar en Oriente Medio, cabe preguntarse cul es la estrategia de fondo que justifica estos hechos, as como el papel jugado por Rusia y China en los acontecimientos tras los atentados de Paris. Y todo indica que este episodio de la guerra permanente que responde a complejos intereses geopolticos y econmicos globales est muy alejado de ser nicamente la respuesta lgica a un atentado.

Segn la habitual doctrina geopoltica norteamericana, expuesta por Zbigniew Brzezinski en su libro El gran tablero mundial5, la regin de Eurasia es el gran tablero de juego territorial donde se desarrolla la lucha por la hegemona mundial y donde participan jugadores geoestratgicos indispensables como Alemania, Francia, China, Rusia y Estados Unidos. As, quien domina esta regin est en condiciones de asegurar un dominio a nivel mundial prolongado.

Es por ello, que no hay regin geogrfica que defina mejor los intereses geoestratgicos de EEUU que Eurasia. Para concretar geogrficamente la regin que ocupa Eurasia es necesario contemplar tres zonas: por un lado, Europa Central que comprende Turqua y Ucrania, por otro Oriente Prximo, que comprende la Pennsula Arbiga y el Golfo Prsico; y por ltimo, Asia Central, que comprende el Mar Caspio y el Mar Negro. Obviaremos en esta definicin los grandes actores o centros de poder como la UE, Rusia, Japn, India y China puesto que son pases que compiten por el control de la regin euroasitica y sus recursos energticos, y en donde EE.UU. ver desafiado su capacidad para ejercer su poder.

Eurasia posee el 72 por cien de las reservas mundiales tanto de petrleo como de gas y divide el megacontinente en dos, dejando por un lado los consumidores ms tradicionales de Europa y, por el otro, los nuevos consumidores de Asia oriental y meridional. La importancia de Eurasia radica en que se trata, sin duda, de la franja de tierra con ms recursos energticos y, por tanto, la ms influyente en el futuro geopoltico energtico del planeta, por lo menos en lo que se refiere a los hidrocarburos tradicionales.

La parte inferior de esta zona (Oriente Prximo) sigue siendo la ms poderosa en el terreno del petrleo, con el 62 por cien de las reservas probadas del mundo y el 31 por cien de su produccin, frente al 10 por cien y al 14,5 por cien, respectivamente, en la parte superior (Asia central y Rusia). Por otro lado, la parte superior tiene su ventaja comparativa en el terreno del gas: Asia central y Rusia cuentan con el 32 por cien de las reservas y el 28 por cien de la produccin mundial, mientras que Oriente Prximo tiene el 41 por cien y el 10 por cien, respectivamente.6

Por tanto, se puede afirmar que Eurasia es la clave de esta partida en dos sentidos; uno, que es el centro de una regin geoestratgica, de la cual, se puede desplazar poder fcilmente hacia otras regiones; y el otro, que es una regin de importantes recursos energticos donde confluyen diferentes intereses de las potencias como Rusia, China, India, UE y EE.UU, lo cual la hace una regin de extrema importancia en el juego internacional de poder y una zona donde, sin duda, tendran lugar los acontecimientos internacionales ms importantes en un futuro prximo.

Si bien es cierto que la hegemona mundial de Estados Unidos es bastante amplia e importante, tambin lo es que se trata de una hegemona poco profunda, que se limita solo a una influencia pero no a un control. An poseyendo el poder militar con mayor capacidad de proyeccin internacional en el planeta, un presupuesto militar mayor que el de cualquier pas y siendo el lder en la revolucin del sector militar basada en la informacin, el poder norteamericano se encuentra con grandes limitaciones internas y externas, especialmente en los ltimos aos, tras el fracaso de la Organizacin Mundial del Comercio (OMC) y su frustrada bsqueda de hegemona comercial y en medio de la crisis econmica en Occidente (ya hemos sealado que una respuesta a esta situacin viene de la mano de los tratados de libre comercio como el TTIP y el TPP). Pero es que adems su poder econmico y militar se ve especialmente cuestionado en la regin Euroasitica debido a la presencia de otros importantes actores que lo limitan: pases con potencial como la UE, Rusia, India o China; o bien, estructuras internas que no permitan desplegar su poder directamente. Y como hemos visto, desde un punto energtico y econmico, el control de la regin garantiza la seguridad energtica, la cual para EEUU es una prioridad en su poltica exterior y de seguridad y justifica el uso de la fuerza militar. Por tanto, el principal objetivo a nivel geoestratgico de EEUU es asegurar el flujo de abastecimiento de energticos, y para ello es necesario disponer de una fuerza militar capaz de actuar con rapidez donde este se encuentre en peligro.

