Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-01-2016

Izquierda en Latinoamrica, una agenda pendiente

Marcelo Colussi
Rebelin


El gran problema estratgico radica en que muchos pensadores consideran que la izquierda debe centrarse en la construccin de un modelo de capitalismo posliberal. Esta idea obstruye los procesos de radicalizacin. Supone que ser de izquierda es ser posliberal, que ser de izquierda es bregar por un capitalismo organizado, humano, productivo. Esta idea socava a la izquierda desde hace varios aos, porque ser de izquierda es luchar contra el capitalismo. Me parece que es el abec. Ser socialista es bregar por un mundo comunista. Claudio Katz


I

Los aos 60 y los inicios de los 70 del pasado siglo mostraron, tanto en Latinoamrica como en distintos puntos del mundo, un marcado espritu antisistmico, evidenciado en diversas facetas: auge de distintas luchas polticas, surgimiento de movimientos armados revolucionarios inspirados en la mstica guevarista y el ejemplo de la Revolucin Cubana de 1959, liberacin femenina, revolucin sexual, movimientos pacifistas anti guerra de Vietnam, despertar generalizado de las juventudes, Teologa de la Liberacin en la Iglesia catlica. Podra mencionarse, como emblema de todo esto, el Mayo Francs en el continente europeo, o el Movimiento de 1968 en Mxico, en tierras americanas.

Toda esa expresin contestataria, con ribetes tan distintos y hasta antitticos en algunos casos, tena un hilo conductor: la protesta ante un sistema econmico-poltico que se mostraba injusto y opresor. Desde el movimiento hippie con su llamado al no-consumo hasta las guerrillas latinoamericanas, las luchas se sucedieron y crecieron. La organizacin sindical, los movimientos campesinos, la protesta estudiantil, son todos momentos de un proceso de auge de los procesos de transformacin que se haban puesto en marcha. Pero el sistema reaccion.

Despus de la crisis del petrleo de 1973, el sistema capitalista mundial, con Estados Unidos a la cabeza y en medio de la Guerra Fra, reaccion vehementemente. En Latinoamrica, regin que nos interesa en particular para este anlisis, la reaccin fue una represin feroz.

Entre mediados de los 70 y la dcada de los 80 la reaccin ante el avance de las fuerzas populares y cuestionadoras fue sencillamente monstruosa. Sobre montaas de cadveres, con las torturas ms encarnizadas, con la desaparicin forzada de miles de luchadores sociales de todo tipo, con polticas de destruccin completa de aldeas campesinas, todo ese auge transformador que se vena dado fue cortado de cuajo. El avance del campo popular fue seguido de un tremendo retroceso en conquistas ya logradas y en organizacin social. Despus del triunfo de la Revolucin Sandinista en 1979 en Nicaragua (ltima revolucin del siglo XX), los movimientos revolucionarios armados fueron aniquilados o severamente diezmados, forzndolos en la mayora de casos a buscar salidas negociadas. Lo que en un momento pareca una primavera se transform en un crudo invierno.

Sobre la base de esta descomunal represin, de la desarticulacin de conquistas populares y del aniquilamiento de fuerzas de izquierda, se comenzaron a implantar los planes neoliberales fijados por los organismos del Consenso de Washington: Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. El primer experimento fue Chile, en medio de la dictadura pinochetista. Luego siguieron todos los pases de la regin.

En pocas palabras: el capitalismo ms salvaje y descarnado, sobre la base de una profunda explotacin de los trabajadores, lleg para quedarse (no slo en Latinoamrica sino a nivel global), haciendo desaparecer avances sociales ya consagrados constitucionalmente, como fueron todas las mejoras logradas por los trabajadores en aos de lucha previa: prestaciones sociales varias, inmovilidad laboral, seguros de salud, etc.

