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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2016

Refugiados, los nuevos desaparecidos del mundo

Arturo Borra
Rebelin


El poder de borrado meditico es la contrapartida necesaria de su capacidad para construir agendas pblicas, esto es, su posibilidad efectiva de establecer asuntos considerados de relevancia colectiva. En el trfago informativo, el tratamiento dominante de la problemtica de los refugiados -que puede interpretarse de forma crtica como nueva crisis de humanidad- no slo se ha reducido en trminos cuantitativos sino que ha perdido buena parte de la relevancia que los medios masivos le asignaron tan slo seis meses atrs.

El balance de muertos es lapidario: segn estimaciones con mrgenes de error significativos-, en 2014 ms de 3500 personas han fallecido en su odisea para arribar a Europa (1), mientras que en 2015 la cifra se eleva a ms de 3600 personas (2). Las escasas estadsticas al respecto apenas dan cuenta de la magnitud del desastre. No slo porque muchos quedarn sepultados en el cementerio del Mediterrneo sin que nadie pueda atestiguarlo, sino porque tampoco da cuenta de los que logran sobrevivir en condiciones pauprrimas, incluyendo buena parte de los que arriban a Europa (y en 2015 se trata de ms de un milln de seres humanos). Lo que es peor: pone en evidencia que la Comisin Europea (CE) no ha tomando las medidas pertinentes para reducir de forma significativa este silencioso holocausto -que contabiliza decenas de miles de muertos annimos en las ltimas dos dcadas- ni ha asumido su cuota especfica de responsabilidad en la produccin de disporas a gran escala.

La creciente invisibilizacin de este drama colectivo, ocasionado especialmente por las guerras en Medio Oriente y el Norte de frica, es correlativa a la carencia de respuestas aceptables por parte de la CE, incluso si Alemania, a nivel individual, ha acogido en 2015 a poco menos de un milln de personas en condicin de solicitantes de asilo. El fracaso absoluto del plan europeo para reasentar a 160.000 solicitantes de asilo (apenas un 3% del total de refugiados sirios [3]), en todo el territorio comunitario, muestra la nula prioridad poltico-gubernamental ante una realidad sangrante de la que las polticas europeas son co-responsables.

La disminucin de la presin colectiva, junto a la agitacin del miedo por parte de los discursos eurocntricos e islamfobos que usan los atentados terroristas como arma arrojadiza, favorecen la postergacin indefinida de medidas de acogida a estos colectivos, considerados en el mejor de los casos como objetos de caridad y, en el peor, como material descartable. La postergacin de lo impostergable en trminos ticos y polticos pone en jaque la credibilidad ya de por s erosionada- de la CE en su autoproclamado liderazgo en materia de derechos humanos. Ante la sucesin de decisiones supuestamente fallidas cabe interrogar, sin embargo, si se trata slo de una gestin deficitaria de una problemtica considerada de primer orden o, si por el contrario, se trata ms bien de una gestin efectiva de una problemtica considerada de baja prioridad. La respuesta es clara: la celeridad con que Europa blinda sus fronteras contrasta con la lentitud para mejorar los accesos a quienes aspiran a solicitar asilo y, lo que no deja de ser ms perentorio, no perecer en el intento.

A pesar de la sangra recurrente que sigue producindose en el Mediterrneo y de la vergenza de seguir permitindolo, las autoridades europeas todava no han puesto en marcha ningn programa de salvamento martimo que evite lo evitable (4). Como es sabido, agencias como Frontex u otras que la sustituirn, tal como la nueva Guardia Europea de Costas y Fronteras (5), no tienen como objetivo primario el rescate de personas en situacin de emergencia sino la custodia policial de las fronteras externas de Europa.

La conclusin es lamentable: mientras sigue bloqueada la ayuda real a las personas que se desplazan de manera forzosa para preservar sus vidas, quienes lideran el espacio comunitario no dudan en desbloquear partidas destinadas a la contencin externa de esos desplazamientos (apelando especialmente a pases como Turqua) o en tomar nuevas iniciativas securitarias destinadas a proteger el espacio de libre circulacin de Schengen (6).