Las distintas estrategias militares, en clave de una "guerra permanente y global", para conseguir el cerco y el control de Eurasia han ido desarrollndose en las ltimas dcadas a la par que se fortaleca la influencia de la OTAN y su presencia en el proceso de integracin europea, que han convertido especialmente a Francia y Alemania en aliados imprescindibles a la vez que en enemigos a los que controlar. As, el proyecto de escudo antimisiles cerca de la frontera con Rusia ha seguido amplindose, tal como estaba previsto originalmente en la dcada de los 90, e implicar una armada naval de buques rodeando Eurasia desde el Mar Bltico, el Mar Negro y el Mediterrneo Oriental hasta el Golfo Prsico, el Mar de China Meridional y el Mar Amarillo. Los componentes terrestres del escudo antimisiles tambin se han ido ampliando hasta estar presentes en los Balcanes, Israel, Corea del Sur y Japn. Al mismo tiempo, las tres naciones principales de Eurasia, Rusia, China e Irn, rodeadas por un anillo de bases militares estadounidenses, alianzas militares y gobiernos hostiles y armados apoyados tanto por el gobierno como por el ejrcito estadounidense (los episodios de Ucrania, Osetia del Sur y la oleada de las llamadas revoluciones de colores desde Lbano y Moldavia al Centro y el Sudeste Asitico son parte integral de esta confrontacin geopoltica), se han ido acercado el uno al otro e impulsado un frente unido en Eurasia contra Estados Unidos.

Si llegara a cumplirse la expectativa de una China como superpotencia mundial en los prximos aos, entonces la materializacin de una slida alianza euroasitica compuesta por Rusia, Irn, India y China dara lugar sin duda a una megapotencia euroasitica. En esa lnea, se han articulado herramientas como la OCS (Organizacin de Cooperacin de Shanghai, fundada en 2001 por Rusia, China y los pases de Asia Central y a los que posteriormente se sumaron India, Pakistn, Irn y Afganistn) y la Organizacin del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC, reagrupando a Rusia y varias ex repblicas soviticas), movindose hacia una posible fusin para contrarrestar a la OTAN.

El rival que puede discutir la hegemona norteamericana y hacia el que se dirigen toda la estrategia de enfrentamiento es China, pero se trata de un enfrentamiento latente que ni EEUU ni el gigante asitico quieren hacer evidente. El movimiento clave en esta fase para EEUU es el bloqueo de Rusia, herramienta fundamental para el establecimiento de una hegemona china, tanto directamente en el terreno militar como indirectamente, impidiendo el desarrollo de alianzas econmico-militares con otros actores, tanto en la zona asitica (Irn, Afganistn, Siria, India) como en la europea (Francia, Alemania).