Sobre la base de esa represin y del miedo concomitante, la cultura del silencio se entroniz por doquier, criminalizndose todo tipo de protesta social. Distractores y anestesias sociales como la explosin imparable de cultos evanglicos fundamentalistas y el ftbol televisado por cantidades industriales fueron la versin moderna del ya milenario pan y circo.

En esa marea de avance impetuoso de la visin de derecha, cayendo las experiencias socialistas de la Unin Sovitica y de Europa del Este, y comenzando su proceso de retorno al capitalismo la Repblica Popular China, las expresiones de socialismo se fueron esfumando. Los partidos de izquierda de Amrica Latina quedaron silenciados, as como todas las organizaciones populares, vctimas an del terror inducido por los ros de sangre derramados en esos aos. La Revolucin Sandinista, siguiendo el proceso de reversin del socialismo a nivel global, concluy tristemente. El nico pas que sigui en esa senda fue Cuba, solitaria, golpeada, bloqueada.

II

El anterior panorama, con la cada del Muro de Berln y todas las otras cadas que eso trajo aparejadas, hizo sentir a la derecha global, siempre capitaneada por Washington, el gran vencedor de la Guerra Fra. De ah el grito triunfal de Francis Fukuyama respecto a que la historia haba terminado. O la altanera afirmacin de la Dama de Hierro, Margaret Tatcher, en relacin a que no hay alternativa.

El golpe fue tan grande que por un momento todo el campo popular sinti que era cierto, que la la historia estaba echada, que no haba ninguna salida. Pero la historia sigue, y tambin las injusticias. Por tanto, la gente de carne y hueso, que es la que realmente hace la historia, sigui reaccionado antes las inequidades. Sin duda que la pedagoga del terror que se aplic, con muertos, desaparecidos, torturados y aldeas arrasadas, silenci la protesta por un tiempo. La desarticulacin de las demandas fue grande, y al da de hoy an se siente. Lo cual no significa que terminaran las injusticias y la explotacin, o que los pueblos dejaran de sufrir y alzar la voz ante los atropellos.

Lentamente, reorganizndose como pudieron, los colectivos sociales siguieron adelante con sus demandas. Surgieron as, o cobraron fuerza, nuevas formas de lucha, de protesta, de confrontacin al capital y a las distintas formas de explotacin (luchas tnicas, reivindicaciones de gnero). Las izquierdas polticas, bien organizadas y con un norte claro (o aparentemente claro) de las dcadas pasadas, en general en desbandada, fueron cediendo su lugar a las izquierdas sociales, a los movimientos contestatarios y antisistmicos, en muchos casos bastante espontneos.

Las fuerzas polticas de cuo marxista que, en ms de alguna ocasin, vean la revolucin socialista como algo cercano en las dcada de los 70 del pasado siglo, involucionaron. Muchos partidos comunistas se transformaron en socialdemcratas. Buena parte de la izquierda revolucionaria se convirti en una izquierda no confrontativa con el sistema, amansndose, pasando a planteos posibilistas y electorales. Lo que algunas dcadas atrs se denostaba implacablemente (la lucha electoral, por ejemplo), pas a ser, en mucha gente de izquierda, el nico camino posible. El saco y la corbata, o el maquillaje y los tacones, vinieron a reemplazar la boina guerrillera. Pero no slo en trminos de indumentaria, obviamente: el retroceso se dio en mbitos ms profundos.

Si los aos 80 pudieron ser llamados la dcada perdida, los 90 marcan un nuevo auge, una recomposicin, un nuevo despertar de procesos populares. Ahora bien: debe quedar claro que los parmetros de las luchas de aos atrs variaron sustancialmente. Para el siglo XXI, tener trabajo es ya un xito. Y dadas las condiciones generales que impuso el neoliberalismo con su hiper explotacin, la vida pas a ser, en muy buena medida, casi en exclusividad una dura y cotidiana lucha por la pura sobrevivencia. La precarizacin se hizo evidente en todos los aspectos y en todos los sectores socio-econmicos. Por all se dijo que hoy un trabajador obrero industrial o productor intelectual trabaja tanto como en la Edad Media europea.