Ninguna declaracin bienintencionada puede contrarrestar semejante conclusin como no sea activando una poltica de asilo europea consistente, de signo diferenciado, elaborada y apoyada por fuerzas polticas emergentes a nivel nacional e internacional. La falta de prioridad que los gobiernos europeos le dan a esta catstrofe social no slo es una incitacin a reflexionar sobre las consecuencias prcticas de este abandono: es un toque de alarma sobre el andamiaje que la CE sigue construyendo de forma tan imperturbable como cnica. Es ese andamiaje el que presagia su propio hundimiento, al menos en la medida en que el bienestar no quede confinado a unas lites desconectadas de las mayoras sociales.

No sern aquellos que deniegan asistencia a esos cientos de miles de personas los que cambiarn esta catstrofe. La contracara del ultraliberalismo del capital que circula de forma irrestricta a nivel mundial- no es otra que esta forma de totalitarismo que atenaza a sus vctimas, all donde cada vida importa menos que la custodia del ocano donde naufraga.

Ante esta coyuntura histrica -que supone un rdito ms poltico que econmico a corto plazo para quienes la propician-, surgen algunas preguntas previsibles. Qu hay del miedo primitivo a ser devorados por la turba o del miedo contemporneo al terrorismo? Qu tipo de ceguera opera cuando se supone que no llegarn a Europa las esquirlas (humanas) de ese polvorn llamado Medio Oriente? Las respuestas son complejas, pero habra que apresurarse a desmontar la lgica misma de las preguntas. El miedo no es ante el Otro sino ante la propia derecha europea, vida de capitalizar cualquier descontento social a partir de un discurso xenfobo y racista. Rechazo sin miedo entonces. El otro que sobrevive a duras penas no da miedo ante todo porque est inerme. Literalmente. Por tanto, lo que atemoriza a la amplia mayora de los gobiernos europeos es la impugnacin de sus partidos aliados, la rebelin en sus filas y la prdida de apoyo del establishment meditico, comprometidos como estn con un proyecto poltico neoconservador que ni siquiera aboga por rescatar a sus conciudadanos.

La turba, por lo dems, no slo no naufraga: est a varias bandas, en diferentes trincheras, alineada a los seores de la guerra, comenzando por las grandes potencias coloniales o sus aliados estratgicos de Medio Oriente, comenzando por Arabia Saud. No slo no hay razones suficientes para suponer que el terrorismo (yihadista) es una amenaza meramente externa, sino que en cualquier caso no hay ninguna prueba de que el camino elegido para arribar a Europa sea la de la zozobra del ocano o las penurias del xodo. Por el contrario, cuando se trata efectivamente de extranjeros y no de nacionales, cabe suponer que disponen de medios considerablemente ms eficaces para filtrarse en Europa. Incluso si no cabe al respecto ninguna ingenuidad, los mismos mecanismos selectivos previstos para reasentar y atender las solicitudes de asilo resultan suficientes para conjurar el fantasma terrorista que algunos discursos pretenden soldar a esta masa ingente de refugiados.

Por otra parte, resulta inverosmil suponer que los miembros de la CE son ciegos ante una suerte de retorno de lo reprimido que, imprevisiblemente, puede aparecer bajo diferentes rostros de lo terrible. Los tibios intentos de responder a la cuestin -que apuntan a descomprimir semejante situacin explosiva- se topan as con los compromisos en los que de facto estos miembros se han embarcado. La misma preocupacin por blindar sus fronteras y la institucionalizacin del estado policial bajo la forma de estado de seguridad (7)- ya es indicativa de esta anticipacin que opera, ante todo, como incremento del control policial sobre la ciudadana.