Como muestra de lo trascendental del enfrentamiento con China y la importancia de la lucha por el control de Eurasia, cabe destacar lo que estratgicamente supone para la OTAN en toda esta partida Afganistn, donde la ocupacin por parte de EEUU y sus aliados se ha convertido en la guerra ms larga y costosa de su historia, adems de provocar un nmero inusitado de vctimas civiles. La ocupacin de Afganistn comienza precisamente en 2001, coincidiendo con la fundacin de la OCS, con argumentos estriles en el marco de la "guerra contra el terrorismo", y ha ido modificando su objetivo inicial en funcin de la estrategia global de EEUU. Actualmente, la presencia de la OTAN en el terreno, con sus nueve bases militares, est orientada al control de Irn, Pakistn y las antiguas repblicas soviticas, al mismo tiempo que busca el aislamiento de China desde el sur y el oeste. China se enfrenta as al escollo de ver como, por un lado, el control de la OTAN de una de sus fronteras, posibilita el paso de fundamentalistas a su territorio y se dificulta la explotacin de gas y petrleo por parte de compaas rusas y chinas, mientras que a largo plazo, aparece una nueva dificultad para poner en marcha el proyecto de Ruta de la Seda y el Cinturn Econmico del Siglo XXI (RSCES).

La salida china pasa por el fortalecimiento de Rusia, a travs de la Unin Econmica Euroasitica, coordinando sus proyectos a travs de OCS y el Espacio Econmico Comn que estn creando en Eurasia; de Pakistn, favoreciendo su alejamiento de EEUU; de Afganistn, entregando ayudas econmicas y desarrollando proyectos de explotacin en diferentes zonas del pas, e incluso de Turqua, con proyectos econmicos en los puertos turcos. Al mismo tiempo, China sigue recibiendo el suministro energtico que necesita desde Libia, Sudn, Yemen, Irn e Irn, todos actores nombrados en este trabajo. Queda claro que el aislamiento de China se torna cada vez ms difcil para la OTAN.

Analizado superficialmente este tablero global, la posicin de Alemania y Francia, y del conjunto de la UE, queda definida claramente como subordinada a los intereses norteamericanos, reservndosele el papel de actor secundario en el lado oeste de Eurasia para fortalecer o suplir las aspiraciones de EEUU. Sin embargo, de forma pasiva, su papel de pivote para asegurar el control de Eurasia es fundamental tanto para EEUU como para China.

Francia se ve forzada a una intervencin militar con una serie de aplicaciones constitucionales previas para la concesin de poderes plenos al Presidente que, dada la profunda crisis poltica que atraviesa, puede poner en serios aprietos a un rgimen. Este escenario, que favorece a Sarkozy y frena el ascenso de Le Pen, se alinea con el objetivo estadounidense de neutralizar a Francia, nico pas europeo con fuerza militar para reorientar la evolucin de la UE hacia un eje estratgico con Rusia y Alemania, la cual sigue desojando la margarita entre sus intereses empresariales y energticos con Mosc y el mantenimiento de la hegemona econmica en la zona Euro.

Los ciudadanos franceses podran llegar a renunciar de forma voluntaria a parte de sus derechos polticos y preferir una figura como Sarkozy, que recupera el eje atlntico, el refuerzo de la UE (Alemania) y la OTAN como referentes econmicos y militares, para frenar la "amenaza" yihadista, mientras que se permite a su pas formar parte del reparto de Siria posterior a la invasin.

EEUU podra lograr un viraje en el conflicto militar, al restar protagonismo a Rusia en su enfrentamiento con Daesh, y recuperar su posicin en el control sur de Eurasia, reforzando la legitimidad y el papel fundamental de las bases militares de la OTAN en Turqua y en Espaa. Al mismo tiempo, Obama sale vencedor en su defensa de la importancia de Siria como escenario de desgaste de Rusia e Irn.

Alejndonos solo por un momento, y no demasiado, del tablero geopoltico, tantos las causas como las consecuencias de toda esta historia tienen tambin un aspecto econmico global que no debemos olvidar. Un anlisis del proceso capitalista de mantenimiento de la tasa de beneficio, que est por encima de los Estados (elementos que solo sirven para el control de la poblacin y el empleo de fuerza militar), nos lleva a similares conclusiones que las analizadas anteriormente.