Nuevos problemas aparecieron en la escena, como la delincuencia urbana generalizada, el consumo de drogas ilegales y el narcotrfico. Esos elementos fueron marcando la dinmica actual. La lucha de clases pareci salir de escena. Pero, obviamente, no sali! Ah est, siempre presente, aunque invisibilizada a travs del monumental bombardeo meditico al que se somete a la poblacin. Protestar es cosa del pasado, parece ser la consigna. Eso es lo que el discurso de la derecha, omnmodo, incuestionable, intenta presentar como versin oficial de las cosas. De la mano de eso se muestra, maquilladamente, un supuesto paraso donde los pases desarrollaron su modelo neoliberal. Y se remite al caso de Chile como paradigma. Pero la realidad es muy otra: con la aplicacin de esas recetas liberales Latinoamrica pas a ser la regin del orbe con mayor inequidad; sus diferencias entre ricos y pobres son mayores que en ninguna otra parte. Con los planes de achicamiento de los Estados y las recetas fondomonetaristas que la atravesaron estas ltimas dcadas, la exclusin social creci en forma agigantada: en los inicios de la dcada del 80 haba 120 millones de pobres, pero esta cifra aument a ms de 250 millones en los ltimos 30 aos, y de ellos ms de 100 millones son poblacin en situacin de miseria absoluta.

As como creci la pobreza, igualmente creci la acumulacin de riquezas en cada vez menos manos. La deuda externa de toda la regin hipoteca eternamente el desarrollo de los pases, y slo algunos grandes grupos locales en general unidos a capitales transnacionales son los que crecen; por el contrario, las grandes mayoras, urbanas y rurales, decrecen continuamente en su nivel de vida. Lo que no cesa es la transferencia de recursos hacia Estados Unidos, ya sea como pago por servicio de deuda externa o como remisin de utilidades a las casas matrices de las empresas que operan en la regin. Las remesas que retornan son mnimas en relacin a lo que se va. Y la cooperacin internacional, con las migajas que aporta, ni por cerca puede ser una solucin valedera a estos problemas tan profundos.

De este modo el sistema tiene controlada la protesta social. Dado que la sub-ocupacin y la desocupacin abierta crecieron exponencialmente, tener un puesto de trabajo es un bien codiciado que se debe cuidar como tesoro. Eso es una forma de evitar la protesta social. A lo que se suma la pedagoga del terror ya mencionada, asentada en aos de violencia generalizada, con Estados contrainsurgentes que violaron en forma inmisericorde los ms elementales derechos humanos. Y si la poblacin sigue protestando, se la criminaliza. O se la reprime abiertamente.

En ese escenario de retroceso social, el grueso de las izquierdas tambin retrocedi. El ideario revolucionario de aos atrs qued en suspenso. Muchas de las iniciativas de izquierda se calmaron. As, se produjo un cambio importante en la correlacin de fuerzas y en las dinmicas socio-polticas: para el sistema capitalista dominante, para las oligarquas nacionales en cada pas de Latinoamrica y para Washington (eje decisorio de lo que sucede en la regin, vista siempre como su patio trasero), el principal enemigo son ahora los movimientos populares, lo que podramos llamar la izquierda social y no tanto las izquierdas polticas (hoy, en muchos casos ocupando posiciones de gobierno, fieles pagadoras de la deuda externa y preocupadas, ms que nada, por aparecer en televisin).

III

Ahora bien: esas fuerzas de izquierda que en estos ltimos aos llegaron a las casas de gobierno en ms de algn caso, preocupadas por la buena imagen, en realidad no son tan de izquierda.