En suma, la CE est entrampada en su giro hacia la derecha. Cualquier intento de desbloquear la crisis de refugiados choca, ante todo, con el muro blanco que sus estados miembro han levantado junto a sus socios de gobierno. No se trata, as, de ceguera ante una situacin que podra volverse contra s como un boomerang, sino de falta de voluntad poltica. Es la actual correlacin de fuerzas polticas lo que determina este bloqueo, reforzado por la posicin minoritaria de la izquierda parlamentaria europea y una presin colectiva tan espordica como insuficiente. Slo un cambio significativo en esa correlacin de fuerzas podra no tanto acelerar la gestin de la crisis como dar lugar a otras polticas de asilo -mucho ms acordes al respeto incondicional de los derechos humanos fundamentales, independientemente a la etnia, gnero, nacionalidad o grupo social. En trminos ms generales, intentar detener los desplazamientos poblacionales sin apostar por una transformacin estructural de las condiciones socioeconmicas, polticas y militares que los producen (comenzando por las guerras o las hambrunas) es, cuando mnimo, una forma de evadir cualquier tentativa de solucin duradera.

Mientras la CE se hunde en su propia trampa, los refugiados esos nuevos desaparecidos del siglo XXI- seguirn recorriendo Europa como un fantasma que recuerda la ignominia de los vivos.


Notas

  1. Ese gran cementerio que es el Mediterrneo: ms de 20 mil muertos en los ltimos aos, versin electrnica en http://legalteam.es/lt/ese-gran-cementerio-que-es-el-mediterraneo-mas-de-20-mil-muertos-en-los-ultimos-anos/#

  2. La llegada de migrantes irregulares a Europa supera el milln en 2015, El Pas, 23/12/2015, http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/22/actualidad/1450781597_385081.html. La referencia a migrantes irregulares por buena parte de la prensa espaola justifica un estudio exhaustivo sobre la construccin discursiva de las migraciones a nivel nacional, incluyendo la indistincin generalizada entre inmigrantes y refugiados que omite sin ms el carcter forzado del desplazamiento en el segundo caso.

  3. Remito a Sobre la crisis de los refugiados o la vida en peligro, Rebelin, 18/09/2015, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=203445.

  4. Las medidas sobre la crisis de los refugiados que la UE discutir en 2016, El Diario, 301/2016, versin electrnica en http://www.eldiario.es/desalambre/medidas-ponerse-marcha-crisis-refugiados_0_468253769.html

  5. La UE planea una nueva guardia fronteriza para frenar la inmigracin, Pblico, 15/12/2015, versin electrnica en http://www.publico.es/internacional/ue-planea-nueva-guardia-fronteriza.html. Para poner en marcha esta guardia, la CE prev triplicar el presupuesto de aqu a 2020, dotndola asimismo de mayores poderes de intervencin.

  6. Bruselas propone el envo de guardias europeos a las fronteras sin permiso previo de los estados, El Diario, 15/12/2015, versin electrnica en http://www.eldiario.es/desalambre/Bruselas-propone-creacion-europea-fronteras_0_463004553.html

  7. Giorgio Agamben, Del Estado de derecho al Estado de seguridad, Le Monde, 23/12/2015, versin electrnica en http://artilleriainmanente.blogspot.com.ar/2015/12/giorgio-agamben-del-estado-de-derecho.html?spref=fb. Agamben identifica algunos rasgos de ese estado de seguridad: Mantenimiento de un estado de miedo generalizado, despolitizacin de los ciudadanos, renuncia a toda certeza del derecho: stas son tres caractersticas del Estado de seguridad, que son suficientes para inquietar a las mentes. Pues esto significa, por un lado, que el Estado de seguridad en el que estamos deslizndonos hace lo contrario de lo que promete, puesto que si seguridad quiere decir ausencia de cuidado (sine cura) mantiene, en cambio, el miedo y el terror. El Estado de seguridad es, por otro lado, un Estado policaco, ya que el eclipse del poder judicial generaliza el margen discrecional de la polica, la cual, en un estado de emergencia devenido normal, acta cada vez ms como soberano (op.cit.).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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