En este plano de anlisis, el enfrentamiento por los recursos productivos se produce entre la fuerzas oligrquicas nacionales, tradicionalmente vinculadas al capital productivo, y las fuerzas capitalistas globales, vinculadas al capital ficticio, que en las ltimas dcadas gracias a la financiarizacin y otros procesos, viene imponindose. Si los recursos se encuentran en Eurasia, all se asientan tambin los grandes ncleos del capital productivo (China y en menor medida Rusia y la antigua Alemania del Este). Es fcil analizar la presencia de estos dos ncleos de poder detrs de todos los enfrentamientos que hemos ido observando en este trabajo, desde Asia central y occidental hasta frica septentrional. En algunos casos han compartido objetivos y ganancias destruyendo estados y esquilmando sus recursos mientras que en otros se han enfrentado por una parte del botn.

Sin embargo, existe una zona donde su intereses se enfrentan directamente, dado que constituye el pivote sobre el que bascula la hegemona sobre Eurasia: Europa, es decir, la UE o ms concretamente Alemania y Francia.

Alemania es una parte dependiente del capital ficticio, gracias al cual mantiene su control econmico sobre la Eurozona y mantiene las ganancias a pesar del debilitamiento de su sector productivo, anclado fundamentalmente en la Alemania del Este. El sector productivo, sin embargo, conserva una capacidad de influencia suficiente para amenazar continuamente con equilibrar la balanza de su lado, y por tanto a recuperar su relacin privilegiada con Rusia, de la que depende para obtener los recursos. Este es el motivo del golpe de estado en Ucrania y del alejamiento de Rusia y Alemania y, por ende, de Europa. La adopcin de medidas econmicas contra Rusia, auspiciada por el capital ficticio, supuso para la UE una profundizacin en la recesin econmica que lastr al sector productivo, fundamentalmente el alemn.

Francia representa la predominancia del sector financiero (y tambin militar) frente a un sector productivo destrozado tras dcadas de neoliberalismo feroz desarrollado por la socialdemocracia. Por tanto, es el pas de referencia para el bloque de capital ficticio a la hora de intervenir en Europa. Esto explica el papel fundamental de Francia a la hora de imponer el TTIP, que asegura el predominio comercial de EEUU y debilita el sector productivo europeo (alemn), nico que sigue presentando resistencias al tratado. Por si hay alguna duda, los negociadores de la UE en el TTIP, con destacada presencia gala, buscan vas alternativas de obtencin de recursos ante el probable cierre del eje Mosc-Berln. As, estn estudiando la posibilidad de la importacin directa de gas y petrleo desde EEUU7.

La cuestin fundamental es la si la decadencia del sector financiero, por la crisis econmica mundial, podr ser frenada y se podr lograr una recuperacin de la tasa de beneficio perdida en los ltimos aos. Y ese es el dilema de base al que se enfrentan Francia, Alemania y la UE. De no ser as, una recuperacin de poder del sector productivo, con una influencia importante de China y Rusia, nos abocara a un capitalismo de Estado que se ha ido preparando mejor para la transicin postcapitalista hacia una sociedad ms sostenible.

No obstante, queda mucho camino por recorrer en esta partida de ajedrez de la guerra permanente, en la que pases como Espaa adems de subalternos, viran sus polticas en funcin de intereses que le son ajenos, sin tener una perspectiva nacional y regional de futuro y, por supuesto, menos an de clase.

4. La alternativa: Rajar la camisa de fuerza de la Unin Europea (UE) y echar arena de las playas del Sur de Europa en la maquinaria de la OTAN y sus bases para construir un Mediterrneo de paz, neutralidad y cooperacin