En muchos pases de la regin, ya entrado el siglo XXI, actores polticos con tintes progresistas fueron ocupando puestos de direccin de los Estados. Pero sabemos que ocupar la presidencia, el Poder Ejecutivo, no es exactamente detentar el poder real de lo que sucede en una sociedad. El presidente, en el marco del capitalismo, es un operador poltico, tanto en las opulentas naciones del Norte como en las pobres y dependientes del Sur. Un operador calificado, si se quiere, pero que responde a agendas ya trazadas. Transformar una sociedad va infinitamente ms lejos que sentarse en la silla presidencial. Ms all de buenas intenciones o de promesas de campaa, los cambios sustantivos no vienen desde las alturas palaciegas: los producen las grandes mayoras populares en su dinmica de lucha, en la calle, en su organizacin y su protesta.

Con esta visin neoliberal entronizada que campea, tambin se entroniz la concepcin individualista donde la poltica la hacen los polticos. Nocin muy restringida, por cierto: la vida poltica es la expresin de las relaciones de fuerza, de los juegos de poder que se dan en lo profundo de una sociedad. La historia no depende de individuos aislados, por ms buena voluntad o capacidad que detenten. Pero el individualismo exacerbado que nos trajo el actual modelo neoliberal ha hecho exaltar ese mito. E incluso la izquierda, al menos en muy buena medida, no escapa al prejuicio dominante.

As las cosas, luego del aluvin represivo de aos atrs y de los planes de capitalismo salvaje, las movilizaciones populares quiz sin direccin especfica, bastante espontneas, reactivas en muchos casos fueron abriendo algunas brechas en el todopoderoso y unvoco planteamiento neoliberal. El Caracazo en Venezuela, el movimiento de campesinos sin tierra en Brasil, los piqueteros en Argentina, los movimientos indgenas en Bolivia, Ecuador, el sur de Mxico y Guatemala, las distintas reacciones a los planes de achicamiento del Estado y de empobrecimiento que vivi toda la regin, fueron la plataforma para que aparecieran opciones progresistas en el mbito de las democracias formales. Fueron varios los presidentes removidos de sus cargos producto de esas movilizaciones al no dar respuestas a los acuciantes problemas sociales: De la Ra en Argentina, Bucaram, Mahuad y Gutirrez en Ecuador, Snchez de Losada y Meza en Bolivia.

A partir de la energa que pusieron en marcha esas movilizaciones, se vienen dando algunos gobiernos desde fines de los 90 e inicios del siglo XXI con rostro progresista, que en mayor o menor medida responden a los reclamos en juego. Chile con Bachelet, Uruguay con Tabar Vsquez o Jos Mujica, Argentina con Kirchner o Cristina Fernndez, Brasil con el PT: Lula y Dilma Roussef, Ecuador con Correa, supuestamente Nicaragua con el ex comandante guerrillero Daniel Ortega, Venezuela con su Revolucin Bolivariana y el (nunca definido) socialismo del siglo XXI, son algunas de las expresiones de ese talante pretendidamente anti-neoliberal. Pero talante no significa oposicin real.

La oposicin al capitalismo salvaje en su nueva fase de acumulacin por desposesin, este rapaz capitalismo extractivista que ve en Latinoamrica su fuente de productos imprescindibles en su actual desarrollo (petrleo y gas natural, minerales estratgicos, agua dulce, biodiversidad de sus selvas tropicales), la verdadera y nica oposicin a esa proyecto de hiper-explotacin la dan las mayoras populares enfrentndose activamente a estas polticas. Los gobiernos que desarrollaron estos capitalismos con rostro humano (las propuestas de centro-izquierda que encontramos en Amrica Latina en estos ltimos aos) no impulsaron los dos goznes fundamentales de un proceso transformador: control real de los medios de produccin quitados a la clase explotadora y poder popular a travs de una real democracia de base y no las formales y raquticas democracias electoreras. El caso de Bolivia con el Movimiento al Socialismo MAS y Evo Morales a la cabeza es un captulo aparte, quiz el proceso ms popular y francamente socialista, lo ms cercano a la experiencia de Cuba en todo el continente.

