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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2016

Cronopiando
El cambio climtico y mi hamaca

Koldo Campos Sagaseta
Rebelin


La culpa siempre ha sido de las vacas que enloquecen, de las aves con gripe, de los cerdos con fiebre, de las hormonas de los pollos, de las dioxinas de los huevos La culpa es del petrleo que ha subido su precio, de la Bolsa que ha vuelto a desplomarse, del ladrillo que ya no se levanta; de la balanza que ha perdido su fiel, de la deuda que acumula ms ceros La culpa es de la crisis; la culpa es de los celos y de las carreteras, de la imponderable idiosincrasia, de la incompatibilidad de caracteres; la culpa es del demonio o del destino la culpa siempre va a ser del enemigo.

Nada de particular tiene por ello que del deterioro del planeta tambin sea responsable el clima y sus veleidosos cambios, y que si, como algunos proponen, llegara a establecerse una estrecha relacin entre tantas culpas y enemigos con nuestro modo de vida haya que absolver a esta porque no sera viable ni sensato reinventarse la vida. Es preferible renunciar a ella.

Entre foros, convenios y cumbres son 21 los encuentros internacionales que se han efectuado en el mundo para enfrentar un cambio climtico para el que apenas ahora comienza a haber consenso al respecto de su existencia. Que conste que aplaudo los estudios y clculos de la clase cientfica casi tanto como las esperanzas de los dirigentes polticos en reconducir el desastre que se avecina o la confianza de la llamada comunidad internacional en que los mismos que han propiciado el caos sean tambin los responsables de corregirlo, pero entre las muchas y diversas miradas desde las que puede vislumbrarse el cambio climtico no encuentro ninguna ms precisa ni oportuna que la que me permite mi confortable hamaca.

Y es que nada mejor que su delicioso vaivn para cerrar los ojos e imaginar ese futuro que se nos viene encima.

Entre los muchos cambios que se avecinan y cuya gravedad no acabamos de entender, hay uno, el ms intrascendente de todos, que a m, sin embargo, me fascina: la relatividad que va a cobrar el tiempo.

No es que las horas vayan a disponer de ms o menos minutos, que los das sufran la prdida de alguna hora o que reduzcamos a la mitad los meses del ao es que, el mentado futuro nos va a quedar tan cerca, tan en el medio, tan encima, que invocarlo o suponerlo va a ser un absoluto desperdicio. Hemos vivido siempre en la certeza de que el tiempo era nuestro, otra ms de nuestras propiedades, y en l hemos cifrado proyectos, calendarios, festividades, sentencias, historias, hijos... Pronto nada de ello tendr ya sentido.

Sern los bancos los primeros en saberlo y en quebrar cuando ya a nadie asusten con sus medidas legales y abogados, con sus desahucios, hipotecas y otras represalias. Nadie, aunque lo amenacen con enturbiar an ms su historial financiero, va a privarse de responder a una necesidad inmediata por cumplir con la codicia de una entidad bancaria y no exponerse an ms a sus futuros intereses. Los que tengan sus ahorros en manos de bancos y financieras, a falta de futuro que asegurar, dejarn vacas las cajas fuertes para mejor aprovechar los das que les resten o invertir en una huda imposible.

Si con algn concepto est identificado un banco, adems de todos los que subraya el cdigo penal, ese es el futuro. Ahorramos para el futuro, guardamos nuestro dinero en un banco para preservar y multiplicar el patrimonio en algunos aos, y si desaparece el futuro como destino, tambin desaparecer el ahorro como medida. A partir de que los bancos no dispongan de depsitos no podrn seguir operando e, inevitablemente, irn todos a la quiebra, porque un mundo sin futuro al que encomendarse no va a necesitar bancos.

Por las mismas razones, y si alguien advierte cierta satisfaccin en mi sesuda reflexin sepa que no anda desencaminado, desaparecern las empresas aseguradoras y todas aquellas que emplacen al futuro como negocio. Y de la mano de la banca cerrar la Bolsa a falta de futuro e inversionistas.

Porque la vida no se percibe de la misma manera desde la confianza en un futuro seguro que desde su desolada ausencia, tambin se extinguirn todas aquellas empresas cuya razn de ser no sea vital, aquellas que nada aportan al desarrollo humano al margen de los beneficios que dejan a sus dueos. Todas esas empresas tambin se irn a la mierda, y llegado a este punto, lo reconozco, no es slo satisfaccin lo que siento sino alegra, sano entusiasmo.

La industria de la guerra, sus armas y ejrcitos, adems de sin sentido tambin se quedar sin pretextos. Nadie va a librar una batalla, as se le garantice la victoria, la vspera de perder la guerra. A la mierda tambin se ir la industria militar para que mi alborozo se torne regocijo.

Las instituciones de justicia, sigan o no administrndola, tendrn que esmerarse en sus sentencias e hilar bien fino para no cometer el exabrupto de condenar a nadie a penas que no sean superiores a las que el cambio climtico disponga para el resto. Cualquier condena, incluso la perpetua, al margen de la longevidad del preso, va a resultar una humorada. Y tampoco es verdad que una sociedad condenada a un cambio climtico de funestas consecuencias y sin redencin posible vaya a seguir entretenida en la custodia de sus presos. Todos saldrn a la calle y yo ya estoy eufrico, a punto de celebrar el cambio climtico que cuando inici estas lneas tanto me preocupaba.

Los partidos polticos del sistema, que siempre han tenido en el futuro su mejor coartada y negocio, perdida la referencia, se quedarn tambin sin cargos, sin nombramientos, sin comisiones, sin sobres en blanco y en negro, sin nuevas elecciones y, lo que es peor para ellos, sin clientes, porque ningn partido va a poder ofrecer una respuesta, as sea otro dislate, al naufragio universal. Y con los partidos, de la mano, se irn los medios de comunicacin que les sirvieron de crnica y pantalla. Todos a la mierda para que el jbilo se vuelva exultante.

Slo las iglesias, mira por donde, sern las nicas empresas a las que acudirn en masa las ms cndidas almas en busca de consuelo y explicaciones. Se llenarn los templos de beatos, tambin de descredos que a ltima hora decidirn arrepentirse, pero no encontrarn a nadie porque los fariseos que las administran y que nunca han credo en el futuro, huirn a tiempo aunque no sepan a donde. La felicidad en este punto ya es indescriptible.

Dios, harto de que los humanos lo sigan negando y tomando su nombre en vano, encolerizado, dispondr entonces el fin del mundo y enviar a sus ngeles y arcngeles para que anuncien las trompetas del Apocalipsis el fin del mundo y el juicio final pero tambin l llegar tarde. De hecho, solo va a encontrarme a mi, mecindome en mi hamaca, muerto de la risa, que es el nico bien, por cierto, que lego a nadie.

(Euskal presoak-Euskal herrira)


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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