En otros artculos (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=205635) hemos hecho referencia a la imposibilidad para los pases del sur de Europa de desarrollar una poltica autnoma y soberana en el marco de la UE y de las consecuencias sociales, polticas y econmicas que conlleva para los mismos el papel impuesto de periferia frente a un centro acreedor y exportador a cuyo gusto funciona la arquitectura de la Unin. La UE no ha detenido, ni mucho menos, la plasmacin de esos intereses centrales en la sujecin de los pases comunitarios de la orilla norte del Mediterrneo, sino que, a lo largo de los aos 90 del siglo pasado, supo leer la oportunidad que brindaban los territorios extracomunitarios de la ribera sur. En 1995, la Conferencia de Barcelona anunci la creacin de un partenariado euromediterrneo como zona de prosperidad compartida, con el objetivo, a medio de plazo, de poner un funcionamiento una Zona Euromediterrnea de Libre Comercio para el ao 2010. Se trataba, en definitiva, de poner en marcha mecanismos de asimetra y dependencia similares a los que caracterizan a otros tratados de comercio, e incluir en la esfera de influencia econmica y geopoltica a una regin clave que, por cuestiones culturales, no podra tener encaje en la institucionalidad de la UE propiamente dicha. Las consecuencias de ese tratado para los pases asociados mediterrneos no se hicieron esperar ms que unos pocos aos, escaseando las consecuencias positivas del proceso: el avance en la convergencia econmica entre las partes del partenariado ha sido inexistente mientras que ha aumentado la proporcin de poblacin desprotegida y vulnerable.

Las reformas impuestas en los aos 90 implicaron un considerable aumento del coste de la vida, de la precariedad y del desempleo, fundamentalmente como consecuencia de la eliminacin de subvenciones, las reformas laborales y la reduccin del sector pblico, sin que ello haya supuesto ventaja comercial alguna sino, al contrario, una agudizacin del dficit comercial con respecto a la UE, derivada de una contraccin del sector industrial sometido a un proceso de especializacin para la exportacin. Sin duda, la msica nos suena, pero suena con un eco distinto en una zona en la que, segn el Banco Mundial, habra que haber creado cien millones de empleos para absorber los niveles de paro y de constante incorporacin al mercado de trabajo de una poblacin juvenil gigantesca. Por cierto, en un contexto de frustracin de esperanzas y de prdida de horizontes de gran parte de la poblacin juvenil, a lo que se une el retroceso de los servicios pblicos y de agentes de la sociedad civil como los sindicatos, muchos grupos yihadistas encuentran grandes oportunidades.

La situacin de subalternidad de los pases del sur de la UE implic una neutralizacin de energas productivas que se acrecentaba al ignorar las posibilidades de cooperacin regional con los pases de la orilla sur del Mediterrneo y, al mismo tiempo, inclua a pases como Espaa, Grecia o Italia en dinmicas expansivas del Norte que en nada les favorecen. De esta manera, pases que habran podido jugar un papel determinante de cara a atenuar la presin migratoria, a evitar la desestabilizacin regional y la confrontacin militar (adems de caldos de cultivo de terrorismo) y a emprender una dinmica autnoma ms coherente con la lgica de cooperacin Sur-Sur, vieron neutralizadas su capacidades. Slo algunos movimientos sociales de ambas orillas comenzaron a abrir una perspectiva regional alternativa a partir de la celebracin del Foro Social del Mediterrneo en el 2005 pero, por desgracia, la iniciativa no termin de cuajar.

El llamado Proceso de Barcelona, por su parte, slo avanz dando bandazos en medio de contradicciones hasta que los pases de la orilla sur del Mediterrneo comenzaron a buscar alternativas que encontraron en China: Argelia, Marruecos, Tnez y Siria firmaron en 2008 importantes acuerdos econmicos con el gigante asitico.

A partir de 2003, la UE haba ido abandonando su compromiso mediterrneo sustituyndolo por las Polticas de Vecindad, que corresponden a un inters de control poltico-militar de las reas circundantes, en lnea con lo que EE.UU estaba llevando a cabo con sus guerras. La llegada de Obama a la presidencia de EE.UU supuso una revisin de la poltica estadounidense (como se pudo ver en su discurso en la Universidad de El Cairo de 2009) para volver a coger las riendas de la situacin con una mayor atencin a los problemas socio-econmicos del rea mediterrnea y el riesgo social y demogrfico, que llevaron a la revuelta rabe en el rea mediterrnea. Los dos pases en mayor riesgo eran Egipto y Siria. Se impulsan las revueltas en nombre de la democracia, que se extienden a Tnez y Libia, volviendo a dar el poder a una dictadura militar en Egipto y consiguiendo los xitos democrticos ya conocidos. De Siria ya hemos hablado un poco.