En el medio de esa orfandad de propuestas transformadoras, la aparicin de izquierdas en las casas de gobierno puede abrir expectativas. Eso fue lo que pas, llevado a un grado sumo, en Venezuela con la aparicin de Hugo Chvez. Sin representar una clara opcin revolucionaria, con una mezcla eclctica de cosas (el Che Guevara junto a la Biblia catlica), ese gobierno tuvo un impacto en los sectores ms excluidos como ningn otro nunca antes en la historia del pas caribeo.

Por qu la aparicin y el crecimiento de todos estos gobiernos con un cariz popular? Porque sin salirse nunca de los marcos capitalistas, y pagando religiosamente las ominosas deudas externas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, redistribuyeron con mayor equidad la riqueza nacional. El caso de Venezuela fue mucho ms impactante an por dos motivos: a) la renta que produce el petrleo es mucho mayor que la que producen los productos primarios de exportacin de cualquiera de los otros pases de la regin, y b) las caractersticas personales de ese lder: Hugo Chvez, no tienen parangn (por eso, despus de muerto, puede haber sido nombrado Comandante eterno, culto a la personalidad que rie por principios elementales con los ideales del socialismo). Es por eso por lo que la Revolucin Bolivariana despert tantas expectativas, porque abri esperanzas y desempolv as sea solo en el discurso trminos cados en el olvido en los aos de neoliberalismo feroz: socialismo, imperialismo, revolucin. Cambios sustanciales reales no ha habido en el pas petrolero, y todo indica, ahora que perdi el Poder Legislativo, que es muy difcil que los haya. Aunque s se abri la posibilidad de un poder popular real, desde abajo, si bien nunca se le dio el lugar que realmente merece en un planteo socialista. De ah que ahora el proceso peligra, porque se demuestra que tena ms de iniciativa bajada desde arriba (ms an con la figura omnipresente e histrinica de Chvez) que una construccin popular desde abajo. Castillo de naipes quiz?

En ese sentido, Cuba se muestra como la edificacin socialista ms slida (quiz el proceso boliviano es el que ms se acerca a lo de la isla). Esa solidez socialista real, con transformaciones efectivas en las relaciones de poder, son las que le permitieron sobrevivir seis dcadas en medio del asedio continuo del capitalismo global y del imperialismo estadounidense, construyendo y profundizando logros para el pueblo cubano. No es ninguna novedad que sus ndices socioeconmicos son los ms altos de Amrica Latina, superiores en muchos casos a los de potencias capitalistas.

IV

En estos momentos un claro discurso de derecha va queriendo volver a imponerse en el continente: acaba de triunfar en las elecciones presidenciales de Argentina, con el conservador Mauricio Macri, y en las legislativas de Venezuela, con el triunfo de la MUD Mesa de la Unidad Democrtica, eligindose como presidente de la Asamblea a Henry Ramos Allup, un viejo zorro de la politiquera corrupta, furioso antichavista. En Brasil, ese discurso de derecha pretende poner contra las cuerdas a la presidenta Dilma Roussef con denuncias de corrupcin y un clima de hostigamiento meditico continuo. Otro tanto sucede con Rafael Correa en Ecuador. Est retornando el discurso de derecha en el continente desplazando los planteos populares y aperturistas de estos ltimos aos?

