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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-01-2016

Argentina, Venezuela y la lucha de clases

ngel Guerra Cabrera
Rebelin


Quienes vaticinan el fin del llamado ciclo progresista en Amrica Latina y el Caribe (ALC) pierden de vista que el caldo en que se cuece la poltica es, irremediablemente, la lucha de clases. Con sus flujos y reflujos, marchas y contramarchas.

Mientras ms se mundializa el capitalismo, mayor importancia adquiere la lucha de clases a escala internacional. Ello, debido a la irreversible crisis sistmica del capitalismo y a la creciente crisis de hegemona de Estados Unidos. Una impulsa al capital a extraer crecientes tasas de ganancia sin importar los medios extremadamente crueles, inhumanos y ecocidas para lograrlo (el desbocado calentamiento global es un ecocidio). La otra, impulsa al imperialismo estadounidense a emplear a fondo sus inmensos recursos para liquidar todo ejemplo de rebelda contra su odiosa tirana mundial, sobre todo en ALC.

Independientemente de las naturales diferencias entre pases y procesos polticos, tanto la derrota del kirchnerismo como la del chavismo en las elecciones del 22 de noviembre y del 6 de diciembre pasados, se inscriben en el contexto de una feroz lucha de clases nacional e internacional. Ella se expresa en la disputa entre los pueblos del mundo y el capital, sea oligrquico o imperialista, por el poder poltico (lo que incluye la conciencia y tambin el inconsciente colectivos), la independencia nacional, los recursos naturales y el control geopoltico.

Se trata, como lo demuestra palmariamente el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, que an perdura, de un enfrentamiento en que resalta la asimetra entre los contendientes. Lo mismo ocurre con cuanto pas latino-caribeo intenta librarse de la dominacin imperialista, aunque sea tibiamente. Un buen ejemplo es el golpe de Estado de la CIA contra el gobierno del presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz (1954).

Pero de entonces a ac el imperialismo ha modificado sustancialmente la ingeniera del golpe de Estado. Llmese golpe blando, revolucin de colores, guerra de cuarta generacin, lo cierto es que Washington ha perfeccionado hasta la sofisticacin su objetivo de cambio de rgimen contra todo gobierno que no se le subordine. Paradjicamente, como muestran Argentina y Venezuela, las elecciones, realizadas bajo la descomunal hegemona meditica, financiera y militar imperialista, se convierten en una de las armas fundamentales del golpe blando.

Claro que cometen errores los revolucionarios y las fuerzas que pugnan por poner fin al neoliberalismo y encaminar polticas de rescate de la independencia nacional y de impulso a la justicia social. Heredan un Estado y una sociedad preada de lacras como el conservadurismo, la ignorancia, la corrupcin y el clientelismo, que a veces los envuelven.

Los proyectos de poder alternativo iniciados con la Comuna de Pars (1871) estn en gran desventaja histrica con la milenaria experiencia de poder de las clases dominantes.

Pero en todo caso, los errores e insuficiencias del chavismo y el kirchnerismo son mucho menos importantes que sus aciertos y logros. De modo que en su derrota electoral pes mucho la guerra econmica y financiera, comunicacional y diplomtica desencadenada por Estados Unidos y la derecha contra el cambio de poca en nuestra Amrica.

No obstante, el ascenso derechista puede ser efmero y precario a juzgar por el carcter dictatorial y antipopular de los decretos de Macri y su conducta servil a Wall Street en menos de un mes de mandato. Mientras, sus pares de la contrarrevolucin venezolana desde el 6 de diciembre y en la instalacin de la nueva Asamblea Nacional han enseado su desesperado afn de consumar un inconstitucional golpe parlamentario contra el presidente Maduro y de acabar cuanto antes con las conquistas de la Revolucin Bolivariana.

El chavismo es un sujeto poltico revolucionario, que si se mantiene unido, aprende de sus errores, atrae a sus simpatizantes disgustados y moviliza a las masas puede neutralizar a los millonarios, cmplices del golpismo pasado y presente y de la implantacin del neoliberalismo a sangre y fuego que pululan en la bancada parlamentaria de la contrarrevolucin.

El kirchnerismo no se ha sacudido de una derrota que no esperaba ni del lastre del peronismo de derecha, pero tiene enormes reservas de juventud organizada y combativa y fuerza parlamentaria. Lo emplazan al combate una clase obrera y un pueblo que, antes de lo que muchos esperan, entrarn en estado de rebelin contra el regreso del neoliberalismo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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