Europa apoya de forma incondicional esta estrategia estadounidense. Miles de jvenes van a combatir a Siria desde muchos pases de Europa mientras que la desestabilizacin del rea y los bombardeos de Occidente refuerzan los movimientos migratorios hacia Europa, que generan nuevos conflictos entre pases europeos. En fin, la estrategia de desestabilizacin propia de la Globalizacin termina afectando a la propia UE como sealan los ltimos acontecimientos de Pars. Ahora nadie controla ya la dinmica de las fuerzas sociales, econmicas y militares que estn operando, cada uno intentando sacar ventaja y protegerse del tsunami que se ha generado en un crculo vicioso que se prolonga. Los vencedores son la industria militar, las transnacionales que rapian el continente africano y los EE.UU que han consolidado su papel de gendarme en defensa de los valores occidentales. As se ha llevado a cabo el suicidio de Europa. La guerra y la pobreza que Europa ha exportado al mundo durante al menos dos siglos han retornado a casa, un final que ha llevado a esta amarga declaracin de Bruno Amoroso, economista y ensayista italiano-dans que desde el Centro de Estudios Federico Caff de la Universidad impuls un mayor conocimiento del rea Euro-Mediterrnea: Hoy, en Occidente, Cultura significa Hipocresa y Democracia significa Complicidad con el crimen. Ahora es el momento de hacer streap-tease de nuestro humanismo, con sus insoportables masturbaciones sobre el Universalismo, los Derechos Humanos y la Solidaridad, despus de haber destruido las bases materiales para que cada una de ellas se realice8.

La governanza de los nuevos poderes se asegura hoy por las instituciones militares (OTAN), el complejo energtico, industrial y tecnolgico y otros pocos centros del poder financiero internacional. Impedir que funcione sta governanza echando arena en sus mecanismos y destruyendo sus instituciones, es el paso necesario para volver a dar espacio de democratizacin y oxgeno a los estados nacionales, hoy sofocados en Europa en una camisa de fuerza de la Unin Europea.

Las guerras y el enorme ejrcito de reserva de mano de obra barata que suministran las migraciones, son los instrumentos que la Troika utiliza para impedir que las crisis se transformen en procesos de solidaridad entre los pueblos. Para poner fin a la masacre y al empobrecimiento de las gentes hay que impedir que el Banco Central Europeo (BCE), dirigido por sicarios y encapuchados de las finanzas, que alimenta las guerras y asegura con el chantaje la dependencia de los gobiernos de la Troika, siga funcionando. La organizacin de un movimiento de desobediencia civil y de solidaridad activa debe iniciarse en la zona Euro-Mediterrnea contra el BCE y la OTAN, declarando la Guerra a la pobreza.

El 7 de noviembre de 1991, tras la primera guerra del Golfo (en la que la OTAN particip, no oficialmente, aportando fuerzas e infraestructuras militares), el Consejo Atlntico aprob el Nuevo Concepto Estratgico, reiterado y oficializado en la cumbre de abril de 1999 en Washington, que compromete a los pases miembros a llevar a cabo operaciones militares en respuesta a las crisis no previstas en el artculo 5, fuera del territorio de la Alianza, por razones de seguridad global, econmica, energtica y migratoria. De una alianza que obliga a los pases miembros a apoyar tambin militarmente al pas que sea atacado en el rea atlntica del norte, la OTAN se convierte en una alianza que prev la agresin militar. La nueva estrategia fue llevada a cabo con las guerras en Yugoslavia (1994-1995 y 1999), en Afganistn (2001-2015), en Libia (2011) y las acciones de desestabilizacin en Ucrania, en alianza con las fuerzas fascistas locales y, tambin, en Siria. El Nuevo Concepto viola los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Saliendo de la OTAN, Espaa se desenganchara de esta estrategia de guerra permanente, que daa nuestros intereses nacionales. La pertenencia a la OTAN priva a Espaa de tomar decisiones autnomas en poltica exterior y militar. El cargo militar ms elevado de la OTAN, el de Comandante supremo aliado en Europa, corresponde siempre a un general estadounidense nombrado por el presidente de los EE.UU. Y tambin las responsabilidades clave de la OTAN se atribuyen a altos oficiales estadounidenses. La OTAN est comandada realmente por los EE.UU que la usan para sus propios fines militares, polticos y econmicos.