Aunque no hay en la actualidad una clara propuesta articulada de proyecto poltico transformador presentado en clave de revolucin socialista, con lenguaje marxista como lo hubo dcadas atrs, a partir del que se desatara la salvaje represin ya mencionada, las luchas populares continan. Es ms: en estos ltimos aos se van viendo incrementadas. Las luchas por defensa del territorio en muchos pases, llevadas adelante por movimientos campesinos e indgenas, o por condiciones mnimas de trabajo, siguen presentes, alzndose contra el capitalismo salvaje y depredador. A lo que se suman estas nuevas reivindicaciones que se apuntaban: la lucha frontal contra el racismo, contra el patriarcado, por la defensa del medio ambiente. Ante ello, cuando las frmulas de democracia civilizada no sirvan, ah estn esperando las salidas militares. Pero incluso ya no de las fuerzas armadas de cada pas, tal como fue antao: ahora son las propias fuerzas de Washington las que resguardan la zona. Nunca como ahora la estrategia militar hemisfrica de la Casa Blanca ha tenido tan cercado al subcontinente latinoamericano. Si bien es muy difcil saber con exactitud la cantidad cabal de sus instalaciones castrenses en la regin (muchas se ocultan, se disfrazan, no se dan datos precisos), estudios serios (Rojas Scherer, 2013) hablan de ms de 70 bases.

Tanto el Documento Santa Fe IV Latinoamrica hoy clave ideolgica de los halcones republicanos que, pese a no ocupar la casa de gobierno, siguen imponiendo su voluntad como el Documento Estratgico para el ao 2020 del Ejrcito de Estados Unidos o el Informe Tendencias Globales 2015, del Consejo Nacional de Inteligencia, organismo tcnico de la Agencia Central de Inteligencia CIA, presentan las hiptesis de conflicto social desde una ptica de conflicto militar. No hay dudas que los ojos del imperio nunca dejaron de estar puestos sobre su patio trasero, mucho ms ahora en que tanto China como Rusia (con planteos de expansin capitalista) extienden sus tentculos a la regin. Las estrategias de Tres Fronteras, Alcntara, Misiones, Cabaas 2000, la Iniciativa Regional Andina o las 70 bases militares diseminadas por la zona recuerdan fehacientemente que Washington nunca perdi hegemona aqu. Dicho de otra forma: los gobiernos progresistas tienen su campo de accin bastante limitado. Por lo pronto, nunca tocaron una sola empresa multinacional ni tampoco nacional!, porque las nacionalizaciones de Venezuela o de Argentina no fueron confiscaciones sino compras a precio de mercado, con ms ruido que nueces.

Si hubo cierta bonanza en la regin latinoamericana que permiti repartir ms justamente la renta nacional, ello se debi en parte al gigante econmico de China, que compraba materias primas a granel en nuestros pases, y a los altos precios del petrleo. Todo eso ahora ha cambiado: China desaceler su crecimiento, bajando de una tasa del 10% anual a una del 6%, con menos compras de materias primas fuera de sus fronteras. Y los precios del oro negro se desplomaron dramticamente (medida poltico-financiera de las potencias capitalistas para asestar un gran golpe a pases petroleros emergentes como Venezuela o Irn, y a Rusia, otro gran productor de hidrocarburos). La chequera petrolera que manejara Chvez en su momento, que permita regalar casas a los venezolanos o financiar el ALBA y los proyectos integracionistas en Latinoamrica, ahora est en aprietos. As como pueden empezar a estar en serias dificultades economas que dependen en gran medida de las ventas de productos primarios al extranjero, tal como son los casos de Brasil (caf) y Argentina (soja). A lo que se suma un dlar que se intenta revalorizar ante el euro o las monedas orientales como el yuan chino o el rublo ruso (medida de un imperio que de ningn modo est agonizando), lo cual encarece todos los productos de importacin que los pases latinoamericanos deben salir a comprar en el extranjero (insumos de alta tecnologa)

En otros trminos: ninguno de estos pases que en estos ltimos aos pas o mantiene an gobiernos medianamente socialdemcratas incluida Venezuela, con una demasiado promocionada revolucin socialista que nunca lleg a tal toc los resortes bsicos de sus economas. Hubo, sin dudas, una ms equitativa reparticin de la riqueza, que por medio de la va asistencial estatal (lase: clientelismo poltico) lleg a los sectores sociales ms desposedos. Lo cual, podra indicarse, no es poco: los niveles de vida mejoraron. Pero la realidad muestra que en todo eso lamentablemente hay mucho de castillo de naipes, porque no existe un poder popular que los pueda defender efectivamente, como s sucede en Cuba socialista. A no ser que el llamado a un Parlamento Comunal hecho recientemente por el presidente Maduro pueda, de una vez por todas, construir un poder popular que marche realmente al socialismo en la Venezuela bolivariana.

