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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2016

Texas, la ley de la jungla

Editorial de La Jornada
La Jornada


Una ley firmada a principios de 2015 por el gobernador de Texas, Greg Abbott, que entrar en vigor el primer da de enero, permitir a los propietarios con licencia de armas de fuego de mano llevarlas a la vista en las calles y en diversos lugares pblicos. Solamente quedan excluidos de la disposicin los bares y los locales empresariales que decidan prohibir el ingreso de personas que lleven a la vista pistolas o revlveres, los tribunales y los recintos deportivos. Aunque algunas organizaciones religiosas decidieron vetar la portacin de esas armas en sus iglesias como lo hizo la dicesis catlica de Dallas para los 75 templos que estn bajo su control, otras, como las bautistas, no pusieron ningn reparo a la exhibicin de armas de fuego.

Paradjicamente, no hay en el estado restriccin alguna para llevar a la vista armas largas, como los rifles de asalto del tipo Ak-47 o AR-15, sin bien muy pocos ciudadanos se atreven a hacerlo. Pero, segn datos del Departamento de Seguridad Pblica de Texas, ms de 900 mil personas cuentan con autorizacin para portar armas de mano ocultas y, a partir de maana, podrn ostentarlas en pblico.

La nueva disposicin es una prueba pasmosa de la cultura armamentista que prevalece en la mayor parte del pas vecino y que, en el caso texano, devolver a la sociedad a escenarios propios del Lejano Oeste en el siglo XIX, en el que la ausencia de instituciones y de estado de derecho haca inevitable la defensa con propia mano.

Aunque las autoridades policiales texanas afirman que la gran mayora de los que cuentan con autorizacin para portar pistolas y revlveres son ciudadanos respetuosos de la ley, no puede soslayarse el hecho simple de que tales armas estn hechas para matar personas y que, en consecuencia, su portacin a la vista constituir un alarde de disposicin al homicidio, as sea en situaciones de defensa personal reales o supuestas, y que la nueva disposicin legitima la predisposicin de los ciudadanos a recurrir a las balas para dirimir conflictos.

En forma paralela, la exhibicin de armas de mano debilita uno de los principios torales del Estado, que es el monopolio legtimo de la violencia, una condicin consustancial a sus obligaciones de proteger la vida, la integridad y las propiedades de los gobernados.

Aunque es evidente la relacin entre esta cultura armamentista que se expresa en una regresin a la ley de la jungla y a la barbarie del gatillo rpido y la cantidad de homicidios con armas de fuego que se cometen en el pas vecino, mucho ms elevada que en la vecina Canad y que en Europa, da la impresin de que los sectores mayoritarios de la sociedad estadunidense y de sus instituciones se niegan a comprender esta relacin y se llaman a sorpresa cada vez que alguien con un desequilibrio perpetra una masacre en algn centro escolar, un templo, un centro comercial o en plena va pblica.

La permisividad de la nueva disposicin obliga a pensar, por desgracia, que la exhibicin de armas de mano en Texas alentar y agravar los tiroteos y que, lejos de incrementar la seguridad de los ciudadanos, la har ms precaria. Finalmente, es de temer que en una sociedad con un racismo tan expandido y manifiesto como la texana, la norma se traducir en una poblacin cada vez ms escindida entre negros y latinos desarmados, por un lado, y anglosajones con pistola al cinto, por el otro.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/12/31/opinion/002a1edi


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