La pertenencia a la OTAN refuerza la subordinacin de Espaa a los EE.UU, ejemplificada por la red de bases militares USA/OTAN en nuestro territorio que lo ha convertido en un portaviones estadounidense en el Mediterrneo. Especialmente grave es que en algunas de estas bases haya bombas nucleares estadounidenses. En Turqua la OTAN tiene 20 bases militares, reforzadas con bateras misilsticas estadounidenses, alemanas y espaolas, en condiciones para abatir aviones en el espacio areo de Siria como se ha visto recientemente con el derribo del avin militar ruso.

La Espaa integrada en la OTAN destin 64 millones de euros diarios al gasto militar en 2015 (502 euros por habitante al ao), superando el 2% del PIB que exige la OTAN a los pases integrantes. Es un colosal desembolso de dinero pblico que se sustrae al gasto social. El gasto militar genera una burbuja militar, una deuda pblica de 8.722 millones de euros, cantidad superior, por ejemplo, a la reduccin del gasto municipal entre 2013-2019 previsto en la Ley de Racionalizacin y Sostenibilidad de la Administracin Local (LRSAL) derivada de la aplicacin de las polticas de austeridad que lesionan gravemente a los ayuntamientos.

Saliendo de la OTAN, apostando por la neutralidad y un modelo de defensa defensivo, reconvirtiendo la industria militar hacia la fabricacin de bienes socioecolgicamente necesarios, Espaa volvera a conseguir recuperar su soberana y a estar en condiciones de desempear el papel de puente de paz en el Mediterrneo, frica y Oriente Medio. Un nuevo pacifismo que se precie no puede dejar de atender al complejo de dimensiones que presentan los conflictos del mundo actual y a las consecuencias estructurales que implican la pertenencia a instituciones como, fundamentalmente, la OTAN, pero tambin, y dado el papel que hemos analizado a lo largo de este artculo, a la Unin Europea.

Notas:

1 http://www.elmundo.es/internacional/2015/09/28/56094880e2704e50108b459c.html

2 http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/noticias/yemen-mas-de-500-ninos-han-muerto-en-los-6-meses-de-conflicto

3 Michael Goodwin. Its time for Obama to make a choice: Lead us or resign. New York Post. 14 de noviembre de 2015. http://nypost.com/2015/11/14/its-time-for-obama-to-make-a-choice-lead-us-or-resign/

4 http://www.lrb.co.uk/v38/n01/seymour-m-hersh/military-to-military

5 Zbigniew Brzezinski. El gran tablero mundial: la supremaca estadounidense y sus imperativos geoestratgicos. Grupo Planeta (GBS), 1998.

6 Isbell Paul. (2006): El gran creciente y el nuevo escenario energtico en Euroasia, Poltica Exterior, 110, Marzo/Abril 2006, p.105.

7 http://www.theguardian.com/environment/2015/nov/26/ttip-talks-eu-alleged-to-have-given-exxonmobil-access-to-confidential-papers

8 Libert, fraternit, uguaglianza Quello che resta di due secoli di dominio europeo Bruno Amoroso, 2 Dicembre 2015. http://sinistrainrete.info/estero/6181-bruno-amoroso-liberta-fraternita-uguaglianza.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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