Por qu ahora hay una avance de la derecha? Porque las propuestas tmidas de redistribucin, en todo momento dentro de los marcos del capitalismo, se agotan, tienen siempre sus das contados: el ciclo econmico de la bonanza ha variado, se est extinguiendo, y eso trae consecuencias polticas: ah est el discurso abiertamente neoliberal ganando terreno en Argentina y en Venezuela, donde ahora son gobierno (al menos en el Legislativo en el segundo caso), o en Brasil, intentando remover a la actual presidenta. Pero no hay que perder de vista que el marco neoliberal nunca desapareci de estos pases de centro-izquierda. Fue lo que marc el ritmo de la economa, con un intento de suavizacin de las medidas ms drsticas por parte de los gobiernos (capitalismo con rostro humano, digamos). En realidad, la derecha dura, la derecha econmica y la derecha militar (76 bases estadounidenses! segn Rojas Scherer) nunca perdieron el control. Perdieron cierto protagonismo poltico, no ms. Los resortes financieros reales en todas estas experiencias redistribucionistas nunca los perdi el gran capital, la banca bsicamente. Ms an: fue ese capital financiero, nacional e internacional, el que ms se ha favorecido con las medidas econmicas vigentes, con el beneplcito de los gobiernos populistas.

Pensar que el imperialismo est casi derrotado porque el primado absoluto e incuestionable del dlar est en entredicho, puede ser una miopa. Si bien es cierto que el escenario mundial no es el mismo de la inmediata post guerra de 1945 con Estados Unidos como potencia absoluta, ello no significa en modo alguno que ahora est en retirada. Las actuales medidas de revalorizacin de su moneda muestran que ese agonizante imperio est muy vivo, bien equipado y con ansias de seguir siendo la potencia dominante global. Y muestra que el capitalismo como sistema, hoy por hoy como sistema global, goza de muy buena salud (para una minora de la poblacin mundial, por supuesto). Si nunca antes como ahora existe ese control militar de nuestros pases por parte de Washington, ello significa que su patio trasero le importa. Y le importa mucho! Por eso no lo quiere ni lo puede! perder. O acaso las pretendidas guerras contra el narcotrfico y el terrorismo se hacen para combatir esos flagelos y por el bien de la Humanidad?

En realidad, ninguno de estos gobiernos no-alineados abiertamente que se encuentran en Latinoamrica (como s lo son, por ejemplo el de Colombia, o el de Mxico) representan pasaportes al socialismo (como s lo fue, y lo sigue siendo, Cuba, ahora en una situacin que abre interrogantes al negociarse el levantamiento del bloqueo y una recomposicin de relaciones con Estados Unidos).

Hay un pensamiento de izquierda, incluso, que ve en estas experiencias tibias, de capitalismo con rostro humano (capitalismo serio lo llam la ex presidenta de Argentina) un verdadero peligro para planteos socialistas, por cuanto genera una mala imagen de la izquierda. En otras palabras: contribuyen a alimentar el desprestigio de la izquierda, pues la visin de derecha lo puede aprovechar maquiavlicamente: el fracaso de Venezuela, por ejemplo, es producto de este castro-comunismo trasnochado que impuso Chvez. Aunque sabemos que la situacin es infinitamente ms compleja, el distractor meditico funciona: los gobiernos izquierdosos generan caos, desorden, desabastecimiento, problemas para su poblacin. No es as, pero los resultados de las recientes elecciones en dos importantes pases muestran ese desencanto.

