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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-01-2016

Sufragistas

Lidia Falcn
Pblico.es


La pelcula del mismo ttulo que acaba de estrenarse en los cines espaoles nos cuenta en imgenes, por bendita primera vez, la epopeya de las sufragistas inglesas que en reclamacin de su derecho al voto lucharon durante 70 aos para lograr convencer a los diferentes legisladores de su Majestad britnica de que tambin eran seres humanos.

Lo hicieron en las peores condiciones que puede hacerlo una clase en lucha, es decir no solo se enfrentaron a los patronos, a los gobiernos y a las fuerzas de represin que cargaron con toda crueldad contra las rebeldes, sino, ms penosamente, contra sus propios maridos, padres, hermanos, amigos y colegas. No solo la polica las hiri con porrazos y disparos en las manifestaciones callejeras, en los intentos de huelga y en el enfrentamiento con los empresarios, sino que fueron vctimas sistemticamente de los abusos sexuales y violaciones de los patronos y de sus compaeros de trabajo, y de la tirana de sus maridos, que la ley permita.

No solo sufrieron fsicamente los golpes y las heridas y la alimentacin forzada mediante sistemas medievales que les insertaban a la fuerza gomas en la nariz y en la boca por las que mediante un embudo les introducan alimentos lquidos, sino tambin fueron maltratadas psicolgicamente mediante las humillaciones, los insultos y el menosprecio de sus familiares y de los otros obreros. No solo fueron heridas en su cuerpo sino tambin en su alma, en su dignidad, lo que no ha sufrido nunca el Movimiento Obrero, que a pesar de sus derrotas ha sido siempre respetado, hasta por sus enemigos. Durante 78 aos los peridicos del muy poderoso Imperio britnico no las mencionaron por otro nombre que el de las locas.

La pelcula relata la decisin tomada por un pequeo grupo de obreras y eso que siempre se ha intentado desprestigiar al Movimiento Feminista de aquella poca acusndolo de elitista y formado por seoras burguesas- de lanzarse a realizar algunas acciones violentas, ante la imposibilidad de lograr por medios pacficos que la Cmara de los Comunes aprobara una nueva Ley electoral que permitiera el sufragio a las mujeres. En el momento de la pelcula las inglesas llevaban cincuenta aos desarrollando una campaa legal, mediante manifestaciones, asambleas, reuniones, escritos, artculos de prensa, conferencias, debates en el Parlamento, sin que obtuvieran ningn avance en sus pretensiones.

Ni los testimonios que algunas obreras deponen en una Comisin del Parlamento sobre la explotacin y el maltrato que sufren comienzan a trabajar en la lavandera a los siete aos conmueve el ptreo corazn de los seores diputados ni del Presidente del Gobierno. Es esta nueva negativa y el fracaso que conlleva la que las induce a quemar buzones de correos y la casa de veraneo del Presidente.

Son tantas las vejaciones, la descarnada explotacin que sufren, las enormes diferencias de salario con los obreros, los partos sobrellevados en la propia lavandera la protagonista nace de tal guisa, y los bebs se escondan en el suelo entre las mquinas, las enfermedades que padecen y la escasa expectativa de vida que tenan las lavanderas, que aquella breve explosin de violencia es minscula en comparacin con la que el poder ejerce impunemente contra ellas. Y Emily Davidson llega al propio sacrificio cuando se tira sobre uno de los caballos del Derby real en plena carrera, esgrimiendo la pancarta de Votes for Women, muriendo en el acto.

Gracias repetidas debemos darle a la directora y a todo el equipo que ha llevado al cine esta pequea parte de la heroica epopeya que vivieron las sufragistas inglesas, ya que ningn otro director ni productor se ha sentido nunca emocionado por la gesta de las mujeres, tantos como invierten fortunas en relatarnos estupideces machistas y batallas masculinas que son las nicas que merecen su reconocimiento.

As mismo las mujeres estadounidenses lucharon para conseguir el sufragio desde 1848, como se reclama en el Manifiesto de Sneca Falls de ese ao, hasta 1920 en que finalmente se les concede. Setenta y dos aos de reclamaciones, manifiestos, marchas imponentes, presentacin de enmiendas en el Congreso, artculos, mtines, conferencias. Como las inglesas, tres cuartos de siglo en los que muchas fueron barridas por la caducidad de la vida, encarceladas, apartadas de la familia y de su insercin social, abandonadas por el marido o expulsadas del domicilio conyugal, a las que se les quit la potestad sobre sus hijos, los padres las repudiaron y el patrono las despidi de su trabajo. Se vieron en la miseria, durmiendo en la calle, recogidas en alguna iglesia por curas ms compasivos que los polticos, y viviendo de la ayuda que les prestaban las asociaciones que luchaban por obtener el estatus de ciudadanas.

Debemos a estas mujeres, y a nuestras precursoras espaolas, que no por ser menos y menos arriesgadas, dejaron de sufrir marginacin y exclusin social, insultos y desprecios por su defensa del feminismo, todo nuestro homenaje, nuestro agradecimiento, la imprescindible necesidad de que se investigue y se relate con veracidad la epopeya de nuestras antepasadas, que lograron cambiar la situacin de servidumbre que padecan las mujeres de sus pases, y cuyas ventajas hoy disfrutamos sus nietas y sus bisnietas. Lamentablemente la pelcula olvida en sus letreros finales a Espaa donde en 1931 la III Repblica aprob el derecho a votar y ser votadas para las mujeres.