Como acertadamente dijo Claudio Katz, citado en el epgrafe: Bregar por un capitalismo organizado, humano, productivo [eso ser el capitalismo serio?] () obstruye los procesos de radicalizacin. () Ser socialista es bregar por un mundo comunista, es decir: un mundo que se alcanza con la expropiacin de los medios productivos y con poder popular.

El desabastecimiento provocado en Venezuela (ardid de la derecha, definitivamente), o las denuncias reiteradas de corrupcin en Argentina o Brasil (tambin estrategias mediticas de la derecha que van socavando la credibilidad de los gobiernos) pueden servir para desalojar de la casa de gobierno a estas propuestas socialdemcratas con talantes progresistas. Pero el peor perodo especial en Cuba, o el bloqueo continuado por dcadas, o la amenaza de invasin militar, no hicieron revertir un autntico proceso socialista. En definitiva: una genuina propuesta de izquierda tiene logros que la poblacin defender a muerte. Procesos tibios y de doble discurso, manchados por la corrupcin de sus mismos dirigentes y donde no hay cambios reales para beneficio de las mayoras, terminan cayendo por su propio peso. La historia lo demuestra.

Incluso en el socialismo real de la Unin Sovitica puede verse esto: la invasin nazi durante la Segunda Guerra Mundial fue derrotada ms all de todas las adversidades del momento. El socialismo, pese a la presencia de un burcrata como Stalin en el gobierno, an marcaba una diferencia para la poblacin. Con el proceso de empantamiento y corrupcin que continu luego, aos despus, en 1991, nadie movi un dedo para defender la revolucin que caa con la restauracin capitalista. Sin dudas la poblacin reconoce cambios de los que es real artfice eso es una revolucin socialista!, diferencindolos de aquellos procesos en que es solo convidada de piedra. El asistencialismo no es socialismo.

Qu pasar en Venezuela ahora? Como las luchas de clases no terminaron (puede terminar la historia acaso?), es probable que se abra una fuerte confrontacin. Y esas confrontaciones, lamentablemente, nunca son pacficas. Las luchas poltico-sociales son eso: luchas, enfrentamientos a muerte; en general corre sangre. La poblacin chavista no vot contra el chavismo, contra sus mejoras en las condiciones de vida; vot como castigo ante una situacin de crisis (provocada en muy buena medida por la derecha con su poltica contrarrevolucionaria de desestabilizacin permanente y desabastecimiento programado. Revertir los logros de ese proceso, tal como pareciera querer hacer ahora la derecha desde la Asamblea, pudiendo llegar a solicitar una revocatoria contra el presidente Nicols Maduro, abre sin dudas un perodo de inestabilidad. Las luchas de clases estn ms al rojo vivo que nunca. Ese es el escenario que puede permitir hacer avanzar un genuino proyecto de izquierda, hasta ahora siempre postergado.

Qu pasar en Argentina con la restauracin de un discurso claramente conservador, neoliberal? La historia est por escribirse. Lo que s ha sido evidente es que la poblacin no sali a defender a sangre y fuego los logros de ninguna revolucin socialista. Habr lamentaciones, en principio. Ese tambin es un escenario propicio para que la izquierda pueda avanzar con un proyecto alternativo, que vaya ms lejos del capitalismo redistributivo.

Todo lo dicho anteriormente permite ver que la izquierda en Latinoamrica an tiene mucho camino por recorrer; las transformaciones reales siguen siendo una agenda pendiente. El asistencialismo de Esta casa me la regal Chvez! no es el camino para un cambio genuino. Por tanto, habr que seguir buscando nuevos caminos. La izquierda, en tanto proyecto alternativo al capitalismo y no slo a su versin escandalosamente explotadora y sin anestesia como es el actual neoliberalismo est por construirse.


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Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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