Pero sobre todo les debemos proseguir la tarea iniciada por ellas, en muy peores condiciones que las que sufrimos nosotras. Porque cierto es que hoy podemos votar si el marido nos lo permite, y solo lo que este dice, como vi que suceda en las primarias de Sevilla y en las elecciones en Madrid-, que existen leyes laborales y derechos civiles que explicitan la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, pero no se quien puede estar tan engaado que piense que no se producen explotaciones, abusos y desprecios contra las mujeres por serlo y contra las obreras por su condicin. Sin tener en cuenta que es mucho no tenerla- la montaa de asesinadas que se ha formado en estos ltimos aos, y de apaleadas, violadas y abusadas.

En otro artculo, El mapa de la explotacin femenina daba unos retazos de la situacin laboral de las olivareras de Andaluca, de las plataneras de Canarias, de las camareras de hotel en toda Espaa, de las limpiadoras industriales y domsticas, de las obreras en las fbricas textiles, en las industrias conserveras, en las del tabaco, en las de explosivos, pero a ellas hay que agregar decenas de otros sectores productivos que padecen iguales sufrimientos e injusticias.

Porque ya es hora de visibilizar las explotaciones de las amas de casa, y para ello nada mejor que comenzar con la sentencia recientemente dictada por el Tribunal Supremo contra la empresa Uralita por la contaminacin de asbesto sufrida por las esposas de los obreros, al lavarles la ropa de trabajo.

He aqu una escandalosa si este pas fuese capaz de escandalizarse por algo prueba de la explotacin que padece la mujer que slo realiza el trabajo de su casa.

Esposas y madres que invierten de 50 a 90 horas semanales en las tareas de fregado, lavado, compra, cocinado, limpieza, alimentacin y cuidado de hijos y mayores, sin disponer ni de salario ni de das de descanso ni de vacaciones ni de seguridad social ni indemnizaciones por accidentes o enfermedad comn ni jubilacin. Solamente la esclavitud tena las mismas condiciones de trabajo. Y adems comparten, como las esposas de los trabajadores de Uralita, muchos de los riesgos laborales de sus maridos, sin que hasta esta histrica sentencia se les haya reconocido, ni en la legislacin ni en las declaraciones polticas ni en las tareas sindicales.

Obreras, campesinas, empleadas de servicios, mineras, secretarias, esposas y madres, la mayora de las mujeres en Espaa siguen padeciendo similares explotaciones a las que denuncia la pelcula Sufragistas.

Y nosotras, sus nietas y bisnietas, estamos a la altura de aquellas heroicas pioneras? Nosotras, las dirigentes de grupos feministas, las polticas de diversos partidos, las profesoras universitarias, las tcnicas de igualdad (ahora hasta les pagan), las asistentes sociales, las participantes en tertulias, las escritoras y las politlogas, nos ocupamos realmente de las miserias que padecen nuestras hermanas? La opresin social, el acoso sexual, las diferencias salariales, son motivo principal de nuestras denuncias, escritos, tertulias, asambleas, conferencias y cursos? En las Universidades, no se dan ms cursos acerca del amor corts y el simblico de la madre que sobre la explotacin laboral femenina? No estn ms interesadas las ms mediticas de las feministas en legalizar la prostitucin y divagar sobre la teora queer?

Y en cuanto a las estrategias actuales para remover las conciencias de los polticos y lograr que aprueben las imprescindibles leyes contra el terrorismo machista, sobre la igualdad salarial y la proteccin en el trabajo, qu pensamos hacer desde el Movimiento Feminista, aparte de reunirnos las siempre convencidas y cabildear con los partidos, algunas con el nico propsito de conseguir un hueco en los sabrosos despachos del Parlamento, del Senado y de los Ayuntamientos?

Cuntas seran hoy las decididas a quemar los buzones de correos y la residencia de veraneo de Mariano Rajoy en protesta y denuncia de las injusticias y explotaciones que estn sufriendo las trabajadoras?

Y que las feministas no arguyan que hoy las mujeres no viven como hace dos siglos, porque muchas, varios millones, lo siguen haciendo, y quienes se escandalicen con mis declaraciones son las seoritas que comen cada da, disfrutan de piso, coche, vacaciones y empleo remunerado, e investigan y escriben estpidas tesis doctorales sobre el pornoterrorismo que les publican los seores, encantados con esta deriva del feminismo.

Porque aquellas, las que no saben si comern cada da, apaleadas primero por el padre y ms tarde por el marido, las despedidas del empleo y desahuciadas de su casa, despus de ser abusadas sexualmente por el empleador, que arrastran consigo varios hijos mocosos y descalzos, de refugio en refugio, no han notado mucha diferencia de su situacin con la de sus abuelas. Y an ms triste, quiz las de hoy estn viviendo peor que sus madres.

Fuente: http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/12/30/sufragistas/



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